GARRY MARSHALL
4/5
Apariencias
Las apariencias son otro de los temas obvios del film. Todos usan disfraces, juzgan por los atuendos o camuflan su ser en prendas…
“Es su primer ascensor”.
Vivian sufrirá el prejuicio, el rechazo y el desdén de la mayoría de los personajes del film por su apariencia. Comenzará el propio Edward, cuando crea que se está drogando al ocultar su hilo dental… Su aspecto y profesión, además de su actitud, le llevan a un juicio apresurado.




Barney, el director del hotel, pasará por lo mismo, al verla deambulando por la entrada.
¡Qué decir de las dependientas de la lujosa tienda a la que acude Vivian para comprar un vestido de noche! Una de las escenas más recordadas del film, al ritmo del “Pretty Woman” de Roy Orbison, aunque da lástima que la venganza de Vivian, ya con un atuendo “adecuado” según los cánones de esas dependientas, sea tan breve y sosa, sepa a tan poco…
La influencia de Edward hacia Vivian es eminentemente exterior. La cambiará estéticamente de arriba a abajo.

Vivian se camufla en múltiples fachadas. Su descaro es un método de defensa, sus torticeras fachadas en forma de mentiras para sacar unos dólares más también (falsa tarifa de 100 dólares la hora), por ejemplo a Edward al ver su cochazo… Esa pose, esa peluca rubia y demás elementos decorativos que ella cree seductores…
Su interés por el dinero parece más otro mecanismo de defensa que una realidad. Lo necesita, pero su aparente obsesión parece impostada, porque tiene un mal disimulado romanticismo que prioriza sobre todo.

Barney Thompson (Hector Elizondo), el director del hotel, realista y comprensivo, creará una mascarada para hacer asumible la presencia de Vivian en su lujoso hotel, considerándola la sobrina de Edward… Esto deja momentos entrañables, pero también diálogos divertidos…
–Vivian: Bridget, en realidad no es mi tío.
–Bridget (Elinor Donahue): Nunca lo son, querida.
…
–Barney Thompson: Tengo un recado para usted.
–Edward: ¿De quién?
–Barney: De su sobrina, señor.
–Edward: ¿De mi qué?
–Barney: De la señorita que se aloja con usted en la suit.
–Edward: Creo que los dos sabemos que no es mi sobrina.
–Barney: Desde luego, señor.
–Edward: Yo estoy seguro, porque soy hijo único.


Epítome de este juego de apariencias y mascaradas es la escena de la reunión social de todos esos millonarios en un partido de polo. La pura hipocresía donde Vivian verá levantada su propia mascarada, escenario perfecto, tras la confesión de Edward a su repelente abogado, Philip (Jason Alexander). Recibirá una cruel humillación que la devolverá por unos instantes a la realidad.
En sus sucesivos encuentros sexuales, su relación irá cambiando y las fachadas cayendo. Observen lo que ocurre tras el primero: Edward se dará una reparadora ducha y al salir verá el verdadero pelo de Vivian, que se mantenía oculto bajo su peluca. Él se depura y ella comienza a despojarse de artificios. El siguiente plano es externo, donde vemos la limpieza de calles en la fachada del hotel, una nueva depuración y eliminación de las primeras barreras. Es el inicio de la relación…







–Vivian: Pelirroja.
–Edward: Mucho mejor.
Ambos irán despojándose de elementos en los que se cobijaban y enmascaraban. Y mientras lo hacen, sus confidencias y sentimientos aumentan.
El segundo encuentro, tras la conflictiva cena de negocios, nos presenta a un Edward apesadumbrado, que ve tambalearse ese mundo sin escrúpulos en el que parecía a gusto. El sexo será redentor en un piano. Al día siguiente irán de compras… Y tendrán confidencias en la bañera…


Después del enfado tras la fiesta en el club de polo, volverán a tener sexo. En la cama, se dedicarán confidencias y expondrán sus inseguridades…
Antes del último encuentro sexual, Vivian, finalmente, tirará por tierra otra de sus reglas: no besar en la boca… Edward se quitará los zapatos hasta quedar descalzo por el parque junto a Vivian, muestra de la influencia de ella sobre él. Se tomará un día libre, dando prioridad a lo personal sobre lo profesional.
“Todo… menos besar en la boca”.
Él, finalmente, se quitará de encima a su abogado, último reducto del antiguo Edward…



Cuento de hadas
Siempre se ha comentado que “Pretty Woman” es un cuento de hadas moderno, y lo cierto es que hay continuas referencias a ello, así como una trama idealizada que nos lleva a referentes clásicos.
Vivian es un Cenicienta de dura vida. De la esclavizada muchacha del cuento pasamos a una prostituta que encontrará por azar un príncipe que la convertirá en cisne y a su calabaza en carroza. Veneno para el feminismo de moda…
“Yo me imaginaba que era una princesa encerrada en una torre por una reina malvada”.
Edward es ese príncipe rescatador que irá a la torre…

Vivian vive un breve sueño condenado al desvanecimiento, como el encantamiento en los cuentos, ese mismo en Cenicienta que se diluía al cumplirse la medianoche.
“Pero ahora estoy aquí”. “¡Es la leche!”. “Putanieves y el Príncipe”.
En esta comparación con los cuentos, con “Cenicienta” especialmente, podría sostener que el personaje de Barney, el director del hotel, así como el simpático botones o Bridget en la tienda de ropa, actúan como los ratoncitos que ayudan a la princesa Disney…
–Edward: Nunca te he tratado como a una prostituta.
–Vivian: Ahora sí.
…
–Vivian: Quiero el cuento de hadas.
–Edward: Relaciones imposibles. Mi especialidad son las relaciones imposibles.




Aunque dulcificado con bromas, el momento del pago tras la declaración amorosa es un instante tremendamente duro, una bofetada disimulada de realidad.
–Edward: Y, dime, ¿qué ocurrió cuando él subió a la torre y la rescató?
–Vivian: Que ella le rescató a él.
“Sigan soñando. Esto es Hollywood. Siempre es hora de soñar, así que sigan soñando…”.




Curiosidades
Es un clásico noventero y de la comedia romántica, por eso no puede faltar una buena colección de curiosidades y anécdotas.
–Para el papel de Vivian Ward se barajaron los nombres de Brooke Shields, Daryl Hannah, Diane Lane, Jennifer Connely, Jodie Foster, Karen Allen, Kim Basinger, Kristin Davis, Meg Ryan, Michelle Pfeiffer, Molly Ringwald, Sandra Bullock, Sarah Jessica Parker, Uma Thurman, Valeria Golino… Ninguna quería hacer el papel de prostituta… Drew Barrymore y Winona Ryder sí mostraron interés, pero las rechazaron por ser muy jóvenes.
–Para el de Edward Lewis optaron John Travolta, Al Pacino (desechó el papel tras un primer ensayo con la Roberts), Albert Brooks, Burt Reynolds, Bruce Campbell, Christopher Lambert, Daniel Day-Lewis, Dennis Quaid, Denzel Washington, Christopher Reeves, Harrison Ford… ¡Hasta Sylvester Stallone!

–El director de la película, Gary Marshall, es el vagabundo que le muestra a Richard Gere «la casa» de Stallone, en un cameo.
–Se pensó en llamarla “3000 $”, el precio que paga Gere para que Roberts pase la semana con él.
–Hubo varias reescrituras previas al guión definitivo. De hecho, la idea era hacer un drama social de estilo indie bastante desolador… Lo de no besarse en la boca no estaba; el final cambiaba, con los dos saliendo del hotel a la vez, Vivian regresando a Beverly Hills y Edward a New York con su pareja; Vivian era una yonqui enganchada al crack que sufría el mono durante toda la película; incluso hay versiones donde moría de sobredosis…

–Julia Roberts necesitó algunas dobles para las escenas íntimas con más curvas al considerarse que estaba demasiado delgada. De hecho, el cuerpo del cartel es de Shelley Michelle. Claro que en el cartel Gere sale con el pelo castaño y en la película es canoso…
–El coche que sale en la película es un Lotus Esprit SE de 1989 porque los de Porsche y Ferrari se negaron a prestar su marca a una película sobre prostitución.
–Cuando Julia Roberts se ríe antes de hacerle sexo oral a Gere mientras mira a Lucille Ball, es porque el director le estaba haciendo cosquillas en las plantas de los pies con una pluma para lograr el efecto.
–La opinión de los dos protagonistas sobre la película es regulera tirando a mala. Julia Roberts: “Es una historia terrible sobre dos personas horribles. Una historia espeluznante y fea”. Richard Gere: “Es una estúpida comedia romántica”.
–El collar que Gere le presta a Vivian era caro de narices en la realidad, tanto que llevaba escolta propia para que no se extraviara…



–Hay una famosa broma sobre el rodaje que también concierne a Julia Roberts. Es en la escena de la bañera donde ella canta con los ojos cerrados. Se ve que estaba en su salsa, tanto que cuando abrió los ojos no había nadie allí con ella, todo el equipo, absolutamente todo, se marchó dejándola sola para su sorpresa.
–Para esa escena usaron detergente, demasiado detergente, que terminó deteriorando el pelirrojo de Roberts, que debió teñírselo de nuevo.
–Se pretendía que la escena de la ópera fuera en la Ópera de San Francisco, pero un terremoto obligó a cerrar el recinto, por lo que se construyó un decorado. En las escenas de Rodeo Drive hubo que esperar al domingo para intentar molestar lo menos posible a los comercios de la zona.



“Pretty Woman” se convirtió en un clásico que sigue funcionando por derecho propio. Es una comedia romántica muy bien construida, donde todos sus elementos de guión y puesta en escena van dirigidos al desarrollo impecable de historia y personajes, más allá de lo que la historia y los personajes parezcan a cada uno. No le hace falta, siquiera, una lucida dirección, que saca partido a unos actores en estado de gracia y con una química incuestionable, desde los principales a los secundarios.
Lee aquí la 1ª Parte del análisis.
Lee aquí la 2ª Parte del análisis.
4/5




