HAZ TU PROPIA PELÍCULA DE ACCIÓN OCHENTERA

HAZ TU PROPIA PELÍCULA DE ACCIÓN OCHENTERA

CINE

 

 

 

 

 

Sé que muchos de vosotros gozáis como locos con el cine de acción, que soñasteis en su día con ser un héroe como los protagonistas de aquellas películas, que quizá hoy día aún soñéis con ellos porque andáis regular de lo vuestro a pesar del reuma… Puede que unos pocos incluso pensarais en dirigir la película de acción ideal tras consumir cine de los ochenta en vena vía videoclub como si no hubiera mañana. Os entiendo, es comprensible, molaban mucho y esas cosas…

El cine de acción siempre ha tenido un nutrido grupo de fans y mucho éxito. Un tipo de cine que tuvo su auge en los 80, década que fijó unos parámetros estrictos, que si queréis hacer vuestra película deberéis seguir con fidelidad. Parámetros que se mantienen, en algunos casos, hasta la actualidad y que ya se atisbaban antes, en la década de los 70.

Queríais ser los nuevos Stallone, Bronson, Segal, Van Damme, Schwarzenegger, Willis, Gibson… o dirigirlos, pero tenéis que tener bien claras unas cuantas cositas sobre cómo tratar, definir y manejar a los personajes y las tramas, si es que queréis hacer una cinta de acción ochentera de pura cepa y no cualquier cutrada.

Si queréis lanzaros, debéis saber que lo más importante de todo es la definición de vuestros héroes, y también de los villanos. Ahí está buena parte de la clave para que vuestra cinta ochentera sea un éxito.

Ante todo, vuestro protagonista tiene que molar, ha de ser “guay”. Para ello debéis dotarlo de una pose, a ser posible sobria y dura, así como con un look distintivo, prendas y objetos que lo diferencien: una cazadora, una camiseta ensangrentada (John McLane), un peinado, unas gafas de sol (Cobra), un parche (Snake Plissken), unas botas, un tipo de arma (Rambo)…

Estos héroes no deben construirse ni presentarse bajo la sutileza. Esto de la deducción y la reflexión lo consideran una tontería, para ellos gente como Sherlock Holmes son tipos inanes, sosos y aburridos que no hacen más que retardar las cosas. Mejor mostrarlos con una motosierra y cargando un tronco. Sutil, ¿verdad? Ellos gustan más de sacar la información a golpes, de manera directa, sin divagaciones, circunloquios y demás parafernalia. Ellos molan, su pose mola, así que no pueden andarse con zarandajas intelectuales y esas historias, amigos. Perder el tiempo pensando cuando se pueden resolver los enigmas golpeando es absurdo. Practicidad y ejercicio.

 

 

Ellos son héroes macarrillas o antihéroes, directamente, tipos duros, honestos en el fondo, pero que parecen de vuelta de todo. Han de tener un pasado un poco turbio y a veces son padres de familia, aunque en este caso deben acabar perdiéndola o, al menos, verla en peligro. De hecho, perder a la familia es un buen motivo para comenzar la acción, así que tomad nota. También suelen estar apartados del servicio que les gusta o lo han abandonado por hastío o circunstancias… Por supuesto, al comenzar la película volverán o al final quedarán restituidos tras cumplir con su misión. Deben ser un poco malotes y chulitos, pero en el fondo de buenos valores y románticos, y muy competentes en acción. Dejad ver su lado tierno solamente en privado, cuando se quedan solos en casa con una música suave y una copa, que eso de las emociones en público les parece obsceno. Ellos no son de ver Netflix, que para eso son ochenteros, prefieren ver los flashbacks de su antigua felicidad mientras ponen cara de angustia. En público su ternura escaseará o se escenificará con gestos toscos y torpes.

Debéis darle enjundia, para que los críticos no os pillen diciendo que los personajes están mal construidos, así que dotadlos de un pasado veleidoso, traumático o violento que muchas veces han dejado atrás, pero que les condiciona, da pesadillas o sudores, aunque lo contienen como pueden, sufriéndolo en silencio, como las hemorroides. Un héroe sin trauma es una estafa. Ahora quieren paz, disfrutar de su vida familiar, sin meterse con nadie, pero les pasan cosas raras, el destino violento les busca, les provoca, viene a tocarles las pelotas… y no es bueno tocar las pelotas a un héroe de acción ochentero… Porque ellos no quieren, ellos son sensibles, una sensibilidad tántrica quizá, pero lo son, y simplemente se ven obligados y abocados a una violencia que no desean… Por eso, resignadamente, ruedan una película para enseñarnos lo que se debe hacer en caso de sufrir la amenaza de unos macarras-mafiosos-paramilitares-sociedadesclandestinas que le obligan a volver a la lucha…

Recordad que los protagonistas de cintas de acción ochentera no suelen sonreír nunca, salvo que sean de esos que tenían una familia a la que matan, que en ese caso tendrán el detalle de hacerlo en sus momentos cotidianos, con los suyos, así que tened cuidado con eso. Serán los únicos momentos dónde podréis mostrar que no es un robot y que tiene sentimientos, así que aprovechad para ser ñoños y cursis, no tendréis otra oportunidad. Si decidís hacerlo sonriente o simpaticón, es mejor que linde con la locura, como el Mel Gibson de “Arma Letal”, o carismático en plan Eddie Murphy en “Superdetective en Hollywood”. Si son de los otros, de los que hacen justicia sin más, sólo sonreirán de una manera, ladeando dificultosamente un lado de la cara. Eso sí, sólo lo harán para vacilar al malo o en una especie de coqueteo con la chica de la película. El que mejor lo hace es Bruce Willis, por cierto. Es vuestro modelo a seguir.

Si es un tipo solitario, dolido por un mal de amores anterior, tendrá una vida desordenada y desastrada, un casa como una pocilga, todo mal planchado, dado a la bebida y comedor de pizza, como mucho, pero nada de esto merma su excelente forma física, que demostrará cuando sea menester…

Si es policía, y no un sicario, ex militar o algo parecido, que también son opciones válidas, nunca hará las cosas como se las mandan, es más, deberéis hacer que su jefe se enfade mucho con él por sus métodos y como castigo le dé vacaciones o unos días de permiso. Sí, todos queremos jefes así. Si ponéis un jefe más tiquismiquis que lo aparta del caso, ya sabéis, él seguirá investigándolo por su cuenta, que al fin y al cabo es lo que ya venía haciendo. Da igual que le quiten placa y demás, él seguirá en su caso, porque un protagonista de cine de acción que no sea un obseso no es un verdadero protagonista de cine de acción… Ciertamente, esto es muy del cine de acción y policiaco setentero, pero, amigos, se mantiene en muchos casos en el de los 80, así que podéis usarlo sin problema.

Si los acompañáis, para hacer una buddy movie de acción, su compañero debe estar a punto de jubilarse, si es que no les ocurre a ellos mismos. Si decidís ponerle compañero éste debe ser de distinta raza y tener un carácter opuesto al suyo. ¡Es esencial!

Debéis saber que, en ocasiones, estos héroes tienen problemas sentimentales porque son un poco orgullosos y lo de hablar se les da regular. Expresar sus sentimientos más allá de disparar y hacer explotar bombas es algo que no se les da muy bien. En el fondo les gusta que las chicas vayan detrás de ellos, sobre todo si intuyen que les va a tocar abrirse un poco. Prefieren que sean ellas las que lleven la conversación mientras ellos se quedan en camiseta marcando músculo, ¡que menudo esfuerzo!

 

 

Eso sí, la violencia les agudiza el ingenio y la verborrea, dentro de lo que cabe, por eso siempre, siempre, tendrán lo que llamaremos “frases categóricas de machote”, que recitarán, a ser posible, tras una muerte, golpe o acción de héroe… Secas, cortas, pretendidamente ocurrentes, aunque generalmente con escaso éxito, de cuatro o cinco palabras máximo. Así que ya sabéis, os toca pensar frases de machote para que vuestro héroe pueda recitar haciendo el menor ridículo posible…

No tengo tiempo para sangrar”. “Te lo dije”. “La calle siempre gana”. “El dolor es mi orgasmo”…

En ocasiones podéis incluir la ayuda de una mujer, unas veces competente, otras, simplemente, atractiva, de la que se insinúa el amor, pero con la que el héroe no será capaz de hacer nada o mantener nada serio, porque el recuerdo de su esposa lo atormenta, siente que la traiciona. Otras veces podéis dejar que tenga un pequeño desliz, pero sin pasarse… También puede quedar en una cosa platónica, sugerida, no consumada, pero porque él no quiere, porque debe quedar claro que ella se deshace en ganas. Él debe apreciarla sentidamente, por eso ella sería capaz de morir sacrificándose por él, al fin y al cabo la ha salvado varias veces, la protege y está buenorro… A ver… si no hay compromiso, podéis dejar que la pasión siga su curso una vez termine la película, que terminarlas con besos es un clásico imperecedero. Podéis elegir una de las distintas versiones que no fallaréis.

Y es que el tema de las mujeres también tiene tela que cortar. Estas pueden ser mujeres fuertes, masculinizadas o damiselas en apuros. “Calles de fuego” (Walter Hill, 1984), por ejemplo, tiene de las dos, y alguna más. En la actualidad, las mujeres militares o masculinizadas, sin perder feminidad, abundan más, pero vosotros os debéis centrar en las cintas ochenteras, así que cuidado con esto también.

 

 

Por supuesto, hay mujeres malas en el bando de los villanos. Éstas siempre y sin excepción están muy buenas y neumáticas. No en balde son el alivio sexual del villano. También son una tentación para el héroe, por el que suelen sentirse atraídas por su fuerza bruta y porque son fogosas, aunque les aburre su intrínseca bondad. Normalmente son más malas que un virus chino, pero en ocasiones sólo están ligadas al villano por circunstancias que las tienen obligadas, por lo que son candidatas a romance floreciente y redentor con nuestro héroe. Esto en sagas como las de Bond se estila mucho.

No es raro que estas dos mujeres convivan en la misma película, jugando con la tradicional dualidad puta-virgen, en la que una sería morena y la otra rubia, si bien esto ya va para gustos…

 

A los malos se los presenta haciendo cosas de malos, para que los veamos como una amenaza. Así pueden pintar grafittis, hacer mucho ruido con sus motos, poner cara de maldad gamberra a la cámara o de cierta displicencia. De ahí ya pueden torturar gatitos, atosigar familias o jovenzuelas o matar a algún desdichado para que les dé lo que quieren… Esto no sólo pasaba en los ochentera, pero aquí ya es un código casi irrefutable.

Tenéis que crearle una banda, aunque el villano más malo, que es el más macarra con el look más guay o el más distinguido, es el que se encarga de dar la puntilla. Honores de malo jefe. Este malo, si es distinguido, casi nunca se mancha las manos hasta que el protagonista le toca las narices en la escena final, o puede cometer alguna pulcra ejecución sádica.

Para imponer, el malo tiene dos métodos. O bien se pone medio loco o muy serio e imperturbable.

Al contrario que los setenteros, estos tipos tienen muchas veces ínfulas empresariales o mafiosas. Suelen ser rusos o árabes que, como todo el mundo sabe, son el colmo del mal. Una cosa debéis tener en cuenta: Lo mejor es que haya dos grandes villanos, el villano de acción, que será el gran reto físico del protagonista, y el villano intelectual, que es el jefazo máximo, con el que también suele haber un encontronazo violento, obviamente. La otra opción que tenéis es que el villano intelectual también sea el mejor en lo físico, para hacer el duelo final más potente. Vosotros elegís, podéis jugar con las opciones.

Una última propuesta de villano, también muy socorrida, es el malvado solitario pero mega poderoso, inmortal o invulnerable, que trae a malvivir a los protagonistas, que deben devanarse los sesos para ver cómo terminan con él.

 

 

Ahora vamos con lo más importante desde lo técnico. En toda película de acción debe haber… escenas de acción. Obvio. Pero jamás, nunca, se os ocurra rodarlas bien. Nada de fliparos y creeros que sois Spielberg, Cameron, Zemeckis o McTiernan. No, no. Si vais a hacer una película de acción ochentera de las de verdad, las escenas de acción deben tener unos patrones determinados, rasgos fijados y estilo concreto desde el montaje y la puesta en escena.

En los tiroteos, porque siempre debéis meter muchos tiroteos, tenéis que usar el montaje, con corte y plano-contraplano. Vemos disparar, hacia delante a ser posible, pero no a dónde, que lo veremos en el contraplano, sin ton ni son, con los malos cayendo como bolos y los buenos viendo como rebotan las balas a su alrededor. Porque claro, suponemos que los disparos de los villanos van dirigidos a la zona donde está el héroe… Luego todo se compensa con alguna explosión, aunque si son varias mejor, porque deben explotar muchas cosas, aunque no haya nada que obligue a que exploten. Mucha explosión, casi con cada disparo, da igual a donde dé, una madera, un galápago, haced que aquello explote y punto. Evitad, por tanto, como si os fuera la vida en ello, los planos generales donde se aprecie disparo y objetivo a la vez… Eso son moderneces de tipos talentosos.

Los golpes en la cabeza siempre deben tumbar a los malos secundarios, esos que se ponen para dar sensación de misión complicada antes de llegar a un malo más fuerte o el objetivo de dicha misión concreta. Y si no son en la cabeza también deberán caer, que no estamos para tonterías. Estos son aspectos irrenunciables desde el cine clásico. También pueden tumbar al bueno, pero sólo si luego lo van a atar para soltarle un discurso, especialmente si es al final, donde el villano le desvelará todos los planes, para que así los conozcamos nosotros, porque todo lo que no hablan estos héroes lo tienen de incontinencia verbal los villanos. Esto es importante si hacéis la película ochentera, porque si no tendréis que curraros más el guión para que el protagonista descubra las cosas investigando, y aquí no hemos venido a eso…. Si el golpe es con algo de cristal, este siempre estallará, como pasa con las cosas de madera, que se deshacen al contactar con los cuerpos. También debe pasar con las mesas y las paredes…

En la pelea final, el protagonista, a ser posible, recibirá una soberana paliza, pero en el último instante, cuando todo está perdido, cuando se supone que lo van a rematar, tiene un impulso emotivo, una voz suena en su interior, rememora un recuerdo intenso por el que merece la pena vivir, el malo le dice algo que le toca la fibra o recuerda a su hija o su mujer, se pone a ver aquellos flashbacks de los que disfruta en vez de HBO en su casa y reacciona para acabar con él en medio segundo. Es recomendable incluir en esta pelea un momento donde el malo esté a punto de matar al bueno, con un arma o ahogándole, instante en el que el bueno encontrará un objeto tanteando a sus lados para zafarse de tamaña afrenta.

Estos son consejos que debéis seguir para conseguir la mejor emoción de acción ochentera…

Por supuesto, en toda película de acción ochentera debe haber persecuciones en coche o moto, según se dé, donde se choque con muchas cosas, a ser posible mercadillos callejos con mucha fruta. Y es que, por alguna razón, estas persecuciones deben pasar por lugares concretos. Si es a pie se deberá cruzar una cocina, a ser posible de un restaurante chino, pero si no da igual… cualquier restaurante vale. Si es en coche, como digo, debe destrozar un puesto de frutas callejero, pero podéis innovar atravesando un hotel, una biblioteca o destrozando quioscos de prensa. En cualquier caso, si queréis hacer una cinta genuina de acción ochentera, centraos en las normas comentadas.

 

 

Muchas de estas cosas ya ocurrían en el cine de épocas y décadas anteriores, si bien antes la acción solía estar mejor coreografiada, aunque sin tanta pirotecnia, todo más discreto. La cosa es que estas películas ochenteras se vertebraban en estas escenas de acción, además del impulso que supusieron los efectos especiales surgidos en estos años. Con todo ello, se sabía que con esos aspectos pirotécnicos saciarían a su público potencial. El género, en la actualidad, ha evolucionado bastante en este sentido, siendo el trabajo en las coreografías de las peleas y tiroteos un aspecto fundamental de las mismas.

Con todos estos cinemelodiconsejos, tenéis el esqueleto básico para realizar vuestra perfecta película de acción ochentera. Ya sólo tenéis que adornarla, definir una historia sencilla y buscar un título pegadizo: “Arma de Cristal”, “La Jungla Letal”, “Yo soy el Poder, la Justica y la Ley”… poco más. Sólo os queda triunfar…

 

sambo

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