LOS FABELMAN (2022) -Parte 1/2-

LOS FABELMAN (2022) -Parte 1/2-

STEVEN SPIELBERG

 

 

 

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Os hago dos preguntas que os repetiré al final. ¿Creéis que os conocéis bien? ¿Creéis que os conocéis completamente?

Steven Spielberg atraviesa una etapa interesante en su cine. Reflexiva, madura, minimalista, parece huir del cine espectáculo de antaño, con sus excepciones. Si bien sus películas más personales ya están hechas, como son “E. T. El Extraterrestre” (1982) o “La Lista de Schindler” (1993) en tonos muy distintos, ahora sus reflexiones sobre su país son más sobrias y sus introspecciones más directas. “Los Fabelman” pertenecen a este segundo grupo.

La verdad es que me fascina la evolución en el cine de Spielberg con películas cada vez más pequeñas, intimistas, minimalistas y personales en el sentido más puro.

Sé que algunos andan desconcertados, que son críticos con esta deriva, que esperaban mucho de esta por ser autobiográfica y se han decepcionado en cierta medida, pero hay tanto talento y recovecos en su cine que lo aguanta todo. Ya sólo por la secuencia final merece la pena el viaje, pero si se entiende con todo el periplo anterior te enamora sin excusas.

El cine actual de Spielberg no tiene tanto el beneplácito del público ni busca crear y generar taquillazos o iconos. No. Sus intereses van por otro lado, acumulando un testamento reflexivo dentro del desarrollo de las ideas que dan forma a sus trabajos, esos subtextos que son tan queridos aquí en Cinemelodic.

Aquí nos regala una película con mucho de autobiográfica, que habla de la mirada, del cine, de la familia, de la religión… pero para dar forma a una idea mucho más abstracta, por supuesto.

¿De qué nos habla “Los Fabelman”? Pues de la vocación. Del arte y de la vida. Y de cuando uno se convierte en artista. En este caso, verdadero director de cine.

Hubo otra película de Spielberg, poco valorada y que pasó bastante desapercibida, que tenía un subtexto muy relacionado con éste. Era “Mi Amigo el Gigante” (2016), que hablaba de la necesidad de contar y escuchar historias. Ese era el subtexto. La necesidad de hacer y ver cine, por ejemplo.

Aquí va un poco más allá, y desde una vertiente puramente personal. No en balde, Steven Spielberg se ocupa también del guión. Y se la dedica a Leah y Arnold

 

 

La maravillosa secuencia final, una famosa anécdota que los seguidores del director o cinéfilos en general conocerán, rubrica todo el tránsito mostrado y la idea general. Es el encuentro entre el joven aspirante Spielberg y el maestro consagrado, John Ford, interpretado por David Lynch para acabar de rematar la genialidad (cómo se gusta en este rol, encendiendo su puro, sacando las malas pulgas).

¿Dónde está el horizonte?”. “¿Qué sabes de arte, chico?”. Le hace las preguntas clave. Spielberg explicó que más que hablar de aburrido o interesante, le dijo que cuando entendiera porqué el horizonte iba en un lado u otro, sería un director de verdad. La mirada global.

Spielberg, al final, nos habla de algo que muchos están tocando en estos tiempos. Del legado, de la inspiración, del viaje de unos a otros. Ese maravilloso y genial plano final, un gesto de humildad que conmueve, corrigiendo el encuadre que dejaba el horizonte en el medio mientras el protagonista, que es él mismo, se dirige hacia él, hacia su sueño, para colocarlo en la parte de abajo, define a un artista ya consagrado que fue aprendiz, pero que considera que lo sigue siendo.

¡Qué secuencia final tan maravillosa!

 

 

Vocación. La mirada

¿Es la vida la que inspira al arte o es el arte el que condiciona la vida? De eso habla Spielberg. Observad la evolución, porque es una maravilla.

Spielberg hace una auténtica cura de humildad en esta película donde nos cuenta cómo el cine se convierte en arte. Se pueden contar historias, plasmar la “realidad”, la vida, dejar que esta te inspire para contar algo, pero sólo cuando el viaje sea el inverso, existirá el arte. Cuando sea la obra, ese arte, el que influya en la vida, será verdadero.

Podemos conformarnos con plasmar la vida, ciertamente, y está muy bien, o hacer que la vida influya en nuestras obras, que también lo está, pero Spielberg dice que “imprimas la leyenda”. La cosa trasciende cuando es el arte el que logra que salgas distinto de su presencia. Cuando, tras encenderse las luces en una proyección, algo te ha cambiado a ti.

Y todo comienza con la mirada.

Atended a la primera secuencia. Donde todo comienza. Hasta el cinéfilo menos predispuesto ha debido oír hablar de los primeros planos de Spielberg, ese ligero contrapicado que se acerca al rostro del personaje para captar su mirada fascinada. A menudo unida a la infancia. A la sorpresa. A la capacidad de soñar.

De eso hablan sus padres al joven Spielberg, digo Sammy (Mateo Zoryan), cuando va a ver su primera película. Como en “E.T. El Extraterrestre” (1982), Spielberg nos oculta por un momento los rostros de los adultos que oímos hablar sobre el rostro de un niño. Sin corte, pasaremos a verles por fin un poco después. Le hablan de la magia del cine, de su capacidad de ensoñación y, con explicaciones más técnicas, tratan de quitarle posibles miedos al estar la sala oscura… Imágenes en movimiento, muchas fotos pasadas muy rápido… Esta escena se resuelve en un plano secuencia. La película es “El Mayor Espectáculo del Mundo” (1952), de Cecil B. De Mille, que en aquella época era el director por antonomasia, el gran creador de espectáculo y movimiento de masas y grandes producciones.

 

 

Y de la intrigada mirada del niño ante las explicaciones teóricas, pasaremos a la impactada mirada del niño con la escena del tren. El proyector, la pantalla, la sorpresa… Y una vocación que ha plantado su semilla a través de los ojos. Sí, una mirada en contrapicado, aunque sin travelling.

La mirada lo define todo. Cuando ve su tren de juguete cruzar la vía, de nuevo vuelve la mirada. Falta algo. Falta el drama. “Necesita verlo chocar”. Necesita el cine.

 

 

La mirada Sammy, el joven Spielberg, de satisfacción ante las reacciones a su Western y sus efectos especiales. Y la del padre flipando con su inventiva.

O la mirada del cine, mientras monta la película documental sobre la excursión familiar, la que descubre lo que bulle en Mitzi, sus sentimientos hacia Bennie (Seth Rogen)… Cuando proyecte esa película, no hará daño, omitirá los planos comprometidos, pero el juego de miradas que usa Spielberg lo dice todo.

 

 

La fascinada mirada de los dos hombres, y no sólo ellos, a Mitzi cuando baila en camisón ante los focos de un coche. La mirada del padre a la foto al final de la película que lo rompe por dentro, pero también lo recompone.

La mirada de Sammy en el despacho de Ford, por los carteles de las películas, dándose cuenta de a quién va a ver.

 

 

La familia. Arte y Ciencia

El Spielberg director de cine se ha formado de la esencia de su padre y su madre. Y los clásicos. James Lipton se lo comentó a cuenta de “Encuentros en la Tercera Fase” (otra película con un subtexto magistral sobre la descomposición familiar), donde la comunicación entre los humanos y los avanzadísimos extraterrestres era a través de la música y las computadoras. Su padre era informático y su madre pianista… Ahí lo tenéis… Ni siquiera Spielberg se había percatado de ello, como le comenta a Lipton. Y le da las gracias por ello. Os dejo el video.

Y aquí. Observad cómo funciona el padre y cómo funciona la madre desde la primera escena. El padre explicará a Sammy cómo funciona el cine técnicamente, fotos que pasan rápidamente, el proyector, imágenes en movimiento y cómo las recibe el cerebro… La madre, por su parte, le hablará de lo que transmite, el sueño que supone y en el que te hace vivir…

Son como los sueños”.

10 de enero de 1952. New Jersey.

 

 

Veremos al padre hacer lo mismo cuando prepare el tren de juguete para Sammy. Le explicará el funcionamiento técnico, pero será la madre la que entienda sus pulsiones cuando manifieste que “necesita verlo chocar”. Ella entenderá que lo que su hijo siente es como lo que siente ella, como lo que le hace sentir la música. Técnica y arte.

 

 

Y la fusión inicial. Será la madre la que le dé a Sammy la cámara para recoger el momento del “choque” del tren de juguete, la cámara que es del padre, claro.

Volveremos a ver al padre con explicaciones técnicas, en este caso sobre el funcionamiento de las computadoras, sus dominios.

Burt (Paul Dano), el padre, volverá a usar sus explicaciones técnicas con sus hijas para explicarles cómo poner una tienda de campaña.

En esta familia están los científicos frente a los artistas”. “Eso fue hace dos hijos”.

 

 

Desde la puesta en escena, se tiende a aislar al padre, que de alguna forma se siente algo incomprendido. Asume que sus cosas prácticas, aunque útiles, las más útiles, no fascinan ni tocan la fibra. Y lo entiende porque a él le toca la fibra ese espíritu artístico de su mujer, que él no tiene, pero ante el que queda hechizado y fascinado.

Se le reprochará dejar atrás al tío Bennie… ese amigo.

Es especialmente interesante, por el contraste, cómo en la mencionada escena en la que Burt trata de explicar cómo se coloca una tienda de campaña a sus hijas, estas se dispersan y centran su atención en los juegos de su madre, que se columpia jovialmente en un árbol.

Burt, siempre algo marginado, absorbe las miradas más tiernas y compasivas del Spielberg director, que parece algo arrepentido por el juicio que le emitió en parte de su vida. Lo mira compasivo y comprensivo, adentrándose en su vacío, del que se siente incapaz de resultar “interesante” o “atractivo”, porque sus intereses y pasiones no interesan o atraen como las de otros.

Pero Burt no es un patito feo, sólo es cerebral. Ese ordenado padre que se pierde un poco en al caos fiestero, pero que está a gusto y disfruta cuando la fiesta tiene cierto orden… Observad la escena ante la hoguera, cuando disfruta como un niño cantando las canciones, pero cuando Bennie empieza a desmandarse e improvisar, él se siente perdido y fuera de sitio. Incapaz. La descripción de los personajes está mostrada con tremenda sensibilidad, sutileza y hondura.

 

 

En contraste tendremos a la madre, que, en esa misma escena, se balanceará sobre un árbol, dando rienda suelta a su vitalidad, y dedicará a todos un baile a la luz de unos focos que le transparentan todo en la noche.

La vitalidad de la madre, el orden práctico del padre… que adora la vitalidad de la madre.

 

 

Otro contraste especial lo tenemos en la muerte de la abuela de Sammy, la madre de Mitzi. Emoción y cerebro. Una puesta en escena impecable. Mitzi se abraza a su madre agonizante en la cama del hospital, como queriendo retenerla en la vida; Burt observa atento el monitor que marca sus constantes vitales… Sammy, el artista, se centrará en el detalle de la vena palpitante del cuello.

La culpa es un desperdicio de emociones”.

 

 

Mitzi, por su parte, es arte. Así lo define el tío Boris, que parece calar pronto a Sammy.

Lo que tiene en el corazón es lo que tenemos tú y yo: Arte”.

No es baladí ni gratuita la escena del tornado. Esa tempestad y ese tornado se vinculan con la madre, justo tras su bronca con el padre por no llevar a Bennie a su nuevo trabajo. Simboliza el tempestuoso interior de la mujer en ese momento.

Lo fascinante de esta metáfora es que en la escena posterior, detalle magistral de Spielberg, pasaremos de la lluvia al desierto de Arizona… con toda la familia saludando a la cámara de Sammy… incluido Bennie. La tormenta de Mitzi ya pasó… Lo cuenta todo sin necesidad de decir nada.

Todo pasa por una razón”.

 

 

 

 

Su padre, con toda su practicidad, no le negará nada ni a Sammy ni a Mitzi. Acumulará monitores para arreglar y poder regalar a Sammy su tren de juguete, por ejemplo. Incluso le ayudará en sus jóvenes rodajes artesanos. Y eso aunque, en el fondo, no crea en lo que hace su hijo, ya que lo ve como una simple afición. Le pedirá, incluso, que monte una película sobre el viaje, esa excursión de las escenas mencionadas anteriormente, con la intención de animar a la madre… tras regalarle una espectacular máquina de montaje, la Mansfield de 8 mm.

Cosas que sí le sirvan a la gente… como una licencia de conducir”.

Quiero hacer películas”. “Hablo de cosas reales, no imaginarias”.

En California el conflicto provoca el choque definitivo. La ciencia, el cerebro, debe ir allí, porque Burt es contratado por IBM. La emoción y la sensibilidad, sufrirá, porque deja el corazón donde queda Bennie

Debes hacer lo que el corazón te diga para no deberle la vida a nadie”.

 

 

Hay una escena genial también, cuando padre y madre se preocupan por los problemas que Sammy está teniendo en el instituto, de donde llega un tanto magullado. Burt entra en casa desde un plano subjetivo y, tras el conflicto, la escena termina con un gran angular que remarca las distancias de la pareja, pero el detalle sublime es dónde se coloca cada uno. Burt en una práctica mecedora, el lugar adecuado; Mitzi tumbada en su piano, el lugar del arte.

La bondad del padre, la resignación de la madre. El sutil conocimiento del padre. La depresión de la madre canalizada en un mono llamado Bennie

 

 

 

La separación familiar es mostrada magistralmente por Spielberg también desde la puesta en escena, con dos secuencias consecutivas y similares. Sammy hablará con sus padres por separado. Primero con su madre, con la que hablará de sentimientos, de hacer lo que dicte el corazón, de su petición fallida de matrimonio…

Y luego un año más tarde, en Los Ángeles, con su padre, donde tratará el tema laboral, lo práctico. Debatiéndose, entre ataques de ansiedad, entre la escuela, la universidad y su pasión por el cine.

Si observáis, la planificación es similar, con los dos decorados con dos estancias, con un travelling de retroceso, con alguien entrando… Es maravilloso.

Precioso es ese momento donde Burt, el padre, ve la foto donde sale Mitzi, la madre, feliz en segundo plano junto a Bennie. Burt sufre por tenerla lejos, pero su reacción será ser comprensivo con Sammy y animarle a seguir su camino en el cine, aunque no lo vea claro.

 

 

Por cierto, la frase que añado a continuación, la incluye Spielberg sabedor de la historia de sus padres. No sé si sabréis que, efectivamente, sus padres se divorciaron. Spielberg culpaba a su padre, cuando él no tuvo la culpa, cosa que le hizo sentir mal. Cuando se redimió e hizo las paces con él, todo volvió al pasado, ya que padre y madre también se reconciliaron y volvieron juntos en los últimos años de su vida. Eso sí, cuando la versión real de Bennie falleció (1995). Arnold se casó un par de veces más, pero siempre quiso a Mitzi.

Sí nos conocemos. Y siempre lo haremos. Y lo sé porque llegamos muy lejos en nuestra historia como para que diga fin”.

Sammy, al final, se define como alguien sensible y artístico que tiene ataques de pánico, como su madre, pero también sensato, tenaz e inteligente, como su padre.

Se podría pensar que la mirada hacia Bennie podría contener rencor, pero nada más lejos de la realidad. Sammy se mostrará durante un tiempo distante con él y su madre, pero el retrato que se hace del personaje es positivo en general. Un ejemplo lo tenemos en la despedida de Sammy, con el regalo.

 

 

Por otro lado, el retrato de sus hermanas es muy pequeño, casi tangencial. Muestra cierto vínculo con una de ellas, la más sensible y aguda, la mediana, Reggie (Julia Butters), pudorosa con su madre cuando se exhibe bailando delante de unos focos o describe a cada miembro de la familia antes de ver la película playera junto a Sammy en privado. Los egoísmos, las incomprensiones, la frustración y la ira…

El tema religioso en su familia también tiene su presencia. Spielberg ha manifestado que llevaba mal lo de ser judío y que tardó en hacer las paces con ello. Aquí no es que se plasme en exceso ese drama, pero sí se intuye. Ese niño que lamenta no poder celebrar la colorida Navidad como el resto… y tener que conformarse con Janucá.

En California, en el instituto, todo un poco en plan “West Side Story”, tendrá Sammy sus encontronazos antisemitas. Voleibol, acoso, palizas… y amor. Se encontrará con una tentación cristiana de ojos azules que le hará todo un poco más digerible.

Ella tiene un santuario a Cristo… y a Elvis, Dylan, los Beatles… Una muchacha devota, cariñosa, impetuosa, fogosa y muy sincera.

Jesús es sexy”. “Podemos rezar más”.

 

 

Tendremos amor entre religiones, frustrado al final, pero sincero, y regalos relacionados, como esa cruz con la que Sammy obsequia a Monica antes de hacerla huir…

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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