CARRETERA PERDIDA (1997) -Última Parte-

CARRETERA PERDIDA (1997) -Última Parte-

DAVID LYNCH

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Vayamos con Pete. ¿Qué pinta en todo eso? Pete es la idealización de Fred, aunque no sea inexistente (recurso narrativo surrealista). Él es lo que le gustaría ser, además de integrarlo en una historia en la que justificaría sus actos, cubriendo las lagunas que tenía en la vida real. Desarrollémoslo poco a poco.

Capitán, parece un asunto de espíritus”.

Pete tiene 24 años, fue detenido por robo de coches 5 años atrás, tiene unos padres rockeros con los que vive y trabaja en un taller (allí tenemos el breve cameo de Richard Pryor). Aunque procede también de una ambigua noche traumática, donde no se sabe muy bien qué sucedió, donde es llamado por su familia cuando desapareció, se nos presenta como una idealización. Su aparición es como un nacimiento, nos introducimos en algo, algo aparece difuminado formándose, del mismo modo que vemos un plano similar (este con las manos en la cara) al final de la película, donde el rostro de Bill Pullman se desfigura.

 

 

Es la idealización clásica de Lynch, vinculada a los cuadros de Norman Rockwell. Estampa idílica con jardincito, piscinita, barquito y pelotita flotando, un perrito (como no)… Y sonando una bossa nova. La música en Lynch siempre utilizada de manera ejemplar. Una vida relajada y placentera a la que se reincorporaría el personaje, con su habitación, su televisión, unos amigos que lo aprecian, con los que va a jugar a los bolos, una novia que siente devoción por él… Como elementos extraños, procedentes de esa noche ambigua, tenemos una herida en la frente, así como se mencionará el extraño comportamiento de “la otra noche”.

 

 

A través de él conoceremos por fin a Dick Laurent, Eddie. Un mafioso de potente personalidad. Su presentación es tan efectiva como divertida, rematada con ese tronchante speech sobre la responsabilidad en carretera mientras da una paliza a un pobre conductor. Otro perturbado presumiendo de poder.

Ahora es cuando la grandiosidad mecánica, 1400 caballos, se nota”.

Pete: Ya nos veremos.

Laurent: Ya lo creo.

 

 

Eddie Laurent es todo aquello que no era Fred Madison. Decidido, con personalidad expansiva, seguro de sí mismo… elementos seguramente añorados por Fred que proyecta de esta manera en su psique trastornada. Encuentra así sentido a que Renee le fuera infiel.

Y ahora veamos los paralelismos, los ecos y elementos que vimos en la primera parte, pero que ahora aparecen cambiados.

Vimos cómo en la primera parte, Fred recibía unas misteriosas cintas de video. Ahora Eddie le ofrece una a Pete, que rechazará, una película porno. El porno será un tema importante en esta segunda vida, la de Pete.

 

 

Pete también es lo opuesto a Fred. Un chico afable, con amigos y una novia que lo adora. Con ella lo veremos tener sexo mientras normaliza su retorno a su vida. Una novia pesada e insegura, muy dependiente de él, justo lo contrario que vivía Fred con Renee, a la que ni siquiera lograba complacer sexualmente.

Pete oirá la música que tocaba Fred en su concierto a través de una radio, pero en vez de gustarle, al ser el opuesto de aquel, le perturba y trastorna, no la aguanta, le retrotrae de su evasión, por lo que exige a su compañero (Jack Nance) que la apague.

Mecánico: ¿Por qué la has cambiado? A mí me gustaba.

Pete: Pues a mí no.

 

 

La aparición de Alice, una rubia fatal, nos vuelve a remitir a la primera parte del film, ya que el personaje lo encarna también Patricia Arquette. Será para Pete también un objeto de deseo. Como es habitual en Lynch, sobre todo el último, tenemos esos gemelos o desdoblamientos, además de la idea de rubia-morena, virgen-puta, muy usada en su cine (observad incluso el juego con mujeres distintas, con la novia de Pete y Alice en la misma posición, sobre el hombro del chico, en su coche mientras él conduce). Un momento idealizado, donde de nuevo la música tendrá importancia esencial cuando suene el “This Magic Moment” cantado por Lou Reed. Y de nuevo la cámara lenta resaltando el instante, contraste con aquel angustioso polvo de Fred con Renee. Es una escena tremendamente tributaria de “Vértigo” (Alfred Hitchcock, 1958), con esa aparición de esa otra Patricia Arquette rubia…

 

 

 

Así, tras el robo y asesinato en casa de Andy, Pete verá una foto donde aparecen Renee y Alice, para su desconcierto, viendo como su mascarada psíquica sigue resquebrajándose…

Pete: ¿Eres tú? ¿Tú eres las dos?

Alice: Yo soy esta (señalando a la versión rubia de Patricia Arquette).

Que Pete haga esa pregunta, que llegue a plantearse que ella pueda ser las dos, es otra pista o indicio de todo lo comentado, esa recreación de una realidad alternativa con personajes doblados y creados… Lo normal es pensar que tiene una gemela.

 

 

Posteriormente, cuando la policía acuda a investigar el crimen en casa de Andy, sólo verá a una “Patricia Arquette” en la foto, a la morena, concretamente, Renee.

Alice, como lo era Renee, será el elemento perturbador, que sacará de su placidez a Pete. Los contrastes de la relación de Pete con Alice respecto a la de Fred con Renee son totales y significativos.

Por supuesto, Pete es un semental, que no sólo se acuesta con su novia, sino que sacia plenamente las apetencias de Alice, todo lo contrario que Fred, recuerden. Sexo, moteles, miradas y relaciones pasionales y ardientes… Es Pete el que se alivia sexualmente con su novia Sheila (Natasha Gregson Wagner) no es aliviado o consolado por su amante, como le ocurría a Fred

Ese hijo de puta ve más coños que una taza de váter”.

Alice: Quiero más.

Pete: Yo también.

 

 

Y es que ahora es Pete el amante, el que “roba” a la chica a ese Dick Laurent, no el que soporta la infidelidad. Ahora es él el deseado, no al que hay que mentir y ocultar las cosas…

Tal vez deberíamos saltarnos la cena”.

Es Pete el que folla por despecho y compasión con su novia, en un plano en contrapicado como en el que veíamos a Fred junto a Renee antes de recibir las palmaditas consoladoras…

 

 

Pete tendrá una extraña conversación con sus padres en la que le relatan (él no recuerda), una noche trágica de tormenta donde ocurrió algo no desvelado que ellos vieron. Un suceso donde Sheila y un hombre desconocido estaban presentes. Todo esto se mezcla con unos perturbadores e impactantes flashes donde vemos a la asesinada Arquette grabada en video, como en la casa de Fred.

Esto nos hace pensar en dos historias, quizá reales, donde ambos personajes se evaden hasta que su coartada confluye y la huida llega a su término, en una lectura que también sería válida.

 

 

Una vez se relacione con Alice, la historia coge las características propias de una película clásica de Cine Negro, en la estructura típica de James M. Cain (“El Cartero Siempre Llama Dos Veces”; “Pacto de Sangre”, que dio a “Perdición” de Wilder…), por ejemplo, con la mujer fatal manipulando al pobre desgraciado con placeres sexuales para que cometa distintos delitos, generalmente asesinatos…

Así planearán robar a Andy, en una escena con Rammstein atronando, el asesinato de Andy, el porno y unas habitaciones. Una Alice que parece tenerlo todo pensado…

Pete: Le hemos matado.

Alice: Tú le has matado.

 

 

Es a raíz de la llamada del “Señor Eddie” preguntándole si está bien, cuando la ficción de Pete parece resquebrajarse por completo. Nos adentramos en esa trama de Cine Negro, pero todo resulta enrarecido, sobre todo desde lo estilístico. Vemos a Pete doblado en un reflejo, en el cristal del autobús en el que acude a casa de Andy, un reflejo oscuro.

Se adentrará en una casa, como sospechaba Fred que habían hecho en la suya en la primera parte del film. Cometerá un homicidio involuntario, mientras Alice aparece en una gigantesca pantalla protagonizando una de esas películas porno que decía no haber protagonizado… Las distorsiones vuelven a aparecer en el punto de vista subjetivo de Pete, viendo cómo el encuadre da vueltas o se distorsiona… Cuando acuda al baño de la casa, no lo verá, sino que aparecerá el hotel donde Renee cometía su infidelidad con Laurent, como veremos en la parte final, en las habitaciones 25 y 26.

 

 

Ante esa visión en la habitación número 26 de una mujer haciendo el amor en imagen distorsionada y saturada, ella le dirá: “¿Querías hablar conmigo? ¿Querías preguntarme por qué?

Esas preguntas son importantes, porque son de nuevo manifestación de su psique, la realidad de la angustia que le atenaza. Esa incomprensión, ese sentimiento de traición que fue móvil de su acto. Sí, seguramente quería preguntar por qué…

Verá a Alice en picado con distorsiones, en una amenaza a su mascarada. En una onda parecida a lo que ocurre cuando Sheila rompe con él en su jardín y pide al padre que cuente lo que ocurrió aquella noche…

 

 

Pete consuma en un acto amoroso idealizado su viaje, pero Alice termina haciéndole asumir su ficción, por eso acaba su mascarada. Ya no veremos más a Pete

Pete: Te deseo.

Alice: Nunca me tendrás.

Su propia psique se confabula para llevarlo a asumir los hechos, expuestos por su conciencia…

 

 

 

  • Renee, el objeto de deseo, está vaciada de personalidad. Sólo se definen rasgos en su versión rubia, la evasiva. Es la versión de Fred, que carece de entidad propia, por tanto. En ese retrato hay elementos idealizados, algunos reales y otros interpretados según la distorsionada subjetividad del protagonista. Este deseo, u objeto del deseo, en clave buñuelista o buñueliana, se relaciona con Renee y la canción de “This Mortal Coil”, que aparece en tres ocasiones referidas a la sensualidad: la frustrada, la sugerida y la deseada. Patricia Arquette nos deleita con su espléndido desnudo en varias ocasiones.

 

 

Renee es ambigua o poco concreta en sus explicaciones, lagunas que Fred rellenará a su manera. Dice que conoció a Andy en un club, que le ofreció un trabajo, que no recuerda… Imaginad lo que la mente perturbada de Fred puede hacer con una laguna así… Por tanto, analizaremos las distintas apariciones de Andy, que son interesantes. ¿Reales o recreadas por Fred?

La definición máxima como objeto de deseo la tenemos cuando la vemos convertida en Alice, clásica mujer fatal rubia que lleva a la perdición a Pete. Una vez manipulado, irán a ver a un perista a esa casa solitaria que Fred veía arder en sus ensoñaciones. La cabaña del recuerdo y el olvido.

 

 

 

Allí Pete y Alice hacen el amor con la canción de “This Mortal Coil” de fondo, ahora ya no como un susurro, sino inundando la banda sonora. Es la culminación de ese canto de sirena, de ese deseo oculto de Fred. Dominarla, tenerla para él, consumarlo todo, complacerla y sentirse deseado, pero en la conversación su personaje debe volver a la realidad, ya que ella le hace consciente de la ficción:

Pete: Te deseo.

Alice: Nunca me tendrás.

Diréis que ya habían follado, pero era una infidelidad, no la sentía suya plenamente.

Es una escena casi onírica, idealizada. Imágenes de una belleza perturbadora, sublimada, fuera de rango, en color miel, con una iluminación idílica, melosa, la perfecta escenificación del deseo consumado e idealizado con la música logrando una atmósfera inigualable.

 

 

Observad cómo trata los planos y contraplanos. De la idealización conjunta del acto, poco a poco, una vez la canción vaya desapareciendo, los planos a Pete son en tempo real, pero los de Alice son ralentizados, idealizados, mientras él no para de decir que la desea… Cuando ella tome la iniciativa y se ponga a hablar, se producirá la desmitificación. La veremos en tempo real para romper el hechizo: “Nunca me tendrás”. Fondo y forma. Maravilloso.

Alice/Renee desaparecerá en el interior de la cabaña al entrar, ya que allí sólo estará el “Hombre Misterioso”, su conciencia. Ella ya no tiene sentido. Ahora le corresponde a Fred hacer las paces consigo mismo asumiendo lo que hizo.

 

 

 

  • Andy y sus apariciones. Lo vemos por primera vez en ese recuerdo de Fred, saliendo con Renee del club donde tocaba y ese plano que encuadra el “exit” de la puerta, para luego volver a verlo en la fiesta a la que acude la pareja y donde se encontrará con el “Hombre Misterioso”. Lo veremos una vez más en una de las orgías que organizaba para Dick Laurent… Se aprecia una evidente complicidad entre Renee y Andy

 

 

 

 

 

También en su casa, víctima de un plan de Alice. Se supone que manteniendo una relación sexual con ella, algo a lo que debía estar habituado. En su muerte, con la cabeza incrustada contra el cristal de una mesa, en contrapicado, parece un Cristo.

Se define así como un ex amante de Renee/Alice que la dio a conocer a un influyente cliente, Dick Laurent

 

 

 

  • Observad unas escenas curiosas. Una es la del relato de Alice sobre cómo conoció a Dick Laurent. Habla de Andy, que hace películas porno para el “Señor Eddie”, esas que le ofreció a Pete. Otra es en la que Renee menciona aquel trabajo relacionado también con Andy, pero sin concretar… Observad las dos frases pronunciadas en momentos distintos, con una leve diferencia.

Fue hace mucho tiempo, en un local llamado Mocks. Nos hicimos amigos. Me habló de un trabajo”.

Fue hace mucho tiempo. Conocí a un tío en un local llamado Mocks. Nos hicimos amigos. Me habló de un trabajo”.

 

 

Allí, en casa del “Señor Eddie”, el día que lo conoció, tenemos a un tipo que vigila la puerta y a otro que hace pesas. Si bien esto es interpretativo, remite al paisaje típico de una cárcel, aquella de la que Fred no ha salido…

 

 

  • El cine de Lynch se vertebra, principalmente, en cuatro colores. Azul, Rojo, Amarillo y negro. Estos colores aparecen de forma predominante en sus cintas a color, pero no siempre todos ellos. El uso de estos colores, además de definir el look de la obra, suelen tener o dar claves de la misma, un uso simbólico o de guía. En “Carretera Perdida” predominan el negro y el rojo, pero el amarillo también tiene su aparición importante.

El rojo siempre es significativo. Veremos a Renee vestida de rojo en su presentación. En rojo aparece iluminado el rostro de Fred al llamar consumido por los celos a casa para comprobar si Renee está allí (mientras la cámara, en su casa, flota buscando los distintos teléfonos sin respuesta, en lo que parece el punto definitivo de ruptura con la realidad). La cama de la pareja es negra por un lado y roja por otro, esa dualidad pasional vinculada a la muerte que acontecerá. Allí encontrará dormida Fred a Renee tras su infructuosa llamada desde el club… Es de suponer, por tanto, que su memoria obvió lo acontecido a continuación…

 

 

 

 

La cortina roja que da acceso al dormitorio de la pareja está vinculada a lo onírico. La vemos aparecer varias veces, como acceso al dormitorio, en las grabaciones, aunque en blanco y negro; en el sueño que relata Fred antes de un supuesto ataque a Renee en la cama; previamente a un recuerdo donde Fred ve cómo Renee sale con Andy del club en el que está actuando, incidiendo en los celos y las sospechas del protagonista, quizá germen de la historia que crea…

Observad cómo deja el rastro Lynch a través del color. Con un filtro rojo sobre su rostro llama a Renee, que no contesta, sumiéndole en los celos. Hacia la cortina roja que da a su dormitorio se dirigirá una vez llegue de su concierto, descubriendo a Renee dormida en su cama roja y negra… En esa cama, al día siguiente, antes de su frustrado polvo, recordará un concierto en el que Renee sale con Andy de la sala, dejando como último plano el rojo letrero de “Exit”, un posible motivo de celos…

 

 

En la historia que cuenta Alice sobre cómo conoció al “Señor Eddie” (al ritmo de Marilyn Manson, al que además vemos en pantalla en una de las películas porno que ven Andy, el “Señor Eddie” y Renee, que además participa), la habitación del encuentro tiene muchos elementos rojos, además de una chimenea encendida, como la que vimos en casa de Fred al inicio en una ensoñación.

Roja es la bolsa con el botín conseguido en casa de Andy, así como el coche de éste que roban…

 

 

 

La pareja protagonista vestirá de negro habitualmente, sobre todo Fred, un vínculo fuerte con la muerte. De hecho, Fred está íntimamente relacionado con las sombras. Lo vemos sumergirse y brotar de ellas en multitud de ocasiones, en su casa, en pasillos que parecen perderse en la nada… De negro se presenta Alice frente al “Señor Eddie”. De negro viste también habitualmente Pete… La noche…

 

 

Amarillas son las líneas de la carretera que cruzamos ocasionalmente durante la narración…

 

 

 

En este juego de espejos que es “Carretera Perdida”, tenemos infinidad de cebos y ecos, elementos que se repiten redefiniendo su sentido o matizándolo.

Ese plano expresionista sobre los labios iluminados de Patricia Arquette, cuando es Renee, diciendo “alguien entró aquí y nos grabó mientras dormíamos”, que se corresponde con otro cuando es Alice diciendo “creo que el señor Eddie sospecha algo, debemos tener cuidado”, por ejemplo. Posteriormente hay otro parecido de Alice, otra llamada, planteando una cita, donde lo iluminado, además de los labios, son los ojos. Esa cancelación de cita perturba a Pete/Fred, que ve tambalearse su ficción o realidad alternativa (una mítica escena para mi tío, con interferencias, una araña, visiones de Alice, polillas atrapadas en la lámpara…).

 

 

Las miradas hacia arriba vinculan a Fred y Pete, en algunas de ellas se incluyen lámparas en ambos casos. Como una petición de clemencia o explicación divina.

 

 

El número de la casa de Andy es el 2224. El 4 dobla al dos. Las mencionadas apariciones de Andy también son cebos y ecos, menciones que luego tienen inciertas explicaciones…

Me ha despertado el perro”. “¿De quién coño es ese perro?”. Los perros, otro fetiche de Lynch que no podía faltar aquí.

 

 

El trabajo de cámara y encuadre de Lynch es excepcional, expresivo y sugerente. Tenemos picados y contrapicados de todo tipo, cenitales y panorámicas vinculadoras que además de crear atmósferas van redefiniendo situaciones. Grúas descendentes, miradas a los techos, planos fijos con la aparición repentina de personajes, como esa donde Fred aparece desde un lado para extrañarse por los ladridos de un perro… generando así una inquietud e incertidumbre desde el propio estilo.

Los fundidos a negro, ya resaltados, como signos de puntuación que, además de expresivos, la forma, son coherentes con el fondo, esa mente que sufre desconexiones… Planos aéreos que marcan el paso de los días…

Montajes encadenados que sugieren esa ensoñación o tergiversación mental del protagonista. Un ejemplo interesante es cómo encadena el movimiento de la mano de Alice hacia el rostro de Laurent con el siguiente plano, en el mismo movimiento a la de Pete

 

 

El característico humor de Lynch aparece a través de los funcionarios, los policías, los de prisiones… Ellos salpican la narración con algunos sobrios chistecitos que encajan como un guante en la enrarecida narración y el estilo de humor que gusta a Lynch.

 

 

Tremendo trabajo en la fotografía de Peter Deming, absolutamente excepcional, como he ido explicando con el uso de los colores, las sombras y la creación de atmósferas…

Todo el reparto está sencillamente perfecto, con una portentosa Patricia Arquette que lo da absolutamente todo. No son papeles nada fáciles, pero los actores parecen en todo momento seguir los pasos a la perfección, en su pleno desconcierto, especialmente Bill Pullman.

 

 

 

 

Carretera Perdida” es una de esas películas revolucionarias, influyentes, que crean vocaciones, que generan una sorda influencia que se ve manifestada tiempo después en otros grandes directores y autores, que la destilan a su manera, generalmente más accesible y asimilable por el público, que reconoce algo especial, aunque no lo viera en su día. Una de esas cintas que se anticipan en forma y fondo y que, aunque no tuviera éxito o la mayoría no la conozca, está presente en innumerables obras de éxito y otros directores que a buen seguro veneran, como he ido comentando.

Una obra de referencia, excepcional. Una obra maestra, en el más estricto sentido del término.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

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Lee aquí la 4ª Parte del análisis.

sambo

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