TYLER RAKE (2020)

TYLER RAKE (2020)

SAM HARGRAVE

 

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Correcto, convencional, tópico y entretenido mecanismo de acción que tiene su principal aliciente donde lo suelen tener las cintas de acción, en la solvencia de su realización e imaginación de sus escenas cumbre.

Comparada con sagas tan valoradas en el género como “John Wick”, poco tiene que ver más allá de algún aspecto superficial, es decir, el uso de alguna coreografía o planificación en plano secuencia donde el héroe elimina rivales o escapa de ellos. Podría tomarse ese referente como otro cualquiera, llámese “Rambo” o “Comando”. Carece de esa fascinante mitología y universo creado para Keanu Reeves, casi irreal, mundo burbuja conviviendo con el real, rico y visualmente hipnótico, además de otras muchas cosas.

Tampoco lo pretende. Son más los comentaristas o “pseudocríticos” los que llevan las cosas donde no son. Pretende entretener y, quizá, dar a la luz una nueva franquicia.

 

 

Al fin y al cabo, para que una película de acción sea competente, correcta o atractiva, debe triunfar en las escenas que definen su género, en la acción, con energía, imaginación o calidad. Esta, sin ser ninguna genialidad tampoco, se esmera en estos aspectos y cumple con creces. Por tanto, su aprobado es sencillo.

Un tipo competente que se encarga de misiones difíciles de rescate o cualquier encargo que sea necesario acometer, un mercenario de primera, traumatizado, obviamente, que tendrá que ir a Bangladesh para hacer una extracción. Un duelo entre señores de la droga que, además del obvio componente de lucha de poder, tiene en el secuestro del hijo de uno de ellos un elemento de humillación, un componente de honor…

Aunque hay un punto interesante en esa mirada a las consecuencias que provocan las actividades de los narcos en sus inocentes familiares, “Tyler Rake” es un simple y puro producto de convención y fórmula.

 

 

Tópicos o recursos de fórmula, como gusten, que van desde los aspectos de la trama y su construcción, sus pilares, a la creación del protagonista, del que se sabe muy bien cómo hacerlo carismático recurriendo a los ingredientes de siempre con un actor de renombre.

En este caso tenemos a Chris Hemsworth, una gran estrella y más que solvente actor. Él se inmiscuirá en un conflicto entre señores de la droga para “extraer” al hijo de uno de ellos, raptado por el otro. A él lo encontraremos en Kimberley, Australia.

De la India a Bangladesh, con una narración que comienza “dos días antes” en Bombay. Observad los distintos tonos con los que se describe ambos lugares, Bombay en India y Daca en Bangladesh. La pulcritud en India, con claros, azulados, tonos fríos y entornos lujosos. Contraste en Bangladesh, con tonos anaranjados, cálidos, entornos empobrecidos y sudorosos…

 

 

Como corresponde al tópico, está traumatizado por la muerte de su hijo, así que bebe mucho y se “empastilla” más, ahogando así, a duras penas, sus impulsos suicidas, entre los que está aceptar misiones de ese tipo… No es difícil, además, relacionar sus motivaciones íntimas cuando decide ir a intentar rescatar a un pobre chiquillo, vínculo obvio con ese pasado que se insinúa y atormenta.

Desastrado, con una casa sucia y destartalada en medio de la nada, solitario, taciturno, malhumorado, de pocas palabras. Os suena, ¿verdad? Su presentación es casi rutinaria, con ese radical despertar de la borrachera lanzándose por un acantilado al agua… y allí sumergido pensar en su trauma, ese hijo que le falta. Allí conoceremos a Nik (Golshifteh Farahani).

 

 

Rake, de alguna manera, termina siendo vagamente alegórico, una personificación o un defensor de la pura humanidad, ligada a la infancia. Él es el único que no tratará al chico como mercancía, como un activo, como un paquete. Alcanzará su redención final con un recurso estilístico, liberado aparentemente de su tormento, su bloqueo, cuando ese chico que aparece difuminado en su recuerdo se hace finalmente visible.

Ahí tenemos a niños lanzados por azoteas como si fueran cáscaras de pipas, niños armados y dispuestos a matar, niños ladrones, chavales a los que se amenaza con cortarles el dedo, niños apalizados, niños raptados, niños usados como mercancía, recompensa o chantaje, dinero al fin y al cabo… Ese chico y su vida serán rifados por todo el mundo, por los mercenarios, lógicamente, pero también por los enviados de su padre, que pretenden engañar a los mercenarios contratados, negando el pago y recogiendo la “mercancía” en un punto seguro cuando ya estuviera terminada la extracción, haciendo fracasar la operación… Así se planteará la disyuntiva a Rake: abandonar al chico para salvarse o protegerlo… Por supuesto, él no cederá a tal infamia ante el recuerdo de su trauma…

 

 

El chico en cuestión, “la mercancía”, Ovi (Rudhraksh Jaiswal), tiene el fundamental papel de redentor del protagonista, al que adopta como una figura paterna que parece añorar. Un chiquillo muy consciente de su “realidad”. Lo cierto es que tiene conversaciones muy forzadas con nuestro protagonista, por ejemplo esa en la que saca el tema de su hijo fallecido. Parece un semi Buda, pura sabiduría, donde a través de una parte de guión muy artificiosa, sabremos lo que le ocurrió al hijo de Rake, causa de su trauma y flagelación.

Es cierto que Rake tiene una divertida pelea contra unos niños, pero en pura defensa propia y sin hacer mucha leña del árbol caído…

 

 

Además de los tópicos con el héroe, los tenemos con la estructura, elementos y componentes de la trama, vamos, la fórmula.

Los malotes. Habrá varios. Los esbirros, manos armadas, a las órdenes del verdadero villano, que no se mancha las manos, como es habitual, salvo en ocasiones contadas y de forma pulcra, pero del que se muestra su falta de escrúpulos y sentimientos, dando órdenes a su banda para que maten niños sin pestañear. El goce con la tortura psicológica y la crueldad donde disfrutar de la realidad de su poder. Que se extiende a todas las instituciones de la ciudad: ejército, políticos, policía… Un clásico.

 

 

 

Convenciones como esos momentos de pausa necesarios para que los personajes charlen un rato, en este caso para que los conozcamos algo más y se evolucione, bastante forzadamente, en la relación de Rake con el muchacho y su amigo, que apesta a traidor.

Sí, el amigo traidor es otro tópico muy socorrido. Apesta a traidor desde que aparece, pero primero se portará bien para que nos creamos otra cosa… En casa de este amigo, Gaspar (David Harbour), tendremos ciertas angulaciones para él en la conversación donde se desvelará su traición, en un recurso estilístico que funciona como presagio.

 

 

 

También se dedican algunos momentos para humanizar a Saju con su familia en un tono fatalista que no está mal. Tyler y Saju terminarán haciendo una lógica e irremediable alianza una vez el dinero sale de la ecuación…

Hay burdos trucos de guión con gente que aparece mágicamente para complicar la vida al protagonista, como esos niños con los que se ve obligado a enfrentarse camino del punto de encuentro con su equipo. Extraña, de hecho, por qué no van al punto pactado, escondiéndose y esperando tanto… Las explicaciones que se dan convencen poco.

 

 

 

Las ínfulas líricas de la parte final, que se insinúan varias veces durante la narración con ese chico que aparece difuminado en la memoria de Rake, no aportan nada. Con todo, ese final de venganza y resurrección, 8 meses después, deja un elemento interesante. El agua como vínculo con la infancia, símbolo de pureza.

 

 

Su hijo aparece en su memoria vinculado al agua. Él se lanzará al agua desde un acantilado y, sumergido en el agua, intentará rememorar. Parecerá morir al caer al agua desde un puente. Aparecerá tras la inmersión de Ovi en la piscina, difuminado, como aparecía su hijo en su recuerdo… Si analizamos el hilo de ese recurso del difuminado y el elemento del agua, queda muy coherente como escenificación de la redención del personaje, pero también de la unión a ese muchacho al que salvó…

 

 

Centrándonos en las secuencias diferenciales y esenciales del film, las de acción, hay que decir que la película cumple, sin genialidades. En la primera secuencia se nos pretende mostrar la competencia de nuestro protagonista, con un Hemsworth que va sobrado en estas lides. Manejo de armas y cuerpo a cuerpo donde descubrimos a un auténtico brutote de golpe contundente.

La secuencia cumbre del film es el efectista y espectacular falso plano secuencia de 11 minutos y medio. Primero con una persecución en coche, saliendo y entrando del mismo, a lo “La Guerra de los Mundos” (Steven Spielberg, 2005); luego con una fase muy de videojuego shooter, matando enemigos y protegiendo al chico; luego con un duelo cuerpo a cuerpo con el otro protector del muchacho, Saju (Randeep Hooda). Tendremos dos atropellos incluidos y trucos básicos para alargar el falso plano secuencia, es decir, barridos bruscos y acercamientos que asfixian el plano para cortar.

 

 

El clímax también es potente y bueno, con acción a tres bandas y un punto neurálgico, el puente. Aceptablemente rodada, tendremos táctica con fuegos de cobertura y planes de ocultación, subjetividad de videojuego en los tiroteos, un oportuno y acertado uso de la perspectiva (ese francotirador, por ejemplo) y el plano general, así como el necesario dramatismo con la muerte del heroico Saju y las heridas al sufrido Rake…Una escena final con el punto de vista diversificado hasta llegar al clímax emotivo, obvio y previsible, con ese hijo que se había mantenido difuminado, ahora visible al fin.

 

 

 

Hay un buen uso del plano general, también del plano secuencia o largo, más allá de la mencionada escena. Por ejemplo, tenemos un plano largo al inicio, por la discoteca, en entornos lujosos, los que acostumbra el hijo de ese señor de la droga que será secuestrado. Hay muy buenos planos cenitales y generales por Bangladesh.

 

 

Chris Hemsworth es un actor que crecerá con el tiempo porque ya ha dado muestras de gran talento interpretativo. Crecerá más cuando coja poso y veteranía en su rostro, incluso puede llegar a ser notable. Está muy bien en su momento lloroso recordando a su hijo muerto, su secuencia dramática en el film.

No esperen genialidades, pero sí momentos vibrantes y buenos de acción. Además, el final siguiere franquicia si la cosa marcha bien. Confirmada por lo que sabemos. Esperaba más de la nueva colaboración de los hermanos Russo con Hemsworth tras “Los Vengadores”, pero también es cierto que aquí sólo son guionistas de una historia simple y básica.

 

 

 

sambo

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