EL DIABLO SOBRE RUEDAS (1971) -Última Parte-

EL DIABLO SOBRE RUEDAS (1971) -Última Parte-

STEVEN SPIELBERG

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo Oculto.

En Spielberg lo oculto siempre juga un papel fundamental. En lo oculto suele estar la clave de todo, el deseo (Ready Player One), lo buscado (Indiana Jones) o la amenaza (Tiburón). Suele ser una gran fuerza de poder o algo siniestro y amenazante para los protagonistas. Ya sea el Arca de la Alianza o el Cáliz de Cristo, ya sea un tiburón o un dinosaurio, ya sea un Huevo de Pascua cibernético o un asesino predicho, ya sea un camionero o unos adultos buscadores de extraterrestres, Spielberg los oculta o los sugiere bajo el manto del mar, entre la maleza de una selva jurásica artificial, en recónditos lugares sólo al acceso de los más intrépidos arqueólogos, en una cabina de camión o entre sombras y dándonos la espalda… Extraterrestres que quieren invadir la tierra en máquinas que los ocultan y protegen, papeles ocultos que harán las delicias periodísticas, tramas políticas que hay que ocultar para erradicar la esclavitud, agentes secretos en “Munich”, identidades que diluyen la individualidad en “Atrápame si puedes” (2002)…

Es la pura abstracción para desarrollar ideas. Aquí se nos mantiene oculta la identidad del camionero, al que nunca vemos el rostro, tan solo lo dotamos de ciertas características (botas, vaqueros…), lo que en su abstracción aumenta exponencialmente su categoría alegórica, simbólica, metafórica, de tal forma que pueda interpretarse de muy diversas maneras. Una personificación que, en realidad, es el propio protagonista, el lado acomplejado, miedoso, traumatizado, inseguro de él mismo, que es su verdadera amenaza.

 

 

En la gasolinera bajará y subirá al camión en los oportunos momentos en los que David no mira… siempre en la sombra, comunicándose con la sirena, ya que tampoco lo escuchamos… De hecho, David tampoco logrará ver al conductor en ningún momento, favoreciendo múltiples interpretaciones y afianzando lo que aquí explicamos. Extraña, precisamente, que no intente ver su rostro en determinados momentos donde podría tener acceso bajando del coche o acercándose, pero cuando lo intenta, dirigiéndose al camión desde gran distancia en la parte final, el gigantesco Leviatán huirá, mostrando la imposibilidad de reconocerse a sí mismo.

 

 

 

Que el camión sea una manifestación de su propio complejo e inseguridad, no significa que los demás no puedan verlo, ya que el contexto, como ocurre con “E.T. El Extraterrestre” (1982), es realista. Y de alguna manera, desde este prisma, cabría pensar que al ser un producto de la psique del protagonista, sólo él podría verlo, en un recurso muy de Spielberg, pero eso sería ir demasiado contra el realismo, por lo que utiliza otros elementos sutiles para mantener la coherencia del relato así como la concepción mencionada del camión como personificación de complejos y miedos de David.

 

 

 

El camión lo ven más personas, pero sólo parecen verlo cuando está David presente, lo que resulta una idea excepcional. Es como si David tuviera que llevar sus demonios a cuestas mientras no logre deshacerse de ellos. Es por eso que el conductor del autobús infantil manifestará que no vio pasar a ningún camión a pesar de estar allí estacionado con los chicos por culpa de una avería… pero sí lo verá poco después, una vez David está allí intentando ayudar. De hecho, el camión será el que finalmente saque del problema al autobús, como había intentado David sin éxito poco antes.

 

 

 

 

 

Ese camión es él mismo, por ello ayudará al autobús de los niños, como intentaba hacer él. Por eso no regresará a casa cuando tiene ocasión, sobre todo siendo evidente que ya no logrará llegar a su cita laboral (decide esperar una hora tranquilamente para que el camión se aleje)… algo le impulsa a seguir hacia delante. Por eso, cuando descansa durante un tiempo en ese simbólico lugar donde lo acompañan coches abandonados (perfecto decorado para ese momento y su decisión, roto por ese recurrente tren, Southern Pacific) junto a una vía del tren, dejando pasar a su perseguidor para distraerlo y perderlo de vista, no volverá a casa, sino que seguirá camino hasta volver a encontrarlo…

 

 

 

 

 

Y del mismo modo, al no poder huir de sí mismo, de sus complejos, al estar obligado a enfrentarlos, no podrá distraerlo. Aunque crea que el camión pasará de largo y se olvidará al no encontrarlo, no tardará en descubrir que lo está esperando, como sus complejos, inseguridades y miedos…

No podrá deshacerse de él hasta que no se enfrente directamente. Es un Leviatán psicológico que siempre estará en su camino, como predestinado, hasta la resolución final.

¿Cómo puedes ir tan deprisa?

 

 

Un camión cada vez más violento y provocador, que apela al enfrentamiento, a la necesidad del mismo, como lo vemos arrasando la gasolinera, la cabina y las cajas con serpientes (animal demoniaco), escena muy metafórica, ya que escenifica el propio boicot de David a sí mismo (ya pudo llamar a la policía con anterioridad en situaciones más propicias), impidiéndose esa solución para tener que afrontar su catarsis.

 

 

 

 

 

Como curiosidad, hay que decir que una vez el camión caiga por el barranco liberando por fin al protagonista, oiremos un agónico sonido sacado de un dinosaurio de una vieja película de serie B, que recuperaría para el final del escualo en “Tiburón”, su cinta de 1975 con la que esta tiene muchos paralelismos.

En la caída del camión vemos la puerta del mismo abierta, aunque no una huida del camionero abstracto. Que nunca aparece.

 

 

Un genio técnico.

El diablo sobre ruedas” es la película que cimenta el prestigio como narrador de Spielberg, al ser su debut en un largo, aunque fuera para la televisión (se estrenó en cines posteriormente, en 1973, ampliando metraje incluso hasta la hora y media, debido a su éxito), imponiéndose al recuerdo de otros como “Algo diabólico” (1972) o “Savage”, (1973), que fueron los otros dos trabajos que realizó para la televisión antes de pasar a las obras puramente cinematográficas en 1974 con “Loca Evasión”. Y cimenta su prestigio como narrador porque te atrapa durante todo su metraje con una historia extremadamente sencilla en la que apenas hay palabras y las que hay son casi intrascendentes, salvo los citados diálogos del inicio donde se define el subtexto.

En sustitución de las palabras tendremos el rugido de los motores de los coches, los derrapes, la música de la radio cuando nos metemos en el coche del protagonista…

Uno de los grandes recursos técnicos de la película es su portentoso montaje, clave en el dinamismo, la tensión, el suspense, la agilidad y la fluidez que tiene el film. Recurre a gran cantidad de distintas y variadas posiciones de cámara, de hecho rodó con varias a la vez para reducir costes y tiempo.

Utilizó hasta cinco montadores distintos, un coche bajo para grabar y hasta siete cámaras rodando a la vez (recurso muy televisivo). La terminó en 13 días. Es pura dirección.

Spielberg mezcla a la perfección los planos cortos enfatizando el suspense y el terror con los generales ocasionales donde se aprecia la persecución y distancia de los dos automóviles.

Planos cortos en un tempo muy medido que dotan de un ritmo preciso a la cada vez más asfixiante, trepidante y agobiante persecución. Del interior del coche al exterior, del volante a la mano, del cuentakilómetros a los retrovisores, las ruedas…

 

 

Spielberg consigue sostener la misma tensión incluso en los momentos de pausa, donde la persecución se toma un respiro, creando e introduciendo los elementos de la psicosis y la paranoia. El mejor ejemplo es con la excelente escena en el bar de carretera donde David se toma un descanso tras el accidente, donde medita distintas opciones.

 

 

El director abre la escena sin corte, con la entrada del protagonista y posterior salida del baño hacia el bar, hasta que descubre al camión en el exterior, esperándole. Allí, de repente, todo parece amenazante, sospechoso. Los clientes son sospechosos, las miradas son delatoras, las botas acusadoras por ser similares a las que vio en la gasolinera…

 

 

Tenemos planos ya en este inexperto Spielberg que son seña de identidad, por ejemplo ese plano general donde seguimos al coche para ver repentinamente aparecer al camión a la espera, al fondo del encuadre (tiene la versión donde en plano general encuadra el horizonte y de él surgen figuras o automóviles). O ese otro plano general, espléndido, donde vemos el frenazo de David y con un travelling de retroceso hace aparecer los bajos del camión, reinterpretando la escena.

 

 

Magistrales son esos planos tan de Spielberg, como la amenazante presencia del camión surgiendo repentinamente por el cristal trasero del coche del protagonista…

Usa con acierto los cebos. El caso más claro lo tenemos con el “manguito del radiador”, que se menciona en la primera parada en la gasolinera y luego tendrá mucho juego, sobre todo en el clímax final, cuando sea causa de la avería del coche…

También es bueno el uso de la música, disonante, estridente y rítmica, con una buena utilización de la percusión para enfatizar la tensión. Incluso tiene algún detalle muy “Psicosis” en la parte final, cercanos al clímax.

 

 

Como siempre, en su carrera posterior, Spielberg, como los grandes clásicos, sacará todo el partido a las situaciones, sumando peripecias a la aventura para complicar la vida al protagonista. Un camión que lo rebasa insistentemente, que luego ralentiza la velocidad para incomodarlo, que engaña para permitir el adelantamiento y casi provocar la colisión, que acelera en una desquiciada carrera desenfrenada, en un insistente acoso…

Un camión que, tras empujar a un autobús escolar para ayudarlo a arrancar, hace lo propio con David ante el paso de un tren…

Una trepidante y velocísima persecución final sensacionalmente rodada, una subida a la montaña donde el alivio de la distancia cede pronto a la angustia de la avería por culpa del maguito del radiador…

 

 

 

Siendo una cinta muy sencilla, el guión de Richard Matheson (sobre su propia historia), maestro de la literatura de Ciencia Ficción, es francamente acertado, por lo que tiene pocos defectos. Entre ellos podríamos manifestar la extrañeza que produce que no descienda del coche para ver el rostro de su perseguidor en determinados momentos, haciéndolo temerariamente cuando se encuentra a gran distancia.

El mayor defecto lo encontraríamos en la voz over del protagonista, que sobra claramente en determinadas ocasiones (sobre todo cuando va en el coche), por ejemplo al final del film, pero también en otros muchos momentos, donde las expresiones sobre sus sentimientos no aportan nada a lo que ya vemos y sus dudas, en otras muchas ocasiones, también están sobrescritas.

Spielberg confirma con esta genialidad, sencilla en apariencia, un talento ilimitado que alcanzará cotas excelsas, en muchos casos sublimando ideas aquí sugeridas o esbozadas, enriqueciéndolas, dotándolas de mayor complejidad y depuración, hasta descubrirse como uno de los grandes maestros de la historia del cine.

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

There are 2 comments on this post
  1. octubre 09, 2019, 1:32 pm

    «El diablo sobre ruedas» es una de las primeras películas que me impactó. Me hizo sufrir y se quedó en mi cabeza durante más tiempo (de hecho, cuando hace 3 años me casé, por la Ruta66 estuve mirando diablos por el retrovisor….). ¡Grandísimo Spielberg!

    Un imperdible en la historia del cine.

    Saludos,
    HemosVisto!

    • sambo
      octubre 10, 2019, 12:15 pm

      Un maestro. ¡Menudo debut!

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