JOKER (2019) -Parte 2/4-

JOKER (2019) -Parte 2/4-

TODD PHILLIPS

 

 

 

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Pieza fuera de sitio. El reverso.

Arthur Fleck es, como he dicho, una pieza que no encaja en un orden establecido. Un hombre enfermo, con un trastorno mental, que lucha por encajar, pero el molde lo expulsa constantemente, haciendo inútiles sus esfuerzos, a menudo patéticos, por integrarse, por simular ser uno más. Ese proceso psicológico a través del continuo rechazo, le llevará inexorablemente a asumir su condición, su propia individualidad, sin medicaciones ni elementos que la atenúen, hasta convertirse en ese reverso oscuro de la sociedad, del propio Batman. Esto se plasma visualmente de inicio en la primera secuencia, con Arthur ante el espejo de su lugar de trabajo.

“… que la gente espera que te comportes como si NO la tuvieras” (refiriéndose a la enfermedad mental).

Arthur se está maquillando con una caracterización habitual de payaso, tiene una pose triste mientras oímos en una radio los problemas con la basura que hay en la ciudad. Intentará forzar una sonrisa en su boca con los dedos, entre llantos. Quisiera ser feliz y alegre en ese entorno…

 

 

Y es que, al contrario que con el resto de gente, el maquillaje de Arthur muestra su yo real, no una identidad bajo la que ocultarse. La identidad en la que se oculta es Arthur Fleck, ese chico medicado para controlar la bestia que puja dentro. Él es el reverso.

Bien, el plano inicial es general, lejano a Arthur sentado en su mesa. Un travelling irá acercándose desde un lado a su espalda… y en un momento, si observan bien, se formará la imagen del mítico héroe o superhéroe en el reflejo del espejo, con las sombras oscuras y las lámparas del techo. Ahí tenemos al héroe y a su reverso todavía no asumido. Lo que vamos a ver es cómo se forja.

No imagino que mi muerte me traiga más dolores que mi vida”. “Puede darse en personas con desordenes mentales o enfermedades neurológicas”.

Yo sólo tengo pensamientos negativos, pero usted no me escucha”.

 

 

Batman, cuando aún no lo es ni de lejos, Bruce Wayne de niño, tendrá una interesante y breve aparición. Eco de la anterior secuencia mencionada, la inicial, donde ante un espejo se aprecia la que sería máscara del héroe, mientras Arthur intenta forzar su sonrisa con los dedos. Es el mismo gesto que le hará a Bruce, que se aparece solitario y tristón, al que él fuerza una sonrisa subiéndole los labios…

Y es que no deja de ser curioso. Batman, el héroe, viste de negro luto, enmascarado, mientras que el villano, Joker, va de cara, maquillado de payaso, un referente infantil… Reversos.

 

 

Lo que hará sentirse mejor a Arthur, otro ejemplo de su naturaleza opuesta, de reverso, es que manifestará que se siente mal con la medicación. Pedirá que se la suban, incluso… para asumir que sin ella es como se siente bien.

Dice que vine al mundo para traer alegría y sonrisas”.

Unos chicos lo rechazan, le roban un cartel y lo apalean. Unos hombres hacen lo mismo en el metro, cuando comience a reírse sin control. No parece tener amigos, más allá de algún compañero de trabajo, ni tiene pareja. Recibirá el rechazo de Thomas Wayne y de Murray Franklyn. Será despedido. Descubrirá la mentira de su madre y quedará abandonado por los servicios sociales… Sus chistes no hacen gracia y sus risas no encajan…

Muchos se han preguntado cuándo Arthur se convierte en Joker, buscando un momento concreto, cuando en realidad este no existe, es un proceso paulatino. El último paso es el descubrimiento de las mentiras de su madre, su verdadero origen, sus problemas, el trato que recibió de niño. Es el punto de no retorno, pero al que se llega por la acumulación de todo lo anterior.

 

 

Allí ya no la llamará “mamá”, sino Penny Fleck, marcando la distancia una vez tomada la decisión de lo que va a hacer. Una madre que lo llama “Happy”, lo que es otra ironía… “Carnaval” es su nombre artístico…

Antes creía que mi vida era una tragedia, pero ahora veo que es una puta comedia”.

Esta frase de arriba verbaliza toda la tesis, ese tipo que no encaja, que debe darse la vuelta, asumir que es un reverso en el que cuando los demás suben él baja y viceversa…

Matará a su madre en off. Enterarse de la mentira de la madre lo dota de seguridad (sumado a la asunción de sus falsas ilusiones con su vecina y todas las desgracias mencionadas), se comienza a manejar con más tranquilidad y decisión (aspectos que se insinúan en muchos momentos, bien es cierto, con Wayne, su médico, el administrativo del psiquiátrico donde encerraron a su madre, los policías… donde vemos salir ese Arthur). Tras un proceso de asimilación, Arthur renace como Joker.

 

 

Arthur termina convirtiéndose en aquello que los Wayne, y otros, desprecian. Ese rayo de luz que baña su cara atravesando la ventana tras asesinar a su madre, es el símbolo de la completa liberación y transformación.

Yo nunca lo he oído llorar. Siempre ha sido un niño tan feliz…”. En esta frase de la madre radica la confusión de Arthur, identificando con felicidad lo que él sentía un dolor horrendo. Reía cuando quería llorar…

No he sido feliz ni un solo minuto en mi puta vida”.

 

 

 

Allí, en el caos, él gobierna, por eso le es fácil ocultarse de los policías, por eso, una vez convertido en uno más, son los policías los que reciben el rechazo. Uno más, lo que nunca fue, aunque lo intentó… Una sociedad en caos es donde él tiene cabida.

Este proceso queda simbolizado con un gran plano. Cuando deja la máscara de payaso en la basura, está abandonando esa máscara social que se había impuesto, la de la fingida normalidad, para asumir su verdadera identidad como agente anárquico y caótico.

No tengo nada que perder. Ya nada puede hacerme daño. Mi vida no es más que una comedia”.

En directo asume, por fin, su condición de reverso. Sabe que no encaja, le hace gracia lo que a los demás no y viceversa, se ríe a destiempo, hace cosas que le parecen bien o divertidas que el resto desprecia, rechaza o condena etc., pero ahora, en vez de intentar fingir o disimular, se rebela… Allí soltará un chiste negro, sin gracia, que recibe críticas, pero ya no le avergüenza, como no le avergonzará confesar su triple asesinato. No encaja, pero ya le da lo mismo.

Maté a esos tíos porque eran horribles. Todo el mundo es horrible hoy día, suficiente para que todos nos volvamos locos”.

Vosotros, el sistema que tanto sabe, decidís qué está bien y qué no, del mismo modo que decidís qué tiene gracia y qué no”.

Murray: ¿Crees que matar a esos jóvenes tiene gracia?

Joker: Sí. Y estoy harto de fingir que no la tiene.

Murray, sólo una cosita. Cuando salga, ¿puedes presentarme como Joker?

 

 

El final del viaje, su definitiva transformación o, más bien, consolidación, se enfatiza y subraya con otro plano simbólico. Ese accidente de tráfico donde una ambulancia choca con el coche policial donde va. Lo sacan de allí como en un alumbramiento, despojado ya de toda máscara social anterior, convertido y afianzado en Joker, la identidad que había asumido plenamente ya. Es un nacimiento, y un bautismo de sangre, sellado con lo que siempre quiso, llamar la atención, que le vieran y veneraran, además reinando el caos, pintando una sonrisa en su boca con su propia sangre, definiendo el esperpento de su ser.

Y es que Arthur, de alguna manera, se las ingenia para llamar la atención de diversas maneras, con sus asesinatos disfrazado de payaso o con sus monólogos extraños que terminan saliendo por televisión…

Arthur acaba entendiendo que para que lo vean no debe imitar, camuflarse o intentar ser uno de ellos, sino todo lo contrario. Distinguirse.

 

 

  • Risa

La risa es el símbolo perfecto para definir a Arthur Fleck/Joker. Esa risa que se refleja eterna en su rostro maquillado y que aquí además es real utilizando inteligentemente un trastorno y enfermedad existente para justificarlo. Arthur Fleck padece Epilepsia Gelástica, un trastorno o enfermedad neurológica que tiene su raíz en el hipotálamo, los lóbulos frontales o los temporales, lo que provoca, entre otras cosas, esas risas involuntarias e incontrolables que padece el protagonista. Una malformación del sistema nervioso central llamada “hamartoma hipotalámico”, que provoca además desordenes de otros tipos, ya sean cambios drásticos de ánimo o conducta, arranques de ira o depresivos… Es decir, un problema físico, orgánico. Más allá de ese pasado dickensiano y durísimo que lo acentúa todo… Sería un psicópata epileptoide, explosivo e impulsivo. Tiene capacidad de decisión, pero decide no contener sus impulsos violentos, que le surgen, prefiere no hacerlo.

Esta risa es simbólica porque visualiza su desconexión de su entorno, su no integración. Sus risas aparecen a destiempo, en situaciones no habituales o expresando sentimientos que no se corresponden al modelo normalizado. No se ríe cuando algo le hace gracia o parece divertido como asume la sociedad, sino cuando está nervioso, tenso, siente miedo o frustración… Su risa es, en realidad, un llanto, de hecho así la ejecuta en numerosas ocasiones magistralmente Joaquin Phenix, riendo en lo que parece un llanto enmascarado que puja infructuosamente por salir.

La comedia es subjetiva”.

Arthur: Sólo quería hacerle reír.

Alfred: Pues no tiene ninguna gracia.

Ojo, la risa no siempre es incontrolada o involuntaria, que es donde se han centrado las miradas. Las hay fingidas y reales.

¿Sabes cuántas veces me has dicho que lo de mi risa era un trastorno, que me pasaba algo? No me pasa nada. Yo soy así”.

–El primer ejemplo lo tenemos en la terapia al inicio del film, su primer diálogo, antes del mismo, riendo largamente antes de poder emitir palabra… Risa incontenible que es como un llanto.

Con el niño en el autobús tendremos otro episodio de risa incontrolada, cuando la madre del pequeño le abronca injustamente, malinterpretando sus intenciones (como no), reacción que tampoco encaja con sus verdaderos sentimientos, que son de frustración, bochorno, agobio, injusticia, nerviosismo…

Otra risa involuntaria, angustiosa y fuera de lugar, producto de la tensión, el miedo, la inquietud y la frustración, la tenemos en el metro en el encuentro con los tres trabajadores de Inversiones Wayne que se meten con la chica. Otra risa que no encaja con el momento, risa sufrida, un llanto…

 

 

En su actuación en vivo, en un monólogo, tendrá otro ataque de risa incontrolable producto del miedo, los nervios, la tensión…

Al encarar a Thomas Wayne sufrirá otro ataque de risa irreprimible e involuntaria provocada por el rechazo, la tensión y su frustración. Eso sí, el golpe recibido cae por su propio peso en la discusión.

 

 

Cuando descubra la verdad sobre su madre, tendrá un nuevo ataque de risa incontrolada que parece un llanto. Los documentos le revelarán que fue adoptado, que abusaron físicamente de él, que su madre permitió abusos contra él de sus parejas, que vivió de niño en un entorno deplorable, un apartamento sucio, que fue encontrado atado a un radiador, desnutrido, lleno de hematomas por el cuerpo y traumatismos en la cabeza (el cuerpo escuálido, con cierta deformidad ocasional, puede ser producto de aquello)… Es una risa en llanto provocada por el profundo dolor. Este es el episodio que lo cambia definitivamente, el último paso.

Pasará una noche asimilando las revelaciones acerca de su madre. Un llanto incontenible en forma de risa obsesiva. Sufrida, agónica. Imposible no sentir empatía por Arthur.

 

 

–La última carcajada la vemos en la última escena. Según el director, esta es la única risa real de Arthur, aunque esto debe aclararse. Se refiere a esas carcajadas incontenibles, ya que veremos que hay otro tipo de risas también sinceras, incluso en la intimidad. Esta risa sería de las incontenibles, pero no provocada por un sentimiento distinto al humor, sino por algo que le resulta verdaderamente gracioso, aunque, como reverso oscuro que es, será algo que al resto no le haría la menor gracia.

El inserto sobre el pequeño Bruce Wayne de pie junto a sus padres muertos, parece el principal motivo de su hilaridad… En un callejón, allí donde recibió su primera paliza.

Doctora: ¿Qué tiene tanta gracia?

Joker: Un chiste.

Doctora: ¿Quiere contármelo?

Joker: No lo pillaría.

 

 

–Una de las risas más interesantes y que definen a la perfección el carácter mencionado de Arthur, de pieza que lucha por encajar y no lo logra, es la risa fingida. Aparece en varias ocasiones y su uso es muy interesante.

El primer ejemplo lo tenemos en el lugar de trabajo, ante el chiste que Randall (Glenn Fleshler), el grandullón, hace sobre el enano, Gary (Leigh Hill). Simula, imita, para sentirse aceptado, integrado, pero una vez salga de su vista, su rostro tornará serio de inmediato. Repetirá esta risa en su propia casa ante otro desplante de Randall a Gary, poco antes de su salvaje rapto de violencia.

Es muy complicado estar feliz todo el tiempo”.

 

 

Y en el programa de Murray, cuando el presentador hace una broma, soltará una estridente y falsa risa…

El otro ejemplo es muy interesante. Es la estridente risa forzada, fingida y a destiempo en el espectáculo de monólogos, que no encaja con la del resto. Una patética imitación donde nunca le vemos reír normal o acompasado con el resto, intentando camuflarse con el ambiente, tomando notas sobre lo que hace reír al resto…

 

 

 

Arthur recibirá la bronca laboral, por perder un cartel que le destrozaron en la cara antes de apalearle, con una sonrisa. De nuevo un gesto que no encaja con el momento… Sacará su rabia poco después, en otro callejón, entre basura…

 

 

–Hay risas irónicas, como cuando escucha a Thomas Wayne hablar del asesino del metro, de su cobardía y envidia… Irónica, pero sincera.

No tiene gracia”.

 

 

–Risas entusiastas o eufóricas, como cuando ve su presencia en el programa de Murray Frankyn… Eso sí, observen el tremendo rostro y gesto, que se congela en su cara, de Phoenix cuando escucha las burlas de su ídolo, cuando dice que no lo encuentra gracioso, cuando lo humilla en público y lo usa como gag. Es escalofriante, magistral. También ríe satisfecho brevemente cuando acceden a que aparezca maquillado de payaso en el programa de Murray.

 

 

Risas reales, como cuando ve los destrozos y el caos en la ciudad tras su asesinato en directo. Goza con ese caos, su hábitat natural. Lo encuentra divertido. Su risa es satisfecha y, como de costumbre, fuera de lugar.

Deja de reírte, payaso. No tiene gracia”.

¿No es precioso?

También parece sincera y positiva su risa al ver el fragmento de “Tiempos Modernos” (Charles Chaplin, 1936), con Chaplin patinando cuando acude a la ceremonia benéfica a encontrarse con Thomas Wayne.

 

 

  • Niños

Curiosamente, hay un elemento que parece congeniar bien con Arthur. Son los niños, o ampliando conceptos, los seres inocentes o vulnerables, como él parece en principio. Todas las escenas de Arthur con niños son amables, sólo rotas o mal interpretadas cuando surge la presencia adulta.

En el autobús tenemos un primer ejemplo. Arthur bromea con un pequeño, que recibe sus gestos con una risa divertida, para acto seguido, y de manera un tanto extraña, recibir la reprimenda de su madre, sin venir a cuento…

En el hospital infantil vemos a Arthur ejecutando su número, muy bien aceptado por los niños de nuevo, pero el “pequeño problema” del arma que se le escapa creará un conflicto. A los niños les da igual, incluso bromean, pero los adultos, obviamente, lo denunciarán.

 

 

El remate final de esta idea será ante el propio Bruce Wayne, al que seduce con unas bromas y trucos de magia antes de intentar colocarle su sonrisa subiéndole los labios. Es el ejemplo definitivo de la buena relación y sintonía que tiene con los pequeños.

El último ejemplo, este ya no referido a los niños, lo tenemos con su compañero Gary, el enano, al cual trata con amabilidad y cierto cariño, que es lo que recibió de él a su vez…

 

 

 

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sambo

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