CHIHUAHUA

CHIHUAHUA

RELATO

 

 

 

Transformarse en hombre lobo en ocasionales noches de luna llena, tiene glamur, verdadero estilo, hay que reconocerlo. Hay magia, un toque gótico, fiero, salvaje, aterrador, varonil incluso, del que podría terminar sacando pecho… pero convertirte en chihuahua cada vez que ves un rayo de luna, llena o a medio hacer, acaba con la dignidad de cualquiera, no jorobemos…

Soy más bien delgado y escuálido, imponer no impongo mucho, quizá por ello mi conversión ha resultado tan traumática y decepcionante. Uno nunca piensa en un chihuahua si ha de transformarse en algo, y eso que yo tengo mucha imaginación.

Es triste, muy triste, porque fue lo primero que pensé al darme cuenta de lo ocurrido. ¿Se puede saber qué coño soy? Ese fue mi primer pensamiento al ver que no levantaba apenas un palmo del suelo. Todo ocurrió de pronto y sin previo aviso. Sin explicación alguna.

Me costó Dios y ayuda independizarme, ciertamente tampoco tenía muchas ganas, pero finalmente las cosas se alinearon para que lo hiciera. Una nueva ciudad, un trabajo prometedor, nadie conocido… A mis cuarenta y cinco años era toda una experiencia para la que había estado preparándome largo tiempo. El problema fue que a la semana de estar aquí, una noche cualquiera de cielo claro, me vi oliendo árboles y esquinas como el que se deleita con su manjar favorito.

De estar en mi ciudad, cerca de mis padres, sabría donde ir, podría intentar explicarlo, pero esto no es algo como para ir pregonándolo por ahí y aquel no era el mejor momento para regresar, precisamente. Sería bastante patético que teniendo un contrato laboral, que habiendo meditado la independencia largo tiempo y haber mostrado una firmeza a prueba de bombas, regresara a la semana con el rabo entre las piernas.

Quizá no sea una buena metáfora, pero es lo que hay.

Además era un verdadero engorro, porque resulta que yo tengo turno de noche en la oficina, por lo que llegó un punto en el que parecía un fantasma de sábana intentando protegerme de la luz de la luna, porque con que un rayo rozara cualquier parte de mi piel, estaba condenado… Y es que no lo veo venir, puedo pensar que estoy plenamente protegido cuando, sin compasión alguna, ¡zas!

Un auténtico fastidio, porque en la conversión me encuentro rodeado y sumergido en mi propia ropa, con todo lo que ello supone, ya que llevo las llaves, la documentación, el móvil, dinero… Intento ponerlo a resguardo, pero en muchas ocasiones es algo inútil. Acceder a los bolsillos una misión imposible… Una precaución lógica, porque conservo pensamientos racionales, si bien compartidos con irrefrenables impulsos caninos…

Lo que llevaba peor era el tema de la vergüenza. Yo, que soy de los que en la playa se pellizcan compulsivamente estirando su bañador al salir del agua, allí, a la intemperie, desnudo ante todos, teniendo que hacer mis necesidades en público, sin dignidad ni decencia alguna, sin un poco de papel con el que limpiarme, dejando que me olisqueen en zonas que jamás deberían ser olisqueadas… Y lo que es peor, con el indómito e impetuoso deseo de olisquear esas mismas zonas de mis compañeros…

Lo sé, tremendamente indecoroso y bizarro, pero quiero que entendáis mi sufrimiento. El caso es que todo esto hizo de mí un perrillo taciturno y solitario, que se escondía por los rincones y procuraba mantenerse alejado de cualquier contacto social, si bien esto fue cambiando con la necesidad y con el tiempo, que tiene la facultad de exterminar vergüenzas. Así que lo fui llevando mejor.

Encontrar comida fue el mayor reto. Buscaba en la basura, iba a restaurantes a poner caritas tristonas y entrañables, dentro de lo que me permiten mis limitados gestos faciales y mi fealdad intrínseca, intentando dar pena con pequeños gemiditos como banda sonora… Es curioso lo poco que duran los escrúpulos siendo perro.

He agudizado el instinto de supervivencia, huyendo de grupitos de jovenzuelos, esquivando, sobre todo en las noches, a cualquiera con un vagar sospechoso. No me juzguen, no es cobardía, es que soy un chihuahua, no un bulldog, no tiene uno cuerpo para heroicidades…

Cada vez que me convertía en chihuahua, mi estado perruno duraba varios días. Sin un plazo fijo y sin motivo aparente, de repente, volvía a ser un hombre…

Los mejores momentos eran cuando encontraba a algún tierno y sensible samaritano que me adoptaba esos pocos días. Un perro abandonado tiene sus adeptos en esta época y, aunque sólo sea por un breve tiempo, disfrutaba mucho de mis anfitriones, sobre todo si eran mujeres jóvenes, lógicamente.

Poder estar en un hogar, recibiendo cuidados y cariños de entrañables ancianas, deportistas bondadosos o generosos jóvenes no tenía precio en mi situación. Dormir a resguardo, que se pasen la tarde acariciándote hasta amodorrarse, que te duermas en sus regazos y te mezan en sus pechos era francamente reconfortante. Como además son pocos días, no suelen enfadarse si tengo algún tipo de descontrol o incontinencia al desconocer las reglas de la casa…

No es tan agradable, en cambio, ver las caras de pánico, odio o ira en esas dadivosas gentes que me acogían afablemente, que me habían acunado, mecido y acariciado poco antes, que me metieron en sus camas a dormir con ellas, cuando apareces desnudo a la mañana siguiente con cara de desconcierto y sonrisa bobalicona… Ahí la cosa cambia y el trato también, sobre todo si hemos compartido lecho con la pareja…

Mucho estrés y tensión esto de convertirse en perro. Aguanté lo que pude, disimulé ante mi familia, pero tras el año de contrato volví a la casa de mis padres. Aquí estoy a salvo y tengo un lugar al que recurrir. Además, seguro agradecen mi compañía como hombre experimentado… y como mascota.

 

 

sambo

There are 2 comments on this post
  1. octubre 25, 2019, 1:24 pm

    Me ha gustado tu relato. Estoy haciendo un estudio sobre la pervivencia del mito de Lycaón en las redes sociales y en la literatura en red, así que incluiré el tuyo. Si tienes más relatos sobre el tema o quieres que te cite de alguna manera en particular, no tienes más que decírmelo. Un saludo.

    • sambo
      octubre 27, 2019, 10:24 pm

      Interesante proyecto, Carolina. De este tipo, con Hombre Lobo, creo que no tengo más. Algo en plan suspense o terrorífico sí 🙂

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