MAD MAX. SALVAJES DE AUTOPISTA (1979) -Última Parte-

MAD MAX. SALVAJES DE AUTOPISTA (1979) -Última Parte-

GEORGE MILLER

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Suspenses

Las persecuciones son el gran aliciente de la película, esas carreras de coches que se sublimarían en la siguiente entrega de la saga. Del mismo modo, también es notable cómo se estiran los suspenses sin que llegue a estallar la violencia, lo que genera una gran imprevisibilidad. El problema de este segundo punto es que esas set pieces nos están bien elaboradas ni integradas en el conjunto.

-Por ejemplo, la escena del accidente de “Ganso” y el posterior ataque de los villanos, estira el suspense y se hace imprevisible, siempre evitando la resolución evidente, pero esto desemboca en incoherencias o situaciones poco creíbles. Está bien que manipulen su moto, pero prever que no le pasará nada, llamará a un amigo que le prestará una furgoneta y saber qué ruta tomará con la misma para sorprenderle en emboscada, resulta sencillamente absurdo e increíble…

 

 

-Otro ejemplo de la imprevisibilidad creada a través del suspense, bien estirado y modulado, pero carente de lógica y coherencia narrativa, lo tenemos a lo largo de la secuencia vacacional de Max y la muerte de su familia. Miller logra que todo resulte imprevisible, que no sepamos qué va a pasar pero, sobre todo, cuándo va a pasar, clave de la imprevisibilidad.

Habrá hasta tres episodios de suspense en esta secuencia, con momentos artificiosos, forzados o tramposillos con el inocente voyeur que espía a Jessie, la mujer de Max.

El problema es que hay muchos comportamientos absurdos y los personajes toman riesgos gratuitos para ir forzando pequeños momentos de suspense dentro de la globalidad de la secuencia, como la compra del helado de la mujer o su paseo hacia la playa… Tampoco ayuda a la credibilidad las coincidencias o la mala suerte de Max y su familia, que siempre acaba cruzándose con la banda motera de los villanos, que estos siempre los encuentren, sin querer y sin buscarlos además…

 

 

Eso sí, la resolución en off, con elipsis visual, de la muerte de la mujer y el hijo de Max, es excelente, con la pelotita y el zapatito apareciendo en cuadro sin más. Un niño muerto al llegar la ambulancia y una mujer malherida que terminará falleciendo… Miller será discreto, manteniéndose alejado cuando Max llegue hasta sus seres queridos tirados en la carretera.

 

 

La primera persecución es notable, con virtuosos y trepidantes planos subjetivos, que son un goce para mí, un desastre en la ciudad con los policías accidentados y un bebé salvándose por lo pelos, hasta la intervención final de Max para resolver el entuerto con el “Jinete nocturno”. Un “Jinete nocturno” que menciona en reiteradas veces al “Cortauñas”, su jefe, a modo de cebo.

 

 

Lo humano

-Las partes más humanas e idílicas siempre se vinculan a la familia e incluso la naturaleza. Así lo comprobaremos tras la primera secuencia de acción, en la intimidad casera de Max junto a su mujer y su hijo. Un lugar para la paz, el arte, la música de saxo, el amor y el sexo, y decorado con muchas flores en un entorno rodeado de naturaleza. La cotidianeidad de nuevo, el descanso del guerrero, de nuestro héroe, pero siempre con la amenaza latente, con esa noticia sobre el “Jinete nocturno”…

Todos los decorados son destartalados, descuidados, abandonados, echados a perder, menos la casa de Max (Mel Gibson).

 

 

-Del mismo modo, cuando Max presente su renuncia, procurará alejarse del horror y la violencia, con lo que emprenderá un viaje de evasión y relajación junto a su familia. Esos momentos también serán en páramos naturales, de paz y tranquilidad, dedicados a la evasión y a los recuerdos, como los que Max cuenta de su padre, al que consideraba su mejor amigo…

-El jefe de policía también estará vinculado al mundo natural, siempre dando un prisma positivo. En su entorno veremos también muchas plantas y pajaritos, otro lugar para el bien…

 

 

 

 

 

Lo cotidiano, lo excéntrico y lo moderno convergen, se fusionan en no pocas ocasiones en la película. Un ejemplo lo tenemos con el plano que antecede a la aparición de la banda motera, motos Kawasaki, de “Cortauñas”, con una gallina junto a un colorido coche donde duerme una parejita. En contraste con la gallina tendremos unos flashses de un cuervo tras el ataque de los moteros a la parejita que allí descansaba plácidamente. La última ave que veremos será el águila, una vez Max se dispone a perseguir a Cortauñas para matarle.

Ganso (Steve Bisley), es el amigo motorista de Max (Mel Gibson), el vínculo de amistad efectivo y necesario a nivel dramático, aunque su uso resulta redundante con los sucesos que acontecerán con respecto a Max.

 

Mel Gibson in a scene from the film ‘Mad Max’, 1979. (Photo by Mad Max Films/Getty Images)

 

 

El excéntrico grupo de motoristas liderado por Cortauñas (Hugh Keays-Byrne), sus looks postmodernos, ambiguos sexualmente, sus poses, sus anacronismos extraños, son puro spaghetti western y Sergio Leone. Unos motoristas que se anunciarán con anterioridad a su aparición en forma de amenaza para Max.

Los también excéntricos y extraños comportamientos pretenden marcar tonos, especialmente relacionados con los villanos motoristas. Ejemplos: “Cortauñas” metiéndose en el agua con uno de sus esbirros; otro motero quemándose los pelos del brazo…

 

 

 

 

Se inicia así una lucha de venganzas, las del grupo de motoristas para vengar a su amigo “Jinete nocturno”, y la de Max cuando maten a su familia y ataquen a sus amigos. El problema con este concepto es que jamás se aprecia que los matones moteros, los villanos, quieran vengar a su amigo, que sea una obsesión o un propósito definido. Se menciona en un principio, pero jamás los vemos investigar, buscar o preocuparse por esa misión. Sus actos son producto del aburrimiento, la suerte o la coincidencia, sin más.

Extrañamente, los villanos saben perfectamente quién es el policía que provocó la muerte de su amigo, pero es que los personajes saben muchas veces muchas cosas que no deberían saber o no se explican cómo se enteran. Lagunas de guión absurdas. El ejemplo más sangrante lo tenemos con el asesinato de Max al chico que quemó a Ganso, una venganza cruel en la espiral de locura en la que el protagonista se zambulle, pero la forma de realizarla implica que conoce que él hizo aquello a su amigo, cuando en realidad es imposible que lo sepa, ya que nadie lo vio ni le informó. No sabe ni quién fue ni cómo fue… La única explicación supuesta sería que el dueño de la gasolinera informara de estas cosas por habérselas oído a la banda, pero rizando el rizo…

 

 

Tampoco se entienden muchas de sus reacciones, repentinas, ilógicas, absurdas. Si se pretende retratar su locura, podría pasar, pero resulta todo muy artificioso y extraño, forzado y gratuito, ya que esos actos no suelen llevar a nada. Un ejemplo: la persecución de la banda motera a la parejita. La única excusa de esta escena, sin provocación ni sentido, es una set pieces para retratar la amenaza que suponen.

El retrato de dicha amenaza está tratado con mimo, pero con poca coherencia. Hay ciertas referencias religiosas, que casi siempre se vinculan con el villano. Su primer ataque, a una parejita, será en “Pequeño Jerusalén”, poseerá un ataúd y siempre llevará colgada una cruz.

Es algo estrafalario, dentro del carácter chillón de la película, la música grandilocuente que se aplica en las transiciones y el montaje. Y es que “Mad Max. Salvajes de autopista”, es una película chillona, histérica, incluso en su retrato de la legalidad y la justicia.

 

 

Las heridas, las mutilaciones, las truculencias, son constantes en “Mad Max”. La venda en la pierna de Ganso, su cuerpo quemado posterior, las heridas a Max, el brazo que pierde uno de los moteros al intentar engancharse en el coche de Jessie (Joanne Samuel), la mujer de Max (vemos quejarse al pobre desgraciado al caer)…

En más de una ocasión se roza la parodia durante la narración, especialmente vista la película ahora, cayendo en situaciones ridículas, absurdas o estrafalarias.

En la parte final sabremos que la banda de moteros tiene entre sus dedicaciones robar combustible. Este aspecto, sólo mencionado, será clave en la mitología de la saga “Mad Max”, que se desarrollará con detalle en la segunda parte. Igualmente veremos cómo los villanos roban combustible de un camión, esbozo de lo que se sublimará en la segunda entrega también, con pértigas y saltos en su ataque…

 

 

 

Locura

Max se ve obligado a lidiar con la locura, con el absurdo, con la violencia arbitraria y gratuita, con una noción de camaradería que es pura fachada para dar rienda suelta a toda esa violencia. Pero para poder luchar contra ella deberá caer en la misma, comprenderla, sentirla.

El primer paso hacia ese abismo lo dará tras el ataque a Ganso, quemado vivo. Su primer impulso será huir con su familia, abandonar la policía, el horror, alejarse de todo ello… Pero cuando su destino le alcance, cuando la locura se cebe con él y su familia, se zambullirá a conciencia en esa locura para vengarse.

 

 

Hay un plano significativo que marca el descenso a esa locura tras el atentado a Ganso, un picado sobre una escalera de caracol donde Max dice que se va del cuerpo… Perfecto retrato de su inestabilidad creciente, aunque luego no se aprecie mucho en su comportamiento.

Mel Gibson siempre ha encarnado personajes al borde de la locura, muy vinculados a ella, en su mismo límite, lindantes con la esquizofrenia, entre la sensatez la perturbación. Suele retratarlos con mucho acierto. Tiene un tic peculiar en sus actuaciones que viene a colación de esta característica, su expresión de inestabilidad con los ojos muy abiertos, un gesto marca de la casa.

Y es que esta saga dio una estrella, lanzó al Olimpo a un joven actor que ha sido una de las grandes estrellas de los 80 y los 90, Mel Gibson. Un actor limitado, pero de indiscutible carisma e inteligencia, que ha participado en varias sagas de éxito. A la que nos ocupa sumaremos “Arma Letal” de Richard Donner, y otros muchos títulos de interés. Además, su carrera como director, breve hasta ahora, nos ha regalado obras extraordinarias.

Su paso a la locura también será visual. Es cierto que psicológicamente falta elaboración al proceso, que resulta acelerado, brusco y radical, pero no podemos pedirle sutilezas psicológicas a esta cinta, que no tiene excesivo interés en estos matices.

Ese retrato visual será con un encadenado que nos lleva de Max desapareciendo por un túnel al moderno coche que conducirá hacia su venganza. El cochazo que nos presentó al principio.

 

 

En el clímax nos deleitaremos con brillantes coreografías de acción y realismo truculento. La determinación de Max se hace patente. Las lagunas en la trama también.

La emboscada que le tienden a Max resulta extraña y algo improvisada, pero efectiva, donde los villanos alcanzarán a nuestro protagonista con un disparo desde centenares de metros, aunque Max devolverá la afrenta poco después desde más cerca en otro momento algo extraño en el comportamiento del villano de turno. Además, como ya he resaltado, la venganza de Max al esbirro que quemó a Ganso resulta ilógica y gratuita, sacada de la manga completamente.

Los planos generales y subjetivos en la persecución final son también de gran virtuosismo. El paso a la locura cruel de Max en la parte final es efectivo, aunque falto de elaboración.

 

 

Mad Max” aprobaría por los pelos, si es que lo hace, como película y relato de acción, con escenas estiradas de manera gratuita y sin sentido, dando la sensación de ser un cortometraje o un mediometraje alargado, pero su brillante y vibrante dirección, el gran montaje y su revolucionaria e influyente estética, la convirtieron en un éxito instantáneo de la época, así como un referente y una película de culto para las generaciones venideras.

Pasarás un buen rato y disfrutarás del origen de un icono del género, así como de un referente ineludible.

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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