DOLOR Y GLORIA (2019) -Parte 1/2-

DOLOR Y GLORIA (2019) -Parte 1/2-

PEDRO ALMODÓVAR

 

 

 

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Dolor y Gloria” es una ficción encerrada en el sueño de un recuerdo.

Almodóvar nos trae una colección de estampas vitales, con algo de impresionistas, en su viaje al pasado, pero que no son reales, son ficciones creadas desde ese pasado atravesadas por el filtro de la ensoñación, a la que se llega de múltiples maneras.

Vemos una vida que parecía real y se nos descubre película, una película que tiene su sentido en un pasado real, filtrado de ensueños… Una fusión entre la realidad y la ficción donde da lo mismo en qué lugar y momento empieza la una para dejar paso a la otra. Y donde el pasado es a la vez futuro.

Un Almodóvar que parece querer reconciliarse con ciertos aspectos de su vida, o que algunos de ellos se reconcilien entre sí ante su deseosa mirada. No es que sea literalmente una obra autobiográfica, pero sí expía con seguridad aspectos de su vida (quizá la historia de ese tal Federico, esos años 80 a los que es mejor no volver aunque sea tentador)…

Tenía muchas ganas de ver el nuevo y destacado trabajo de Pedro Almodóvar. Intuía que podía ser una de sus grandes obras al leer aspectos de su proceso de creación, al ver las primeras imágenes, el tráiler, al leer los diversos comentarios que iban saliendo. Llegaron críticas entusiastas que parecían confirmar todo, por lo que cometí el ligero error de quedar casi convencido, en contra de lo que suele ser mi norma.

 

 

No, no ha resultado una decepción, ni mucho menos, porque la película está muy bien, es notable, simplemente un ligero vacío al no ver colmadas todas las expectativas absurdamente creadas.

Almodóvar logra un gran trabajo, sin lugar a dudas, en su sentido viaje al pasado y la nostalgia de muchos aspectos de su vida, unos biográficos, otros que remiten a emociones sentidas.

Aquí nos cuenta la historia de un alter ego suyo, Salvador Mallo. Un director de cine que está hecho una piltrafa, el pobre. Lleno de dolores y enfermedades, insomnio, faringitis crónica, otitis, reflujo, úlcera, asma intrínseca, nervio ciático, dolores musculares de todo tipo, migrañas, pánico y ansiedad, terrores, depresión… que le hacen ser ateo unos días y creyente otros… Una decrepitud física y crepuscular en la que Antonio Banderas está conmovedor.

Su descripción biográfica y evolución vital recurrirá a la voz over para hacer un rápido esbozo sobre la misma, aunque no apresurado, desde su infancia.

Salvador es un director y guionista de retiro que desde niño sintió el impulso artístico (lo vemos leyendo, encontrando una novela en la basura de la estación…). No está exento de un evidente ego artístico. Por fortuna, el director nos ahorra ciertos dogmatismos y no carga las tintas ni enfatiza en exceso su pasado en el colegio religioso. Una mirada nostálgica, atenta, amorosa, triste, alegre, respetuosa, cariñosa… Un apasionado del cine y los Beatles con talento musical al que los curas guiarán en dicha actividad, convirtiéndole en solista del coro, mientras se ahorra las clases geografía (aprenderá en los viajes de promoción de sus películas), historia, ciencias, historia del arte… para ensayar.

Hicieron de mí un absoluto ignorante que aprobaba todas las asignaturas sin presentarme a los exámenes”.

 

 

Almodóvar habla, en definitiva, de la creación artística, del artista que nunca deja de serlo, donde vida y arte siempre están fusionados, donde el arte es una forma de canalización de la vida y la vida la fuente para el arte, por eso el final, criticado por alguno, cae por su propio peso, consecuencia lógica de todo lo visto, donde el arte llama a la vida (la aparición del ex amante de Salvador en la obra de teatro) y la vida llama al arte (el mencionado final).

 

 

Reconciliaciones y reencuentros

Dolor y gloria” es una cinta de reconciliaciones y reencuentros, de redención, al fin y al cabo. Consigo mismo, con el pasado, con los demás, entre ellos… Cerrando, curando, secuelas física y morales. Es una pequeña obra de orfebrería por la forma en la que se liga la idea del cine con la droga, el pasado, los veranos, temas que van vinculando las distintas tramas y a los distintos personajes. Sin el pasado, Salvador no tendría sus historias, ni le picaría el gusanillo por saber cómo sigue su película de hace 30 años, motivo del reencuentro con su actor, Alberto (Asier Etxeandia), con el que tuvo un conflicto por el tema de la droga, que terminará leyendo un texto íntimo y secreto de aquel, sobre sus vivencias pasadas, para llevarlo al teatro, donde lo verá un ex amante de Salvador, con el que vivió todo tipo de excesos y adicciones… Ven por donde voy, ¿verdad?

Eso es lo que hace Salvador (Antonio Banderas) durante toda la película, reencontrarse y reconciliarse con cosas y con gente para volver a crear, para volver a hacer cine tras la redención.

El amor tal vez mueva montañas, pero no basta para salvar a la persona que quieres”.

–Se reencontrará con una amiga actriz con la que trabajó en el pasado (Cecilia Roth), un pasado personal y artístico.

 

 

–Se reencontrará con Alberto, el actor protagonista de “Sabor”, la película causa del inicio de la trama, de hace 32 años, que se repone, con el que no hablaba desde esa época. Con él hará las paces “fumando la pipa de la paz”, a través de aquello que los separó: la droga (Almodóvar remarca y vincula su presencia con una psicodélica música).

¿Y para qué quieres probar la heroína… a estas alturas?

En su recomposición con Alberto, que es un tipo encantador y entrañable, tendrá que ver el cine, claro, el teatro y la droga. Un actor en busca de texto y un director y escritor que no busca actores. Es interesante ver las distintas visiones creativas según su función.

 

 

Si lo haces mal me sentiré fatal, y si lo haces bien me sentiré mucho peor”.

No llores. Los actores aprovecháis cualquier pretexto para llorar. No es mejor actor el que llora, sino el que lucha por contener las lágrimas”.

 

 

–Se reencontrará y reconciliará con su propia película, “Sabor”, como manifiesta explícitamente.

En su evolución, Salvador se acercará a Alberto para que lo acompañe al reestreno de “Sabor”. Harán las paces. Primero se negará a ceder un texto al actor, para luego entregárselo. Además, lo dirigirá subrepticiamente, dando ciertas ideas y directrices sobre cómo sería conveniente poner en escena ese texto que no quiere firmar ni quiere que se identifique como suyo.

 

 

–Hará lo propio con un viejo amor, Federico, una pareja con la que pasó varios años y experiencias muy intensas, y lo hará a través de las reconciliaciones anteriores. Vidas rehechas, donde aquel adicto amante se desenganchó cuando no encontró “caballo” en Argentina, se casó y tuvo hijos, un restaurante y una vida plácida. Donde ya no caben rencores, donde Federico reconoce a Salvador en la obra que representa Alberto, que ha seguido su carrera…

Cada película tuya era un acontecimiento en mi vida y me llenaba de orgullo que tuvieras éxito en todo el mundo”.

En su evolución, Salvador renunciará a la droga, una vez se ha ido acostumbrando a ella para encarar dolores de todo tipo, para enfrentarse con Federico. Y renunciará a la excitación que le provoca el propio Federico, cerrando ese capítulo de manera positiva.

 

 

–Hará las paces con una época, la de su pasado, tanto infantil como juvenil, en Madrid, en La Movida, en los 80 (1981).

Madrid era nuestro”. “Cualquier cosa con tal de salir de Madrid”.

 

 

–Finalmente, se reencontrará con el cine, ese al que había renunciado, para hacer una nueva y personal película.

Cada reencuentro, cara reconciliación con su pasado, cada cabo suelto resuelto, le llevará a curar heridas, a crear cine. O un tipo de película concreto, por ejemplo “Dolor y gloria“.

Son tus ojos los que han cambiado, la película es la misma”.

Sí, el cine, al que se rinde múltiples homenajes y al que hay muchas referencias. Tyrone Power, Donna Reed, Kirk Douglas, Loretta Young, Robert Taylor, Alan Ladd, Piper Laurie, Lana Turner, Elizabeth Taylor, Betty Hutton… Muchos de estos vistos en un antiguo álbum de cromos, en un nuevo y evidente vínculo de la infancia con el futuro. Carteles de “El Verdugo” (Luis García Berlanga, 1963), “Arrebato”, “Diferente” (Luis María Delgado, 1961)…

Sentados fumando droga, Salvador y Alberto ven “La niña santa” (Lucrecia Martel, 2004). También comerán buen jamoncito…

 

 

Natalie Wood, Warren Beatty, Marilyn Monroe, “Esplendor en la Hierba” (Elia Kazan, 1961), “Niágara” (Henry Hathaway, 1953)… Un cartel de “8 y medio” (Federico Fellini, 1963) en casa de su asistente. Y veremos los premios Bafta, César, Goya…

No quiero escribir si después no puedo rodarlo”. “Sin rodar, mi vida carece de sentido… pero así están las cosas”.

 

 

El cine me salvó”.

Almodóvar no quiere que se compare su film con el de Fellini, si bien tiene aspectos en común, acogiendo con cierto agrado referencias a “Arrebato” (Iván Zulueta, 1979). De hecho, se ve el cartel de la cinta de Zulueta en el reestreno de “Sabor”. Ese amago de adicción, esa búsqueda de la droga para sumergirse en un pasado o recreación artística de ese pasado, sería uno de los vínculos, además del recuerdo a los 80.

Mi idea del cine siempre estuvo ligada a la brisa de las noches de verano. Sólo veíamos cine en verano”.

No entiendo cómo pudo gustar tanto en Islandia”.

¡Si ahora te lo traen a casa, como TelePizza!”.

También hay menciones teatrales. A Shakespeare, Lorca, Chejov, “Hamlet”, “La Gata sobre el tejado de Zinc”… También a Chavela Vargas, aunque no tenga que ver con el teatro.

Un día iré a verte”.

Y libros. Se ven “El cordero carnívoro” de Agustín Gómez Arcos, “Nada crece a la luz de la Luna” de Torborg Nedreaas, “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin, “El libro del desasosiego” de Fernando Pessoa o “El orden del día” de Éric Vuillard

No engaña Almodóvar, ya que esa estación donde madre e hijo esperan rezuma artificio por todos lados. Parece el decorado que finalmente descubriremos que es. Un artificio que aparece en todo su cine por su particular estética, y aquí en varios momentos significativos (esa sala de espera en el médico con un mural de ficticia naturaleza en el que se enmarcan Mercedes (Nora Navas) y Salvador, por ejemplo).

 

 

–Hará las paces con su madre. De alguna manera, el camino llevado por Salvador decepciona a su madre, no ya por su sexualidad o vida madrileña, sino por su obra artística, que no le gusta un pelo. Salvador no parece ser consciente del dolor de su madre en un principio, pero ella se lo hará saber, sacando lo que lleva tiempo dentro, si rencor, una vez comparten juntos los últimos días de ella.

Madre (Julieta Serrano): No has sido un buen hijo, hijo mío.

Salvador: ¿No?

Madre: No

Siento mucho no haber sido nunca el hijo que tú deseabas”. “Te he fallado simplemente por ser como soy”.

Pasado

Salvador parece encontrar placer o algo reconfortante en sus viajes al pasado, que consigue por distintos métodos, destacando el agua y las drogas, motivo de su breve enganche. Drogas, momentos de relax (la piscina), de cierta tensión (las pruebas médicas), por un elemento externo (ese piano al inicio)…

Todos los flashbacks inciden en momentos o aspectos que de alguna forma forjaron el Salvador que es, o al menos parte de él. Los cromos cinematográficos, las clases musicales, ese pintor…

Es además una mirada cariñosa y entrañable a ese pasado infantil de complejos pueblerinos, humildad doméstica y económica, míticos bocadillos de chocolate, tomates en calcetines cosidos usando huevos de madera, las eternas esperas en las estaciones, esos lugares de tránsito y cambio…

¿Qué dirían en el pueblo si nos vieran?

 

 

Entrañable, ciertamente, como lo son casi todas las escenas en esas cuevas blanquísimas de luminoso cielo azul, por ejemplo la primera secuencia familiar, donde apreciamos ese cielo enrejado mientras la decepción inicial se va convirtiendo en unión familiar. Debo reconocer, que en la tierna escena donde Salvador enseña al chico pintor, al meter Almodóvar un inserto sobre la foto matrimonial, pensé que podría desarrollarse una infidelidad, pero Almodóvar no es Woody Allen.

En ese pasado infantil, vinculado a un dibujo además, encontramos su iniciación sexual, germen de su tendencia homosexual quizá.

 

 

 

 

Un pasado que también remite a los 80, La Movida, época de excesos, ilusiones y adicciones. Todo ello viene simbolizado y representado en esa obra teatral, “La Adicción”, y la aparición de Federico, el antiguo amante de Salvador. Almodóvar filtra esos presuntos componentes autobiográficos a través de una película o, incluso, una obra dentro de la propia película… Metalingüismo.

Por cierto, tengo un montón de revistas de los años 80, que en alguna sales tú… vestido de mujer… ¡Que muy pronto se te olvida a ti esa época!”.

Los ojos son los mismos”.

 

 

Renunciará a las drogas para enfrentarse realmente a ese pasado, recurso que usaba para inspirarse en él. Concretamente cuando llegue Federico a su casa.

Tres hombres marcarán el pasado que se nos enseña. El entrañable Alberto, el romántico Federico y el primer deseo, Eduardo (César Vicente), el pintor.

Con su madre tendremos las definitivas referencias al pasado. Ella se encargará de lanzar reproches a su hijo sobre su comportamiento y forma de proceder, por cómo la rechazó cuando fue a Madrid, por sus películas y lo que muestra…

El final, con ese giro donde realidad y ficción vuelven a fusionarse, tiene todo el sentido. Salvador visualiza su película durante toda la narración (con los sucesivos encuentros y reconciliaciones como impulso creador) a través del filtro del pasado. Es un artista que nunca deja de serlo… Un pasado que es a la vez futuro.

El presente, con la clásica estética almodovariana, siempre resulta más artificioso en la película que esas recreaciones artísticas dedicadas al pasado, a lo que creemos mero pasado. Salvo en la citada escena de la estación.

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

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