Crítica JOHN WICK (2014)

Crítica JOHN WICK (2014)

DAVID LEITCH, CHAD STAHELSKI

 

 

 

Estupenda recomendación la que me hicieron con este estupendo y sofisticado thriller, casi desconocido para la mayoría, pero que en el boca-oreja se ha ido convirtiendo en cinta de culto.

Keanu Reeves interpreta a un talentoso asesino a sueldo retirado que tras la muerte de su redentora esposa se zambulle en una misión de venganza, que le llevará hasta las entrañas de la mafia cuando el hijo de un capo se adentre en su casa para robarle sin saber quién es.

 

 

La película comienza con una pequeña escena que escenifica o insinúa las columnas vertebrales de la historia. Un hombre herido que llega con una furgoneta y agoniza en soledad mientras ve un video en su móvil de su pareja. Es decir, ahí tenemos, como iremos descubriendo, las consecuencias de su actividad y aventura, así como la motivación de la misma. La pérdida de su mujer, que le dejó en un estado psicológico vulnerable, y que tras el robo con violencia y la muerte de su perro, al que los ladrones mataron cruelmente, animal en el que había depositado todos los sentimientos que conservaba hacia su esposa, crearon el caldo de cultivo para una cumplida venganza.

 

Y es que “John Wick” no cuenta absolutamente nada novedoso. Es la clásica historia de venganza y ajusticiamiento para compensar las pérdidas y adquirir paz de un héroe solitario contra todo y todos. Un título que se suma a otros como la saga “Venganza” protagonizada por Liam Neeson, “Tokarev” (Paco Cabezas, 2014), “El castigador (The punisher)” (Jonathan Hensleigh, 2004), “Payback” (Brian Helgeland, 1999), “El fuego de la venganza” (Tony Scott, 2004) y otras muchas películas de Denzel Washington o de Jason Statham… Esto sin mencionar las innumerables películas similares de Steven Seagal o Charles Bronson entre muchos otros…

Sofisticado estilo.

A partir de aquí la película se recrea en una notable depuración estilística, muy sobria, quizá matizada solamente en este inicio con ciertos recursos visuales en los flashes que relatan la pérdida de su mujer, su amor, la enfermedad y su muerte. Sobria depuración, pero también nervio narrativo. Un vínculo simbolizado con una pulsera de aniversario y un recuerdo enfatizado con el pitido de la máquina que la mantenía con vida.

 

 

 

 

Los directores David Leitch y Chad Stahelski logran una excepcional atmósfera donde la tensión es constante gracias a una estética muy lograda de entornos lujosos y una acertada fotografía que juega con los focos lumínicos y los tonos fríos, grises, azulados, y contrastes lumínicos de influencia expresionista definiendo formas y siluetas. Decorados casi asépticos, modernos, lujosos, que retratan a la perfección la plácida, lánguida y triste soledad de nuestro protagonista. Todo muy estilizado. Siempre el lujo. En los exteriores, la lluvia y los grises decorarán el funeral de la mujer de Wick en coherencia dramática. Habrá otro entierro, el del perro. Es una cinta bastante nocturna, que es donde más sobresale su look.

 

La fotografía con claroscuros destaca, por ejemplo, en la primera escena de acción en casa de Wick, cuando acaba con un pequeño ejército de asesinos.

 

 

 

 

Los focos lumínicos laterales, salpicados o de fondo, para retratar interiores. En el garito del club de asesinos tendremos una orgía de color, con verdes y rojos predominantes, muy expresionista. Hay algo vampírico y/o demoniaco en ese mundo/microcosmos selecto de asesinos que vemos plasmado en el hotel y el local con esos colores. Un lugar neutro en teoría. Conoceremos a otros asesinos, esa pérfida chica llamada Perkins (Adrianne Palicki), y al jefe del lugar, Winston (Ian McShane). También una amiga camarera. Un reencuentro cinco años y medio después. La discoteca donde está Iosef se llama “Círculo rojo”, que yo pensaba que no tenía nada que ver con la cinta de Melville (1970), pero que resulta que es un homenaje a la brillante película francesa.

 

 

 

 

 

 

Vulnerable”.

Lo mismo tenemos en la discoteca, con azules y puntos rojos en el vestuario y los baños, entornos fríos, asépticos, artificiales y lujosos, inhumanos. Un sofisticado look a lo “Skyfall” (, 2012) con esas saturaciones lumínicas que adornan el tiroteo y las peleas. Una magnífica escena de acción. Allí Wick recibirá una buena tunda de uno de los guardaespaldas de Iosef, al quedar nuestro protagonista herido en los tiroteos. Será el único que se le resista al bueno de Keanu Reeves en sus encuentros. El segundo encuentro dejará inconsciente a Wick, listo para ser rematado, pero lo llevarán a una nave para contarle historias. Cuando allí se decidan a matarle por fin, algo de lo que debe ocuparse este guardaespaldas, Kirill (Daniel Bernhardt), lo vencerá por fin en otra estupenda pelea.

 

 

 

 

También se juega con la iluminación en la escena donde lo malos apresan a Wick y le dan una charla. La escena tendrá un foco de luz muy marcado al fondo como iluminación.

 

Símbolos emocionales.

Esa atmósfera además se beneficia del medido tempo narrativo de la película, que se toma su tiempo para ir aumentando la tensión. Por ejemplo con ese primer encuentro con los extranjeros que desencadenarán los hechos en la gasolinera, mientras nuestro protagonista le pone gasolina a su Mustang.

 

 

 

 

Ese coche será su liberación, su adrenalítica evasión corriendo en un circuito para él solo, junto a su fiel perro. Un hombre acomodado y en apariencia desocupado, del que conoceremos todo, de donde proviene esa solvencia económica.

 

 

 

Ese pequeño mundo, esa burbuja solitaria, es la que destrozará el grupo que vimos en la gasolinera en su brutal asalto. Matarán a su perro y robarán su Mustang, pero sobre todo le quitarán lo que simbolizaban.

 

 

 

 

El perro que recibe Wick como regalo de su difunta esposa, es el contenedor de todos esos sentimientos que quedan en el limbo tras la muerte de ella, una leve compensación que su mujer le da tras irse para que focalice todos sus afectos. Por eso la muerte posterior del animal remueve todo el odio y la furia que Wick tiene en su interior. Por desgracia, esta idea, el simbolismo del perro, la verbalizará el propio Wick, lo que es uno de los defectillos del film, ya que no era necesario. Será en la escena donde Viggo tiene preso a Wick.

Fijaos en cómo se relaciona el vestuario con los perretes. Al principio vemos a Wick con camisetas claras y una cazadora marrón, tonos coincidentes con Daisy, la perrita que le regala su esposa. Es su etapa dócil y cariñosa. Al final de la película adoptará un pitbull oscuro, como su atuendo, ese traje de batalla, cuando vuelve a su actividad asesina.

Por cierto, el nombre de la perra, Daisy (Margarita), tampoco es baladí. Vemos una taza con una margarita, la pulsera de Helen (Bridget Moynahan), la mujer de Wick, también lleva margaritas, así como el sombre que viene con la jaulita del animal. Está claro el vínculo pretendido entre la perra y la mujer.

 

 

A partir del asalto a la casa de Wick, el relato cambia completamente y se esmera en ir creando un retrato mítico del protagonista, al que habíamos visto humanizado, depresivo, como un hombre normal. La narración se fragmenta para mostrarnos a padre e hijo mafiosos. Wick irá al taller donde el hijo, líder del grupo que asaltó su casa, intentó vender el coche, algo que veremos con dicha fragmentación, para acto seguido llegar al padre, que nos relatará e insinuará la dedicación de nuestro protagonista y su extrema competencia en la misma. Una magnífica forma de presentar a los personajes y antagonistas de Wick.

Iosef Tarasov (Alfie Allen): Era un puto don nadie.

Viggo Tarasov (Michael Nyqvist): Ese puto donde nadie… es John Wick.

Era a quién enviabas a matar al puto hombre del saco”. “John es un hombre con rectitud, compromiso y tenacidad. Algo sobre lo que tú no tienes ni idea”. “Una vez le vi matar a tres hombres en un bar… con un lápiz… Con un puto… lápiz…

 

 

 

El padre dará una pequeña e inservible paliza a su hijo. Un padre con camisa roja adecuada.
Tras esta presentación de tintes míticos, narrada, tendremos la escenificación física de sus habilidades en una excelente escena de acción donde Wick acaba con 13 esbirros en su propia casa. Sus tatuajes sirven para definir aún mejor al personaje. Estupendos planos coreografiados ocasionales. Los focos lumínicos de fondo vuelven a destacar en el aspecto estético. La resolución humorística de la escena funciona muy bien, con respeto policial incluido.

 

 

 

 

Delo por hecho”.

Marcus (Willem Dafoe), al que vimos en el funeral, un extraño y atractivo personaje, será un fiel aliado de Wick, aunque se jugará con la ambigüedad que da ese entorno de asesinos sin escrúpulos. Aceptará el encargo de Viggo de matarle, pero en realidad usará esa posición de privilegio para protegerle. Lo que iba a ser un duelo de asesinos se convierte en un dos contra todos… Actúa como oportuno Deus ex machina en demasiadas ocasiones.

 

 

Mundo burbuja.

He comentado que hay varios entornos selectos, entornos burbuja, ajenos a la sociedad, a lo cotidiano para el común de los mortales. El primero es la casa de Wick y su coche, con su perro, la burbuja de aislamiento donde se abriga con sus recuerdos y se libera de su sufrimiento.

 

 

 

 

El segundo es ese peculiar hotel de asesinos, un microcosmos de aparente normalidad, pero completamente ajeno a la sociedad. Lo interesante y divertido de este lugar es como se muestra y expone: un mundo de asesinos a sueldo desde la absoluta normalidad, con médicos, lavandería, huéspedes, camareros… y todos ellos aceptando con plena naturalidad lo que ocurre allí dentro, con una discreción total y absoluta.

 

 

También resulta interesante como se va recreando la vida y el pasado del personaje, sin soporíferas escenas de planteamiento y explicación, simplemente le seguimos en el momento en el que pretende recuperar su anterior actividad con naturalidad, y así se va escenificando todo, sin un aprendizaje ni la sensación de exposición forzada. Un reencuentro con viejos amigos. Habrá muchos planos frontales y de espaldas para los personajes y, por supuesto, para Wick.

 

Ahondando en esa sensación de mundos burbuja tenemos esos planos cenitales sobre la ciudad, como si una deidad observara o fuera la única con acceso a eso que se nos muestra. De hecho, la película concluirá con planos cenitales sobre los títulos de crédito.

 

 

 

A nuestro protagonista no le durarán los puntos que le colocan, ya que nada más ponérselos tendrá que pelear con Perkins, la maciza asesina, en lo que es un acto realmente desagradable porque ni eran horas ni era el momento… Buena pelea, en cualquier caso.

Simbólica y transgresora resulta la tapadera de la iglesia, donde Wick entra y lo primero que hace es disparar al cura. Muerte y dinero quemado como provocación para Viggo.

 

 

 

Es inevitable preguntarse porqué no le matan cuando han logrado reducirle y capturarle, sobre todo cuando saben que no cejará en su ansia vengativa, conociendo su competencia y el rencor que debe producir que te hayan quemado tu dinero y matado a un buen número de tus hombres… pero estos villanos, como tantos otros, son gente fría y nunca actúa por impulsos, sobre todo si eso beneficia al héroe. Nunca me han gustado estos planteamientos, ya que nunca suelen darle una justificación o coherencia.

 

 

La gente no cambia, ya lo sabes. Los tiempos cambian”.

Viggo: Saben que vas a ir.

Wick: Por supuesto, pero no importa.

 

 

 

Es divertida la broma con el videojuego en la previa al clímax, cuando Wick va a ajusticiar a Iosef, el hijo de Viggo, en el lugar donde se esconde. Él solo contra todos. Sin recrearse. Directo y conciso.

 

 

 

Una vez cumplida su venganza, Wick quedará saciado, pero deberá defenderse de otra venganza, la búsqueda de una satisfacción por la muerte de su hijo. Duelo de venganzas, la venganza como motor.

Viggo torturará y dará muerte al amigo de Wick, Marcus, en otra escena fragmentada, como primer consuelo previo a su enfrentamiento. Una muerte digna la de Marcus, al morir como él quiere, no como pretendían.

 

Ese clímax, brillante estéticamente, bajo la lluvia con una tormenta que se venía avisando, resulta algo extraño por las dificultades que encuentra Wick en acabar con Viggo, interpretado por Michael Nyqvist, aspecto que también llamó la atención en “Misión imposible: Protocolo fantasma” (Brad Bird, 2011), donde Nyqvist también era el villano, antagonista en aquella ocasión de Tom Cruise. No parece rival para ninguno, y más con lo que vemos hacer a nuestros héroes, pero son cosas de la dramática… Eso sí, la descripción que el malo hace de Wick es precisa. Hay mucho de homenaje a «Blade Runner» (Ridley Scott, 1982) en ese clímax con el agonizante Viggo.

 

 

 

 

 

 

 

Wick se verá obligado incluso a hincarse un cuchillo.

De regreso a la escena inicial, dando forma circular al relato, para darle conclusión y expandirla, remataremos la metáfora del perro cuando Wick se cure en una perrera de su herida auto infligida, en lo que sería la recuperación de su esperanza y redención, con un nuevo animal.

 

Un más que aceptable y competente Keanu Reeves que nos regala un estupendo thriller con Eva Longoria de productora. Estiloso, depurado y satisfactorio, brillante visualmente y, dentro de su poco novedosa trama, sin grandes defectos. Lamentablemente aquí no se estrenó en salas, ni siquiera en blu-ray, pasando directamente a la televisión, Es de desear que lo segundo se corrija. Lo bueno es que la segunda parte de la película, que nos llevará al pasado del personaje, está prevista para 2017.

Cinta de culto muy recomendable. 

 

 

 

sambo

Leave a reply