DAVID LYNCH

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un mundo cifrado

En las películas de Lynch, como en las de Spielberg, es importantísimo estar atentos a los comienzos, primeros planos y diálogos, a menudo ahí esconden pistas o claves para el fondo de la cuestión (subtextos en el cine más lúdico de Spielberg, claves de la historia en Lynch).

  • Observad lo que hace aquí. Una carretera perdida… Una línea discontinua amarilla que da paso a un fundido a negro, que se deshace con un cigarro iluminando el rostro, sutil y brevemente, de nuestro protagonista, Fred Madison. Dos intermitencias, las de la línea discontinua y la de la iluminación del cigarrillo, con el signo de puntuación del fundido a negro. Cada plano de Lynch es importante… Acto seguido, el rostro de Bill Pullman se ilumina al subirse las cortinas de su habitación automáticamente, para, en el siguiente plano, ver el reflejo de ese rostro en un espejo. Estamos en la casa del propio Lynch, que rodó en ella las escenas cotidianas del matrimonio.

 

 

 

No son las únicas intermitencias. Cuando Fred y Renee llegan a casa desde la fiesta de Andy, vemos las ventanas iluminarse fugazmente, en una intermitencia breve, un fogonazo que manifiesta la psique perturbada de Fred, que cree encontrará allí al “Hombre Misterioso”. En la misma casa lo veremos sumergirse y emerger de las sombras, intermitentemente… Una “Alicia en el País de las Maravillas” muy perversa.

Todo esto, en un rasgo global más evidente, lo tenemos con los sucesivos fundidos a negro que tenemos en el film, que manifiestan esas lagunas mentales del protagonista, pero también la de la historia que se le oculta… O que él mismo oculta.

 

 

Es decir, y siendo precisos, la línea discontinua de esa carretera que aparecerá varias veces, no representa exactamente la locura, sino que explica el funcionamiento de la psique del protagonista a lo largo del film, en momentos concretos del mismo.

Así, si en esa presentación la línea es discontinua, en la siguiente ocasión que veamos la carretera habrá una diferencia. Es cuando Fred está en la cárcel, con insoportables dolores provocados por esa culpa de la que tiene que evadirse. Una vez veamos ese otro símbolo, la casa ardiendo que se reconstruye, habrá un fundido a negro y un nuevo plano subjetivo por la carretera nocturna, pero con la diferencia de que ahora la línea es continua. ¿Qué implica esto? La construcción de una nueva realidad “coherente”, que cubra esas lagunas (discontinuidad) que pretende ocultar… por eso nos detendremos a un lado para encontrarnos con Pete… su salida, su clavo ardiendo, nunca mejor dicho.

 

 

En la parte final, la línea de la carretera vuelve a verse discontinua, dando por finalizada la historia inventada, de ahí que se vincule de nuevo a la casa ardiendo, que vuelve a recomponerse. Ahora no es una tirita ni un ungüento, sino que define una estructura circular, de Möbius más bien, como expliqué, donde Fred volvería a reiniciarse una vez asumidas ciertas claves. La idea de la carretera y sus líneas es magistral. Huyendo, perseguido, por una carretera perdida acompañado de David Bowie… Discontinua: perturbación, lagunas. Continua: Historia escapista, inventada.

Aunque parece una presentación sencilla, sin nada en particular, ha definido ya las claves de su personaje. Lo explico: Es el retrato de un perturbado, vamos a adentrarnos en la cabeza de ese hombre y a navegar por sus mecanismos, una cabeza inconsistente, con momentos, flashes, de lucidez entre sombras, esa discontinuidad mostrada visualmente en la carretera y el cigarro rasgando la oscuridad… El reflejo en el espejo anticipa su escisión, su desdoblamiento. En Lynch todo se explica desde lo visual…

“Dick Laurent está muerto”. Fundido a negro.

 

 

Y es que la película se abre cuando Fred, quizá la noche anterior, mató a Laurent, cayendo en una espiral que lo llevará a la locura y a llamar a su conciencia.

Esta frase que se oye al inicio y al final de film, “Dick Laurent está muerto”, es, simplemente, un chivatazo de la conciencia de Fred a sí mismo, considerando la casa una construcción física de su propia psique. Es decir, él mismo pone el germen del acto en su propia cabeza, que luego recorrerá para desvelarse ante sus intentos por evadirse…

Por tanto, los supuestos errores de punto de vista, escenas en las que ni Fred ni Pete están presentes, se justifican desde el hecho de que todo es Fred, todo es creación de su psique perturbada que se evade de un hecho que no asume o acepta.

 

 

  • Todo gira entorno a Fred Madison (Bill Pullman). Saxofonista, un artista, con una extraña y perturbadora relación con su mujer. Fría, tensa, rígida, distante, enrarecida, producto de inseguridades, complejos y celos, de un pasado de ella no superado por él…

 

Todo esto se manifiesta en sus relaciones. Lynch lo escenifica de manera magistral, con ese polvo extraño de un ser acomplejado, quizá por el supuesto pasado de ella en el cine porno, donde él se pensaría un amante mediocre respecto a los que haya podido frecuentar ella… En esa escena oímos una música de fondo, como un susurro, “Song to the Siren”, la evocadora melodía de “This Mortal Coil”. Un cebo que tendrá su eco posterior para cobrar todo el sentido. Problemas sexuales, siente que no la complace, no lo logra, para su frustración, por eso la música suena lejana, indefinida… Las palmaditas paternalistas, consoladoras, de ella en la espalda de él, esa cámara lenta y el fogonazo, rematan la secuencia de forma tremebunda, el dedo en la llaga que pone de manifiesto, enfatiza y realza todos los complejos de Fred.

 

 

La canción de “This Mortal Coil” vuelve a aparecer como un susurro, aunque más presente, en la cárcel (la portada de su disco 12’’, donde aparece esta versión, es una casa de madera en otro paraje solitario… curiosamente), cuando visualiza la “casa en llamas” que es su psique, donde acontecerá una escena al final del film, momento en el que el tema resonará con rotundidad en la manifestación del imposible deseo. Es decir, la canción aparece en tres ocasiones de manera creciente, definiendo el trauma de un deseo frustrado.

Fred es un virtuoso músico, tremendamente intenso y pasional. Es la manera que encuentra de expresar y compensar sus frustraciones sentimentales y sexuales. Lo vemos en esa escena orgiástico-musical, con él en el escenario dándolo todo, en una locura expresiva que contrasta con su tono taciturno al bajarse de allí.

Esa caída hacia la locura se va escenificando con ciertos elementos y símbolos, además de ciertas referencias a modo de presagio, que, como expliqué, es habitual en el cine de Lynch.

 

 

Observen los elementos que componen el sueño que Fred relata a Renee, que más que un sueño es un recuerdo (confusión voluntaria de esas líneas cruzadas entre el pasado y el futuro con las que juega Lynch en su estructura Möbius, donde Dick Laurent estaría muerto sin conocerlo aún, pero Renee aún viva): Cortinas rojas, vinculadas a lo onírico, al sueño, que suele contener los elementos de la realidad, paradójicamente (en este caso el asesinato, ya que lo vemos atacar a Renee, recuerden la frase “se parecía a ti, pero no eras tú”). La chimenea con un vigoroso y artificial fuego. Los pasillos, de donde él surge siempre, de las sombras. El humo…

 

 

 

Veamos. Fred relata en el sueño que oía a Renee llamándole, pero él no la encontraba. Es su inaccesibilidad, su imposibilidad de acercarse a ella por sus complejos y limitaciones.

Los espejos, así como las sombras, aparecen desdoblando las imágenes de los personajes, en un recurso visual que actúa como presagio y a la vez como dibujo de los mismos, ya que los veremos desdoblados. Uno de los momentos más impactantes a este respecto, es cuando Fred se sumerge entre las sombras para, posteriormente, ver un plano expresionista, que podría firmar Tourneur, donde dos sombras pasan sobre la pared nocturna del salón… Es la noche del asesinato, con un desdoblamiento consumado.

 

 

También Pete aparece vinculado a las sombras, surgiendo de ellas, y a los espejos, en su casa, tocándose la frente con cierto desconcierto tras ver a Laurent y antes de ir a acostarse con su novia Sheila (Natasha Gregson Wagner).

Ni Pete ni Fred, al mirar en esos espejos que le devuelven su rostro, parecen reconocerse del todo nunca.

Viendo el desarrollo del personaje, podríamos situar el punto de ruptura, su evasión irreal, su ficción, desde que llama a su esposa inundado en luz roja, tras su actuación en el club sin obtener respuesta, hasta que retomamos a Fred al final yendo al motel “Lost Highway” y ajustando cuentas con Laurent…

 

 

En la cárcel, que parece una abstracción, es donde se produce el giro en la trama, la completa evasión. Lo vemos solo, casi en una abstracción, como digo, con tremendos dolores de cabeza, medicado en la enfermería para que pueda dormir un poco, con múltiples fundidos a negro y encuadrado en numerosos picados y contrapicados… al límite. Una tensión perfectamente mostrada desde lo visual para un personaje al borde del colapso que encuentra en esa evasión la forma de sobrevivir.

 

 

 

 

 

Así vamos comprendiendo otro elemento simbólico. La casa que arde, que representa su psique perturbada. Cuando vemos esa solitaria casa de madera ardiendo, estamos viendo representada la mente herida de Fred, a punto del colapso. Una mente deteriorada que no asimila lo que ha hecho. Cuando en la cárcel veamos ese plano de la casa ardiendo, dicha casa se recompondrá, se reconstruirá, como si la imagen fuera hacia atrás, justo antes de ver salir al “Hombre Misterioso”, su conciencia, de ella, como lo veremos hacer en la parte final del film.

 

 

¿Qué significa ese plano, esa reconstrucción? Es sencillo si tenemos todo lo comentado en cuenta. Su mente deteriorada encuentra un asidero con el que curarse o, al menos, ponerse una tirita: la evasión. La historia inventada o recreada protagonizada por Pete, que le servirá para asumir sus actos. Recuerden, las líneas discontinuas que pasan a ser una línea continua que se encuentra a Pete en un andén.

 

 

 

Retomaremos a Fred al final del film, una vez su coartada evasiva se desvanezca, asumiendo sus actos, desmitificando otros, para descubrir que él mismo, su propia conciencia, se puso en el camino de averiguar lo ocurrido…

En su evasión final hacia la locura veremos cómo se dice a sí mismo que “Dick Laurent está muerto”, emprendiendo la escapada perseguido por la policía. Una escapada que Lynch retrata con un montaje frenético, como de tic nervioso, gestos repetidos y planos cada vez más cercanos, hasta estallar en una orgía donde el rostro de Fred se difumina, parece quemarse, transformarse en algo incierto… Todo ello parece la escenificación de la ejecución anunciada en la silla eléctrica, si tenemos en cuenta que estamos concibiendo la historia desde dentro de su cabeza y que jamás habríamos salido de la cárcel… O simplemente lo que ocurrió al comenzar el film.

  • Con este caldo de cultivo, un personaje perturbado e inseguro que busca y encuentra justificaciones a su trauma, entra en juego otro elemento. La conciencia. Ese Pepito Grillo representado en el “Hombre Misterio” que encarna Robert Blake. Veamos la evolución de este aspecto.

 

 

 

 

La aparición de la conciencia, en cierta medida remordimientos, aunque no exactamente, como veremos, es gradual, personificada en un personaje ligado a una videocámara. ¿Por qué una videocámara? Porque ella objetiva la “realidad”, no deja opción para el escapismo o la reinvención subjetiva de la misma del protagonista, que es hacia donde emprende la escapada. Observen este diálogo, donde radica la clave esencial del film.

–Policía: ¿Tiene cámara de video?

–Renee (Patricia Arquette): No. Fred las odia.

–Fred: Me gusta recordar las cosas a mi manera.

–Policía: ¿Qué quiere decir?

–Fred: Las recuerdo a mi modo, no necesariamente como hayan pasado.

 

 

Momento clave, la tergiversación de la verdad, la invención y el autoengaño necesario, evasivo, que definirán al personaje protagonista. Una grabación escenifica su conciencia, una realidad objetiva que no quiere asumir, que no puede asumir ni podrá manipular en su cabeza.

Lo primero que veremos en este sentido son las grabaciones en cintas que van llegando a la casa de los Madison.

El primer video genera una sugerente inquietud, si bien no perturba a los protagonistas. Recoge la cinta Renee. Observen la distancia entre ellos al verla. En la imagen aparece su casa vista desde el exterior, acercándose, acechante. La locura amenazando entrar.

 

 

El segundo video genera ya una inquietud cierta, ya que la imagen se ha adentrado en el interior de la casa. Llegando a la cama, donde se les ve durmiendo… El sobre lo vuelve a recoger Renee, esta vez lo vemos desde dentro de la casa, en contraste con la anterior ocasión, con el encuadre externo, en un rigor excepcional de puesta en escena. Ahora buscarán la protección de la policía.

 

 

La tercera y última cinta supone el desencadenante del giro argumental. Esta vez es él el que sube la cinta, la verá solo porque no recibe contestación de Renee a su llamada. En la grabación vemos a Fred ante el cadáver descuartizado de Renee. Un video donde tenemos un flash a color, flashes con él llamado a Renee, que se vincularán con los de Pete (Balthazar Getty) posteriormente.

Todo esto coloca a la casa también como una manifestación de su mente. Allí veremos cómo, creyendo la presencia del “Hombre Misterioso”, entre intermitentes sombras por las que deambula, parece reconocerse a sí mismo, obviamente…

 

 

La primera aparición del “Hombre Misterioso” será “figurada” (estrictamente todas lo son). Es cuando Fred despierta de una pesadilla en la que relata un sueño… En ese duermevela, tras ver en plano subjetivo un ataque a Renee, que dormía en su cama, verá el rostro oscurecido de su esposa, para acto seguido ver el rosto de Robert Blake superpuesto en el de la alarmada Patricia Arquette. Como vigilante ante el crimen que cometerá o cometió…

“Se parecía a ti, pero no eras tú”.

 

La siguiente aparición, “tangible” esta vez, será en la fiesta a la que el “bigotitos” Andy (Michael Massee), amigo de Renee, invita a la pareja. Observad cómo lo retrata magistralmente Lynch, cómo juega con el sonido y la banda sonora. La música ambienta la fiesta de fondo, una fiesta muy “cool”. Cuando el “hombrecillo misterioso” se acerque a Fred y se inicie la extraña conversación, esa música irá cesando hasta desaparecer completamente (sustituido por un grave sintetizador, sutil, de fondo). De esta forma enfatiza lo que se dice, logra captar especialmente la atención del espectador, ya que recibirá información clave, pero ¿por qué usa ese recurso? ¿Sólo un fundamento narrativo o emocional para/con el espectador? En absoluto. Ese aislamiento sonoro retrata la locura del personaje y su lucha interna. Es una conversación consigo mismo, dentro de su cabeza, de ahí ese aislamiento donde no se escucha nada más que a ellos dos.

–Hombre Misterioso: Nos conocemos, ¿verdad?

–Fred: Yo diría que no. ¿Dónde cree usted que nos conocimos?

–Hombre Misterioso: En tu casa, ¿no te acuerdas?

–Fred: No, no lo recuerdo. ¿Está seguro?

–Hombre Misterioso: Por supuesto. Es más, de hecho, ahora mismo estoy allí.

“Llámame”. “Ya te dije que estaba aquí”. “Tú me invitaste, no tengo por costumbre ir allí donde no me llaman”.

 

 

Lo que dice el “Hombre Misterioso” es estrictamente cierto. La primera vez que lo vio fue en la citada aparición de su rostro sobre el de Renee, en su casa. La frase sobre “la invitación recibida y no tener costumbre de ir allí donde no le llaman”, responde al fundamento de la conciencia. De alguna forma es una frase que redime, en cierta medida, al personaje, que siente culpa, tiene escrúpulos y una conciencia que lo atormenta… algo que no todos, esos que no la invitan, tienen.

Así, con estos elementos, la casa de Fred se convierte en metáfora de su propia cabeza, donde las cintas de video, esos elementos de la conciencia, van entrando para atormentarlo, para mostrarle lo que ha hecho o puede hacer… Cuando llama a su casa al “Hombre Misterioso”, llama a su propia conciencia.

La vuelta de la música es como salir de un trance, como si nos hubiéramos olvidado de todo, como si hubiéramos quedado suspendidos en el tiempo, hipnotizados. Un momento onírico… en la cabeza de Fred.

La mención que hace Andy respecto a ese “Hombre Misterioso”, que es amigo de Dick Laurent (porque nadie parece conocerlo, pero lo ven), perturba a Fred. Dick Laurent, el hombre que se dice muerto, como escuchamos en el mensaje al telefonillo al comienzo del film.

 

 

Durante la historia de Pete, el “Hombre Misterioso” tendrá una aparición, que además confirma lo que Andy dijo a Fred, que era amigo de Dick Laurent (al menos lo vemos junto a él, y el señor Eddy, Laurent, así lo define, como “un amigo mío”). Es en la inquietante llamada, que tiene mucho de amenaza, de Laurent a Pete (amenaza casi explícita con la historia que el “Hombre Misterioso” le cuenta a Pete sobre los condenados a muerte en el Lejano Oriente, el lugar del que nunca pueden escapar y los verdugos que matan con un tiro en la nuca).

Repitiendo el diálogo que el “Hombre Misterioso” tiene con Fred en su primer encuentro.

“Nos conocemos, ¿verdad?”. “En tu casa. ¿No te acuerdas?”…

Esta presencia de “El Hombre Misterioso” junto a Dick Laurent, confirma el vínculo de estos con el sentimiento de culpa, complejos y conciencia de Fred, dejando patente que todos estos personajes son una recreación de su psique, con un Dick Laurent que se identifica con él mismo, ahora padeciendo la infidelidad, poseedor de cualidades de las que él carece.

 

 

“El Hombre Misterioso” reaparecerá en la parte final del film, concretamente cuando Bill Pullman, Fred, vuelva a la narración tras el sexo con Alice (Patricia Arquette), en la casa que vemos arder y recomponerse. Vuelve porque su mascarada/huida ya no tiene sentido una vez ha asumido lo que hizo. Allí escrutará y acosará a Fred con una cámara de video, una vez más, ese elemento objetivo que muestra su culpa y la verdad. La conciencia que reta y atosiga, de la que él huye.

“¿Qué Alice? Su nombre es Renee. Si te ha dicho que su nombre es Alice, miente. ¿Cuál es tu nombre? ¿Cómo coño te llamas tú?”.

 

 

Ese nuevo encuentro con su conciencia le obliga a asumir más aspectos de lo ocurrido, por lo que llegaremos al hotel “Lost Highway”, donde Renee y Laurent cometen la infidelidad que desencadenará los crímenes que Fred aún no asume. Así, una vez Renee se haya marchado y descubierta la infidelidad, Fred atacará y ajusticiará a Dick Laurent, al ritmo de Rammstein, acorde a su conciencia. Acorde a su conciencia porque ésta es testigo de todo, que ya no lo acosará, sino que lo ayuda (le da el cuchillo con el que lo mata), que se convierte en cómplice una vez Fred acepta lo que hizo. Usará de nuevo el video, donde Laurent verá sus orgías y fiestas porno propiciadas por Andy, donde conoció a Renee. No Alice. De nuevo el elemento objetivo. La culpa verdadera.

 

 

La aparición de Rammstein (Lynch usa dos temas de Herzeleid, de 1995, “Rammstein” e “Heirate Mich”, en la película, álbum que repartió entre los miembros del equipo además) es un eco, ya que antes apareció en la escena del robo y muerte en casa de Andy, cuando Pete busca el baño y se adentra por un pasillo que se convierte en el motel “Lost Highway”, que es donde Fred descubrirá la infidelidad de Renee con Dick Laurent. Vínculo a través de la música.

 

 

 

 

 

Es por ello que vemos al “Hombre Misterioso” ser la mano ejecutora, un asesinato “a conciencia”. Ese comentario/asunción al oído del “Hombre Misterioso” a Fred antes de desaparecer, confirma todo esto, además de plantar ese sentimiento de culpa que será lo que movilizará la trama (ese “inception” en el cine de Nolan, por ejemplo). Por ello aparece Fred con el arma una vez el “Hombre Misterioso” ha desaparecido. Es una recreación de su subconsciente, de su conciencia.

 

 

 

 

 

 

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