SEXO EN EL CINE CLÁSICO -Evolución-

SEXO EN EL CINE CLÁSICO -Evolución-

CINE

 

 

 

 

 

El sexo en el cine, como en la vida, ha sido siempre un tema recurrente y atractivo en todas las épocas, pero no siempre se ha podido tratar y plasmar de la misma forma por distintos motivos. Aunque ya traje aquí una apreciada selección con los mejores polvos cinematográficos, que tendrá continuación, el sexo en el cine ha evolucionado de una forma muy curiosa, concretamente desde lo artístico e ingenioso a lo explícito y obvio.

Por esta razón decidí mirar un poco más atrás para explicar cómo se mostraban esos polvos en el cine Clásico, cuando no se podían explicitar las relaciones sexuales y se utilizaban metáforas visuales de infinito ingenio para pasar la censura o engañar con sutilezas a los moralistas sin dejar de contar y decir lo que se quería. La cuestión es que esta mirada atrás tiene muchos matices en el tema del sexo y su escenificación, que ha ido evolucionando mucho desde los inicios del cine. Por ello comenzaré con una introducción y un posterior desarrollo sobre cómo el sexo se ha visto en pantalla.

Mucho sexo clásico

Si bien la década de los 30 (y anteriores) fueron unos años llenos de libertad, transgresión y evolución disparada, donde se pudieron ver las primeras escenas de sexo, el primer orgasmo y los primeros desnudos, un ambiente puritano generalizado, especialmente significado en Estados Unidos y el Código Hays, contradictorio en muchos momentos, al ser la principal cinematografía del mundo, se fue imponiendo a la par que se vivía la época más brillante de este arte. No es que no hubiera sexualidad, transgresión y perturbación morbosa en esos años, las hubo y mucha, con géneros predominantes como el Cine Negro, pero fueron de una forma menos explícita.

¡Ojo! El Código Hays, que fue sustituido por la clasificación por edades en el 68, no afectaba a productores independientes, es decir, que estuvieran fuera del sistema de estudios… A esos los perseguían las censuras estatales y las presiones de ciertos colectivos moralistas, que prohibían la exhibición masiva de las obras que no se adecuaban a la moral y la decencia debidas… Ya saben, nada de teticas ni cosas raras. Esto despertó el ingenio con recursos realmente divertidos y geniales. Muchos directores o artistas recurrían a subterfugios muy ocurrentes para saltarse las censuras y los códigos, con mucha cara y poca vergüenza, por ejemplo diciendo que sus obras tenían intenciones puramente educativas para tratar de concienciar a la juventud, y a la sociedad en general, sobre temas como las drogas o las enfermedades sexuales, mientras mostraban desnudos por aquí y por allá. Eran pelis de explotación, que sólo se exhibían de forma muy limitada: Ahí tenemos mediometrajes como “Marihuana” (1936) y “Sex Madness” (1938) de Dwain Esper, o “Child Bride” (1938), de Harry Revier, tan mediocres como ilustrativos.

 

 

Previamente al Código Hays también se utilizó este hábil recurso. Películas documentales educativas y etnográficas, que encontraban la justificación al desnudo en que… los nativos iban así… pero en realidad eran meros pretextos para mostrar teticas… “Moana” (Robert J. Flaherty, 1926), “Ingagi” (William S. Campbell, 1930), la curiosa cinta aventurera “Trader Horn” (W. S. Van Dyke, 1931)…

Hubo otros trucos, aún más geniales, como las “películas nudistas o naturistas” que vendían las virtudes y bonanzas de la vida al aire libre y sin poner cotos al cuerpo. Era un estilo de vida, y tenían derecho de promocionarlo y mostrarlo, claro que sí. Así que… lo hacían… Sí, amigos, vosotros flipando con las carreritas de “Los Vigilantes de la Playa” cuando desde los 30 se promocionaban estas cosas para que viéramos lo bien que le sentaban a nuestras partes colgaderas corretear al aire libre: “Naked Venus” (Edgar G. Ulmer, 1953, director de la brillante “El Desvío”); “Garden of Eden” (Max Nosseck, 1954), que fue la primera cinta nudista a color… A la directora Doris Wishman le pirraban estas películas, hizo un montón. No fue la única, Edward Craven Walker aka Michael Keatering, también hizo varias. En todas ellas lo que se veía eran, básicamente, tetas, nada de sexo ni otras cosas, pero tetas a cascoporro.

 

 

 

Por supuesto, en muchas obras, generalmente con parajes exóticos, las extras se desnudaban o mostraban sus encantos, pero también en otras como “La Kermesse Heroica” (1935) se mostraban desnudos, en este caso inmersos en una pesadilla violenta, cinta de la que hablaré luego.

 

 

En realidad, los 40 y 50, que son las que más me interesaban para el origen del artículo, fueron décadas de prohibición y puritanismo. Poco se podía hacer por culpa de las censuras generales en la mayoría de países, así como por la presencia del Código Hays en Estados Unidos, principal cinematografía mundial. Hubo que esperar a los 60 para que los cuerpos desnudos y el sexo fueran normalizándose.

Porque no fue hasta los 60 donde la cosa comenzó a abrirse con el colorido Pop. A partir de aquella década, los cuerpos desnudos dejaron de tener mucho secreto para los espectadores, el sexo se expresaba de una manera cada vez más gráfica y explícita, las cintas que tenían la sexualidad como tema principal o importante se multiplicaban… lógicamente. Hasta que los polvos, además de los sugeridos, llegaron a las cotas máximas, representados incluso realmente, fuera del mercado porno, en el cine convencional, último reducto secreto y prohibido que quedaba. Penetraciones a mansalva, sexo oral con erecciones y genitales mostrados sin pudor como el colmo de la transgresión…

Así llegó Russ Meyer y sus Series B humorísticas llenas de muchachuelas tremendamente neumáticas que nos enseñaban sus cuerpos con una exultante felicidad, dando nacimiento con “El Inmoral Sr. Teas” (1959) a las “Nudie Movies”… “Faster, Pussycat! Kill! Kill!” (1965), “Vixen!” (1968)… y además las “blaxploitation”, el atrevido cine japonés…  pero esto ya es otra cosa.

 

 

Por Europa hubo algo más de flexibilidad, aunque sin grandes alardes. La que suele citarse como primera cinta con desnudo es la griega “Daphnis & Chloe” (Orestis Laskos, 1931), aunque la que más revuelo armó fue, por supuesto, la checa “Éxtasis”, que citaré posteriormente, en 1933. “La Cena Delle Beffe” (Alessandro Blasetti, 1942) se cita como la primera cinta italiana mostrando teticas femeninas, a la que siguieron otras (“Carmela“, de Flavio Calzavara, también de 1942, por ejemplo)… Es divertido recordar “El Gerente General” (Marino Girolami, Marcello Marchesi y Vittorio Metz, 1951), porque allí participaba una quinceañera Sophia Loren.

 

 

 

En “Häxan. La Brujería A través de los Tiempos” (Benjamin Christensen, 1922), tenemos un buen surtido de desnudos, perversiones sexuales y demoniacas y torturas, una cinta de terror danesa y sueca, entre el docudrama sobre la historia de la brujería y el cine social, de tremendo impacto e imágenes turbadoras. “El Hombre de la Cámara” (Dziga Vertov, 1929), soviética, muestra un parto real y a mujeres en un día playero poniéndose barro por su cuerpo desnudo o bañándose, en lo que son escenas de obvio carácter documental.

 

 

 

 

 

 

Liane, das Mädchen aus dem Urwald” (Eduard von Borsody, 1956), cinta alemana, nos deleita con una Tarzán en versión femenina, brincando y balanceándose que da gloria verla, enseñándonos los pechos sin complejo alguno…

 

 

En los 50 encontramos películas de Bergman como “Un Verano con Mónica” (1953) y el sensual desnudo de la protagonista, o de Jean-Pierre Melville con la estupenda “Bob, el Jugador” (1956) y un desnudo femenino de perfil y otro muy sexy en la cama de Isabelle Corey, por citar directores de prestigio que ofrecían desnudos… Y en los 60 ya comenzó a dispararse la cosa también, con el pujante cine francés, pero también de otras latitudes. Destacaré películas como “Inga” (Joseph W. Sarno, 1968) o “Soy Curiosa” (Vilgot Sjöman, 1967), que son dos en una (Amarillo y Azul), suecas, que fueron muy polémicas y atrevidas. La segunda, una película tremendamente desinhibida, muestra desnudos masculinos y femeninos integrales, así como escenas de sexo explícito, incluso de sexo oral. Sí, se ven penes también, que no es corriente. Buñuel, por supuesto, Bertolucci, Godard y tantos otros en una época donde el desnudo se normalizó…

 

 

 

No hace falta mencionar al cine japonés y su explosión de sensualidad desde los 60, con mitos del cine erótico como “El Imperio de los Sentidos” (Nagisa Oshima, 1976) y sus penetraciones reales ya en los 70, si bien otras anteriores ya mostraron una visión completamente desprejuiciada del sexo. Ahí tenemos la china “La Gran Carretera” (Sun Yu, 1934), que enseña desnudos masculinos mientras se bañan, cinta pionera; “The Pornographers” (Shôhei Imamura, 1966), con mucho fornicio y algún pecho fugaz; “Tatuaje” (Yasuzô Masumura, 1966), cinta donde a través de la metáfora del tatuaje en la espalda de la protagonista, se desarrolla una historia de sexualidad femenina arrebatada, fatalista e independiente de viuda negra, aunque lo que se ven son espaldas, básicamente; “Manji” (Yasuzô Masumura, 1964), que cuenta una intensa relación lésbica con el arte como base de todo, con cuerpos femeninos posando desnudos, como veremos en los inicios del cine. Cuerpos mostrados con elegancia en sus relaciones. “La Mujer de la Arena” (Hiroshi Teshigahara, 1964), una fascinante, extraña y brillante cinta, sensitiva, asfixiante, casi onírica, oda al cuerpo y al tacto, con desnudo femenino y un poco de sexo; “La Puerta de la Carne” (Seijun Suzuki, 1964) es una más que interesante cinta, sórdida, cruel, extravagante incluso en algunos momentos, donde se ven pechos, desnudos completos, sexo y torturas. “Ecstacy of the Angels” (Kôji Wakamatsu, 1972), con cuerpos femeninos desnudos, también masculinos, menos los penes (por los pelos, literalmente en algún caso), torturas, violaciones, masturbaciones, polvos heteros, lésbicos… en lo que fue un film polémico que mezcla el blanco y negro y el color; “Red Angel” (Yasuzô Masumura, 1966), una estupenda película en entorno bélico, dura, truculenta, morbosa, retorcida, con violaciones, masturbaciones, desnudos de espaldas o perfil, sexo, sensualidad y un fetichismo transgresor. A buen seguro Buñuel la aplaudiría… Pero en realidad, estas cintas son de fechas que se alejan del momento que quiero resaltar.

 

 

Una lenta evolución, en líneas generales, dentro del clásico, pero centrándonos y matizando más, veamos cómo fueron los primeros pasos de estos pioneros y el proceso sexual cinematográfico.

Sexo pionero

Los desnudos eran bastante habituales y estaban bastante normalizados hasta los años 30. Ya sabemos que el porno tenía un amplio mercado clandestino, que las “películas azules” tenían gran proliferación, aunque fueran perseguidas y prohibidas. De hecho, nuestro rey, Alfonso XIII, fue un gran aficionado, promotor y el primer productor del género en España… pero no era raro que se viera carne incluso en películas comerciales y convencionales a disposición del público masivo. Productoras como Paramount Pictures o 20th Century Fox se atrevían con títulos que mostraban desnudos…

Audrey Munson fue la primera estrella, parece ser, en salir desnuda en un film como “Inspiration” (George Foster Platt, 1915), primera cinta estadounidense que sin ser porno ofrece un integral femenino, o “Purity” (Rae Berger, 1916). Annette Kellerman, una nadadora muy exhibicionista, salió desnuda en “La Hija de los Dioses” (Herbert Brenon, 1916), en este caso en movimiento, no como Audrey Munson en las anteriores, que escenificaba un cuadro vivo, pero fijo.

 

 

After the Ball” (Georges Méliès, 1897) simulaba ya un desnudo, aunque era un mono color carne. En “La Coucher de la Mariée” (Eugène Pirou y Albert Kirchner, 1896) hicieron desnudarse a Louise Willy. La italiana “El Infierno” (Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan, 1911), sigue a Dante con desnudos femeninos y masculinos, que tienen sus primeros frontales; “Hypocrites” (Lois Weber, 1915), “Intolerancia” (D. W. Griffith, 1916), la canadiense “Back to God’s Country” (1919), “El Dr. Mabuse” (Fritz Lang, 1922)… En “Las Dos Huérfanas” (D. W. Griffith, 1921), Griffith nos muestra en una escena la depravación de la aristocracia francesa con algún pezón fugaz y alguna escena simbólica, como esa copa de vino disfrutada entre los pies de una mujer. La oscarizada “Alas” (William A. Wellman, 1927), la primera que lo fue, tiene un desnudo fugaz.

 

 

 

Cortos como “Forbidden Daughters” (Albert Arthur Allen, 1927) o “The Fireman to the Follies Bergere” (1928) tienen desnudos…

Erich von Stroheim, ese descomunal y transgresor talento, mostró sexo, pulsiones homosexuales y violaciones, presentó prostíbulos con sus prostitutas… “Esposas Frívolas” (1922), “La Marcha Nupcial” (1928) o “La Reina Kelly” (1929) son excelentes ejemplos, entre otras.

Películas como “Vírgenes Modernas” (Harry Beaumont, 1928), un mudo que tiene mucho de musical, en lo que es una sabrosa curiosidad, tuvieron también sus problemas con la censura, aunque no mostraban nada en realidad. Joan Crawford poniéndose unas bragas mientras baila… otra chica quitándose unas medias…

 

 

 

Mae West, maestra en el doble sentido, escandalizó al universo puritano en los 30 con unos diálogos y réplicas en sus películas con un alto grado de transgresión y jugueteo sexual. Transgresión y descaro que le costaron caro llegado el Código Hays…

 

 

Un clásico como “Sin Novedad en el Frente” (Lewis Milestone, 1930) tiene desnudos masculinos, se ven culetes y esas cosas en un baño en un río, así como sexo de los soldados con jóvenes francesas… En “A Salvo en el Infierno” (William A. Wellman, 1931) tenemos, nada más y nada menos, que a una prostituta de protagonista vista con una mirada positiva. Más allá de la trama, eso sí, no tenemos polvos, aunque sí vemos desnudarse a la protagonista, quitárselo todo, al revés que a Joan Crawford en “Vírgenes Modernas”, o más aún, si bien sólo se atisban las piernas desnudas. “Diosas de Montmartre” (Paul. L. Stein, 1931) muestra la desnudez de Constance Bennett, que es una actriz socorrida para este artículo.

 

 

 

 

 

Cecil B. DeMille era un picarón. Su “Cleopatra” (1934) o, sobre todo, “El Signo de la Cruz” (1932), con Claudette Colbert enseñando sutilmente pezón mientras se baña en leche… son dos de los ejemplos más conocidos. Al familiar DeMille no le importaba enseñar carne en aquella época. En “Ave del Paraíso” (King Vidor, 1932) tenemos un largo y sensual desnudo subacuático de Dolores del Río, en teoría…

Asesinato en la Terraza” (W. S. Van Dyke, 1933), una suave intriga chispeante, llena de glamour, con multitud de insinuaciones y dobles sentidos sexuales, tiene a una extraordinaria Myrna Loy. Sexualmente sutil, a lo Lubitsch, para que se entienda. En “Una Noche en El Cairo” (Sam Wood, 1933) tenemos otra estrella que se sumerge en el agua insinuando todos sus encantos. Es, de nuevo, Myrna Loy, que cae rendida a los pies de un embaucador y seductor egipcio interpretado por el galán Ramón Novarro… Habrá varios intentos de violación, incluso uno, sugerido, que llegaría a buen puerto con un cuchillo como elemento fálico simbólico… Una peliculita que daría que hablar…

 

 

Nuestros superiores” (George Cukor, 1933), tiene su transgresión “sexual” en el placer que encuentra la protagonista en sus amantes más allá del matrimonio. Además, como curiosidad, es de las primeras cintas en presentar un personaje homosexual, estereotipado (los llamados sissys), bien es cierto, pero transgresor, aspecto que me alegra suceda en una cinta de Cukor, precisamente, reconocido gay. En “La Reina Cristina de Suecia” (Rouben Mamoulian, 1933), tenemos esos toques lésbicos, como ese beso en la boca, que se realiza de forma natural, de la reina Garbo a su amiga… Ya “Marruecos” (Josef von Sternberg, 1930) coqueteó con esto al mostrar a la Dietrich vestida de esmoquin besando a una mujer en la boca.

 

 

 

 

 

Volando Hacia Río de Janeiro” (Thornton Freeland, 1933), la primera película de Fred Astaire y Ginger Rogers, nos regala un vistoso número musical y aéreo con bailarinas en ropas ligeras y transparentes… “Desfile de Candilejas” (Lloyd Bacon, 1933), con James Cagney, es otro musical con planos atrevidos, donde las chicas salen con atuendos escasos de ropa y sugerentes planos subacuáticos. “Vampiresas 1933” (Mervyn LeRoy, 1933), con sus sensuales siluetas de chicas desnudas. En “Escándalos Romanos” (Frank Tuttle, 1933), que es otro musical, este con simpáticos viajes en el tiempo a la Antigua Roma, hay esclavas muy rubias y muy desnudas que tapan sus encantos con largas melenas. Y otras muchas con poca ropa… ya saben.

 

 

 

 

 

Maureen O’Sullivan en las de Tarzán, como “Tarzán y su compañera” (Cedric Gibbons y Jack Conway, 1934), donde vemos a Jane desnuda en el agua chapoteando alegremente, aunque con Josephine McKim doblando a la O’Sullivan. En “King Kong” (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), disfrutamos de la protagonista ligera de ropa, además de la sugerente metáfora. Hay un desnudo cuando la actriz, Fay Wray, pierde la parte superior del vestido.

 

 

 

Todas estas películas, y otras que citaré, eran, con sus matices y dispar calidad, frescas, modernas y provocativas, rezumaban libertad y atrevimiento, descaro y transgresión. Tocaban temas que luego serían tabús como el adulterio, la infidelidad, las drogas, el sexo, incluso mostrando la homosexualidad… Tremendos años 30, especialmente significativo ese 33 previo a la aparición del Código Hays…

En los 40 y 50, el Cine Negro fue un reducto de transgresión y libertad, dentro de un orden. Un oasis.  “Gilda” (Charles Vidor, 1946) tiene exquisitos dobles sentidos, como las referencias a la “natación”, y el famoso striptease quitándose el guante (por cierto, el que se lleva un buen bofetón, es él)…

Ya vimos que el baile como sexo ha dado mucho juego. Tenemos buen sexo sugerido en “El Rey y Yo” (Walter Lang, 1956), donde un Yul Brynner brioso deja fatigada a nuestra bella Deborah, pero el monarca enseguida “quiere otra vez”. Además, tenemos esa escena con la parejita a la que ayuda Deborah Kerr atravesando, en su encuentro clandestino, un puente con vigorosos chorros de agua… No hace falta decir más. En “La Tumba India” (Fritz Lang, 1959), hay una obvia y metafórica erección en forma de serpiente cuando la protagonista danza ante ella…

 

 

El Fotógrafo del Pánico” (Michael Powell, 1960), tiene en la cámara y ese puñal que esconde en uno de sus soportes un obvio símbolo fálico, utilizado para violar… Una película atrevida y transgresora (Pamela Green nos deja ver sus pechos además), que trajo enormes dificultades al realizador, que se las deseó para estrenar nuevos proyectos… La propia “Psicosis” (Alfred Hitchcock, 1960), donde se atisba desenfocado un pecho de Janet Leigh, tiene en la escena de la ducha una buena metáfora de violación con ese cuchillo también como símbolo fálico.

 

 

 

 

 

Hay que mencionar lo mucho que debemos a Jane Russell, que con su potente pecho no necesitaba de escotes, que también eran vigilados por la censura del Código Hays, para levantar todo tipo de… pasiones. La sexualización era imparable, y más cuando llegó Marilyn, a pesar de todas las prohibiciones. De hecho, estas limitaciones aumentaron el deseo y el interés, el morbo, en el público. No mostrar escotes pero observar los voluptuosos bustos de las actrices, que se buscaban precisamente así, perturbaban al más sensato… “El Forajido” (Howard Hughes y Howard Hawks, 1943) y “La Línea Francesa” (Lloyd Bacon, 1953), trajeron a mal traer a los censores, que no sabían cómo tapar los protuberantes senos de la Russell en húmedos baños, en escotes y demás. No escatimaron en cortes… En la primera se insinúa una violación en un pajar (ay, los pajares), tenemos el hermoso escote de la Russell en magníficos planos y un polvazo interrumpido casi en pleno éxtasis con una aproximación de cámara a los labios y el rostro entregado de la actriz… pero sólo por un breve momento (la interrupción, me refiero)… En la segunda hay una escena de bañera con cancioncita, en una juguetona secuencia con espejos y unos senos remojándose, pero donde no se ve absolutamente nada…

No vas a morirte, yo te calentaré”.

 

 

Something’s got to give” (George Cukor, 1962), la famosa última película de Marilyn que no llegó a estrenarse ni a terminarse, mostraba una sensual escena de piscina donde Marilyn aparecía desnuda. Es cierto que para la escena se usaron medias y bikinis color carne en un rodaje de equipo muy limitado, pero la actriz permitió entrar a fotógrafos para que la fotografiaran sin bikini incluso. En el metraje se insinúa mucho y se atisba su lindo trasero. Hubiera sido la primera actriz estelar en aparecer completamente desnuda en escena en una cinta de estudio grande, una major. En realidad, ya fue filmada desnuda por John Huston en “Vidas Rebeldes” (1961), pero el director decidió no meter la escena en el metraje final. Una escena tras una noche de amor con Gable donde, tras salir él, ella se vestiría. Marilyn estaba a favor de la secuencia, de hecho fue idea suya, arguyendo que no tenía sentido taparse estando en soledad en una habitación para vestirse… Tenía razón. Huston desechó la escena por superflua e insustancial. También tenía razón.

 

 

Se pensaba que la escena había sido destruida, pero no, amigos, el poder de la perversión y la atracción de un documento así fue más fuerte. Se encontró hace un par de años.

Finalmente, la primera actriz protagonista en aparecer desnuda fue Jayne Mansfield en “Promesas, Promesas” (King Donovan, 1963), donde no tarda nada en mostrarnos sus estupendos pechos, primero rebozándose en la bañera y luego sin excusa, motivo o sentido alguno en otros muchos momentos poniendo cara de lascivia… A partir de ahí…

Poco misterio tiene una vez se ve todo, pero, ¿cómo se representaba el sexo cuando no se podían ver penetraciones o no se podía dar a entender el sexo con gestos y potentes escenas de cama y desnudos? ¿Cómo hacían los clásicos para mostrar que las parejas estaban disfrutando como locos de sus cuerpos y del sexo? Pues con mucho talento, imaginación y capacidad de sugerencia alegórica.

Así lo veremos en la siguiente parte…

 

 

 

SEXO EN EL CINE CLÁSICO -Los Polvos-

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sambo

There are 2 comments on this post
  1. Javi Gomez
    junio 29, 2020, 1:41 pm

    Me quito el sombrero, tanto por la profusión de datos, como por la belleza de las imágenes. Gracias.

    • sambo
      junio 29, 2020, 7:02 pm

      Muchas gracias por la lectura. Me alegra que la hayas disfrutado. Ha sido un trabajo arduo, pero gratificante 🙂

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