TIBURÓN (1975) -Parte 2/5-

TIBURÓN (1975) -Parte 2/5-

STEVEN SPIELBERG

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Spielberg oculto bajo el océano

Observen ese plano en el que Spielberg, a través de la mirada de Brody, realiza un zoom hacia el océano y lo que oculta justo después del ataque del tiburón en la playa que casi alcanza a su hijo. Un plano hacia la nada, pero que nosotros sabemos que contiene todo, que transmite el miedo. Ahí comenzará el enfrentamiento del hombre con su terror.

¿De qué nos habla Spielberg por debajo de estas aventuras marinas y caza al tiburón? Miedo y seguridad. Spielberg, en sus inicios, parecía atacar a la línea de flotación del sueño americano, de la condescendencia burguesa, al estado del bienestar y su confort para cuestionarlo, ponerlo en duda o amenaza.

 

 

De eso hablaba “El diablo sobre ruedas”, con ese acomplejado protagonista que vive su matrimonio y su relación con su mujer como una prisión. Y de eso habla “Tiburón” sobre todo. De la absurda sensación y obsesión por la seguridad, el absurdo apego a ese estado del bienestar que nos aleja de la realidad en una burbuja de apariencia apacible. Una falsa seguridad. La prepotencia de la seguridad que vertebra ese estado del bienestar, que obvia la pulsión autodestructiva de la humanidad, la incontrolable naturaleza, que obvia, en realidad, la amenaza siempre presente. Del miedo intrínseco e inevitable que lo propicia (a ese estado del bienestar). El miedo absurdo e incontrolable (personificado en Brody y el que siente al agua y los barcos). El miedo y la amenaza salvaje, instintiva, primitiva, ilógica.

Como siempre, hay que estar atento a los diálogos y conversaciones de la primera parte de la película, esos que muchos consideran intrascendentes y de mero planteamiento, porque ahí Spielberg suele dar todas las claves de sus subtextos y concepciones soterradas (E.T., Parque Jurásico, El Diablo Sobre Ruedas, War Horse…).

A través de los tres personajes protagonistas, Spielberg desarrolla su reflexión soterrada sobre el miedo. Brody huye el miedo, del peligro, por eso se va de Nueva York a esa isla inofensiva. Hooper se enfrenta al miedo con estudio; tras el susto que un tiburón le dio, él se obsesiona con ellos y los estudia para entenderlos mejor. Quint, como el hombre visceral que es, se enfrentará a ese miedo con la intención de liquidarlo, por absurdo que sea (es un opción eterna, ya que no puede terminar con todos los tiburones), reacción a su terrorífica experiencia con ellos en el USS Indianápolis.

El miedo de Brody es abstracto, a la incertidumbre, a lo que podría pasar. Siente un pavor ilógico al agua y los barcos, pero esa pulsión representada en el tiburón lo impulsa a una isla para que esos terrores se le muestren de pleno, para que tenga que enfrentarlos.

 

 

El miedo de Hooper procede de una mala experiencia infantil, donde un tiburón destrozó su barquita. En vez de cogerle fobia a las barcas y el agua, a los tiburones, estos le generaron curiosidad. Quería saber por qué, qué era, sus formas y métodos. El conocimiento para enfrentar el miedo.

 

 

El miedo de Quint procede de su terrible experiencia en el USS Indianápolis. Como veis, la cosa va creciendo. De la nada a una experiencia personal más o menos inofensiva y a una terrorífica y en grupo. A Quint ya no le pilló de niño, sino más maleado, en conflicto bélico, por lo que su reacción es visceral, se revuelve. Una venganza.

 

 

La escena del USS Indianápolis, de las más recordadas del film y una de las favoritas de Spielberg, es soberbia. Como comentaré en las curiosidades, hay varias reescrituras que completó el propio Robert Shaw. Un relato que hipnotiza y deja perplejo, que fascina y aterra.

De hecho, lo sucedido con el Indianápolis, parece responder a un karma, a la venganza de la venganza de la venganza. Del ataque de Pearl Harbor pasamos a las bombas atómicas, que el Indianápolis trasportó… y al hundimiento del acorazado. 29 de junio de 1945. Era una misión ultra secreta, por lo que nadie se enteró de lo ocurrido hasta tiempo después. De los 1100 tripulantes sobrevivieron 316, pero las víctimas no fueron por el hundimiento, sino por el ataque de los tiburones que se dieron un festín con ellos durante cincos días.

La imagen donde ellos se protegían en grupos, vuelve a incidir en ese instinto ante el miedo, la amenaza, que es tesis del film. Agrupados para intentar espantar a los tiburones, pero con los de fuera expuestos a sus dentaduras. Irremediable.

Observen cómo la rueda Spielberg. En casi todo momento mantendrá en plano a Quint y Hooper, los dos con experiencias reales con tiburones, al segundo a menudo desenfocado, mientras que deja el contraplano para Brody, el temeroso abstracto. Sólo ante el impacto del final del relato, donde meterá un inserto de Hooper mirando a Brody, dejará solo a Quint, marcando también su diferencia con respecto al resto, comprendiéndole.

El canto de una ballena y una tonada de los tres añorando su casa para ahuyentar penas y pasados romperán el clima depresivo, que a su vez romperá el tiburón con su aparición.

 

 

 

Robert Shaw era un excepcional escritor y dramaturgo. La historia de Howard Sackler, un breve relato que John Milius reescribió hasta convertirlo en un gran monólogo, fue reescrito a su vez por el propio Shaw para adaptarlo a su persona.

Desde el mismo inicio, el cineasta incide sobre el tema de la seguridad y el miedo ilógico. Se nos presenta a una familia casi recién llegada a esa apacible isla desde la gran ciudad (casa comprada en otoño, narración iniciada en el comienzo del verano). Spielberg insiste en la época del año, la estación veraniega, y en el lugar como zona de veraneo tranquilo, cómodo, seguro, donde nunca pasa nada…

Ten mucho cuidado.

¿En esta ciudad?

 

 

Ahí está la clave. Una isla, como una burbuja de protección de todo mal, símbolo perfecto de la seguridad. Y el miedo al agua del protagonista, símbolo perfecto de todas las amenazas de las que trata de protegerse con esa migración desde la ciudad a aquel paraíso. Dos elementos que unidos forman el subtexto pretendido por Spielberg.

Bueno, creo que también es absurdo que un hombre que odia el mar viva en una isla”.

Y es que Brody verbalizará las diferencias y la causa por la que se fue de Nueva York. Hará una contraposición entre la ciudad y su delincuencia, su índice de criminalidad, con la placidez pacífica de Amity.

El índice de criminalidad en Nueva York es agobiante. Hay tantos problemas que parece que nunca puedes solucionar ninguno. Violencia, robos, crímenes. Los niños no pueden salir de casa. Hay que acompañarlos al colegio… pero en Amity un hombre puede cambiar las cosas. En 25 años no ha habido ni un tiroteo, ni un asesinato en toda la ciudad”.

Ahí tienen la tesis soterrada del film.

 

 

La primera secuencia cotidiana muestra a uno de los críos con un herida sangrienta en la mano. Una desobediencia. Jugaron en unos columpios aún no fijados desoyendo la orden paterna. Una herida en el entorno cotidiano. Un cebo que tendrá más ecos, donde Spielberg ya señala que el peligro puede encontrarse en cualquier lugar, pero de forma sutil.

No es más que un rasguño”. “Seguro que de esto no te vas a morir”.

El chico quedará desenfocado mientras le atiende su madre y su padre responde a la llamada profesional, creando así las distintas capas de significación, dedicando ese plano Spielberg a la escenificación de la ocultación de su subtexto, que queda desenfocado con el niño para dar prioridad a la trama aventurera. Un niño que se queda bajo el resguardo de la madre, la plena seguridad… y un cadáver encontrado en la playa como nuevo contraste.

 

 

 

¿Dónde tenemos los carteles de “playa cerrada”?

Nunca hemos tenido

Calles pacíficas, poco transitadas, actividades inocentes, juveniles, infantiles (natación, karate, boy scouts…).Un pueblo que no tiene ni advertencias playeras porque nunca ha ocurrido nada y donde el mayor problema son los jovenzuelos aprendices de karatecas que entrenan golpeando vallas y estacas. Y en medio de eso… un cadáver en la playa.

El turismo, ese que defiende constantemente la obcecación política, la del alcalde, es el símbolo perfecto de ese estado del bienestar que parece ajeno a toda amenaza. Así que la idea se sublima. Que ese símbolo de la seguridad se vea amenazado en una playa y en época vacacional lo derrumba por completo.

 

 

Esa sensación de sentirse a salvo de todo mal de la civilización moderna asentada en el estado del bienestar, esa falsa sensación, se manifiesta y escenifica a la perfección también en la escena del inicio del verano playero, donde se dan cita los turistas y los periodistas, que llegan al olor del morbo del tiburón asesino.

Una seguridad que se va resquebrajando hasta que esa ficticia burbuja estalla. Lo vemos perfectamente escenificado en la secuencia donde Brody mira libros sobre tiburones y las consecuencias de sus ataques en humanos. Su miedo le lleva a apelar a sus hijos para salir de una barcaza que flota en el agua, siendo amonestado por la madre, más serena y buscando sentido común… hasta que ve una foto de un tiburón destrozando una barquita, provocando en ella una divertida y airada reacción en apoyo a su marido para que los niños vuelvan a tierra. Es la psicosis atenazándolo a todo. Lo seguro cuestionado.

 

 

–El cartel que anuncia los grandes valores de ese pueblecito turístico, es usado por Spielberg para describir una vez más la perturbación en la seguridad de esa burbuja que parecía inmune. De la placidez acogedora que invita a ir, a la alarma… obviada… en contrapicado con un tiburón pintado por algún chaval.

 

 

 

–El clímax en el desarrollo de la tesis comentada, lo tenemos en la escena en la playa una vez han llegado los turistas. Esa escena y lo que ocurre en ella es el desencadenante del definitivo cambio de Brody, que asumirá la realidad y enfrentará sus miedos.

 

 

Ante el miedo provocado por el tiburón y la sinrazón de los políticos abriendo la playa a los turistas, Brody tratará de proteger a sus hijos prohibiéndoles que se bañen en la playa y pidiéndoles que lo hagan en otra zona, “la laguna”, más protegida y segura, una zona de agua formada por el mar, pero alejada de la playa… Bien, si observan, Spielberg vuelve a lanzar un soterrado y sutil paralelismo con lo que nos ha ido contando, también sutilmente, del pasado del protagonista, un policía en Nueva York que se fue a esa isla, angustiado por la excesiva delincuencia y los tremendos peligros que había allí para los niños, con la intención de protegerlos.

Y será en esa laguna, donde parecía imposible que nada pasara, donde atacará el tiburón, no en la playa, donde la gente se alarmará por una broma.

 

 

Esto es lo que hará entender a Brody que uno no puede ocultarse de los peligros, de las amenazas y la naturaleza, que no se puede ceder al miedo y que las burbujas artificiales, como ese estado del bienestar, son meros velos de realidad, ficciones de seguridad.

Brody: Anda, llévatelo a casa.

Ellen (Lorraine Gary): ¿A Nueva York?

Brody: No. A casa. Aquí.

Este diálogo demuestra que Ellen interpreta la presencia de la familia en Amity como una huida, llamando casa a Nueva York. Su mirada ante la aclaración, enfática, de Brody es significativa.

Es tras este suceso, donde sus hijos peligraron y vieron la muerte cara a cara, cuando el agente cogerá el toro por los cuernos, o al tiburón por los dientes, enfrentándose al miedo.

 

 

En toda esta idea subyace además la confrontación entre la prepotente e inexperta civilización, con esos cazadores domingueros que salen a por el escualo, y el milagro de la evolución, pura naturaleza, esa que “sólo come, nada y procrea tiburoncitos”. El hombre contra el Jaquetón, Carcharodon Carcharias, un Gran Tiburón Blanco. El hombre contra el leviatán.

El ejemplo más significativo de esa confrontación entre la absurda, prepotente y confiada civilización y la todopoderosa naturaleza lo tenemos en la escena donde, tras ofrecerse una recompensa por el tiburón, los domingueros se lanza en tropel a las aguas para intentar pescarlo… La ignorante civilización llegando de todos sitios al reclamo del dinero (Connecticut, Rhode Island, Nueva Jersey). Allí un marino se reirá de ellos y advertirá de lo que se encontrarán… marinero que acabará muerto bajo las aguas. Es interesante cómo muestra Spielberg estos contrastes. La inconsciencia y atrevimiento de los veraneantes en los exteriores y la preocupación de Brody y otras autoridades en interiores.

 

 

Otro ejemplo perfecto lo tenemos en la escena comentada anteriormente, la de la apertura de la playa a los turistas. Allí la civilización, de nuevo prepotente, indiferente, hedonista, veraneante, jovial, inconsciente, vuelve a enfrentarse desde su artificio, ficción de seguridad, a la naturaleza. Un artificio con los ingredientes de la prensa, el turismo, las decisiones políticas, el morbo por el tiburón y la muerte de una bañista. Indiferencia ante el horror mientras no nos toque personalmente. Un contraste con los pensamientos de Brody.

Incluso veremos un videojuego con un tiburón, en la parodia del terror, su banalización.

 

 

Y otros temas.

Sumado a los temas que verdaderamente preocupan a Spielberg, tenemos otros de menor importancia, pero presentes, que sirven, sobre todo, para desarrollar la aventura y darle coherencia, pero que exponen otros aspectos de interés. Por ejemplo, esas injerencias políticas, su miedo al pánico que provocaría la noticia de un tiburón y su efecto en la economía local dependiente del veraneo. Políticos que sólo velan por sus intereses y el dinero, ajenos a la realidad, que terminan desencadenando el miedo y la tragedia. No deja de ser un tópico… que seguramente se inició aquí también o se le dio especial desarrollo, se le estereotipó.

Llegan a un punto de cinismo tal que anteponen el dinero a las personas, por supuesto, apelando a lo improbable y la suerte. Una escena significativa respecto a esto, a los manejos políticos y funcionariales que lo manchan todo, la tenemos en el somero análisis que realiza Hooper del cadáver encontrado en la playa, que los médicos de allí achacan a un accidente de navegación y él desmentirá inmediatamente demostrando su falsedad.

 

 

Intentarán ampararse en el tiburón cazado para alcanzar una lógica paz y tranquilidad, algo que tendrán que desmentir Hooper y Brody de manera clandestina. Abrir al tiburón. Así descubrirán que las sospechas del científico eran ciertas.

Es curioso cómo lo que encuentran en el estómago del tiburón son, en la mayor parte de los casos, elementos que remiten a la civilización, incluso a la tecnología. Peces, una lata, una matrícula de Louisiana, “Sportsmen’s Paradise”.

 

 

–El choque entre la naturaleza y la tecnología. Entre lo visceral y lo tecnológico. Es otro de los temas reseñables del film. Ese será el duelo entre “La Orca” y el tiburón. La prepotencia de Quint, como un Ahab, le llevará a la perdición, destrozando primero los motores de su barco y luego siendo engullido por las fauces del escualo.

Es la tecnología fracasando ante la fuerza de la naturaleza, con ese barco dado de sí. Ese barco terminará destrozado y hundido, la última coraza tecnológica de nuestros protagonistas con la que se enfrentan a la naturaleza.

 

 

Sí, es cierto que la bombona de oxígeno y la escopeta, in extremis, son elementos tecnológicos que terminan por dar muerte al tiburón, al contrario de lo que ocurría en “Moby Dick” (o en el libro en el que se basa esta película), pero llega una vez todo lo demás se ha derruido, como una cura de humildad ante la que finalmente reivindicar esa tecnología que, en el fondo, no deja de ser positiva, siempre que no sea prepotente.

¿Se puede ver la tele?

 

 

–La prepotencia intelectual (personificada en los tres protagonistas), la debilidad política y funcionarial, de carácter, la soberbia contra la naturaleza, son aspectos desarrollados sutilmente.

–La familia siempre es un tema recurrente en Spielberg. Aquí tenemos una protagonista, la de Brody, que el policía intentará proteger.

Tras el reproche sufrido por la madre del pequeño al que mata el tiburón, retratada en un digno plano de perfil por Spielberg, Brody se cobijará en su casa, junto a su mujer e hijos, reflejándose así la familia como el resguardo redentor. Pasamos de la familia atacada y mermada a la búsqueda de cobijo en la misma.

 

 

Observen el hermoso inicio de la escena, en un homenaje a una de las secuencias más bellas de la historia del cine, la de “Qué verde era mi valle” (John Ford, 1941), con el hijo llamando la atención del padre, un padre necesitado de un beso.

Durante la cena, Hooper y Brody recordarán su infancia, así Spielberg encadena tres momentos en dos secuencias donde desarrolla el tema familiar, su importancia, las consecuencias, su necesidad de protección y resguardo…

 

 

 

 

–Responsabilidad. Todo esto nos lleva a la idea de responsabilidad, que, evidentemente, se liga o relaciona con la familia. La responsabilidad de protegerla. De ahí subyace que los miedos sobrevenidos de Brody sean vinculados a la familia, su protección. Por eso su dejación e irresponsabilidad, que causa la muerte de un niño sometido a las injerencias políticas, le afecta sobremanera. Esa madre exponiendo crudamente ante Brody la realidad del hecho, su falta de protección a su hijo, que podría ser el suyo.

Tengan en cuenta la escena del primer día turístico de playa. Brody pedirá a su hijo que vaya a navegar con sus amigos a la laguna, un lugar más protegido, una burbuja dentro de esa burbuja que es la isla. Aquí vuelve a manifestarse la absurda idea de seguridad ante la naturaleza, del miedo… ya que creyendo que mandaba a su hijo a un lugar más seguro, como lo creía yendo a Amity, el tiburón atacará, precisamente, en aquella zona “para viejas”.

La laguna es para las viejas.

Ya sé que es para las viejas, pero hazlo por tu padre, ¿eh?

Este es el sentimiento que más movilizará a nuestro protagonista.

 

 

 

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sambo

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