VAMPIROS: De Murciélagos y Lobos. Por Santi Guerrero

VAMPIROS: De Murciélagos y Lobos. Por Santi Guerrero

LITERATURA

 

 

 

 

 

 

Veíamos en el capitulo anterior que los vampiros pueden convertirse en lobos o murciélagos. La mitología y el simbolismo sobre ambos animales son amplios y abundantes.

Los lobos, animales que asociamos al lado oscuro, están unidos a la imagen de la diosa Hécate, símbolo de lo oculto, de lo subterráneo. De lo negro. En la Atenas del periodo clásico está unida al inframundo, por tanto, a lo que podríamos denominar infierno. También era diosa que se identificaba con la brujería. Y la diosa aparecía acompañada de dos lobos, de ojos infernalmente llameantes. Aunque Hesíodo nos presenta una diosa capaz de ayudar a los hombres, la imagen más hermética de Hécate nos lleva a la diosa de la Luna, a la mismísima Luna negra.

Pero el lobo, además de esa imagen oscura, es también sabiduría. La loba, por ejemplo, la tenemos presente en la fundación de Roma, amamantando a Rómulo y Remo. No olvidemos que la palabra latina codere, que significa “fundar”, también significa “ocultar”, “esconder”. Loba, en latín, es lupa, que a su vez significa prostituta. Simbólicamente, prostituta es sabiduría… sabiduría oculta, claro. Por lo tanto, la loba, el lobo, es un animal sabio.

 

Recreación de la Diosa Hécate

 

 

 

 

 

 

Por su parte, los murciélagos, como no podía ser de otra manera, son animales nocturnos. Han sido vistos como animales malignos, negativos (excepto en China, donde además la estrella Sirio era considerada como lobo). Para los mayas, sin embargo, tenían nivel divino. Incluso algunas ciudades españolas los tienen en su escudo (Valencia, Albacete), y es que este animal estaría presente en alguna conquista de Jaime I el Conquistador.

Me ha parecido lo más oportuno ilustrar el simbolismo del murciélago con el Satanás que dibujó Gustavo Doré, un Satanás con alas de este vampírico animal.

Se le consideraba animal unido a la muerte y a las almas, aunque en Oriente se le consideraba símbolo de la felicidad. Como en tantas otras cosas, a veces es curioso el choque cultural entre Occidente y Oriente.

Al igual que ocurre con el lobo, el murciélago mezcla oscuridad con sabiduría (ese sentido de la orientación, la agudeza de oído). Siempre el simbolismo de la dualidad, la luz y las tinieblas, como lo es en sí la figura del vampiro, donde su vida se convierte en una eterna lucha con la luz, con el sol. Escribió Esopo que se esconde, que huye de la luz del día, porque cometió un delito y debe esconderse.

 

 

 

 

 

En el primer capítulo comentábamos que la estaca que se debe clavar en el corazón del vampiro ha de ser de fresno. El simbolismo se dispara. Las varas de los magos son de fresno. Ya en el siglo V, en plena era cristiana, se dice que San Patricio expulsó a las serpientes de Irlanda con una varita de fresno hecha por los druidas. Es decir, el fresno ha sido considerado un árbol mágico, sagrado. De acuerdo a la cosmogonía nórdica y Odín, el fresno Yggdrasil es el mayor de todos los árboles, y eje del universo. El Árbol de la Vida.

Y es esa madera mágica, sagrada, la que debe acabar con la no-vida del vampiro.

Yggdrasil, el árbol del mundo por Simon E. Davies

Odín sería el Zeus de la mitología nórdica. Un rey de los Dioses. Dios de la magia, de la sabiduría, de la muerte. Siempre acompañado de los cuervos Hugin (el pensamiento) y Munin (la memoria).

Para no hacer demasiado espeso este capítulo, lo dejaremos aquí. En el tercero y último daremos una vuelta de tuerca, y haremos un poco de cábala. Seguro que os va a sorprender. Mientras tanto, contemplad la aurora dorada…

 

 

Lee aquí la entrega anterior

sambo

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