TIBURÓN (1975) -Parte 1/5-

TIBURÓN (1975) -Parte 1/5-

STEVEN SPIELBERG

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta fue la película. Esta.

Es la película que cambió la carrera de Steven Spielberg, logrando un hito sin parangón hasta ese momento, y eso que la concepción era similar a su anterior “El diablo sobre ruedas” (1971), pero infinitamente más ambiciosa, espectacular y compleja desde lo técnico.

Un film que parecía imposible de acometer, que todos decían que no se podía hacer de la manera en la que el genio lo concebía, pero que se hizo, en una nueva demostración de talento y del cine como inventor y creador de sueños.

Además, es hoy día un modelo indispensable para el cine de aventuras y terror, donde también las necesidades convirtieron las decisiones en virtudes. Una película de monstruo donde el sugerir vuelve a imponerse para aterrar, donde la criatura en cuestión apenas se muestra para generar esa tensión, expectativa, incertidumbre, miedo soterrado, para aumentar el impacto cuando se hace presente… enseñanzas que siguió con acierto Ridley Scott con su “Alien, el octavo pasajero” cuatro años después, en 1979 (de hecho sus productores la vendieron como “Tiburón” en el espacio).

 

 

Con esta película, Spielberg comenzó a regalarnos esos iconos inmortales, eternos, culturales, que además aquí son muchos y variados, que pasan a ser parte fundamental y global de la cultura popular. Frases, música, el tiburón, el cartel… fueron y son imitados y referenciados constantemente, son reconocibles inmediatamente por el público de cualquier edad aún en la actualidad… como ocurre con todo clásico o fenómeno que supera su condición de película u obra sin más para convertirse en parte de nosotros.

Tiburón” ha sido, es y será un referente del cine de terror y aventuras, y lo será aunque los nuevos espectadores no sientan el impacto de sus imágenes de la misma manera al estar saciados y hartos de películas similares. Lo ha sido, es y será porque esas películas que les sacian e, incluso, en algún caso, les sorprenden o impactan, no han hecho más que aplicar y saquear los recursos originales de ésta.

El clásico de Spielberg posee esos ingredientes especiales que marcan la diferencia y quedan grabados generación a generación, esa emoción lograda, como hizo Hitchcock con “Psicosis” (1960), capaz de provocar tales sentimientos que dé pavor meterse en una ducha o una playa.

No en balde, “Tiburón” es una película bastante innovadora técnicamente, respecto a la manera de rodarse, con una enorme dificultad. Nadie pensaba que pudiera hacerse, rodar en el mar y no en un estudio en un tanque de agua, como hacían la mayoría, con un tiburón mecánico que, además, se lanzara sobre un barco para zamparse a sus ocupantes…

 

Tiburón” se convirtió en la película más taquillera de todos los tiempos en su época, logró superar los 100 millones de dólares de recaudación antes de su estreno en el extranjero incluso. Se benefició en cierta medida de que el libro en el que se basa, de Peter Benchley, también fue un best-seller. Un presupuesto de 3.5 millones que pasaron a ser 9… Mucho dinero, pero nada en comparación con lo que se recaudó, convirtiendo a “Tiburón” en el primer blockbuster veraniego de la historia.

No se quería más que una película de aventuras y horror, sin matices, directa, de puro género, pero Spielberg, respetando escrupulosamente el encargo, es capaz, como siempre, de dotarla de una construcción y subtexto sencillo, pleno y deslumbrante, no tan complejo ni perfecto como en otras obras maestras suyas que llegarían, pero perfectamente reconocible y satisfactorio, coherente con el todo.

Ahí, en una construcción perfecta, hecho que marca la diferencia entre los clásicos y referentes de las copias u obras de fórmula, tenemos a ese Tiburón capaz de sugerir ideas y sobre el que crear personajes. El tiburón como nuestra pulsión autodestructiva, como manifestación de nuestros miedos a enfrentar. Cada personaje protagonista se vinculará con el tiburón de una manera distinta y se enfrentará a él de una forma y por un motivo diferente.

Nos habla de cómo encaramos al caos, al absurdo, desde la ciencia y el estudio, desde la visceralidad y el impulso, desde el sentido común y la precaución… como vemos en los tres protagonistas. Hooper, Quint y Brody.

Concepciones visuales como el hecho de mantener la cámara a ras de mar, a la altura de una persona que nada, para identificarla con el público; ocultar al monstruo para sugerir más que mostrar (que no se le viera, pero sí lo que podía hacer para disparar la imaginación del espectador sobre lo que ocurría bajo el agua), algo muy elogiado en “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979), pero que Spielberg ideó antes dentro del cine moderno; el manejo del color rojo: la fusión visual y conceptual de su monstruo con los personajes; el subtexto soterrado y desarrollado a la par que la aventura obvia… Lograr con unas pocas notas de su banda sonora representar el miedo en abstracto, la amenaza, más allá de tiburones.

Es decir, si no había quedado claro con “El diablo sobre ruedas”, a la que Spielberg relaciona enfáticamente con esta (como lo estará “Parque Jurásico” como tercera de una particular trilogía monstruosa), el director estadounidense demuestra ser un genio, un talento destinado a marcar una época.

 

 

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sambo

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