JOKER (2019) -Última Parte-

JOKER (2019) -Última Parte-

TODD PHILLIPS

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Realidad o invención

Uno de los alicientes de “Joker” es saber qué es real y qué sucede en la mente de Arthur. Esta idea, que sostenía la buscada ambigüedad de la película, iba a darme momentos de gloria con mis amigos presumiendo de ciertos aspectos a la salida de su visionado, a los que iba a hacer una sencilla pregunta: ¿Es real todo lo que ve y le pasa a Arthur? Lastimosamente, la película no confía lo suficiente en el espectador y desvela de manera redundante, subrayando absurdamente, uno de sus momentos de ensoñación para dejarlo lo más marcado posible. Pero eso deja abierta otra cuestión: si han desvelado esa ensoñación, ¿implica que ya no hay más? De haber más y no resolverlas explícitamente, ¿qué sentido tiene resolver de esa manera la de la vecina únicamente?

No es raro que surja esta idea por la sencilla razón de que toda la película está rodada de forma subjetiva, muy estrictamente, siempre desde el punto de vista de Arthur. No hay una sola escena que no sea así, que no lo tenga a él como núcleo central, presente, sobre el que orbita todo lo demás. Aspecto que remite mucho al cine de Roman Polanski en sus inicios.

Esto ha llevado a distintas interpretaciones que, incluso, han tocado la idea de que todo lo visto sucede exclusivamente en la mente de Arthur. Es una idea válida. A esta idea han ayudado ciertos aspectos curiosos, además de detalles de guión. Uno de los más reseñables son los relojes.

Los relojes que se ven en la cinta siempre marcan las 11:11. En la terapia con la doctora, en una de las primeras escenas, puede verse uno, y en el inserto donde vemos a Arthur en el manicomio, significativo, en esa misma secuencia, puede verse otro… como si estuviera en dos sitios distintos al mismo tiempo (ese inserto, golpeando la puerta con la cabeza, tiene su eco cuando hace lo propio con la cabina telefónica al conocer su despido, lo que quizá podría ser causa de un encierro). Ambos están colocados en el mismo sitio para que se aprecien con claridad. Otro lo tenemos en el momento del despido y, para que lo apreciemos, Arthur lo golpeará repetidas veces.

 

 

 

 

Estas idealizaciones o situaciones imaginadas, son evasiones de su mente para sentir esa aceptación que anhela. Todos los comentarios positivos o halagadores, serán inventados y, generalmente, como respuesta a otros negativos o desalentadores. Por ejemplo, su madre le dirá: «¿Para ser cómico no hay que ser gracioso?«. Su respuesta evasiva será con su vecina visitándole imaginariamente para decirle: “¡Qué gracioso eres, Arthur!

Dicen que no soy lo bastante gracioso. ¿No es de risa?

 

 

Una primera ensoñación explícita la tendremos con el programa de Murray Franklin (Robert De Niro). Programa que parece una de sus pocas evasiones. Idolatra al presentador, quiere ser como él. El momento cumbre se retrata con idealizados travellings circulares.

En esta escena ilusoria, se desarrollan y exponen ciertos complejos de Arthur. Allí, en el programa, recibe la visualización que anhela (le regocija el aplauso), verá cómo su ídolo lo defiende de la risa social y adquiere su aceptación, expía cierto complejo por su labor cuidando a su madre, reivindicándose y haciéndose comprender, ante el apoyo y beneplácito de Murray. Su mente pondrá en boca de su ídolo justo lo que quiere oír.

Lo cambiaría todo por un hijo como tú”.

Las más obvia es la que tiene con su vecina. Ella le da todo lo que anhela en lo personal, que además supondría una normalización e integración social. Una ensoñación reconfortante donde se reivindica poniendo en boca de ella lo que necesita de nuevo, como hizo con Murray antes, elogiando su humor, ese que no parece tener (aunque la broma que le gasta en su casa a la imaginada chica no es mala).

Fingirá o creerá tener con ella una relación. Pasará una noche con ella, comenzarán a salir, ella irá a ver el espectáculo de monólogos en el que actúa, pondrá en boca de ella cosas que desea oír (que es gracioso, que el que mató a los tipos del metro es un héroe), velará a su madre junto a él… en su cabeza. Pero esto resulta obvio, por eso sobra el subrayado confirmándolo, como si la película desconfiara repentinamente de sí misma, traicionando ese espíritu ambiguo que se supone la gobierna o pretende gobernarla…

Que les den. Para mí, el que lo ha hecho es un héroe. Tres capullos menos en Gotham… sólo queda otro millón”.

Se pondrá bien”. A través de ella expresa deseos ocultos.

 

 

Esta escena donde él aparece en su piso para besarla será en un paréntesis formado por espejos. Entraremos en la ensoñación en el espejo del baño donde baila y se deleita en el triple asesinato que acaba de cometer, y finalizará en otro en el que se mira en su trabajo.

 

 

 

Otra escena de evasión en su actuación como monologuista. Una actuación donde volverá a tener uno de sus incontrolables ataques de risa, que resulta bastante desastrosa por deslavazada y extraña, particular desde luego, donde hay algún grito apremiándole y ninguna risa… pero que con la entrada de la música se convierte en una especie de éxito lleno de ficticios vítores… y se enlaza con su vecina, nuevamente, que habría ido a verlo, reírlo y apoyarlo allí… en su cabeza. Una vecina que lo acompañará en ese éxito y que usará para reafirmarse tanto allí como en su asesinato a través de sus comentarios (y la careta que porta un tipo pasando en un taxi, que podría ser el de De Niro, que simbolizaría la admiración social provocada).

 

 

La entrada de la música, concretamente de las canciones de la banda sonora, corresponde, muchas veces, a momentos idealizados. Todas las idealizaciones, o ficciones creadas por su mente, le sirven para reafirmarse.

Una música que será discordante, chirriante, distorsionada, cuando Arthur esté en soledad o tenga una crisis impulsiva (esos momentos a solas en su casa, escribiendo, por ejemplo). Avisa de estados de ánimo o los define.

Hay enlaces visuales que sugerirían esa tendencia a la evasión, realidades falsas o creadas por su mente. Un ejemplo. Cuando discute con Thomas Wayne en el baño, se apoyará sobre un lavabo, desolado por la revelación de aquel… En un enlace visual, el plano siguiente nos muestra a Arthur en la misma posición, pero en su casa desierta, como si hubiera estado allí todo el tiempo, como si en realidad todo aquello, con esa extraña y fácil entrada en el edificio, donde se celebraba una gala benéfica, hubiera sido producto de su perturbada cabeza…

 

 

De hecho, en ese momento suena el teléfono, es la policía, que comenta que fueron a su piso y él no estaba… Puede que saliera, o puede que no quisiera abrir, como no quiere coger el teléfono…

A medida que cae en el abismo, sus mecanismos de defensa más trabajan evadiéndole, más feliz es o pretende serlo (una cita, una relación, baila solo o con su madre, se envalentona, actúa…), una evasión necesaria ante una realidad que se esmera, pesadamente, en hacerse presente (la carta de su madre a Wayne, el abandono social, médico, laboral, la realidad sobre su madre…), a tal ritmo que no tendrá más remedio que dejarse caer.

Otro aspecto curioso es la vinculación de la madre con Murray. El ídolo de Arthur siempre aparece cuando la madre está viendo la televisión o esta está encendida con su presencia. Primero cuando llega para darle la cena, en su cama, lo que lleva a Arthur a una ensoñación en el mismo programa. Después, en otra noche, antes de llevarla a la cama, bailando con ella y diciéndole que ha tenido una cita (con su vecina), que en realidad es una ensoñación. Por último, tenemos otra en el hospital, con la madre dormida, donde Arthur ve como Murray pone un video con su actuación, en una escena donde volvíamos a tener la presencia de la vecina, que no es real.

 

 

Si tenemos en cuenta que Murray es la idealización, el anhelo, el icono, la evasión irreal, su evolución en las apariciones tiene su sentido. Al principio es un ungüento, un bálsamo para Arthur que pone en su voz lo que desea escuchar para aliviar su atormentada alma. Luego, en la segunda, ya no le habla, pero mantiene ese carácter idealizado… justo antes de descubrir la mentira que todo lo cambiará (las cartas de su madre). En la tercera, la idealización se rompe, vuelve a soñar con él, su figura vuelve a representar una reafirmación… hasta que entiende que son puras burlas, humillaciones y desprecios… Por ello, finalmente, tiene lógica que mate a ese “padre” idealizado. Es como la asunción de su realidad, su despertar, mata la ensoñación, sus ficciones mentales, para asumir su identidad.

 

 

Los medicamentos que toma le sumen en un estado aletargado para escapar de su infierno psicológico con esas evasiones que en realidad no le sacian o consuelan. Le engañan. Idealizaciones hacia su madre, hacia su ídolo, hacia su vecina…

Estoy bien. He dejado la medicación y me siento mucho mejor”.

El hecho es que, teniendo en cuenta ciertos antecedentes, no es del todo extraño interpretar ciertas escenas como posibles recreaciones mentales. Por ejemplo que ese clímax populista sea inventado, una ensoñación donde la ambulancia simplemente lo llevaría al psiquiátrico donde lo vemos en la última escena, en vez de convertir ese viaje en una glorificación surrealista de su persona, elevada a los altares y venerada por el tumulto en un entorno caótico, como siempre soñó… Eso sí, en ese momento ya no estaría tomando la medicación…

Incluso es factible interpretar la película como un delirio mental del protagonista, donde nos sumergiríamos en su psique deteriorada que trata de formar justificaciones y excusas a su situación… O quizá no todo esté en su cabeza, pero la repercusión de lo que imagina no sea del todo real ni esté focalizada dónde y cómo cree…

 

 

En cualquier caso, Todd Phillips se ha comprometido a desvelar el concepto y sentido último del film, lo que pensaron realmente para la película una vez cale la ambigüedad calculada y buscada de la misma. Sólo queda esperar, por tanto, para saber si hay algo de cierto en esto, como parece.

Hay ciertos elementos de guión algo forzados o extraños, que en su ambigüedad o falta de coherencia suscitarían la sospecha de que podrían ser imaginados o manipulados por la mente del propio Arthur. Y esos aspectos extraños suponen impulsos en su evolución además.

Uno de ellos es la forma en la que llega el revólver a su vida. Ese compañero que se lo regala sin mucha explicación, un compañero que no es, precisamente, el más agradable o simpático teniendo ese gesto altruista con él, sin más, una vez ha sido apaleado por los chavales en el callejón.

Es un primer paso en su evolución. Con la pistola adquiere cierta sensación de poder, cierto atrevimiento del que parecía carecer antes. Finge e imita una escena donde se mostraría violento, envalentonado frente a un cualquiera al que imagina disparar, pero lo más significativo es que apunta al sofá donde suele estar sentada su madre. ¿Es un impulso, una muestra de deseo o pulsión oculta?

 

 

Todo lo concerniente a Thomas Wayne resulta extraño en la película. Parece un personaje diseñado por la mente de Arthur para convencerse de que es negativo, sobre todo porque hay elementos contradictorios en su trama.

Mientras ese tipo de gente no cambie… los que hemos llegado a algo en la vida consideraremos a los que no han llegado a nada… unos payasos”. ¿Postulados nietzscheanos quizá?

Es una frase absurda, simplista, ridícula, referida a una mayoría de la que pretende el voto. Cuesta creer que un tipo que es recibido y percibido como la solución a los males de una ciudad que él no ha provocado, diga semejantes cosas si pretende salir elegido. No encaja, no tiene sentido… Es contradictorio que se presente a Wayne como la gran solución a los males de la ciudad, como alguien competente y al que se aprecia… despreciando a su masa de votantes potencial, defendiendo a su empresa y sus trabajadores en oposición a estos… ¿Diez mil votos? ¿Le desean o le odian?

Se plantea además, desde los medios de comunicación, casi siempre perniciosos ideológicamente, como un crimen de clase, cuando nada tuvo que ver con eso… Desfavorecidos contra ricos… Unos medios, aunque no informativos, que tendrán su réplica y su alimento con el asesinato en vivo que comete Arthur. El circo mediático sublimado.

Es como si hablara a Arthur directamente, de hecho, así se lo toma él al referirse al asesino enmascarado de payaso del metro, obviamente (la mención a la cobardía parece herirle especialmente), pero con un discurso que parece filtrado por el deseo del propio Arthur en vez de por la lógica, para justificarse y reivindicarse.

Otro aspecto falto de elaboración, es la manera en la que Arthur entra en la gala benéfica para encontrarse con Thomas Wayne. ¿Truco de guión algo burdo, uso del mismo para generar ambigüedad, elemento imaginado?

 

 

Todo el tema de Wayne está vinculado u originado por la madre, obsesionada con su figura, mandándole cartas continuamente pidiéndole ayuda. Una mujer que trabajó años atrás para él y que por ello considera que hay una deuda o un vínculo. Sus palabras son buenas hacia él, pero en su historia incluye elementos personales donde Arthur sería fruto de una relación entre ella y Wayne… lo que Wayne y los informes médicos desmienten. Una mujer que padecería trastornos mentales también, que se confirmarían con el estado en el que encontraron al propio Arthur siendo un niño pequeño… Todo ese pasado de Arthur y su madre, que parece la hitchcockiana de “Marnie, la ladrona” (Alfred Hitchcock, 1964), resulta algo excesivo buscando la tormenta perfecta en el personaje, dickensiano al máximo en ese retrato. Dickens dopado…

Cierto es que Wayne tendría quizá acceso a esa información para manipularla visto su poder, cosa que Arthur no, pero también lo es que hay hechos difíciles de cuestionar, que ni siquiera Penny refuta, como cuando explican el estado en el que encontraron a Arthur en su casa…

El infarto de la madre también tiene su elemento ambiguo. La última vez que la vemos antes del mismo es en su enfrentamiento con Arthur al enterarse éste del contenido de sus cartas hacia Thomas Wayne (separados por una puerta que marca la definitiva distancia entre madre e hijo). Ella quedará agitada y nerviosa, mientras él va a casa de los Wayne. Podría pensarse, no sería extraño, que ese infarto procede de esa agitación y trifulca con su hijo, pero posteriormente se nos dice que la mujer recibió una visita de la policía que la interrogó y que, posiblemente, fuera la causa del ataque debido a la tensión que le provocaron las preguntas. Una interesante ambigüedad.

Me va a dar un infarto”. Lo verbaliza ante las recriminaciones de Arthur.

 

 

Es más, Arthur hace mención a su propia existencia, llega a verbalizar que dudaba de la misma, pero tras matar parece darse cuenta de que existe, de que puede llamar la atención. En esa escena, en el hospital con su madre, cuando habla con los policías en el exterior, intentará entrar de nuevo en el edificio, pero la puerta con sensor no se abrirá, como si no lo detectara, como si no existiera… La explicación es que sólo hay sensor interior, pero es un momento extraño y curioso que acrecienta toda esta idea.

 

 

 

Figura paterna

Arthur busca desesperadamente una figura paterna. Es decir, como cualquiera de nosotros, busca lo que no tiene y le hace falta. Dos hombres serán candidatos a ello, pero serán crueles decepciones. Murray Franklin y Thomas Wayne.

Con el primero ensoñará situaciones idílicas, donde ese presentador lo comprende y acepta tal cual es, lo valora hasta el punto de declarar que es el hijo que todo el mundo querría. Pone en boca de su ídolo lo que ansía escuchar.

Lo cambiaría todo por tener un hijo como tú”.

 

 

Luego llegará la realidad.

Con el segundo tendrá la esperanza de encontrar a un verdadero padre según el relato de su madre.

Luego volverá a llegar la realidad.

El encuentro de Arthur con Thomas Wayne es interesante. Allí, el padre del que será Batman, desmitificará la figura que Arthur tenía creada de su madre, desmintiendo todas las afirmaciones que ella le había asegurado.

No quiero que se sienta incómodo. No sé por qué todos son tan groseros ni por qué lo es usted. No quiero nada de usted. Puede que un poco de afecto…”.

Las declaraciones televisivas le afectan también en lo personal, al identificarle como un bufón. Le delata su risa irónica y su nervioso movimiento de piernas…

La búsqueda de ese encuentro, responde a su necesidad de afecto, de encontrar esa figura paterna que nunca había tenido. La verdad que le revela Wayne es un mazazo insoportable… porque no encuentra un padre, sino que pierde a una madre…

¿Crees que los hombres como Thomas Wayne se han puesto alguna vez en el lugar de alguien como yo o en el lugar de alguien que no sean ellos mismos? ¡No!

Cuando coincida en persona con Murray Franklin, ya no siente esa idealización, se ha convertido en un anarquista caótico que no cree en absolutamente nada porque todo le ha fallado.

Su decepción con él será en la televisión, cuando vea sus burlas, desprecios y humillaciones públicas hacia él en su programa. Humillado por su ídolo, aquella persona de referencia y deseada figura paterna.

Van a ver a un tío que cree que por reírse ya resulta gracioso. Vean a este payaso”. “Deberías haberle hecho caso a tu madre”. “Me encanta este tío”.

Hay cinismo en esos medios que interpretan a su antojo, que divierten despreciando… O al menos es como Arthur lo ve. Desde luego, hay cinismo en el hecho de que Murray invite, ante el supuesto éxito de su video, a esa persona a la que humilló. Eso sí, no recordará haberlo hecho cuando Arthur lo menciona.

Es curioso ese paralelismo entre Arthur y Murray, las imitaciones del primero al segundo, su admiración, que el segundo acabe viendo el trabajo del primero para reírse de él… y que ambos tengan un gran ego. Ese gigantesco rostro de Murray en el camerino de Arthur, es muy Joker con esa sonrisa…

Alegra esa cara”.

 

 

La madre, de alguna manera, está vinculada con los dos personajes, Thomas Wayne y Murray Franklin. Con Wayne es obvio, esas cartas pidiéndole ayuda y hablándole de su supuesto hijo conjunto, que no sería otro que Arthur (hijo de Thomas, hermano de Bruce). Con Murray tenemos el vínculo en que siempre aparece en la televisión cuando la ve junto a Arthur, hasta en tres ocasiones, dos en casa y una en el hospital.

 

 

Ambas figuras paternas lo llamarán payaso, que será su fetiche, su acto de reivindicación, personalidad y rebeldía. De hecho, el entorno de Wayne lo califica varias veces de payaso, por ejemplo cuando Arthur se encuentra con el pequeño Bruce Wayne, donde aparece Alfred (Douglas Hodge), el mítico mayordomo de los Wayne, que recalcará la locura de su madre, confirmada por Thomas y documentos posteriores, llamándolo payaso también. Allí Phillips juega de nuevo con la ambigüedad cuando pone en boca de Alfred “es su hijo”, refiriéndose al hijo de Penny, pero que también podría entenderse en el contexto como el hijo de Thomas

Márchate, antes de quedar como un payaso”.

 

 

 

Es un leit motiv. Le llaman payaso en tono despreciativo, algo que él adora, ser payaso, ejercer de tal… Le cae mal ese desprecio, por lo que su acto de rebeldía será convertirse en uno para siempre con sus propias reglas, las opuestas. Ya saben, es el reverso.

Joker”, como aquí queda desarrollado, es una notable película, a la que no se cuestiona su calidad, pero a la que se pone en su justa dimensión frente a ciertas grandilocuencias que poco o nada tienen que ver con la realidad y que pueden despistar a los menos puestos en esto de la cultura cinematográfica, quizá porque los que expanden dichas aseveraciones están poco puestos en esto de la cultura cinematográfica.

Sólo queda disfrutar de este estupendo título y la magnífica encarnación de Joaquin Phoenix, capaz de la absoluta vulnerabilidad y de un completo desquiciamiento, de aparecer tierno y frágil como totalmente perturbado e inquietante en la misma secuencia, uno de sus rasgos diferenciales.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la 3ª Parte del análisis.

 

sambo

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