Crítica LA MUJER PANTERA (1942) -Parte 1/4-

Crítica LA MUJER PANTERA (1942) -Parte 1/4-

JACQUES TOURNEUR




 

Si por algo ha pasado el grandísimo Jacques Tourneur a la historia ha sido por sus películas de terror y su capacidad para crear atmósferas, ese estilo y aroma especial que desprendían y hacían especiales todas sus obras. Esto, por supuesto, entre los cinéfilos más superficiales, porque para los más exigentes, dedicados y sabios, Jacques Tourneur está por derecho propio entre los directores más grandes de la historia, aparte de por lo mencionado, por sus genialidades en todos los géneros, con mención especial al negro, el género más completo junto al western de la historia del cine, donde realizó la que, posiblemente, sea la mejor película del mismo. Hablo de “Retorno al pasado” (1947).

 

 

 

 

El terror fue el primer amor del director, allí forjó esas cualidades estéticas que le harían grande, esa magia, el aura especial e irrepetible, misteriosa, poética, sugerente y seductora, que harían de esos títulos de serie B clásicos eternos que siguen siendo referentes. Una estética y una sabiduría narrativa excelsa, vertebrada en su capacidad para la sugerencia por encima de la explicitud, su dominio de la elipsis; del sonido, que manejaba de forma magistral; del fuera de campo; de los juegos lumínicos; de los contrastes de luces y sombras… sacando el máximo partido a la imprescindible influencia del expresionismo alemán.

 

 

 

 

 

Nadie como Tourneur ha demostrado que el cine de terror es el género más poético que tiene el Séptimo Arte, precisamente por esa capacidad de sugerencia y potencia visual. En el cine de terror moderno, y no sólo de terror, la evidencia, lo explícito, lo subrayado es la norma a seguir, como si fuera el signo de los tiempos, donde hay que darlo todo mascado, tratarnos como tontitos en la creencia de que pudiendo mostrar todo para hacerlo más realista con grandes efectos especiales se logra transmitir más, cuando suele ser lo contrario. Lo mágico, lo fantástico, siempre es misterioso, intangible, es ahí donde está la fascinación, eso es lo que nos perturba y aterra. Tourneur entendía esto y por eso su cine es pura sugestión, pura sugerencia, pura insinuación definiendo la esencia pura del misterio. Unas sesiones de Tourneur a los cineastas modernos les vendrían muy bien, aunque lo mismo no captaban sus enseñanzas o quizá las despreciaran.

 

Los trabajos de Tourneur para la RKO casi definen un estilo. Los que adoramos el cine clásico tenemos devoción y un cariño especial por esa productora que tantos títulos mayúsculos nos regaló, y que de la mano, entre otros, del productor Val Lewton apostaba por el talento y la imaginación. Su estética nos hipnotizaba y absorbía completamente, ver una cinta de la RKO es una de las grandes gozadas estéticas para los amantes del Séptimo Arte.

La colaboración de Jacques Tourneur con la RKO está ya en la antología de las grandes colaboraciones cinéfilas, una colección de títulos inolvidables e imprescindibles para todos los amantes del cine, referentes absolutos con el valor especial de su particularidad. Cintas de terror, aventuras o negras… Por supuesto, Val Lewton fue el productor de muchas de estas (“Yo anduve con un zombie” de 1943; “El hombre leopardo” de 1943 o la que nos ocupa, de 1942…).

 

 

 

Así, tras varias cintas en Francia y dos títulos de intriga detectivesca con el personaje de Nick Carter como protagonista: “Nick Carter, master Detective” (1939), un medio metraje, y “Phamtom Raiders” (1941); así como la comedia francesa “Toto” (1933) y otro título poco reseñable como “Doctors don’t tell” (1940), Jacques Tourneur empezó a desplegar su talento en el cine de terror. Su primera incursión en el género no pudo ser más deslumbrante, “La mujer pantera”, un título de referencia que aún hoy día es imitado por su poética capacidad de sugerencia, de la que se han cogido todos y cada uno de sus brillantes recursos para crear tensión e inquietud, para generar atmósferas, saqueándolos vilmente y en muy pocas ocasiones ejecutados con el talento que podemos disfrutar en ella.

 

 

 

Luego llegarían joyas indiscutibles del calibre de “Yo anduve con un zombie” (1943) o “El hombre leopardo” (1943), inferior a las anteriores pero muy apreciable. Lamentablemente el director abandonaría el género y no sería hasta 1957 cuando retornaría a él con una obra maestra mayúscula, de las mejores cintas de terror que se han rodado, “La noche del demonio”, con Dana Andrews en el papel protagonista.

Entre medias, cintas de todo tipo y de todos los géneros: aventuras, dramas, westerns y cine negro, que es donde logró sus mejores títulos, en gran medida por su poderío visual.

 

 

 

Debo hacer mención especial a sus westerns porque todos ellos son realmente especiales, no porque sean paradigmas del género ni obras de referencia, sino por esa capacidad que tenía el director para las atmósferas, ese tono lechoso, misterioso, poético, intrigante, que tenían sus cintas, su fotografía… Son westerns con un aspecto fantasmagórico que los hace especiales, distintos, muy atractivos y a tener en cuenta, rarezas excepcionales de un director que debe ser considerado por todo cinéfilo como uno de los grandes. “Tierra generosa” (1946), “Estrellas en mi corona” (1950), “El jinete misterioso” (1955), “Wichita, ciudad infernal” (1955), “Una pistola al amanecer” (1956) son westerns del maestro.

 

 

 

En el género de aventuras dejó películas inolvidables, referentes del género, como ”El halcón y la flecha” (1950), y otras que se disfrutan enormemente como “La mujer pirata” (1951), “Martin el gaucho” (1952), “Cita en Honduras” (1953) o “Tombuctú” (1959).

 

El cine negro ha sido el otro gran género para Tourneur. Películas como “Berlín Exprés” (1948) o “Al caer la noche” (1956), una obra excepcional que a buen seguro vio Tarantino, son ejemplos perfectos de su talento; pero si hay una película que está por encima de todas estas, la mayor obra maestra del cineasta, esa es “Retorno al pasado” (1947), la mejor y más completa película que ha dado el género, con todos y cada uno de los ingredientes y elementos que distinguen al mismo sublimados, estética y conceptualmente.

 

 

Además tenemos destacables y disfrutables intrigas, más o menos acertadas, como “Noche en el alma” (1944), “Círculo de peligro” (1951) o “Los intimidadores” (1958). Además, en otros géneros, “Días de gloria” (1944), un bélico romántico; el drama “Vida fácil” (1949) con Victor Mature; o sus colaboraciones con Vincent Price en “La comedia de los horrores” (1963) y “La ciudad sumergida” (1965).

Un grande, sin más.

 

 

Metiéndonos en faena con la obra maestra que nos ocupa, lo primero que tengo que señalar es que podemos encontrar a Mark Robson en los títulos de crédito como encargado del montaje. Mark Robson, un estupendo director que también realizó sus pinitos en la RKO junto a Val Lewton en el cine de terror, un Val Lewton productor de la cinta.

 

 

 

 

 

 

Curiosamente la cinta se abre y se cierra con dos intertítulos, el primero de ellos es realmente curioso, es de un tal Louise Judd, doctor, que en realidad es uno de los personajes de la película, por lo que el texto está creado ad hoc para ella. El segundo es un soneto de John Donne.

Irena Dubrovna (Simone Simon), una atractiva mujer de origen rumano, se enamora y se casa con Oliver (Kent Smith), un joven americano al que conoce en el zoológico mientras observaba una pantera. Este amor y esta atracción crean un conflicto interno en la joven, que vive traumatizada y aterrada por una maldición ancestral de su pueblo. Una maldición que poco a poco se demostrará muy real.

 

 

 

 

El talento de un maestro.

La dirección de Jacques Tourneur es de un talento desmesurado en todas sus películas. Una capacidad para la sugerencia y la creación de atmósferas fuera de rango. “La mujer pantera” es una eminente cinta de director, por lo que los recursos de Tourneur son la clave de todo, los que la han convertido en un clásico imitado hasta la saciedad. Un referente.

Una cinta con un análisis técnico que es gloria bendita. Es un deleite comprobar lo bien dirigida y cuidada que está la película.

 

 

 

-La primera escena es un buen ejemplo. Plano de una pantera encerrada en una jaula, expectante, insinuante, que mediante un travelling de retroceso se vincula con una mujer que la está pintando, Irena (Simone Simon)… Un sencillo movimiento de cámara que genera un vínculo, un elemento intrigante y otro cotidiano. El primer plano perfecto para la película.

 

 

 

 

 

-No termina aquí la cosa. Ahora, usando el montaje, Tourneur crea el vínculo entre Irena y Oliver (Kent Smith). Ella lanzará un papel pero no acertará con la papelera, caerá al lado del chico, que aprovecha el suceso para acercarse a la atractiva mujer. Es decir, se han generado dos vínculos distintos de dos formas distintas, usando el lenguaje cinematográfico con significación. En el primer caso un vínculo en un solo plano, una relación íntima, secreta, inseparable, la de la pantera y la mujer; en el segundo caso se usa el montaje, cortes, es una relación sentimental, susceptible de separación y problemas que conforme avance la narración se confirmará, una relación que no es íntima ni irrompible. Sencillo y perfecto, es el lenguaje clásico en su máximo esplendor.

 

 

 

Tourneur usa un objeto para el vínculo, el papel, el cuaderno, primero como creación artística, mientras pinta a la pantera, luego hecho un ovillo, arrugado, para su encuentro con Oliver.

No puedo evitar comentar que entiendo a Irena y Oliver y su impulso irrefrenable de lanzar un papel a la papelera. Existe una íntima y ególatra satisfacción cuando lo encestamos, aunque nadie nos vea.

-La poesía visual, la capacidad de sugerencia y la creación de una atmósfera extraña, enrarecida, no tarda en comenzar. Otra hoja, ahora mecida por el viento, nos muestra el dibujo que hacía Irena: una pantera atravesada por una espada. La evolución psicológica del personaje ha comenzado…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Irena no tarda en mostrarse descarada y lanzada, un tanto «guarrilla» en todos los sentidos (la vimos lanzar papeles al suelo y eso está feo), y se insinuará sin remilgos a su nuevo amigo, aunque luego veremos su contención sexual. Son llamativos los broches que lleva Irena en la película.

 

-En el paseo de Irena y Oliver hacia la casa de la chica tendremos otro ejemplo de lenguaje cinematográfico clásico y sencillo, un travelling que salta de un plano general a otro más corto en el preciso momento en el que la conversación se vuelve íntima con la invitación del galán a la bella dama.

 

 

Sorprende la magnitud del apartamento de Irena, una chica coqueta y pizpireta, de exótica procedencia, es serbia, que hace diseños y a la que deben pagar mejor de lo que nos hace suponer viendo donde vive. Es simpática su pícara sonrisilla ladeada hacia el lado derecho.

¡Nunca dejará de maravillarme lo que puede haber dentro de la cabeza de una mujer!”.

Esta frase la pronunciará nuestro protagonista justo cuando suben las escaleras, justo cuando van al lugar íntimo de Irena, como si fuera a introducirse en su psique.

 

 

-La estupenda, y barata, nieve que cae en la escena en la que Irena le pide tiempo a Oliver resulta además simbólica, un elemento perfectamente adecuado para la situación de pausa en su relación, gélida en lo sexual.

 

 

 

 

 

 

Tourneur también era un maestro del encuadre… con los que lograba generar también esa atmósfera tan personal y especial suya. Uno de los mejores ejemplos lo tenemos en ese plano donde vemos el dibujo de la pantera en el biombo de la casa de Irena como encerrada por la sombra de la jaula del pajarito que le regaló Oliver. Una pantera enjaulada de nuevo, instintos reprimidos. Del mismo modo es una imagen amenazante, ver la cabeza de la pantera en la jaula da la sensación de que el periquito corre peligro, como si fuera a comérselo, el deseo pujando por salir. Luego veremos la jaula real, cuando Irena intenta coger al pajarito, pero una vez lo haga, muerto ya, la sombra sobre el dibujo de la pantera habrá desaparecido, como si de un paso más en la evolución para dejar salir esos impulsos que contiene se tratara.

 

 

 

Este encuadre además de simbólico actúa como presagio.

-Otra obra maestra del encuadre, que también podría estar en el apartado de la capacidad de sugerencia de la película, lo tenemos en la escena posterior a que Irena entregue el pájaro a la pantera para que coma. Un plano aparentemente intrascendente que marca ya la relación de la pareja y como será en el futuro. Oliver en la cocina preparando unas copas de Jerez y una ligera panorámica que incluirá también en plano a Irena, al fondo del encuadre, junto a la jaula, taciturna, preocupada. El encuadre está dividido por el biombo de la pantera. No se puede decir más con menos. Hay una barrera entre la pareja, como la puerta que vimos en una escena anterior y que Irena no abre, una barrera relacionada con la pantera y con la jaula, sus deseos reprimidos. En esta escena hablará de no sentirse libre y de cómo envidia a las otras mujeres que sí lo son al lado de la mencionada jaula, que mantiene su simbolismo y significación relacionado con Irena.

 

 

-La sesión de hipnosis es puro expresionismo, una iluminación muy marcada que busca los contrastes bruscos entre luces y sombras. Todo en tinieblas salvo el rostro tumbado y con los ojos cerrados de Irena mientras el doctor realiza la sesión. Una iluminación y escena tremendamente sugerente y visual, un maravilloso juego lumínico que marca la diferencia, entre otras cosas, de esta película con respecto a otras.

 

 

 

 

 

-La forma de usar las luces en entornos en penumbra, los claroscuros, los contrastes lumínicos marcados, una estética profundamente enraizada en el expresionismo alemán, son claves en esa atmósfera que consigue Tourneur. Hay infinidad de ejemplos en la película: las lámparas en la noche, las sombras reflejadas en el apartamento de Irena (la jaula por ejemplo), y en casi todos los decorados; el foco de luz en la penumbra en el estudio donde Alice recibe la llamada; el seguimiento de Irena a Alice; la mítica escena de la piscina… Las sombras están siempre presentes, enormes, incluso en las escenas más luminosas… Lo que es saber crear atmósferas.

 

 

 

 

El perfume de Irena, Lali, es definido como algo que tuviera vida, en otra intrigante sugerencia que de alguna forma sugiere un hábitat extraño, su casa.

La truculenta historia del pueblo serbio que de cristiano torna en satánico es la leyenda que genera el miedo en Irena. Siente estar bajo esa oscura maldición de las mujeres pantera.

 

 

 

Un extremo picado en la escalera será el plano que Tourneur usará para la despedida cordial de la pareja. Desde luego el enamoramiento es rápido, incluso el matrimonio, pero desarrollar este aspecto no es imprescindible en la historia, tan sólo afianzar la atracción y la relación para hacerla evolucionar a partir de ahí con el conflicto interno de Irena y su condición. Además, las elipsis están bien manejadas para sugerir el paso del tiempo. Por ejemplo, tras el inicio y la propuesta de matrimonio nos veremos en Navidad, con la cena de los amigos de Oliver y la mujer que se asemeja a un gato, una escena que se inicia con varias cabezas de cordero en el escaparate.

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la 3ª Parte del análisis.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

There are 2 comments on this post
  1. junio 30, 2016, 6:11 am

    Es una gozada leerte en estos análisis de clásicos icónicos. Aprender mucho de obras maestras gracias a tu maestría.
    Por suerte nos quedan tres posts más para disfrutar!
    Muchas gracias! Supone (y sabes) un punto seguro de placer en días complicados.
    Esperando la siguiente!!
    Bss

    • junio 30, 2016, 7:31 am

      Estaba terminado desde hace mucho, como otros tantos, recuperarlo es interesante y satisfactorio. Es una película muy técnica y simbólica, y realizada con cuatro duros, o sea, pura creatividad.

      Es lo que más me gusta, zambullirme en estos análisis jaja.

      Gracias, Reina.

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