GARRY MARSHALL
4/5
Él. Lo Material
Es el personaje central del film, sobre él inciden los aspectos que permitirán el cambio, para lo que será indispensable Vivian.
Se nos presenta a Edward Lewis solitario, aislado, en lo alto de la casa en la que está, de la que luego bajará, con un punto deshumanizado. Impoluto en un traje carísimo. Frialdad. Es nuestro príncipe. El millonario.
Cuando haya recorrido el proceso de madurez, lo veremos haciendo lo contrario, el camino inverso, desde abajo, en una zona poco lujosa, subiendo a por la chica, dando prioridad a lo humano.


Es especialmente interesante el personaje de Richard Gere. Es un tipo que está colonizado por el dinero y lo que esto supone, lo que se consigue con él, la jerarquía social que proporciona. Parece estar en un punto de inflexión en su vida tras la reciente muerte de su padre, con quien tenía una relación conflictiva, que le costó reconocer… Su madre, en cambio, era profesora de música (de ahí que lo veamos tocando el piano, como elemento nostálgico, emocional), que es la parte emotiva y romántica del personaje… Cuando haga las paces con la parte paterna en su interior, dejará florecer la sensible y materna, que mantiene casi en la clandestinidad (esa escena en el salón tocando casi en secreto).

“Me costó 10000 dólares de tratamiento decir esta frase: Yo estaba furioso contra él”.
Un personaje oscuro, con una gran fachada, un personaje realmente interesante que esconde mucho más de lo que parece. Un tipo capaz de no mostrar escrúpulo alguno en su vertiente profesional. Puede llegar a ser cruel en su orgullo, aunque es capaz de rectificar. A la vez resulta encantador y seductor, si bien tiene dificultades para expresar sus sentimientos, algo que también corregirá su relación con Vivian.
“No dejaré que los sentimientos me influyan en los negocios”.


Es introvertido, ambicioso, prepotente, elegante y muy educado, irónico, agradable. Es complaciente y firme en sus decisiones, absolutamente práctico y cerebral. Y romántico.
–Vivian: ¿Es que lo planeas todo?
–Edward: Siempre.
Es profundamente ambicioso y despiadado en los negocios, que usa como una soterrada e íntima guerra hacia su padre. De hecho, su ambición es una absurda huida hacia delante sin un objetivo claro, una huida que frenará Vivian.
Sabe perfectamente que el dinero maneja el mundo y, a menudo, las relaciones, por lo que actúa en consecuencia, como comprobamos en sus negocios o cuando acude con Vivian a comprar… Es por esa perspectiva por la que no funcionan sus relaciones personales, hasta que conoce a una prostituta…
“Vamos a gastar aquí una cantidad indecente de dinero y necesitamos mucha más gente haciéndonos la pelota, porque eso es lo que nos gusta”. “Quiero que nos hagan más la pelota”.
Es un personaje vano, vacuo, que no aporta nada a nadie en su actividad, no crea ni hace nada más que transformar dinero para su beneficio…
“No construimos nada, Phil, ni fabricamos nada”.

Richard Gere hace una estupenda encarnación. Esa mirada siempre serena y segura resulta seductora y encantadora. Transmite, precisamente, esa seguridad y esa jerarquía que posee su personaje. Con leves matices en la mirada mostrará lo que bulle en su interior.
Su personaje, Edward Lewis, tiene puntos en común con los héroes hawksianos, claves en las comedias románticas clásicas. A Edward se le ve incómodo en el trato social, del mismo modo que es tremendamente seguro, casi despiadado, en el profesional. Como en Hawks, será la mujer la que rompa esa burbuja.
Es obvio que en su camino de madurez el personaje de Julia Roberts es indispensable, pero el principal personaje y tema del film es el de Gere y el dinero. Roberts es la humanidad que debe romper la helada estructura “capitalista” en la que se cobija Gere.


Ella. Lo emocional
La presentación de Vivian Ward es opuesta. Desde la carnalidad, la sensualidad, en un profundo contraste. Bragas, sujetador, maquillaje, muchos ex, poco dinero para el alquiler y un look profundamente hortera… y, finalmente, su ojo y ella… También la veremos descendiendo… por donde subirá Edward al final.
Vivian es simpática, ocurrente, espontánea, dice lo que se le pasa por la cabeza. Es descarada, vulgar, maleducada incluso, pero lista, vivaz y sagaz. Improvisadora y emocional. También es mentirosa, jugando a menudo con las apariencias… Y romántica.
“Por poco me meo de gusto en las bragas”. “Soy, más bien, una especie de improvisadora nata según el instinto de cada momento. Así soy yo. Sí, señor”.





Ella es profundamente auténtica, genuina, no finge, sus reacciones son viscerales y sinceras. Idealista y soñadora, ve posible un cuento de hadas en el que sería una afortunada protagonista, algo bueno en una vida dura… Por eso le apasionan las películas antiguas y se fascina con “Charada” (Stanley Donen, 1963) o “Lucille Ball”. Aunque sensible y confiada, sabe mantener su dignidad y perdonar…
Es alguien que desde el mismo inicio muestra ciertas aspiraciones, que en ese momento no le son posibles acometer, pero que retomará al final del film.
Vivian no es nada egoísta. Tiene cierto complejo de clase y los golpes de la vida la han hecho desconfiada, pero no lo es en esencia. No hace falta mucho para que ella se entregue, porque necesita hacerlo.
“La gente te rebaja tanto que acabas creyéndoles”. “Lo malo siempre es mucho más fácil de creer”.
“Conozco un montón de todo”.



Así lo demuestra durante todo el film con quien va conociendo y le muestra algo de simpatía, de comprensión o de cariño. El primero Edward, por supuesto, pero luego con Barney o con la propia Bridget, la mujer que la ayuda con el vestido de cocktail…
“Bridget, en realidad no es mi tío”. “No quería interrumpirle, pero Bridget es genial y quería darle las gracias. Los dos son guays”.


Es realmente atrevida e intrépida, demuestra una gran capacidad de adaptación, incluso aunque sepa que va a meter la pata. Ejemplos de esto los tenemos continuamente, desde su visita a la ópera pasando por la cena de negocios de Edward o la reunión social en el partido de polo…
Es una psicóloga consumada. Cala a la gente de inmediato, pero sobre todo sabe qué cara dar en cada momento, especialmente con Edward. Fijaos cómo desvía sus preocupaciones siempre con una broma o una anécdota cuando el muchacho se pone intensito: Ejemplo, el baño junto a Edward hablando de su padre, al que distraerá hablando de sus enormes piernas.

“¿Te he dicho que mi pierna mide 110 centímetros de la cadera al pie? Así que digamos que estás cubierto por 220 centímetros de tratamiento que rodean tu cuerpo por el módico precio de 3000 dólares”.



Música
Roy Orbison aparece con el tema que da título al film, momento de énfasis “capitalista”, ya que hablamos de la completa depuración exterior, superficial, del personaje de ella, así como de la exposición del dominio que de ese mundo tiene él. Rúbrica a su trabajo de Pigmalión.
Roxette y su “It Must Have Been Love” decora el momento de separación aparentemente definitivo, un eco que define los verdaderos sentimientos de esa pareja destinada a reencontrase.
En la banda sonora aparecen temas de Red Hot Chili Peppers, David Bowie, Robert Palmer, Prince, Kenny G o Peter Cetera en composición de David Foster… Además, en la escena de Richard Gere tocando el piano, hay que decir que lo hace el propio actor y es su propia composición. Destacar también los acertados temas originales de James Newton Howard.






Más allá de las famosas canciones, que aparecen oportunamente, me resulta sorprendente, llamativo y muy interesante un aspecto en las escenas eróticas del film. No por la elección, ni tan siquiera porque sea algo pionero, sino por la evolución de esa elección, que dota a esos encuentros de distintos sentidos que además afianzan y explican el desarrollo de la pareja y sus sentimientos.
Es el uso de la música, o su ausencia, en las escenas eróticas, de amor, en sus polvos, vamos. Llama la atención la ausencia de música en los dos primeros encuentros. Hace de ellos algo sugerente, sensual, pero también algo descarnado.


En el primero, con Lucille Ball de fondo, ella quitará el volumen y se resolverá de forma escueta. Puro sexo.
El segundo es más interesante aún. Es en el salón de música. Él toca el piano y pide a los trabajadores allí presentes que los dejen solos. Un piano catártico. Él ha quedado tocado por la cena de negocios, por lo que más que un desahogo sexual sin más, está necesitado de comprensión. Un encuentro sensual, sin música, pero con las notas discordantes del piano tocadas por la pasión del momento, con los pies de ella sobre las teclas mientras evita el beso en la boca… Ya no es puro sexo exactamente, empiezan a surgir dudas, sentimientos, pero no afianzados
Es decir, se produce una sutil evolución. De la plena ausencia de música a un lugar musical donde la música se desvanece, salvo en deslavazadas teclas pulsadas al azar, sin música extradiegética.





Un tercer encuentro es enteramente elíptico, los vemos ya en la cama haciéndose confidencias.
En el cuarto todo cambia. La escena es más alargada y la acompaña la música orquestal extradiegética. Aquí ya hay un beso en la boca y un “te quiero”. Los sentimientos se han desbocado, ha surgido el amor.
“Pretty Woman” es una comedia realmente bien construida, puro guión, en la que la dirección, meramente convencional, procura no estorbar con un estilo sencillo, clásico e invisible.









Una dirección funcional, pero que sabe bien lo que hace. Pongo un ejemplo. La disputa entre Vivian y Edward tras la reunión social en el partido de polo. Ese conflicto se marca perfectamente en la puesta en escena con las distancias (también las alturas en un momento concreto, dando jerarquía moral a la Roberts sobre Gere) y las entradas y salidas de plano, quedando uno sólo de los personajes sucesivamente en cuadro.
Tenemos algún enlace visual interesante, como esa partida de ajedrez ante dos velas, que se enlazan con las Torres Gemelas y Philip jugando al billar… Lo personal imponiéndose a lo profesional.
O los pies descalzos de ambos en sitios distintos, enfatizando el vínculo.


















En cambio, su convencionalismo funcional y casi modesto, se aprecia en el reiterado uso de los mismos planos de situación, por ejemplo en las oficinas de Edward…
El guión funciona a la perfección, con muchos detalles brillantes dentro de la fórmula clásica, y manida, utilizada, como he ido exponiendo. Aún así tiene dos momentos clave y problemáticos para hacer avanzar la historia con verosimilitud.




El primero de ellos es cuando se tiene que crear el vínculo con ese primer encuentro. Es factible que pregunte a una prostituta para orientarse, que pregunte a quien sea. Quizá está más al límite que ella se monte en el coche para acompañarlo, aunque es posible que esté acostumbrada a intentar esas tácticas.
Otro momento clave tiene también lugar durante este inicio. Hacer creíble el inicio de esa relación. Una vez llegan a su destino, se nos ha tenido que convencer de que ellos dos han congeniado en el breve viaje como para que Edward renuncie a lo que sería lógico y a toda convención aparente y decida subirla a su apartamento en el hotel. Es él el que decide… ¿Ha habido magia en el paseo en coche?



Ese momento de duda, esa mirada a la solitaria muchacha… Finalmente, es lógico pensar que sí ha ocurrido, porque aunque Julia Roberts vista vulgar, está encantadora… y además estamos en un cuento de hadas, no lo olvidemos. Lo hace creíble también que es un punto de inflexión en la vida de Edward, que actúa por primera vez siguiendo un impulso, no un plan.
“¿Sabes una cosa? Ha sido el destino, Edward. Seguro que sí”.
La gran pregunta, que respondimos más arriba, es: ¿Por qué decide meterla en el hotel?
Una vez nos introducimos en el apartamento del ático de Edward, es fácil hacer evolucionar la relación. De hecho, es una parte que, personalmente, me gusta bastante. Tiene un evidente aroma teatral para la paulatina seducción, con ambos personajes acomodándose y relajándose, siendo más naturales.
Lee aquí la 1ª Parte del análisis.
Lee aquí la Última Parte del análisis.
4/5




