CINE

 

 

 

 

 

 

No sé la cantidad de títulos que habré metido, pero con todo, 1933 no destaca tanto como 1932 en cuanto a obras maestras. Sí hay títulos icónicos, pioneros y películas interesantes de grandes directores, es decir, de todo un poco. Un buen año, en cualquier caso, para entender la evolución y la libertad con la que se movían en aquellos años, llenos de transgresión y atrevimiento, antes del famoso Código Hays.

 

 

 

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, de Norman Z. McLeod. Una adaptación más, no era la primera, de las historias de Lewis Carroll, que el cine siempre ha amado. Ambiciosa producción que cumple sin excelencias.

 

 

 

 

ALMA DE BAILARINA, de Robert Z. Leonard. Una comedia musical bien facturada y efectiva con un dúo protagonista de lo más notable: Clark Gable y Joan Crawford.

 

 

 

 

AMORÍOS, de Max Ophüls. No es de sus títulos más reconocidos, pero siendo de tanta calidad, es pecado dejar fuera de esta lista a uno de los realizadores más elegantes, con los travellings más distinguidos de la historia del cine. Es uno de los grandes maestros del melodrama, con menos fama que otros, pero más calidad que la mayoría.

 

 

 

 

ASESINATO EN LA TERRAZA, de W. S. Van Dyke. Aseada intriga, bien llevada, con sus atractivos y esa chispa previa al Código Hays que nos regala a Myrna Loy en su esplendor. De esos sofisticados entretenimientos que hacían con suma facilidad en Hollywood.

 

 

 

 

BABY FACE (CARITA DE ÁNGEL), de Alfred E. Green. Película transgresora y descarada que escandalizó en su momento y fue censurada. Barbara Stanwyck en todo su esplendor marcando su trayectoria futura de perfecta mujer fatal. Los años 30 eran atrevidos y provocativos.

 

 

 

 

CABALGATA, de Frank Lloyd. Basada en la obra de Noël Coward, se nos relata la historia de Gran Bretaña en el primer tercio de siglo siguiendo a una familia que padece toda suerte de calamidades. Un drama correcto que consiguió el Oscar a Mejor Película.

 

 

 

 

CATORCE DE JULIO, de René Clair. Inmersa en el realismo poético francés, este triángulo amoroso es narrado con encanto por René Clair mientras nos muestra la vida cotidiana en un barrio parisino en fiesta.

 

 

 

 

CENA A LAS OCHO, de George Cukor. Pocos se movían como él en el drama y la comedia, así como en su fusión. Elegancia a raudales y una dirección de actores ejemplar, destacando, como casi siempre, las mujeres. Este año es obligado traer algunas de este maestro incontestable.

 

 

 

 

CERO EN CONDUCTA, de Jean Vigo. Los recuerdos infantiles de este gran director (sólo con cuatro películas en su filmografía por su pronta muerte), en la que cuatro chavales se rebelan contra el estricto sistema educativo que sufren.

 

 

 

 

CHICAS JAPONESAS EN EL PUERTO, de Hiroshi Shimizu. Shimizu es un director interesante, eclipsado por otros nombres de directores japoneses. Con un tono y sobriedad similar a la de Ozu, nos deja esta pequeña pieza triste, muda y de sutil sensibilidad.

 

 

 

 

COMPAÑEROS DE JUERGA, de William A. Seiter. Un largo de “El Gordo y el Flaco”, que siempre me hace ilusión traer. Los dos amigos y sus locuras sacando el máximo partido al slapstick. No es ninguna genialidad, pero siempre hay set pieces magníficas para disfrutar.

 

 

 

 

DAMA POR UN DÍA, de Frank Capra. Aunque en 1961 el maestro Capra volvió a rodar esta historia en “Un Gángster para un Milagro”, mejorándola además, es justo reconocer a la primera, que desde luego también es estupenda. Véanlas en orden y disfruten, no pueden ser más encantadoras. Puro Capra.

 

 

 

 

DESFILE DE CANDILEJAS, de Lloyd Bacon. Un sexy y acertado musical con el gran James Cagney, que lo hacía todo bien y con inusitada energía, encarnado a un exigente coreógrafo. Un buen film dentro de los primeros pasos del género.

 

 

 

 

DOCTOR BULL, de John Ford. La primera de una especie de trilogía del maestro Ford con Will Rogers (“El Juez Priest” y “Barco a la Deriva” son las otras). Una comedia con encanto sobre un médico de pueblo y el costumbrismo y la hipocresía rural.

 

 

 

 

EL ARRABAL, de Raoul Walsh. Una entretenida comedia dramática donde Walsh vuelve a demostrar que no se movía mal en el género (no lo hacía mal casi en ninguno). Cierto aroma capriano y nombres ilustres en el cine de gángsters como George Raft. Disfrutona.

 

 

 

 

EL CANTAR DE LOS CANTARES, de Rouben Mamoulian. Otro correcto drama romántico con la Dietrich deleitando con su presencia. Un trabajo bastante interesante y poco conocido.

 

 

 

 

EL GUAPO, de Roy Del Ruth. Más de Cagney, que estaba pletórico. Una cinta escueta, directa, divertida e ingenua con toques variados y el genial actor haciendo de lo que mejor sabe. Un duro imprevisible.

 

 

 

 

EL HILO BLANCO DE LA CATARATA, de Kenji Mizoguchi. Un Mizoguchi mudo pero con una fuerza arrolladora. Demostración temprana de talento con una historia intensa donde podemos ver ya muchos de los aspectos conceptuales y estilísticos del brillante director japonés.

 

 

 

 

EL HOMBRE DEL BOSQUE, de Henry Hathaway. No es por su calidad, es por el cariño que le tengo a estos primeros Westerns y películas de Hathaway, entretenidas y sin complicaciones, con Randolph Scott luciendo físico y palmito. Podía ser esta o “La Horda Maldita”…

 

 

 

 

EL HOMBRE INVISIBLE, de James Whale. La cota de terror de este año. ¿Y quién la cubre? Pues James Whale, que tras su éxito con Frankenstein (1931) nos siguió deleitando con otro clásico adaptando a H. G. Wells. Una versión que no ha sido superada, ni siquiera se han aproximado.

 

 

 

 

EL TESTAMENTO DEL DR. MABUSE, de Fritz Lang. Recomiendo toda la saga, especialmente esta y la anterior, “El Dr. Mabuse” (1922), pero sobre todo esta. Los hallazgos visuales, la imaginación, la historia, la narrativa, el talento de un director inconmensurable… El thriller, el serial perfecto… Y me callo por no llenar esto de elogios… Una película que me sorprendió como pocas.

 

 

 

 

EN BOCA DE TODOS, de Howard Bretherton y William Keighley. Un poco de drama, un poco de thriller, un poco de cárcel y un mucho de la Stanwyck. Sin alardes, una cinta correctita.

 

 

 

 

ÉXTASIS, de Gustav Machatý. No puede faltar la que parece ser la primera película con la primera simulación del acto sexual y el orgasmo (también hay desnudo integral). Ella es Hedy Lamarr, un genio superdotado (fue coinventora del espectro ensanchado, primer paso para las comunicaciones inalámbricas a larga distancia), cuando se llamaba Hedy Kiesler. Por lo que tiene de pionera y transgresora esta cinta checa, es una cita ineludible para todo cinéfilo.

 

 

 

 

FRA DIÁVOLO, de Hal Roach y Charley Rogers. Otra de Laurel y Hardy con su humor físico, absurdo, ingenuo y auténtico. Parodia de la ópera de Auber.

 

 

 

 

FUEROS HUMANOS, de Frank Borzage. Clásico melodrama de la época que destaca más que nada por su dúo protagonista, Spencer Tracy y Loretta Young, y por estar ambientado en la Gran Depresión.

 

 

 

 

GLORIA Y HAMBRE, de William A. Wellman. No se pueden imaginar ustedes la cantidad de temas que se tratan en esta película durante nada más que 70 minutos. Es cierto que en tan poco tiempo el espectador puede pedir algo más de elaboración en ciertos aspectos, pero se tiene que rendir ante la concisión y capacidad narrativa de estos genios del celuloide en el Hollywood clásico. Wellman, además, era de los mejores.

 

 

 

 

HA ENTRADO UN FOTÓGRAFO, de Lloyd Bacon. No teníamos suficiente Cagney, así que otra. Aquí, tras abandonar la vida delictiva, se mete a periodista sensacionalista. Un apreciable título que mezcla drama y comedia.

 

 

 

 

HACIA LAS ALTURAS, de Dorothy Arzner. Sin ser una gran película, es un título interesante, el segundo en la carrera de Katharine Hepburn, su primer protagonista, que destaca por su modernidad. Está dirigido por una de las pocas mujeres directoras en el Hollywood de la época.

 

 

 

 

HEMBRA, de William Dieterle, William A. Wellman y Michael Curtiz. Un film tan curioso como caótico en su realización. Una cinta feminista y atrevida protagonizada por Ruth Chatterton, de esas curiosas anteriores al Código Hays, que Curtiz apañó como pudo, como tantas veces hizo.

 

 

 

 

KING KONG, de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. Un mito, un icono… y aún vigente. Me siguen sorprendiendo sus efectos especiales, su espíritu aventurero, su poesía, su esplendida narrativa. Raro será que no la conozcan, pero siempre está bien volver a verla por sus infinitas virtudes.

 

 

 

 

LA CALLE 42, de Lloyd Bacon. Exitoso musical que revitalizó el género con la llegada del sonido, algo fatigado por las continuas películas que se hacían aprovechando el nuevo recurso. Es un referente del cine musical poco conocido, pero que aquí traigo para reivindicarlo.

 

 

 

 

LA FERIA DE LA VIDA, de Henry King. La traigo por la curiosidad de que siendo una cinta nominada al Oscar, tuvo sus problemas con la censura de la época, cuando todavía no había llegado la parte dura con el Código Hays. No es gran cosa, pero su apelación a la naturalidad de las relaciones sexuales y la fogosidad de la juventud escandalizó en su época.

 

 

 

 

LA REINA CRISTINA DE SUECIA, de Rouben Mamoulian. Prestigioso biopic que deja además una de las más celebradas interpretaciones de la divina Greta Garbo. Es, más allá de todos los alicientes y prejuicios que se puedan tener hacia los biopics, una grandísima película.

 

 

 

 

LA VIDA PRIVADA DE ENRIQUE VIII, de Alexander Korda. Drama histórico y biográfico sobre un tipo realmente peculiar, Enrique VIII, que coleccionaba esposas y religiones. Encarnado por un gran Charles Laughton. Un gran film.

 

 

 

 

LAS CUATRO HERMANITAS, de George Cukor. Un gigante, uno de los mejores directores de todos los tiempos y un destacado maestro llevando a las actrices. Buen ejemplo éste, con la adaptación de la novela de Louisa May Alcott, donde destaca el reparto femenino con nombres de la talla de la inmortal Katharine Hepburn o Joan Bennett. Encantadora.

 

 

 

 

LECHO DE ROSAS, de Gregory La Cava. Dura poco más de una hora, pero La Cava se las apaña para lograr un efectivo film, sin la amenaza del Código Hays, con toques de drama y comedia. Prostitutas, ritmo, Joel McCrea y buenos diálogos.

 

 

 

 

LEJOS DE TI, de Mikio Naruse. El gran Naruse, aún sumido en el mudo, se sumerge como de costumbre en el universo femenino con especial sensibilidad y depurado estilo.

 

 

 

 

LOS CRÍMENES DEL MUSEO, de Michael Curtiz. No es una gran película, pero tiene algo encantador. Siendo una pretendida cinta de terror tiene también humor, algo paródico con ese cine de monstruos. Lo cierto es que es deliciosa y con atrevidos diálogos.

 

 

 

 

MATANDO EN LA SOMBRA, de Michael Curtiz. Una apañada intriga dirigida por Michael Curtiz, que le daba a todo, y protagonizada por William Powell y Mary Astor. No es El Hombre Delgado, pero los protagonistas dan el pego.

 

 

 

 

NO SOY NINGÚN ÁNGEL, de Wesley Ruggles. Traigo esta película porque me hace ilusión incluir una de ese increíble personaje que fue Mae “cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mejor” West, que además viene con Cary Grant, ambos en los inicios de su carrera, aunque sólo la primera como gran estrella. Aquí tenemos ese descaro y picardía de la actriz, su sensualidad, manteniendo aventuras con hombres ricos de todo tipo, haciendo valer su estatus de estrella de circo.

 

 

 

 

NUESTROS SUPERIORES, de George Cukor. Correcta comedia, sin alardes talentosos, de un maestro de maestros. Crítica a los clasismos, las hipocresías sociales y las apariencias vanas.

 

 

 

 

PARECE QUE FUE AYER, de John M. Stahl. Basada en “Carta de una Desconocida”, de Stefan Zweig, antes de que Ophüls la eternizara en 1948. Una historia embriagadora, poderosa, emotiva e intensa.

 

 

 

 

PEREGRINOS, de John Ford. Siempre me han fascinado las madres fordianas y esta tiene un merecido lugar especial. Un amor de lo más retorcido y extraño que lleva a mandar a su vástago a la Guerra Mundial para evitar su matrimonio…

 

 

 

 

PODER Y GLORIA, de William K. Howard. Correcto film protagonizado por Spencer Tracy y guionizado por Preston Sturges. Una buena historia, en exceso teatral, pero digna.

 

 

 

 

POR EL MAL CAMINO, de Archie Mayo y Michael Curtiz. No descansó Cagney ni un segundo en 1933. Tampoco Curtiz, que ayudó a Mayo y, aunque no quiso estar en los créditos en deferencia a su compañero, fue esencial en el film, uno de los 9 de los que se encargó ese año… La dureza de los reformatorios, chicos a los que formar, criminales llegando a la redención mediante la enseñanza… Un interesante film que tendría muchos hermanos posteriores.

 

 

 

 

RAYO DE SOL, de Pál Fejös. Sutil y brillante drama romántico de tintes neorrealistas (interesante precedente), de este director húngaro poco conocido. Un film que merece la pena reivindicarse ya que aparece olvidado por esos pasados cinéfilos.

 

 

 

 

ROSA DE MEDIANOCHE, de William A. Wellman. Un estupendo y nuevo ejemplo del cine antes del Código Hays. Una mirada social entre el drama, el Cine Negro y cierto romanticismo donde los ambientes sórdidos y las dificultades para salir de ellos son usados por Wellman para entregar otro título más que correcto. Loretta Young como protagonista.

 

 

 

 

SECUESTRO, de Stephen Roberts. Obviamente no tenemos las imágenes explícitas de la novela de Faulkner, pero sí sutiles referencias a quien la conozca. No es una gran cinta ni una brillante adaptación, pero tiene su interés y sus aciertos.

 

 

 

 

SOBRENATURAL, de Victor Halperin. Una curiosa cinta de fantasmas, terror e intriga con Carole Lombard. Me parecen ingredientes intresantes para echarle un ojo, ¿verdad?

 

 

 

 

SOPA DE GANSO, de Leo McCarey. No podían faltar. Los Hermanos Marx, y con una de sus grandes obras maestras, quizá su mejor obra, lo que no es raro al coincidir con un maestro de la talla de Leo McCarey.

 

 

 

 

SUBURBIOS, de Boris Barnet. El estallido de la Gran Guerra en una pequeña ciudad rusa. Toques cómicos, dramáticos, sociales, reivindicativos para una película poco conocida, pero bastante completa.

 

 

 

 

SUEÑOS COTIDIANOS, de Mikio Naruse. Uno de los mejores retratistas del universo femenino. Un elegante, sutil y sensible drama con poco más de una hora de duración y aún mudo.

 

 

 

 

UNA MUJER FUERA DE LA LEY, de Yasujiro Ozu. La traigo por lo curioso y novedoso de ver una cinta lindante con el Noir realizada por el sobrio y depurado Ozu, que en sus primeros pasos investigaba por otros géneros ajenos al drama y lo cotidiano.

 

 

 

 

UNA MUJER PARA DOS, de Ernst Lubitsch. Puro Lubitsch. Uno de esos títulos que definen su toque. Ironía, sugerencia, picardía, ritmo, sofisticación. Buena opción para empezar con él.

 

 

 

 

VAMPIRESAS 1933, de Mervyn LeRoy. Un musical ambientado en la Gran Depresión, es una especie de ampliación de “La Calle 42”, que también traje a esta lista. Un importante año para el musical.

 

 

 

 

VIVAMOS HOY, de Howard Hawks y Richard Rosson. Un drama bélico con triángulo amoroso y aviones. Joan Crawford, Gary Cooper, Robert Young. Un Hawks correcto aunque lejos de la excepcionalidad habitual del director.

 

 

 

 

WILD BOYS OF THE ROAD, de William A. Wellman. Por alguna extraña razón, este director de filmografía ejemplar no está en el Olimpo de los grandes para los medios, pero sin duda es uno de ellos. Esta cortita película es un ejemplo de concisión y poder narrativo en su retrato adolescente durante la Gran Depresión. Investiguen en Wellman, me lo agradecerán. Hoy he traído algunas de las menos conocidas…

 

 

Lista Anterior (1932)

Lista Posterior (1934)

 

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