DOLOR Y GLORIA (2019) -Última Parte-

DOLOR Y GLORIA (2019) -Última Parte-

PEDRO ALMODÓVAR

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agua

El significativo el uso que Almodóvar hace del agua. Profundamente evocador. Hay tres momentos donde aparece y propone una evolución en el personaje. El agua vertebra iniciaciones. La de la idea de la película que hará Salvador, la del impulso por curar o mejorar algunos de sus males y la de su despertar sexual.

–La piscina inicial, en tonos azules, que lleva a un supuesto pasado, donde el agua también es protagonista, un río. Una escena de regocijo con esas cantarinas lavanderas que transmite felicidad…

Una piscina que parece vacía en el primer plano, donde luego vemos a Banderas sumergido, con un inserto de una cicatriz. Está tranquilo, en paz, luego nos dirá que así alivia el dolor, como en líquido amniótico del vientre materno, para llevarnos, en un encadenado acuático, a un pasado luminoso y blanquecino, donde el agua también es importante, donde veremos cantar a Rosalía, donde oiremos las tonadas clásicas que muchos escuchamos a nuestras madres… Y limpiando la ropa a mano. Como en el último ejemplo de esta sección, es agua depuradora, que limpia (aquí ropa, allí un cuerpo). Rosalía, de hecho, deseará bañarse desnuda, como desnudo se lavará Eduardo, el pintor de brocha gorda al que Salvador Mallo enseña de niño (en entrañables y tiernas escenas)… “A tu vera, siempre a la verita tuya, hasta que de amor me muera…”.

 

 

–Los vasos de agua que bebe dificultosamente debido a sus problemas en la faringe. Esto enmarcado en los muebles rojos de la cocina.

Esos ahogamientos son la manifestación de un abandono, psíquico y físico, al que parece avocado Salvador, como si se hubiera rendido en vida.

 

 

Sus encuentros y reconciliaciones con el pasado le impulsarán a ir al médico para encontrar solución y lanzarse a la creación de la película.

–El cubo con el que el alumno y pintor se limpia en la parte final de la cinta, fijando el deseo en el Salvador niño. Un pintor al que Salvador ve nada más llegar a su nueva casa, en un cebo que tendrá su eco.

Una insolación, el arte y la sensibilidad vinculan al pequeño Salvador y al pintor de brocha gorda (analfabeto) al que da clases de escritura. Un dibujo, encontrado mucho tiempo después, los vincula de nuevo. Un dibujo de agradecimiento de aquel joven hacia el niño. Un dibujo que eternizó la infancia de Salvador. Un dibujo perdido en el tiempo con una carta. “Son todos artistas anónimos que, probablemente, ni siquiera sepan que son artistas”.

Escribir es como dibujar, pero con letras”.

Cuando Eduardo se desnude y limpie la pintura en un barreño, dejará una impronta y una imagen imperecedera en Salvador, al que una insolación deja en un perturbado estado.

Lo importante es que el dibujo ha llegado a su destinatario”.

 

 

Colores almodovarianos

El colorido es una de las señas de identidad de Almodóvar, estrafalario colorido, que el director manchego justifica por la ausencia del mismo en su juventud.

Es mucho y variado el cromatismo que usa Almodóvar en su cine y en esta película en particular, por supuesto. La cuestión aquí estriba en si su función es también narrativa o simbólica, metafórica, o simplemente esteticista o, como mucho, emocional, sugestiva.

Dediqué tiempo a ver los contextos en los que utilizan determinados colores en los vestuarios de los personajes, por si había aspectos comunes, para concluir ciertamente que la cosa es compleja y, quizá, sí se podrían sacar ciertas conclusiones.

Hay diferencias entre el uso que hace Almodóvar de los colores cálidos, sobre todo el rojo y el naranja, y el de los más fríos o apagados, por ejemplo los verdes. Cierto duelo entre rojos y verdes.

Y su fusión, marcando el dolor y la gloria, que van unidos.

–En el primer caso parecen corresponder a momentos de crispación o tensión, de dolor, de incomodidad, negativos en suma.

Con chaqueta naranja y camiseta roja irá a enfrentarse con Alberto (Asier Etxeandia) a su casa (este viste con una de Guns ‘N Roses), marcando el conflicto habido entre ambos, si bien llegarán a la concordia y el acuerdo.

En rojo tenemos el sillón para el ordenador y la almohadilla para el ratón, lugares de trabajo, donde expone su dolor, que casi se toma como una penalidad…

 

 

Salvador tiene ahogamientos al beber agua enmarcados en sus rojos muebles de cocina. Y una camiseta marrón.

La nueva trifulca entre Salvador y Alberto, el día del reestreno de “Sabor” (esos títulos de crédito son puramente almodovarianos, como lo son los de la propia película que aquí analizo, muy artísticos), será con nuestro protagonista embutido en un traje rojo.

 

 

Federico Delgado (estupendo Leonardo Sbaraglia escuchando el texto recitado por Asier Etxeandia), llevará un traje rojo, como en otro momento se lo vemos a Salvador. Él representa un pasado perturbador con el que hay que reconciliarse. De hecho, cuando Salvador reciba la noticia de su presencia y la llamada de Federico, lo veremos acostado en las sábanas rojas de su cama, con una camiseta naranja, reflejado en un cristal también rojo… Camiseta que se cambiará para recibirlo en unos tonos neutros. Cuando ambos estén sentados, Federico lo hará en un sofá rojo, mientras que Salvador lo hará en uno naranja, como la camiseta que llevaba poco antes, como un cauteloso eco. Federico aparecerá ante Salvador en un ascensor, rojo, por supuesto.

 

 

El cartel de la obra (un gran corazón), “Adicción”, así como el escenario en el que se representa, serán en rojo, ya que, al fin y al cabo, es una catarsis artística íntima y dolorosa, expiación de esos conflictos interiores de Salvador. La camisa de Alberto, mientras representa la obra, también será grana, obviamente.

De rojo aparece Salvador en el dibujo que le hará Eduardo, el pintor de brocha gorda, en agradecimiento… así como en ese pasado.

 

 

–El segundo caso, los colores fríos, parecen adecuarse mejor a los momentos de reflexión, pausa, meditativos, de relax, paz o comodidad.

El primer ejemplo lo tenemos en la primera secuencia. No será de verde, sino de azul, en la piscina. Un Salvador que allí logra momentos de paz y reflexión sumergido en el agua, rodeado de azul, con un bañador del mismo color, recordando un pasado alegre, inspirador e iniciador de un cambio…

La cama donde descansa o lee buscando ideas es azul. Allí tiene cierta placidez, se sumerge en su mundo. También lo vemos de azul (hasta la taza en esta ocasión) rechazando proyectos y planes, regodeándose en su comodidad…

 

 

De verde leerá un libro, inspiraciones para su arte y su vida, que le impulsará a visitar a Alberto para cederle finalmente su texto semibiográfico, “La Adicción”. Una visita que realizará también con ropa que tiene el verde como color predominante. Similar a la que le vemos con su madre, redenciones en ambos casos junto a seres que aprecia.

Curiosamente, las escenas de Salvador junto a su madre serán siempre vestido en tonos fríos o neutros. Celeste, en la religiosa habitación que prepara a su madre (ese rosario y estampita de San Antonio como fijos testimonios), mientras hablan de recuerdos religiosos o amorosos, el huevo de madera y mortajas… en una bonita escena.

No, tú no sabes”.

 

 

De verde irá en el hospital, junto a ella también, cuando discuten sobre su cine y esas obras que no le gustan ni a ella ni a sus vecinos…

No me gusta la autoficción”. “No pongas esa cara de narrador”. “No les gusta que las saques. Piensan que las tratas como unas catetas”.

De nuevo se hablará o se referirá a la muerte.

Almodóvar acerca la cámara a grandes primeros planos en esa escena del hospital, cuando quiere enfatizar alguna emoción o tema tratado.

De alguna manera, Salvador creía que no guardaba conflictos con su madre, aunque piensa mucho en ella, como verbaliza.

De azul y verde lo veremos en otra escena seguida a la anterior, junto a su madre de nuevo, primero en un plano frontal tras una cristalera de dibujo intermitente, en la cocina.

 

 

Aquí, en cambio, alejará la cámara desde un primer plano a la madre, mientras esta relata su decepción tras la negativa de su hijo a que fuera a vivir con él… para incluirlos a ambos en cuadro. Pasará al plano-contraplano en momentos de sentimientos o reflexiones íntimas.

Esta vez no te fallaré, mamá”. “Pero no pude cumplir mi promesa”. “Ella quería morir en el pueblo. Y yo le había prometido llevarla. La pobre murió en la UCI de un hospital… Sola”.

Toda esta colección de secuencias breves entre madre e hijo, llenas de reproches serenos y amor a lo largo de un día, es un gran y emotivo momento.

De verde comenzará a escribir su obra de redención, la que será su nueva película, la que descubriremos al final, la que se ha ido formando a través de esos flashbacks durante la narración. “El primer deseo”. Mientras, se escucha, como un eco evocador, “Come Sinfonía” de Mina.

 

 

–Su asistente, Mercedes (Nora Navas), irá siempre en tonos más fríos, con predominantes verdosos, evolucionando hasta los rojos, de alguna manera en sentido inverso a Salvador. Primero con su bolso rojo (y móvil de un color rojo o rosado), complementos, cuando anuncie su próximo divorcio en una escena que termina con ambos en plano fijo… Para finalmente aparecer con un pijama rojo en la llamada de Salvador para que pida cita con el médico, y luego en la misma consulta, donde la vemos con una camiseta rojiza bajo una chaqueta verde (de nuevo la mezcla) al lado de un Salvador con jersey de cuello alto rojo (su enfermedad está en la garganta), ambos enmarcados en un relajante mural de hojas verdosas.

 

 

Finalmente, en la consulta del médico, por segunda vez, Salvador aparecerá de verde mientras que Mercedes lo hará de un intenso rojo, en un significativo cambio de colores. A él le realizarán unas pruebas que resultarán tranquilizadoras, es decir, buenas noticias.

Mercedes, a la que Salvador acomodará en la habitación que ocupaba su madre, viene a ser una especie de sustituta de aquella.

Frente a Federico, se sentará en un sofá naranja, pero su vestimenta será azul, lo que da cierto contraste a la idea, si bien su vestimenta define sus sentimientos en ese momento. Está cómodo, reconfortado, pese a los nervios y tensión iniciales.

 

 

Tanto en casa de Alberto como en la de Salvador, vemos motivos rojos y verdes, si bien en la de Salvador destacan más los rojos. El póster de “Sabor”, que simboliza el motivo del conflicto entre ambos, será rojo, mientras que al fondo aparece un cuadro con una verde manzana (en contraste, tendremos manzanas verdes reales en la cocina de Salvador, enmarcadas en el mobiliario rojo, cuando Federico entra allí). Así, con cierta ambivalencia, veremos tumbado a Salvador en un sofá verde con cojines también verdes, pero alguno rojo, y con su camiseta marrón, justo cuando recibe la visita de Alberto. La relación que se está reconstruyendo.

 

 

En cambio, cuando se dispongan a tomar algo de droga, motivo de su primigenio conflicto, lo harán en un sofá y mesa rojos. También, vinculado en cierta medida con la droga, Alberto se sentará en la silla del Pc, que es roja, y usará el ratón sobre una almohadilla roja para leer el relato “La Adicción”, que luego llevará al teatro.

En la casa de Alberto, en la segunda visita de Salvador, volvemos a ver motivos rojos y verdes. Llegarán a un acuerdo en una mesa roja, pero presidida por el cuadro de la manzana verde. En esa visita, el vestuario de Salvador ya no será rojo o en colores cálidos, sino verde, de tonos fríos.

 

 

Una almohada roja, en una hamaca verde, decora el momento donde Alberto pide el texto de “La Adicción” a Salvador, para recibir una negativa… que luego no lo será.

En el día del reestreno, Salvador llevará un traje rojo, pero se secará con una toalla verde… No saldrá de casa y participará en el coloquio por teléfono. La sala donde se proyecta estará llena de rojos (suelo y butacas).

 

 

 

La escena final de la película, donde en la operación de Salvador nos proyectamos hacia un pasado que en realidad es el futuro, el rodaje de una película que habíamos creído recuerdo, el niño Salvador, vestido de verde, mira unos fuegos artificiales que funden ambos tonos, fríos y cálidos, verdes y rojos, como la manta que lo abriga, roja, se mezcla con la camiseta verde mencionada.

Y el plano final del Salvador director, con una camiseta verde y una camisa floreada con rosas y rojos…

 

 

Se entiende así que la pureza de los conflictos se resaltan en rojo, se van matizando en verde, cuando aparecen ambos colores en la fase de transición, para terminar atenuados en la redención artística. Rojos y verdes, el dolor y la gloria.

Como comprobaréis, las apariciones del rojo o el verde, no tienen una manera progresiva, donde uno vaya cediendo al otro, ya que tienen que ver con distintos frentes, reapareciendo el rojo cuando enfrenta Salvador otro conflicto pasado.

Todo ello contrasta marcadamente con las escenas en un presunto pasado, que en realidad es recreación artística. Si tenemos en cuenta lo comentado por Almodóvar sobre sus motivaciones sobre el uso del color, resulta curioso que las escenas del presente sean mucho más oscuras que esas de su pasado “incoloro”. Casi siempre en entornos cerrados, asfixiantes, modernos, coloridos, pero oscuros, al menos en contraste con la blancura del pueblo de la infancia de Salvador, su tremenda luminosidad. Blancura y zumos de naranja.

Por supuesto, no habrá comodidades, vivirán en una cueva.

Papá, ¿puedo ponerme a barrer?

Vivís en unas catacumbas, igual que los antiguos cristianos”.

 

 

En la casa, en esa lujosa casa de Salvador, destacan los cuadros de Guillermo Pérez Villalta.

Dolor y gloria” es una película contenida, personal, sentida, pero no termina de conmover ni desgarrar, si bien estaría por ver si era la intención. Una película sobria, episódica, con irrupciones repentinas y casi arbitrarias, pero finalmente coherente y acertada en sus objetivos, con un personaje protagonista muy bien definido y desarrollado, al que encarna un acertado Banderas. Todo el reparto, por lo demás, está espléndido.

 

 

Es una de esas obras notables de Almodóvar, pero queda algo por debajo de sus mejores títulos.

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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