MEJORES PELÍCULAS: 1900-1919

MEJORES PELÍCULAS: 1900-1919

CINE

 

 

 

 

 

 

 

Os traigo películas para entender y conocer la evolución narrativa en el Séptimo Arte. Los primeros pasos, los pioneros y cómo iban solucionando visualmente los problemas que encontraban, cómo desarrollaban las historias que se contaban por primera vez para crear todo un lenguaje y hacerse entender sin palabras. Ingenio, creatividad, imaginación, fueron definiendo un nuevo arte destinado a triunfar al plasmar en imágenes y verazmente los sueños del espectador.

Es el germen de todo, los primeros pasos que forjarían y definirían las bases conceptuales, narrativas y globales del Cine Clásico… y actual en realidad. En el Cine Clásico está todo, ya sabéis. Como veréis, hay algunos nombres que se repiten a menudo, los grandes pioneros: Griffith, DeMille, Lubitsch, Sjöström, Feuillade, Lang…

Omito obras imprescindibles, quizá para otra entrada distinta, que son cortos de maestros pioneros como Georges Méliès, Charles Chaplin, Buster Keaton…

 

 

20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO (1916), de Stuart Paton. La primera adaptación de la genial novela de Verne, muy libre, bien es cierto (más allá de cortos como los de Méliès y demás). Y nada mal, con esos efectos especiales artesanales, el misterio de los fondos marinos (reales) y una narrativa competente. No es una genialidad, pero sí un buen título.

 

 

 

 

CABIRIA (1914), de Giovanni Pastrone. Poca broma. Una superproducción italiana que no escatimó en nada. Un drama épico muy ambicioso ambientado durante la 2ª Guerra Púnica. Un péplum con acción, drama, aventuras, épica, toques cómicos, lujoso aspecto y escenarios, un gran uso de decorados reales y naturales… Contexto histórico e historia de ficción más que apreciable. Ánibal, Escipión, batallas…

 

 

 

 

CARMEN (1915), de Cecil B. DeMille. Una historia que siempre ha apasionado, pero que lo hizo mucho en estos primeros años del cine. Adaptación libre de la conocida obra de Prosper Mérimée, dirigida por DeMille, con una hora de duración. Aceptable film de competente narrativa.

 

 

 

 

CARMEN (1918), de Ernst Lubitsch. Sí, la misma historia que la anterior, tres años después y de la mano de Lubitsch. Ojo, ya se habían hecho al menos 7 versiones distintas de la obra. Aquí, en 80 minutos, con bastante fidelidad, el maestro quiso su versión con Pola Negri como protagonista.

 

 

 

 

CORAZÓN OLVIDADO (1919), de Erich von Stroheim. Brillante en lo estético, el talentoso Stroheim nos trae para uno de sus primeros trabajos un drama con triángulo amoroso ambientado en los Alpes. Aunque lejos de las genialidades que llegaría a realizar, pero rezumando ambigüedad y sensualidad, el director logra un film a tener en cuenta.

 

 

 

 

CORAZONES DEL MUNDO (1918), de D. W. Griffith. Era una película de propaganda, diseñada para apoyar la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra. Un bélico con toque romántico, Lillian Gish y el poderío visual del maestro Griffith.

 

 

 

 

EL ESTUDIANTE DE PRAGA (1913), de Stellan Rye y Paul Wegener. Adaptación de la historia de Edgar Allan Poe que algunos engloban dentro del expresionismo por su toque fantástico y elementos lindantes con el terror, pero lo cierto es que la estética y el estilo se definirían posteriormente (la consideraremos precursora o un antecedente). Aquí tenemos un relato intrigante, muy bien facturado, con acertados efectos especiales y un toque fáustico en la historia que acentúa su reflexión psicológica. Asombra la fecha en la que fue realizada.

 

 

 

 

 

EL FIN DEL MUNDO (1916), de August Blom. La llegada del cometa Halley inspiró este título que mezcla drama, crítica social y Ciencia Ficción. Una cinta danesa con dos partes bien diferenciadas que pone en la mesa todo lo que había a disposición en la época para hacer creíble los momentos más intensos y apocalípticos.

 

 

 

 

EL FORAJIDO Y SU ESPOSA (1918), de Victor Sjöström. Uno de los grandes maestros del mudo. El director sueco (también protagonista de la cinta) nos trae aquí un fantástico drama, intenso y exacerbado. Antecedente de los amantes prófugos y trágicos, proscritos, como versa su título original, que tanto éxito tendrían en décadas posteriores.

 

 

 

 

EL GOLEM (1915/1920), de Henrik Galeen y Paul Wegener (1915)/ Paul Wegener y Carl Boese (1920). Posiblemente sea la primera película de la historia con monstruo. La de 1920 es el gran clásico expresionista (no entraría en esta lista por fecha, entra en otra, pero la traigo como contexto), ya que las otras versiones se han perdido en su gran mayoría, de hecho Wegener hizo tres. Es un referente esencial del Expresionismo alemán. De la de 1915 sólo se conservan algunos actos.

 

 

 

 

EL INFIERNO (1911), de Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan. Trasgresora (vais a ver mucho desnudo) y sorprendente película italiana que adapta “La Divina Comedia” de Dante (de aquella manera, ya saben) y que muchos consideran uno de los primeros films surrealistas. Es irregular, por supuesto, pero con muchos elementos fascinantes.

 

 

 

 

EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN (1915), de D. W. Griffith. Película esencial en la historia del cine, más allá de la polémica. Una epopeya, una obra legendariamente épica de más de tres horas donde se pretende condensar el surgimiento de la nación más poderosa de la tierra, su sacrificio, dolor y superación, manchada por la ideología racista que subyace y se defiende. En esta obra maestra, que da pleno sentido al término, está condensado el lenguaje cinematográfico clásico, los avances narrativos y técnicos y la base del cine en general. Casi nada.

 

 

 

 

EL PÁJARO AZUL (1918), de Maurice Tourneur. Primera de las varias versiones cinematográficas que se hicieron sobre la obra de Maurice Maeterlinck. Y quizá la más destacada, aunque no la más conocida. Un cuento fantástico, de hadas, familiar, navideño…

 

 

 

 

EL PRESIDENTE (1919), de Carl Theodor Dreyer. Una historia nada complaciente, compleja, ambigua, reflexiva, con ciertos tintes mitológicos, que contrasta la libertad individual y la familia con la decadencia y rigidez, los prejuicios e imposiciones del poder reinante. Una buena película en la que está el germen de uno de los grandes directores de la historia.

 

 

 

 

EL TESORO DE ARNE (1919), de Mauritz Stiller. Excepcional obra sueca de un director poco conocido, pero que merece reseña, ya que es de los más brillantes de la época. Una historia, que adapta la novela de Selma Lagerlöf, de amores trágicos y fatalistas en un tono fluido y poético. Bella, triste, hermosa, cruel…

 

 

 

 

FANTOMAS: A LA SOMBRA DE LA GUILLOTINA (1913), de Louis Feuillade. Basada en los folletines de Marcel Allain y Pierre Souvestre, es la primera de la serie que dirigió Feuillade sobre el famoso personaje (fueron 5). Es un mediometraje (una de las excepciones incluidas), pero lo traigo por todo lo que el personaje dio de sí. Un villano icónico. Placer para los que adoramos los seriales. De las primeras sagas de personaje, si no la primera.

 

 

 

 

HABÍA UNA VEZ UN HOMBRE (1917), de Victor Sjöström. Basada en el poema épico de Ibsen, tenemos otra cinta sueca de uno de los grandes maestros de la época, Sjöström. La cinematografía sueca en los inicios del cine es de las más destacas, sin lugar a dudas. Las Guerras Napoleónicas en contraste con el objetivo íntimo y cotidiano. Un gran film.

 

 

 

 

INGEBORG HOLM (1913), de Victor Sjöström. De nuevo Sjöström. Una película con menos nombre, pero que es bastante interesante, además de significativa. Es uno de los primeros ejemplos en los que un título que contiene una crítica social produjo cambios sociales y legales. Soberbio trabajo de Hilda Borgström, que era una auténtica estrella en la época y la actriz mejor pagada en Suecia.

 

 

 

 

INTOLERANCIA (1916), de D. W. Griffith. Obra maestra absoluta que, además de su calidad cinematográfica, fue una especie de redención conceptual y de valores para Griffith tras “El Nacimiento de una Nación”. Una obra que a día de hoy deja perplejo por su calidad y espectacularidad, que mejoró y desarrolló todos los conceptos técnicos de la obra anterior. Es una de esas películas que debéis ver si os gusta el cine, aunque os dé miedo la etapa muda.

 

 

 

 

JUANA DE ARCO (1916), de Cecil B. DeMille. Una de las múltiples versiones sobre el conocido personaje histórico. Sin ser excepcional, es una obra que tuvo bastante repercusión e influencia, incluso en versiones posteriores, como la de Dreyer (la parte del juicio). DeMille es uno de los grandes pioneros, de los primeros que convirtió el cine en espectáculo, el gran creador de épicas, el que mejor movía a las multitudes… y por ello encontramos también algunos de los primeros usos narrativos, como el flashback (no es que lo inventara él), con soltura y naturalidad… Además, es una cinta de propaganda que apoyaba la participación de los EEUU en la Gran Guerra (se vincula, de hecho, la historia de Juana con la 1ª Guerra Mundial).

 

 

 

 

JUDEX (1916), de Louis Feuillade. Otra excepcional película, de las imprescindibles en estos años que tratamos. Es del francés Feuillade, otro clásico del mudo que aparece varias veces en esta lista. Es una de sus mejores y más recordadas películas. Pionera en las historias de vengador justiciero. Se divide en 12 capítulos, es otro serial y, de alguna manera, antecedente a las series televisivas, tanto en concepto como en narrativa.

 

 

 

 

JUDITH DE BETULIA (1914), de D. W. Griffith. Esta cinta de Griffith, de temática bíblica, no es muy conocida, pero es el germen de lo que vendría luego. Un perfecto banco de pruebas, esquemático, irregular, convencional si se quiere, pero innovador y referencial, ya que aunque dura apenas una hora, es una de las primeras superproducciones, donde el director iba dando forma visual y narrativa a lo que lograría con “El Nacimiento de una Nación” e “Intolerancia”.

 

 

 

 

LA CONCIENCIA VENGADORA (1914), de D. W. Griffith. Griffith adaptando a Poe (El Corazón Delator, Annabel Lee). No está tan conseguida como la anterior, más centrada en los aspectos psicológicos de la trama, pero tiene su interés, desde luego.

 

 

 

 

LA ESTAFA (LA MARCA DE FUEGO) (1915), de Cecil B. DeMille. Es otro mediometraje, pero con suficiente enjundia para traerlo aquí. Seguramente la primera gran obra de DeMille, que innova y saca partido a todos los aspectos técnicos que venían sugiriendo, así como a los narrativos. El juego con la iluminación, la profundidad de foco, variedad de planos… No tiene la fama de otras, quizá por ser un mediometraje y no tan espectacular, pero sí muy importante dentro de los primeros pasos que forjaron la narrativa clásica.

 

 

 

 

LA MUÑECA (1919), de Ernst Lubitsch. Una original y sorprendente historia, como no podía ser de otra forma tratándose de Lubitsch. Aquí adapta libremente ciertos relatos de E.T.A. Hoffman mezclando comedia, cuento de hadas, crítica social, Ciencia Ficción… No en balde la pieza clave de la historia es una muñeca robótica. Hay en “La Muñeca” alguna escena que bien pudo inspirar a Buster Keaton para su “Siete Ocasiones” (1925). Divertida y dinámica, con un toque a Méliès.

 

 

 

 

LA PRINCESA DE LAS OSTRAS (1919), de Ernst Lubitsch. Aquí comenzó, para muchos, el “toque Lubitsch”. Seguramente la obra más sutil, elegante, pícara y graciosa de esta época del maestro. La composición, los ingenios narrativos, las coreografías en la puesta en escena, la fluidez… Una joya que avanzaba un talento excepcional.

 

 

 

 

LA X MISTERIOSA (1914), de Benjamin Christensen. Considerada por muchos como una de las grandes óperas prima de la historia, esta cinta danesa es una obra extraordinaria. Hablamos de 1914, y desde sus movimientos de cámara a los demás recursos lumínicos y narrativos, no tiene que envidiar a los maestros americanos que rondaban estos años y son ensalzados como pioneros.

 

 

 

 

LAS ARAÑAS 1ª Parte (EL LAGO DE ORO) (1919), de Fritz Lang. El gran Fritz Lang deleitándonos con seriales. Aquí una de aventuras con un proto Indiana Jones, que también tiene algo de Phileas Fogg, buscando tesoros y luchando contra organizaciones secretas en entornos exóticos. Tuvo una secuela, que resulta se estrenó al año siguiente, pero traigo aquí, fuera de los márgenes que me marqué, por no separarlas.

 

 

 

 

LAS ARAÑAS 2ª Parte (EL BARCO DE LOS BRILLANTES) (1920), de Fritz Lang. Esta segunda parte impidió que Lang se ocupara de “El Gabinete del Doctor Caligari” (1920), pero bueno, al final lo tuvimos todo que es lo importante. Es más floja que la anterior parte, que tampoco es nada del otro mundo, ambas muy inferiores al clásico Caligari, pero sí son un gran exponente de cine aventurero de la época.

 

 

 

 

LIRIOS ROTOS (1919), de D. W. Griffith. Excepcional melodrama de Griffith, una de sus grandes obras y de las mejores películas de la época. Una obra compleja, que usa el contraste de temas y sentimientos, rica en recursos técnicos y narrativos, como la utilización de varios flashbacks, pero que no apuesta por la espectacularidad de otras obras del director, más centrada en lo intimista y en la intensidad de las emociones, de toque shakespeariano.

 

 

 

 

LOS VAMPIROS (1915), de Louis Feuillade. Otro serial de Feuillade. Una obra de 420 minutos que se dividió en 10 capítulos. Un thriller en toda regla con organizaciones secretas criminales, asesinatos, robos, investigaciones. Una obra referencial de uno de los grandes pioneros y baluartes del serial en el cine.

 

 

 

 

MADAME DuBARRY (1919), de Ernst Lubitsch. Aunque no se circunscribiría dentro de las películas y el género donde el maestro daba su mejor versión, sí que hay muchos elementos y detalles que remarcan su sello. Dinámica, ágil, elegante, enmarcada en la Revolución Francesa, los aspectos históricos quedan en segundo plano respecto a los enredos de alcoba, más del interés de Lubitsch. Fue su primer éxito internacional y cabe destacar sus brillantes composiciones a la hora de usar los decorados respecto a los personajes, una de las grandes virtudes del genio. Muy interesante.

 

 

 

 

NERVIOS (1919), de Robert Reinert. Un interesante film, poco conocido, precursor del expresionismo, atrevido en lo visual (tenemos desnudos, por ejemplo, algo que no era tan raro en la época), espectacular, como solían ser muchas de las producciones alemanas de la época, y con crítica social y política.

 

 

 

 

POBRE AMOR (EL VERDADERO CORAZÓN DE SUSIE) (1919), de D. W. Griffith. Griffith y su musa Lillian Gish en una comedia dramática que vertebra su narración en los contrastes. Lo rural y lo urbano, lo cándido y lo astuto… Un sugerente triángulo amoroso. Otra gran obra de este maestro de maestros, que además veneraron cineastas franceses como Rivette o Rohmer.

 

 

 

 

QUO VADIS? (1913), de Erico Guazzoni. Una de las primeras superproducciones de la historia del cine, adaptación de la novela de Henryk Sienkiewicz, de tal éxito que en 1925, en Italia, hicieron una nueva versión que pretendía mejorarla en todo… Y en 1951 llegó a Hollywood de la mano de Mervyn LeRoy, convirtiéndose en un clásico. Estamos ante una espléndida producción que sirvió de guía para muchos otros pioneros.

 

 

 

 

REGENERATION (1915), de Raoul Walsh. Una de las primeras muestras del Cine de Gángsters por uno de los grandes realizadores y narradores del clásico, que además llevaría el género a cotas extraordinarias. Es el germen de lo que serían los films de los años 30 y 40 hasta llegar a los Scorsese, incluso Tarantino. No es perfecta, pero es esencial. Fue, además, el debut del maestro. Primera película de la Fox.

 

 

 

 

UNA POBRE RICA (1917), de Maurice Tourneur. Debemos rendir homenaje a la gran Mary Pickford, la novia de América, con uno de sus grandes éxitos. Contaba 25 años cuando interpretó a este personaje que tiene unos 10 de edad. La película es sencilla y efectiva, entrañable.

 

 

 

 

VIAJE A MARTE (1918), de Holger-Madsen. Traigo también un buen exponente de Ciencia Ficción. Una cinta danesa ingenua y entrañable, pero muy lograda, que nos remite a Julio Verne y también, por qué no, a Méliès.

 

 

 

 

YO ACUSO (1919), de Abel Gance. Un triángulo amoroso y una denuncia antibélica (la primera en este sentido para muchos) en este clásico del cine silente. Ambientada durante la Gran Guerra, Gance demuestra todo su poderío y talento con una de sus películas más destacadas. De las grandes obras de la época.

 

sambo

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