MARTIN SCORSESE

 

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mafia… y más

Scorsese, como hiciera Coppola en “El padrino” (1972), y también él mismo en «Casino» (1995) o “Uno de los nuestros” (1990), integra lo profesional y sus chanchullos con los familiar y personal. La familia es uno de los temas indispensables en el cine del maestro. Aparte de fugaces esbozos o escenas de ese personaje que resulta alegórico de la hija observadora, tenemos una sublime escena donde todo esto se mezcla de alguna manera. Es la de la fiesta en honor a Frank, una ceremonia, como ocurría en la secuencia inicial de la obra maestra de Coppola.

Esta secuencia es una auténtica genialidad en sí misma, maravillosa, donde lo formal y familiar se representan en público, mientras lo demás, los chanchullos, se desarrollan en apartes… Todos allí reunidos, en un enfrentamiento latente de miradas y cuchicheos.

Podría pasarme días enteros escuchándolos y viéndolos charlar. A Pacino, a De Niro, a Pesci…

 

 

Una secuencia también muy tributaria de “El Padrino”, si bien con una concepción metalingüística, casi documental, fría, sin suspense, con una música relajante, que relata cómo se mata a alguien rodeado de su familia y se lanza un mensaje, es la del asesinato a “El Rubio”. El guiño al baño, que será donde Michael consiga el arma en la obra maestra de Coppola, el entorno y el contexto…

 

 

Scorsese teje, por supuesto, una historia de mafia, basada en hechos reales, integrada a través de sus tentáculos con la política, los tejemanejes del poder y sus conflictos con el mismo… Y todo desde una pseudo road movie. Un viaje central, con la excusa de una boda, de supuesta reconciliación. Dos pasados que terminan fusionando sus líneas narrativas a las dos horas y media de película, antes del momento culminante y antes de regresar a ese presente donde De Niro nos cuenta la historia. Una narración escindida, desordenada. Saltos temporales continuos.

Ceremonias, con todo lo que se vincula a la mafia con ciertos rituales, ligadas a la religión, donde veremos bodas o bautizos (dos a hijos de Frank, uno en soledad, sólo con la familia cerca; el segundo, a la tercera hija, Dolores, con toda la familia mafiosa incorporada)… Así como las necesarias misas o conversaciones con sacerdotes de la parte final.

 

 

La mafia y sus paradojas, sus firmes reglas siempre en el alambre. Donde la familia y la amistad son pieza fundamental, pero a la vez siempre subyace una amenaza, donde todo redunda en el negocio, en los intereses. Una amistad que supondrá el ascenso del personaje de De Niro, gracias a su competencia. Una cosa lleva a la otra.

Su jerga y métodos. El camionero que se dedica a “pintar casas” (asesinatos, refiriéndose a la sangre que decora las paredes en cada ocasión)… Sus mañas, los negocios de blanqueo, la recolección de sobres con dinero (como vemos en el viaje que vertebra la narración)… El río ocultador donde van a parar todas esas armas utilizadas para resolver problemas…

“Así está el tema”.

 

 

Sí, el periplo de Frank Sheeran es el clásico de las películas de mafia que tratan los mecanismos mafiosos desde sus inicios. Llegada, inicios, crecimiento, alzamiento y triunfo, caída… Sheeran es un camionero irlandés que transporta carne, aparentemente tranquilo, que esconde a un sosegado y firme ambicioso en su interior. Un hombre puente entre todos esos poderes interconectados, pero distintos, a veces aliados, otras rivales.

“Lo único malo es que al tener más hijos, hay que llevar más dinero a casa”.

Con él vivimos el miedo, los rezos de sus víctimas, la supervivencia como norma, el cumplimiento de las crueles órdenes…

 

 

Primero conocerá a Russell Bufalino (Joe Pesci), por casualidad, que marcará su destino. Aunque no en ese momento, que sirve para enganchar el flashback dentro del flashback en una gasolinera, en un eco.

Será su labor como transportista la que lo ligará a la mafia, cuando robe carne para un tal Frankie Navajas (Bobby Cannavale), ex pollero y ahora un pequeño capo… Robo que lo ligará a los Bufalino, cuando sea Bill (Ray Romano) el que lo defienda en ese caso, usando los beneficios del sindicato de camioneros de Jimmy Hoffa.

“Creo que eres uno de los nuestros”.

Y de ahí al reencuentro con Russell, que es un gran capo, al acercamiento a Angelo Bruno (Harvey Keitel), el jefe de Filadelfia… Los primeros trabajos, los primeros méritos. Sicario, amedrentador, hombre para todo… Prosperando.

 

 

“Cuando le encargo un trabajo a alguien, espero que se encargue él solito. Demasiados cocineros estropean un caldo”.

Ese apoyo, sentirse respaldado por todos ellos, le añade prepotencia y tiranía a su comportamiento, permitiéndose a sí mismo ejercer presión ante todo aquel o todo aquello que le incomode o necesite, ya sea por defender a sus jefes o porque su hija ha sido agredida.

Trabajos para Frankie Navajas; encargos puramente mafiosos al eco de su prestigio, como eliminar competencias (empresa de lavandería de judíos… y de Angelo Bruno)… La independencia en los procederes y su riesgo, al ser la mafia una especie de colmena, donde tus actos individuales pueden afectar allí donde menos imaginas. De ahí que Frank, a partir de su tenso momento con Bruno, se limite a cumplir órdenes y guardar su jerarquía.

“Cuando alguien dice “un poco preocupado” es que está muy preocupado. Y si te dice “algo más que un poco”, está desesperado”.

“Hacías lo que te pedían y te recompensaban”.

 

 

Sus méritos, eficacia y confianza, llevarán a Russell a recomendárselo a Jimmy Hoffa, siendo enlace entre ambos mundos, el de la mafia y el de los sindicatos, los dos ajenos a la política, con la que tendrán conflictos.

Y hará méritos con él, resolviendo un conflicto con el sindicato de taxistas… Además de los méritos, la familia también vinculará, unirá y forjará la amistad entre Frank y Hoffa. De hecho, el poderoso sindicalista sentirá devoción por la hija pequeña y silenciosa de Frank.

 

 

Un Hoffa que terminará colocando a Frank como presidente de la 306. Allí lo veremos seguir los pasos de Bill Bufalino, dando los mismos consejos que aquel le dio a él… Es una escena, ese ascenso de Hoffa a Frank sentados en sus camas, donde conviven el reloj y la pistola, que de alguna forma es el duelo que tendrá que dirimir Frank entre Russell y Hoffa.

Una mafia que tiene tratos con el sindicato de Hoffa, el más poderoso del mundo, a quien piden préstamos para ciertos negocios. Préstamos que se concedían usando el fondo de pensiones para las jubilaciones de los camioneros, del control absoluto de Hoffa. Así levantarán Las Vegas.

“Era como hablar con el general Patton”.

 

 

Mafiosos italianos deseando que el irlandés Kennedy ganara las elecciones, entre otras cosas porque esos mafiosos lo sostuvieron y apoyaron. Otro motivo de conflicto con Hoffa, que no soportaba al presidente católico.

“Si hay una persona en la que no debes confiar en tu vida… es en el hijo de un millonario”.

Un Kennedy presidente gracias a la mafia de Chicago, que nombra a Bobby Fiscal General del Estado para que persiga a Hoffa… y a Marcelo, Giancanna, Traficante… Los que ayudaron a los Kennedy perseguidos por estos…

“¿Cómo se come eso?”

Un apoyo que en absoluto era gratuito. Era puramente interesado. La idea era que Kennedy fuera a por Cuba y permitiera a la mafia recuperar sus casinos y negocios abandonados allí con la llegada de Castro… Para ello incluso trasportaron armas que se utilizarían en Bahía de Cochinos.

 

 

Un acoso incesante a Hoffa, con continuas investigaciones sin imputación, acusaciones, juicios… Incluso atentarán contra él en uno de esos juicios, algo sobre lo que Hoffa hará un espectáculo. Chantajes a jurados, extorsiones y una condena en plano frontal.

Tony Salerno como el gran capo mafioso, otro de los grandes poderes del país, pero ajeno a todo lo demás, capaz de atemorizar a cualquiera… Una velada amenaza suya pone en guardia al mismo Hoffa.

“¿Qué Tony? Todos se llaman Tony. ¿Es que a los italianos no se les ocurre otro puto nombre?”

“Alguien debería decírselo”.

“Se puede amenazar a alguien de vez en cuando. Está bien, eso lo entiendo, ¿pero a todas horas?”

 

 

Todos estos conflictos de intereses requerirán de mediaciones y negociaciones, que cuando no llegan a buen puerto desembocan en amenazas claras o la eliminación de la competencia. Así tendremos el asesinato de Kennedy y la conmoción que provocará, por oponerse a la mafia… aspecto que a Hoffa le vendrá bien, si no fuera porque lo tomará también como un aviso (dejará de comer su helado), ya que si son capaces de matar a un presidente… Su desprecio lo veremos en el simbólico gesto evitando que se coloque esa bandera a media asta en uno de sus edificios.

“Si quitaron de en medio a un presidente, imagina a un presidente de un sindicato”.

“Nadie amenaza a Hoffa”.

 

 

 

La amenaza de los Kennedy se resuelve con asesinato, pero la dureza de Hoffa con los préstamos se resuelve de otra forma. Al ser encarcelado, la mafia lograba los préstamos con más facilidad, eran más flexibles, además de que su sustituto era más accesible…

Frank Fitzsimmons (Gary Basaraba), una especie de pelele puesto por Hoffa antes de ir a la cárcel, que luego resultará un incómodo incordio cuando se acomode en el puesto, gracias a lo feliz que la mafia está con él… tras unos mensajitos bomba. Luchas de poder sindicales donde ambas fuerzas utilizan sus armas para amedrentar al otro, también con bombas o despidos (a la mujer de Hoffa)…

“Juega mucho al golf”.

Tras el indulto presidencial a Hoffa cumplidos 4 años de condena (con medio millón más para Nixon), se inicia otro conflicto de intereses en el sindicato con su lucha de poder presidencial y la mafia y su sed de préstamos. La vuelta de Hoffa complicaría esos préstamos que consiguen con facilidad…

Conflictos de intereses que además crean extraños amigos de cama. Hoffa y Tony “Pro” (Stephen Graham), rivales en el sindicato de camioneros, peleados en la cárcel en una tronchante escena, terminan sentándose a negociar. El orgulloso Hoffa necesita de los votos de “Pro” para volver a la presidencia y eliminar a los mafiosos de la ecuación…

La memorable escena, que se podría calificar de tarantiniana si no fuera porque es puramente scorsesiana, de la entrevista entre Hoffa y “Pro”, con la puntualidad, las disculpas por insinuaciones racistas, el orgullo y la testosterona, es uno de los grandes momentos del film. Hilarante.

También puede considerarse del estilo “Los Sopranos”, si no fuera porque es puramente scorsesiana, como digo.

 

 

Un conflicto de intereses irresoluble que avanza inexorable hacia la violencia. El poder de las armas, las amenazas mafiosas, el poder y el miedo generado por la información que incrimina… Duelo de egos, poder y orgullos.

“Así está el tema”.

 

 

Una historia más que atractiva. Aunque sea larga. Al final hay que comprender que en esta época de tuit y adicción a las series de episodio breve, una película así aburra a alguno, pero eso es, exclusivamente, problema de los aburridos.

Ha habido ciertas polémicas sobre el rejuvenecimiento facial de los personajes, en especial el de De Niro (su personaje va de los 24 años a los 36, 41, 43, 47, 55, 75, 83; a Pacino lo vemos con 44, 47…), con esos intensos ojos azules. Lo cierto es que los actores lo llevan con dignidad y, además, aunque esto no sea del todo comprendido, dota de mayor sentido a los conceptos del film, con esos actores veteranos haciendo de jóvenes, al contrario de lo que ocurre habitualmente, con actores jóvenes haciendo de viejos…

 

 

Todo el reparto está espléndido, desde los secundarios al trío protagonista, donde hay que destacar a un Joe Pesci sideral, tan entrañable como terrorífico, tan tierno como aterrador. De Niro lleva el peso con solvencia y poderío y Pacino da ese contrapunto cómico en un personaje excesivo, acertando con el tono de lo que era la personalidad del sindicalista Hoffa.

Scorsese logra otra obra de enjundia, soberbia y de gran calidad, quizá algo por debajo de anteriores referentes en esta temática, pero maestra en su complementación con ellas.

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

 

 

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