DAVID LYNCH

 

 

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La memoria, lo oculto, las transformaciones, el Hollywood mitificado

Dentro de estos contrates, “Carretera Perdida” es una cinta innovadora en todo, autoreflexiva y reflexiva respecto a las referencias que usa, por ejemplo el Noir. En esos habituales universos contrastados, paralelos, no tenemos una reactualización de los códigos a los que referencia, con la mujer fatal, con los mencionados universos que contrasta, donde uno no sería idílico, realista, para sumergirnos en la pesadilla del otro, como podría ocurrir en “Terciopelo Azul”, cinta que también rinde tributo al Cine Negro, sino que aquí de un universo oscuro, horrendo, nos sumergimos en otro aún peor. Del mundo frío, aséptico, alienado en el que vive Fred Madison pasamos al sórdido en el que se adentra Pete Dayton… Una insatisfactoria realidad social contra una perversa realidad personal… Sí, Lynch va mucho más allá de la “realidad”, de las “realidades”, trasciende, habla de lo trascendente, como bien explica Schrader, sin limitarse con códigos o interpretaciones concretas.

Cineasta minoritario, ha logrado una absoluta libertad e independencia para el desarrollo de sus proyectos. Su cine, extraño y personal, trata al espectador con inteligencia, proponiéndole retos y luego dándole libertad en sus interpretaciones sin dirigirlos, sin didactismos.

“Los tipos de historias que me gustan son las que contienen cierta dosis de abstracción, las que dependen más de la comprensión intuitiva que de la lógica”.

 

 

–Las metamorfosis, las transformaciones, los dobles, las dualidades (dos mujeres a menudo, una rubia y una morena, la puta y la virgen), las apariciones o nacimientos… Las vemos en “Cabeza Borradora” (1977), “Terciopelo Azul” (1986), “Carretera Perdida”, “Mulholland Drive” (2001)… Son elementos habituales en las estructuras y en las tramas de su cine, planteadas y escenificadas de múltiples maneras, ya sean explícitas (“Cabeza Borradora” y la criatura; “Terciopelo Azul” y sus dos chicas; así como en “Mulholland Drive” o “Carretera Perdida”), como metafóricas (“Twin Peaks” (1990), “Mulholland Drive”, “Inland Empire” (2006) o “Carretera Perdida”).

Entre las dualidades más significativas en Lynch tenemos, como comento, la de rubia-morena, generalmente representando la dualidad puta-virgen (“Terciopelo Azul”, “Carretera Perdida”, “Mulholland Drive”…).

 

 

Es por ello que los espejos están muy presentes en el cine del genio norteamericano… Ese final de “Twin Peaks” es, posiblemente, el ejemplo que más se recordará, pero aparecen en todo su cine (“Mulholland Drive”, “Carretera Perdida”, “Inland Empire”…).

Y es que más allá de esos contrastes entre lo idealizado y lo oscuro y soterrado, de los desdoblamientos, en Lynch las dualidades, escisiones o dobleces tienen que ver con lo más íntimo. Los dos hemisferios del cerebro que en Lynch están presentes, el lógico y cerebral, el creativo y fantástico, se filtran, pero en un todo onírico, ajeno a la lógica, contrario a un Nolan, por ejemplo, que opta por la vía cerebral siempre. La dualidad donde la ficción, lo imaginado o soñado, pone una máscara, un muro o una sábana sobre la realidad, casi siempre malvada, desagradable, perturbadora, malsana, para esconderla, pero sin lograr taparla del todo con su manta corta, con el infructuoso deseo de evadirse, generalmente (“Carretera Perdida” y Fred Madison, “Mulholland Drive” y esa Betty/Diane que encarna Naomi Watts, “Twin Peaks” y el padre de Laura Palmer…).

 

 

– Lo oculto, lo soterrado, lo oscuro, lo que se oculta bajo una superficie luminosa e idealizada, más allá de un simple individuo, aunque a veces usándolo para descubrir ese lado oculto, más habitualmente de forma global, una sociedad… con una cámara o un personaje que se sumerge en lo oscuro… Un pueblo y sus mezquindades en “Twin Peaks”; el lado sórdido de otro apacible pueblecito en “Terciopelo Azul”; los secretos matrimoniales tras su aparente placidez en “Carretera Perdida”; las traiciones amorosas y el corrupto Hollywood en “Mulholland Drive”; la hipócrita sociedad en “El Hombre Elefante”…  Y todo escenificado con una inmersión en la oscuridad: Esa cámara por el subsuelo en “Terciopelo Azul” tras las plácidas imágenes iniciales; Bill Pullman sumergiéndose en la oscuridad de unos pasillos; la cámara entrando en la negrura de la caja azul en “Mulholland Drive”… dando paso a otro universo que convive, que contrasta y que vincula.

 

 

Aquí entroncamos con toda una amalgama de emociones: lo reprimido, lo olvidado, lo escondido, lo odiado o maldecido… Siempre las dos caras. La normalidad y la perversión u oscuridad; las apariencias y lo que ocultan (“Twin Peaks”, “Carretera Perdida”, “Terciopelo Azul”, “Una Historia Verdadera” (1999)…).

 

 

Mundos simultáneos que parecen convivir, chocar, coexistir, donde en ocasiones los personajes van de unos a otros, al estilo de “Alicia en el País de las maravillas” (“Inland Empire”, “Carretera Perdida”, “Corazón Salvaje” (1990), “Terciopelo Azul”, “Mulholland Drive”…).

“Como yo crecí en un mundo perfecto, las otras cosas componían un contraste”. “Aprendí que debajo de la superficie hay otro mundo y aún más mundos diferentes a medida que profundizaba más”.

“Mis pinturas narran accidentes, una colisión entre el mundo exterior, mi proceso creativo y yo”.

–Los sueños, lo onírico, incluso lo imaginado, son elementos muy queridos del cine de Lynch (“Twin Peaks”, “Carretera Perdida”, “Mulholland Drive”…). También el inconsciente (“Terciopelo Azul”, “Inland Empire”, “Corazón Salvaje”) es terreno a explorar por Lynch, esas pulsiones ocultas que se manifiestan para sorpresa de los propios personajes.

“Para atrapar las ideas es necesario encontrarse en una situación similar a la de soñar despierto”.

“El cine tiene el poder de describir cosas invisibles. Funciona como una ventana a través de la cual entras en un mundo diferente, algo parecido a un sueño”.

“Los sueños no son importantes en lo más mínimo, pero siempre quedan muy bien en el cine. Te ayudan a buscar un sentido a lo que estás viendo, te fuerzan a comprender esas imágenes. Es imposible escribir una frase que no tenga sentido. En cambio, uno puede hacer eso en el cine, puede poner una sucesión de imágenes que no tengan un sentido lógico. El film puede hablar de abstracciones. Es un hermoso lenguaje que no necesita palabras”.

–Siendo Lynch un cineasta de soledades, es lógico ese vínculo estético con Edward Hopper, en contraste con esa superficie apacible que lo entronca con Norman Rockwell. Dos pintores que son una tremenda y confesada influencia para el director, aunque siempre por debajo de Francis Bacon, obviamente.

Y es que hablamos de un artista multidisciplinar. Fotografía, publicidad, pintura, música, cómics, esculturas, muebles, cortometrajes, series animadas… A estas influencias pictóricas podríamos añadir otras muchas:

Jackson Pollock es una de las grandes influencias del cineasta; Dalí en pintura (igual que el español se obsesionó con los elefantes o los saltamontes, entre otras cosas, Lynch tuvo su época obsesiva con las hormigas); El Bosco; Henri Rousseau y su pintura naif; René Magritte, Oskar Kokoschka… Diane Arbus, Brassaï, Sheila Metzner o Walker Evans en su fotografía…

Un director de éxito, un artista en estado puro que vive en su propio universo, casi escenificado en su página web, davidlynch.com, donde nos cuenta hasta sus tareas del hogar… incluso nos da el parte meteorológico…

 

 

–A menudo sus personajes no hacen otra cosa que buscar o reafirmar su identidad (“El Hombre Elefante” (1980), “Carretera Perdida”, “Mulholland Drive”), incluso desde un propósito evasivo.

–Todo esto suele traducirse en atmósferas opresivas, donde los personajes parecen asfixiarse o no tener una escapatoria (“Cabeza Borradora”, “El Hombre Elefante”, “Carretera Perdida”, “Inland Empire”…).

–Estas historias y atmósferas, con entornos opresivos, tienen que ver muchas veces con que son procesos mentales, del inconsciente, del subconsciente, de personajes dominados por pasiones, estados de ánimo que se van sucediendo (“Carretera Perdida”, “Mulholland Drive”, “Cabeza Borradora”, “Inland Empire”…). Estamos dentro de la cabeza de los personajes.

 

 

–Las vallas, los jardincitos, los perros (siempre aparecen en su cine, de una forma u otra, “Corazón Salvaje”, “Carretera Perdida”, “Terciopelo Azul”…), las mangueras, el café (un fetiche divertido, desde el adicto Dale Cooper en “Twin Peaks” al exigente Vincenzo Castigliane que interpreta Dan Hedaya en “Mulholland Drive”)… son elementos que decoran, adyacentes, en ese particular universo del cineasta, especialmente en ese contraste idealizado de casas apacibles y goce del estado del bienestar.

 

 

 

 

 

 

 

–Las mujeres. Piezas fundamentales en el cine de Lynch. Suelen movilizar toda la acción, incluso sin ser protagonistas. Mujeres de todo tipo y condición, con entidad y profundidad. La estampa de la mujer llorosa es una de las imágenes iconográficas del cineasta (“Corazón Salvaje”, “Terciopelo Azul”, “Carretera Perdida”, “Mulholland Drive”…). Son la inocencia, la perdición, el deseo, el anhelo, la pasión…

A menudo la mujer y su soledad son retratadas en un universo enfermizo, claustrofóbico, que las mantiene atrapadas, aspecto muy socorrido también en Lynch.

 

 

 

–La estética industrial es muy querida por Lynch. Más allá de sus colecciones de fotos de paisajes industriales abandonados, muertos, vacíos, en su cine también han aparecido, ligados en muchos casos al blanco y negro (“Cabeza Borradora”, “El Hombre Elefante”).

 

 

–Universos teen. Curiosamente, según avanzaba la carrera del cineasta, esto iba desapareciendo, pero en sus inicios, los protagonistas o relaciones inmaduras, adolescentes o postadolescentes, tenían especial foco en el director. Desde el miedo al compromiso, la paternidad y las relaciones de “Cabeza Borradora” a la desfasada road movie hedonista y despreocupada de “Corazón Salvaje”, pasando, por supuesto, por “Terciopelo Azul” y “Twin Peaks”, donde muchos de los personajes o protagonistas son adolescentes y jovencitos teenagers.

 

 

– El teatro o los escenarios aparecen constantemente. Suelen ser lugares relacionados con lo onírico o de transición (“Cabeza Borradora” dentro de un radiador, “Mulholland Drive” y el Club Silencio, “Terciopelo Azul” donde canta Isabella Rossellini, “Carretera Perdida” donde actúa Fred Madison…). A veces sustituidos por zonas o habitaciones particulares (“Twin Peaks”).

 

 

 

 

 

 

 

–Lo efímero. Las redenciones, los descubrimientos, los perdones, las consumaciones… En el cine de Lynch casi todo lo bueno y/o pasional parece efímero. Sincero, pero fugaz o presto a desaparecer (“Una Historia Verdadera”, “El Hombre Elefante”, “Carretera Perdida”, “Terciopelo Azul”).

–David Lynch es uno de los cineastas más sensoriales y de los más brillantes en este sentido. Un maestro en el uso de la imagen y el sonido. Su formación pictórica, artística, se aprecia. Un gusto exquisito en la decoración y el uso de los colores, muy significativos en su cine, que hacen de su obra un todo coherente y reconocible. Es necesario destacar el uso y manejo del azul, el rojo y el amarillo, claves en su trabajo, además del negro, por supuesto.

Esto cuando no usa el blanco y negro, una estética por la que siente gran gusto y predilección.

El uso de texturas en sus imágenes, ante las que siempre innova, explora y estudia, matizándolas (el último paso ha sido el descubrimiento del digital, que le dio para hacer su último film hasta la fecha, “Inland Empire”).

–Uno de los grandes rasgos de estilo, y de los más virtuosos, es el manejo del sonido, la música y las canciones que se disfrutan en sus películas. El manejo del sonido, tremendamente influyente en el cine moderno, es clave en la generación de atmósferas de su cine, uno de los elementos más brillantes. Pero no sólo, también fundamenta desarrollos emocionales y subjetivos de los personajes, la flexibilización del tiempo, el énfasis de las emociones… Aliado a Angelo Badalamenti, sus bandas sonoras terminan por ser inolvidables, de modo que sus melodías principales, así como la ejecución de temas ya conocidos, se graban a fuego en el espectador. Ningún director maneja el sonido y la música como él. Da placer físico ver y escuchar cómo los usa.

Hay que tener en cuenta que Alan Splet fue colaborador habitual de Lynch como diseñador y editor de sonido: “Alan Splet es un gran ingeniero de sonido, de una sensibilidad muy poco habitual, ya que es ciego”.

“Hay muy pocos directores capaces de utilizar el sonido más allá de un aspecto puramente funcional, y el motivo es que sólo se preocupan del sonido después de haber rodado la película”.

“Una imagen con el sonido acertado es lo que consigue realmente hacer cine”. “Debes tener el sonido adecuado para cada película. Ciertos juegos de iluminación pueden crear una atmósfera, pero el sonido lo puede lograr aún más. Me gusta mucho la idea de utilizar efectos sonoros como si fueran música”.

Respecto a las canciones sólo hay que recordar la sintonía principal de “Twin Peaks”, el “Blue Velvet” o el “In Dreams” en “Terciopelo Azul”, el “Llorando” de “Mulholland Drive” (estas dos últimas en significativos playbacks); la exquisita “Song to the Siren” de The Mortal Coil en “Carretera Perdida”, a la que se añaden los arranques industriales de Rammstein, Marilyn Manson o el “I’m Deranged” de Bowie. “Wicked Game” de Chris Isaac, así como las apariciones de Elvis, en “Corazón Salvaje”… Y muchas más, tanto en estas cintas como en otras no citadas, desde bandas sonoras aoreras en “Dune” (1984), por Toto, a fragmentos clásicos, como el Adagio de Samuel Barber en “El Hombre Elefante”…

Las canciones suelen estar relacionadas con el mundo onírico o sus márgenes. Y el Rock es un género especialmente querido por el director. También el Pop, por supuesto.

–El Cine Negro y los años 50 son muy apreciados por Lynch, por lo que es fácil ver guiños y referencias en sus tramas. Tanto en atmósferas terroríficas tributarias de la Hammer como en el mencionado Noir de aquellas décadas.

–Uno de los aspectos estéticos del gusto de Lynch es el uso de lo orgánico y lo monstruoso, lo grotesco incluso, muy presente en buena parte de su cine, lo que da fisicidad a esas atmósferas pausadas y oníricas. (“Cabeza Borradora” y esa criatura, “Dune” y sus excrecencias corporales y feistas, “Terciopelo Azul” y esa oreja perdida, “El Hombre Elefante” y el propio personaje…). Muchas veces sus personajes o creaciones son híbridas entre lo humano y… otra cosa.

 

 

 

–El fuego (así como el humo, la electricidad, las máquinas…) es un elemento indispensable siempre en el cine de Lynch, con múltiples y variados sentidos. “Twin Peaks” y el fuego que camina contigo; “Corazón Salvaje” y esas cerillas y cigarros en primerísimo plano que prenden el encuadre como representación de la pasión desmedida (plano muy iconográfico del director); “Carretera Perdida” y la casa ardiendo que manifiesta la locura; “Una Historia Verdadera” y esa otra casa ardiendo que observan los personajes…

 

 

–Los lugares físicos a menudo son alegorías de lugares en el interior de los personajes, de su psique o sus trastornos (esas casas en “Carretera Perdida”, los “escenarios” en buena parte de su filmografía…).

–Las digresiones son habituales en el cine de Lynch. Muchas veces humorísticas, con ese humor tan personal, unas veces negro, otras absurdo, otras extraño y desconcertante. Tienen cierta relación con la idea de serial, formato, como bien saben, que no es ajeno al director…

–Sus películas siempre están trufadas de presagios, tanto en la puesta en escena como en los diálogos de los personajes, que vaticinan, avisan o adelantan aspectos que acontecerán, aunque no queden claro en un principio…

–En el cine de Lynch hay violencia, frecuentemente impactante, casi siempre surgiendo en entornos cotidianos (el hogar, la pareja…). Tanto la violencia como la extrañeza se filtran en lo cotidiano: el hogar de los Palmer en “Twin Peaks”, en el matrimonio de “Cabeza Borradora”, en el de “Carretera Perdida”… Puro Kafka.

 

 

–Y sexo, por supuesto, mirado de distintas y muy interesantes formas.

 

 

–David Lynch es un gran descubridor de talentos y de bellezas. No siempre logran una carrera reputada o de éxito fuera de su universo, pero dentro de él funcionan como un reloj, quedando bajo su influjo, en muchos casos, hagan lo que hagan. Kyle MacLachlan, Jack Nance, Laura Dern, Naomi Watts, Lara Flynn Boyle, Sherilyn Fenn, Laura Elena Harring, Sheryl Lee…

–Influencias. Hitchcock, es fácil reconocer elementos del maestro, de su universo soterrado incluso, en Lynch (“La Ventana Indiscreta” (1954) y “Terciopelo Azul”; “Vértigo” (1958) y “Carretera Perdida”…); Wilder con “El Crepúsculo de los Dioses” (1950), una de las cintas favoritas de Lynch; Werner Herzog y “Stroszek” (1977), por ejemplo; Stanley Kubrick con “Lolita” (1962) o “2001: Una Odisea del Espacio” (1968); Tourneur y toda su estética, por ejemplo en “La Mujer Pantera” (1942); Fellini y su “Fellini, Ocho y Medio” (1963); Jacques Tati (“Me entusiasma la manera que tiene Jacques Tati de utilizar el color”) y su “Mi Tío” (1958); Ingmar Bergman, por supuesto, con “Persona” (1966) o “La Hora del Lobo” (1968), entre otras muchas…  También el Leone más pausado.

En especial hay que destacar a “El Mago de Oz” (1939), la obra maestra de Victor Fleming, de un curioso y casi obsesivo influjo en Lynch, como bien demuestra en “Corazón Salvaje”.

 

 

Es obvio que Lynch tampoco es ajeno a las vanguardias, el surrealismo, el Cine-Ojo, el dadaísmo, a Man Ray, René Clair, Jean Cocteau, Marcel Duchamp, Max Ernst, Buñuel… así como series B como “Glen o Glenda” (Ed Wood, 1953), “El Creador de Monstruos” (Sam Newfield, 1944) o “El Carnaval de las Almas” (Herk Harvey, 1962), demostrando un amplio recorrido cinematográfico, si bien no se considera cinéfilo.

 

 

 

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