‘FUN HOME’ O SALIR LUMINOSAMENTE DEL ARMARIO

‘FUN HOME’ O SALIR LUMINOSAMENTE DEL ARMARIO

TEATRO

 

 

 

 

 

 

 

“A todos los padres y madres, especialmente a los que han partido antes de tiempo, porque lo han hecho tan bien como supieron…”

 

Fun Home es un montaje que venía, además de las privilegiadas referencias personales que teníamos, avalado por los Tony (cinco, que se dice pronto) de Broadway y por grandes críticas que pudimos leer deprisa en el programa, mientras oíamos al fondo el timbre indicador del tiempo restante antes de apagar las luces en la sala y empezar la función.

 

 

 

Quiero decir con esto que podía haber sabido qué me esperaba; pero, mirad, me pilló por sorpresa. No porque la actitud fuera arrogante en plan “sí, bueno, vale, ya, será muy bonita y estará muy bien y tal…”, porque esperábamos un buen musical, claro; lo que no esperábamos es que llegara de una forma tan directa, brillante, veloz, emotiva, potente al mismo centro del sentimiento.

No acostumbramos a levantarnos de las butacas y ovacionar (un poco por pudor, pero poco, y otro poco por exigentes). Y esta lo consiguió.

A veces, la catarsis que provoca el teatro, que explota en forma de lágrimas de emoción, es de las mejores experiencias que se pueden tener.

 

 

 

 

 

 

Conocimos, por intermediación de mi ‘partner in theatre’, Pilu Gussinyè (de hecho, en parte por su artístico hijo Oriol, que va para actorazo y que estudia con ellos en Aules Arts Esceniques), a algunos de los actores que la interpretaban, con quienes pudimos hablar al final de la representación (quien dice hablar, dice balbucear, que aún estábamos con un nudo en la garganta), cuando les pedimos con admiración escondida en sonrisas nerviosas que nos firmaran autógrafos en el programa.

Por cierto, si la ‘tele’ engorda, el teatro aumenta. Los actores, en especial aquellos que conocen su oficio, como es el caso, crecen en escena. Les ves grandes. Cuestiones de altura. No de estatura. Ni de edad.

 

 

Fun Home es altamente recomendable. Con un elenco rotatorio en algunos personajes (se ha creado una escuela Fun Home para jóvenes talentos liderada por el mismo director artístico de Onyric, en el Teatre Condal, el proyecto artístico centrado en los musicales, director de Aules y de este musical, Daniel Anglès, un actor encantador), todo funciona, fluye y llega, de manera certera, al mismo centro del sentimiento.

 

Una historia real. De novela gráfica a musical

Lo primero que hay que contar es que Fun Home cuenta una historia real. No es una invención sino una dramatización de una experiencia personal. Lo segundo, que pese a tratarse de una historia no exenta de aristas (la infancia, la relación con los padres, el descubrimiento y consecuencias de la identidad sexual, homosexual y lésbica, el suicidio) se trata de una manera delicada, luminosa y no desde el resentimiento o la amargura. A veces llevar a la luz experiencias con naturalidad y sentido del humor son la mejor de las reivindicaciones y la manera más sabia de encontrar la resiliencia necesaria para entender la propia historia y no dejar que ésta nos lastre.

 

 

De hecho, “Fun Home, una familia tragicómica”, es una novela gráfica dibujada por Alison Bechdel, (Lock Haven, Pensilvania, EEUU), una historietista estadounidense de 58 años.​ Su obra fue finalista del Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro y elegida uno de los mejores libros del año 2006 por las revistas Time, Entertainment Weekly, The New York Times, People, USA Today, Los Angeles Times, The Village Voice y San Francisco Chronicle.​

 

 

‘Fun Home’ se convirtió a musical en 2013 y triunfó en 2015 con los Tony. Sobre eso, en el cuidado libreto que se puede adquirir en la representación de la obra (junto con elementos promocionales como camisetas o bolsas), la autora nos hace un comentario donde explica que, si bien tenía claro que no quería que se convirtiera a película, para que no circulara por el mundo una mala versión de su historia más íntima, nunca pensó en el alcance que podría tener un musical y por eso dijo que sí. Del mismo modo, explica lo mucho que se reconoce en este trabajo y lo mucho que supone: “Creo que debería existir algún tipo de terapia en la que la gente contratase a dramaturgos y compositores para que hicieran un musical sobre las miserias de sus infancias. Me pregunto si es por la forma en que chocan los dos registros. En un musical hay música y escenas. En los cómics, texto y dibujos. Funciona diferente, pero con la misma fuerza. Así que estoy muy contenta de haber dicho que sí. Han hecho algo precioso”.

 

 

 

Un musical familiar, pero no para todos los públicos

Este es un párrafo difícil de escribir; espero hacerlo de manera clara para evitar malas interpretaciones: ‘Fun Home’ es un musical en el que se habla de la familia, de las relaciones entre padres e hijos, de las experiencias vitales poco convencionales, de los descubrimientos… que está muy bien ver con la prole… pero en función de la edad de los vástagos o de su madurez.

Hay un par de cosas que no entendemos: que se identifique directa e indefectiblemente animación con público infantil, al igual que musical con público familiar. No lo decimos porque sí: la función a la que asistimos tenía como espectadores a unos padres y una nena de unos cinco añitos. La niña se aburrió, se rebullía en el asiento, preguntaba, se escandalizaba, y quizá fueran unos padres modelo con una relación avanzada y moderna con su niña, con una educación abierta, sin tabúes en ningún tema, pero no sé yo si era el caso. Y, a tenor de lo que pudimos saber mientras esperábamos para saludar a los actores, no sé yo si todos los padres que eligieron la opción antes que nosotros lo tenían claro: nos contaron de unos padres, con críos de edad pareja a la que vimos, que asistieron al estreno y se levantaron a la media hora, yéndose a protestar airadamente.

Padres: llevad a los hijos al teatro desde pequeñitos, siempre lo hemos defendido, hacedles crecer en libertad, contándoles realidades con naturalidad, pero leed las sinopsis, buscad referencias y, ante la duda, preguntad. Y ojo, que está muy bien normalizar temas que hasta ahora quedaban en la zona oscura de los secretos, que en parte de eso va la obra, pero esas cuestiones hay que abordarlas cuando los críos están preparados para recibirlas, no con calzador, por muy cool que parezca. Ni hay que eternizar los cuentos de hadas ni “colocarles” asuntos que se les pueden hacer bola y crearles mayor confusión.

 

 

 

 

Fun Home: la casa divertida… y la funeraria familiar

Es la historia de la familia Bechdel. Está compuesta por el padre, Bruce, profesor de literatura inglesa con tendencias homosexuales reprimidas, coleccionista y propietario de una funeraria familiar.

Casado con Helen, que le conoce y ha intentado salvar el equilibrio de la familia. Son padres de Alison, Christian y John, que viven en Beech Creek, Pensylvania, en los 70.

 

 

Fun Home es la abreviatura de ‘funeral home’ y a la vez significa ‘casa divertida’ en un gracioso juego de palabras que se inventan los niños.

En ella se presentan tres edades de Allison: la niña, la joven estudiante y la adulta, que es quien recuerda y está presente en todas las escenas que representan esos recuerdos, haciendo comentarios muy divertidos, sarcásticos, melancólicos, mientras va dibujando el libro de recuerdos que es su novela gráfica, que se plasma en el escenario, desde su esquina, su estudio, porque la obra se desarrolla a partir de ellos: su infancia, cómo jugaba con sus hermanos entre ataúdes (se inventan un divertidísimo “jingle” para vender la funeraria familiar, la “Fun Home”, con bailecito incluido).

 

 

Se explica la relación con un padre coleccionista en una casa muy particular, los sustos al tener que entrar a la sala de preparación de los cadáveres, el recuerdo de su primera atracción por una mujer (una deliciosa escena, toda expresividad, en la que su yo infantil canta y se queda sin palabras, porque aún no las conoce “y entonces la vi, y yo…”), su vivencia de la condena de su padre por corrupción a un menor donde lo que pesaba era su ausencia, no la razón. Su juventud en la universidad, con la constatación de su orientación lesbiana, las conversaciones con su padre (llamadas y cartas, para hablar de literatura), sus primeros escarceos románticos (las escenas luminosas y divertidas de su ‘primera vez’ con su amiga Joan: “yo me gradúo en Joan, y paso el trimestre encerrada follando con Joan”, canta una pletórica Alison), la última visita a su familia, una vez les ha contado su orientación sexual, asumida con naturalidad, en la que conoce la condición homosexual reprimida y escondida de su padre, con quien no puede conectar a pesar de todo, a quien quisiera poder ayudar a liberarse de ese peso…

Pero conocemos también la dureza de esa vida de ocultación y vanas esperanzas de una madre conocedora de la realidad de su marido, pero atada por la necesidad de atender a la familia (una intensidad dramática altísima ese amargo “anys y anys” (años y años) de la escena del solo de Helen).

Y desde luego conocemos la vida de mentiras y autoengaño de Bruce. Un hombre de un carácter algo inestable: coleccionista, amante de la literatura, brillante, pero con un peso que lastra su vida: Su homosexualidad oculta. Sus ligues con los jovencitos, los “ayudantes-canguros” que se trae a casa, su imposibilidad de ser feliz, hasta el punto de suicidarse saltando ante un camión, cuatro meses después de esa última visita de Alison (una escena muy bien resuelta con dos faros tremendos que dejan el corazón en un puño).

Lesbianismo gay, entender a los padres

La historia no es fácil. Tiene todos los ingredientes para poder haber sido un dramón tremendo o una combativa oda a la liberación sexual, en este mundo en el que los homosexuales se empoderan cada vez más (que no está mal), hasta llegar a los paroxismos de las modas oportunistas (y eso sí está mal). Y en cambio, asistimos a una vivencia gay llena de luz y vitalidad. Ese Gay de “alegría” (además del “gay” de homosexualidad).

Es cierto que la obra emociona, uno sale con la lágrima en los ojos, vale, pero con la sonrisa en la cara.

Es una visión de los padres desde los ojos adultos, más comprensivos. Una mirada redentora, cálida, no exenta de amor.

La frase con la que abrimos la reseña (impresa en el programa) queda iluminada en las paredes del teatro, terminada la función, como un homenaje respetuoso, enternecedor.

Un montaje espléndido

Nos encantó la puesta en escena.

Un escenario abigarrado, en el que destaca un ataúd en el que jugarán los niños, con mil elementos en la pared del fondo que forman la casa y dan fe del afán coleccionista de Bruce, pero que adquieren movilidad independiente en determinados momentos de la obra para construir escenas específicas, como la habitación de la universidad, la casa a la que se mudan tras la condena paterna, el automóvil en que padre e hija viajan por última vez y no se pueden comunicar, el estudio de Alison adulta, en el que construye la novela gráfica que vemos representarse… esos faros del camión que terminará con la vida de Bruce.

 

 

La iluminación destacará elementos importantes: el teléfono para las llamadas padre-hija; seguirá a los actores en sus solos; dotará de una luz brillante a las escenas alegres, como el “jingle” de los hermanos; la espléndida escena central en la que todos los actores interpretan una pieza coral (ese alegre y optimista “paràigua d’amor” aplaudidísimo); pero más cálida para escenas intimistas, como la confesión de la madre acerca de la verdadera naturaleza de Bruce, o el solo de Bruce, que termina con su suicidio.

 

 

Los actores están fantásticos.

Los niños, con una soltura y un saber estar en escena impresionante, y los adultos tienen una solvencia y un peso escénico tal que hace (como hemos dicho al principio) que crezcan en el escenario ante nuestros ojos (¡literalmente! porque nos sorprendió a posteriori al saludarles ya como “humanos” de a pie, que fueran más bien chiquitillos) y que nos tengan atrapados en la historia con una ejecución impecable.

Los músicos en un lateral del escenario, perfectos. Se agradece ese esfuerzo por no “enlatar” las piezas, y que toda la obra se desarrolle en directo, con esa intensidad efímera pero tan palpable y que tanto nos gusta del teatro. Todo es verdad, todo se crea para nosotros en ese momento. De forma única.

 

 

La obra se está representando aún. De hecho, estará en cartel hasta el 4 de noviembre. Y merece llenos en todas las funciones. De veras.

… así que acudid a la sala a verla. Hacednos caso. Cuando salgáis ya os uniréis a nuestra “cruzada” para hablar de ella y recomendarla de corazón a todo el que se cruce en vuestro camino… no podrá ser de otra forma….

 

FICHA TÉCNICA

Sala: Teatre Condal Barcelona, Barcelona; primera función 20 de septiembre de 2018. En cartel hasta el 4 de noviembre.

Género: Musical

Autor: basado en la novela gráfica de Alison Bechdel (adaptación de Daniel Anglès y Marc Gómez) libreto y letras de Lisa Kron, música original de Jeanine Tesori.

Director: Daniel Anglès

Intérpretes: Mariona Castillo (Alison Bechdel adulta), Daniel Anglès (Bruce Bechdel), Pilar Capellades (Helen Bechdel), Clara Solé (Alison Bechdel joven), Júlia Jové (Joan), Marc Andurell (Roy, Mark, Pete, Bobby Jeremy), Lara Kate Albertos, Noa Flores, Mariona Lleonart (Alison niña), Ferràn Alegre, Aleix Colomer, Daniel Pérez (Christian Bechdel), Miquel Camps, Jan Gavilán, Stel.la Tarradellas (John Bechdel)

Escenografía y Vestuario: Raquel Ibort, Marc Salicru y Marc Udina

Coreografía: Óscar Reyes

Iluminación: Xavi Costas

Sonido: Jordi Ballbé

Músicos: Miquel Tejada, Gustavo Llull (piano y teclados), Betel M. Dauda, Berenguer Aina (batería y percusión); Adri Mena (guitarras), Jon Unanua, Ignacio Sabadell (contrabajo y bajo electrónico), Laura Masferrer (violoncelo), Àuria Iglesias (viola), Albert Abad (clarinetes, cuerno inglés, saxos y flauta)

Producción: No Day But Today-Javier Pérez-Tenessa, ONYRIC.

 

 

MenudaReina

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