HISTORIA DE UN MATRIMONIO (2019) -Última Parte-

HISTORIA DE UN MATRIMONIO (2019) -Última Parte-

NOAH BAUMBACH

 

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estilo reconocible

Toda esta secuencia de apertura, con una ternura y sensibilidad bien expuestas, tiene un montaje impresionista que da buen ritmo puntuando las voces over. No evita el estilo de Baumbach esos rasgos muy indies: Panorámicas, poco corte, cierta inestabilidad en la cámara…

Y es que el film no sólo remite a otros anteriores por su temática, historia y desarrollo, también por su estilo, que en algunos casos es coincidente con los primeros.

Es obvio que el cine de Woody Allen está muy presente, no sólo porque aparezca Alan Alda, sino porque muchos de sus rasgos recuerdan al del genio neoyorkino. Esos incesantes diálogos y escenas resueltas sin corte, ese gusto por la comedia, pero también por el drama, en una perfecta integración…

Hay muchas escenas que podemos poner de ejemplo. Esa entre madre e hija, en la presentación de la primera, llena de divertidos diálogos y resuelta en un solo plano, con personajes saliendo de plano por el decorado y volviendo a aparecer, enmarcados por puertas… Puro Allen.

O esa excepcional escena en el despacho de esa abogada fashion (divertido el detalle de Scarlett mirándose a sí misma cuando Laura Dern se disculpa por su aspecto, que es impoluto). Es un sutil detalle que recuerda a otro al inicio del film, cuando Charlie, para no valorar la serie que hará Nicole, se justifica diciendo que no ve televisión, momento en el que ella lanza una mirada al aparato que encendió Charlie poco antes (se intuye ahí la distancia en la pareja).

 

 

Tras unos diálogos, la Johansson se marcará un tremendo discurso desnudando sus sentimientos en plano secuencia sin corte. También desaparecerá de plano yendo a otra estancia para luego volver, terminando en un primer plano tremendo donde se rompe. Un espléndido momento de actriz, donde el estilo Allen concluye en el estilo Bergman. En parte con fondos neutros y siempre en un descarnado primer plano.

Se busca además la naturalidad con esos pequeños insertos, interrupciones, en el discurso para referirse al te o las galletitas.

Son más las secuencias donde los personajes entran y salen de plano, en un recurso, por supuesto, muy teatral…

Es de todos sabido, además, la pasión de Allen por Bergman, para resaltar más la cosa.

Remarca bien el director desde la puesta en escena la separación de los dos personajes. Desde los encuadres, evitando colocarlos juntos, poniendo distancia entre ellos… En el bar… En el metro, uno de pie, la otra sentada, uno a cada lado, en silencio, en planos individualizados, terminando con el plano de situación.

También lo hará desde el montaje, con la separación definitiva al final de la cinta, esos encadenados que los sitúan fugazmente frente a frente (en los planos de él hay un salto de eje absurdo).

 

 

 

 

El uso del plano general es acertado. A menudo no aparece al inicio de la secuencia, sino una vez está se ha ido desarrollando. Con él se marca el conflicto o se crea cierto suspense, a veces humorístico, como cuando se encuadra a Charlie con la hermana, Cassie (Merritt Weber) y los papeles del divorcio entre ambos…

 

 

La secuencia cumbre del film, la discusión final entre Charlie y Nicole, está muy bien rodada, muy a lo Allen y Bergman también. Es la catarsis personal tras la legal acontecida antes.

En el inicio se los encuadra separados por elementos del decorado, sentados a distancia, en lugares distintos. Es el tanteo, con palabras de cierta concordia que pretenden moderación, entendimiento e, incluso, comprensión.

Cuando la disputa se inicie, ese equilibrio se romperá. Uno se mantendrá sentado, la otra se pondrá de pie, ambos comenzarán a moverse por el apartamento, yendo a otras estancias, desapareciendo de plano…

 

 

Dos actores en estado de gracia. Soberbios ambos, aunque lo de Adam Driver es sublime.

 

 

El teatro de la vida

El teatro tiene una gran importancia en la película, no sólo como vínculo entre la pareja, sino también desde lo narrativo y metalingüístico. Así, esa compañía teatral que está al tanto de la traumática separación, ejercerá como un coro griego dentro de la historia en sus apariciones. Comentarán sus impresiones y las evoluciones del conflicto…

Más James Whale que Kenneth Branagh”.

En la dura ruptura, en muchos momentos los personajes se ven obligados, o simplemente eligen, el camino de la escenificación, del fingimiento, de la actuación, la apariencia, en lo que es una batalla soterrada contra el otro.

Es por ello que el hecho de que ambos personajes sean artistas, actores y directores, no es baladí y se filtra en la trama sentimental.

 

 

Observad un primer ejemplo, sencillamente magistral. En la introducción señalada, vemos a Nicole vestida de rojo interpretando a Electra… Cuando llegan a casa, tienen una breve conversación, correcta pero algo distante, que termina con Charlie dándole unas notas con correcciones sobre la actuación de ese día… Nicole viste de rojo también, y ante él actúa, poniéndole el rostro de la indiferencia y la corrección, pero en cuanto haga mutis, nunca mejor dicho, la actuación se derrumbará y romperá en un llanto, ese que se le resistía en escena.

Es una maravilla de concepto.

 

 

 

 

Ella era una actriz bastante conocida dentro del frívolo cine comercial que abandonó por la autenticidad del teatro alternativo y vanguardista. Un cambio de lo artificial por lo artesanal. Pero ese acto, deseado en principio, termina siendo contraproducente. Si bien parece describírsela como alguien apegada a lo artesanal, finalmente se sentirá más a gusto en lo artificial, de ahí que vuelva a lo mainstream con una serie televisiva algo estrambótica… Esa preparación de la escena con lo digital, el croma y un falso bebé…

 

 

Cuando, por consejo de su abogada, Nicole quiere entregar los papeles del divorcio a Charlie, escenificará una escena, que guionizará incluso. Ensaya e interpreta junto a su madre y hermana cómo y quién entregará los papeles a Charlie. Se encarga al final la hermana. Lo divertido en este juego es que en cada ocasión en la que se actúa en la “vida real”, se habla de teatro, de hecho las hermanas y la madre hablarán de interpretación, como lo hará Charlie poco después con la hermana que debía entregarle los papeles…

No hace falta ensayar. Esto no es una función de teatro”. “Es una obra fabulosa”.

Se vuelve a mezclar vida y teatro en la llamada de la abogada de Nicole, Nora (Laura Dern), a Charlie. Mientras éste habla con ella, su equipo le hace consultas sobre la obra que están preparando…

 

 

El breve ensayo con su disfraz de Hombre Invisible antes de abrir la puerta, y su posterior interpretación, es un nuevo ejemplo de vida y arte entremezclándose (el niño rechazará el disfraz que él le preparó de Frankenstein por uno de Ninja, mientras Nicole va de David Bowie).

La escena en el juicio, con los abogados en una lucha encarnizada como avatares demoniacos de los protagonistas (y para vergüenza de ellos), es el clímax a esta idea de representación, la desvirtuación plena de la realidad. Recitarán trapos sucios contra los reales sentimientos de sus clientes, manipularán datos y actos buscando un beneficio, se lanzarán reproches mezquinos y sin escrúpulos… Eso sí, si tienen ciertas informaciones es porque ellos se las dieron, ya que pequeñas anécdotas que vemos (ese mareo de Nicole bajando las escaleras por haber bebido un poco de vino), se convierten en algo sucio (problemas con el alcohol).

Escenas que parecían tiernas, convertidas en algo sórdido…

 

 

La madre, interpretada por Julie Hagerty, es un personaje entrañable y divertido, que tiene una gran relación con las parejas de sus hijas, como demuestra con Charlie, a quien ayuda incluso con sus problemas legales en su pleito con Nicole, relación que mantiene incluso cuando se separan de ellas…

El niño resulta insoportable. Es para pleitear buscando que se lo quede el otro cónyuge (o en este caso la madre, ya que parece confabularse para perjudicar al padre), pero sería demasiado políticamente incorrecto. Eso sí, alguien debía decirlo.

 

 

 

 

Adam Driver está imperial, sensacional. Un magnífico actor que tuvo que escuchar en su día muchas tonterías, como pasa tantas veces, aunque en esta casa siempre se le reivindicó. No ganará el Oscar, entre otras cosas porque no hace de tipo raro… Del mismo modo, Scarlett Johansson merece todo el reconocimiento, que posiblemente sí la acerque al Oscar.

Un buen film, de obvios referentes, que no trae nada especialmente nuevo, pero lo que trae es de calidad.

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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