LICORICE PIZZA (2021) -Parte 2/3-

LICORICE PIZZA (2021) -Parte 2/3-

PAUL THOMAS ANDERSON

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Adolescencia

El gran tema, el que tanto ha entusiasmado a la crítica, es el canto a la vida adolescente. Un retrato impresionista de la adolescencia y su sentido, casi abstracto, mostrado en la relación de los dos protagonistas. La adolescencia que se estrena irremediablemente, la que no se quiere abandonar…

Amor que se confunde con amistad, pasiones repentinas y variables, una atracción irremediable, la confusión entre deseo y amor, los celos incontenibles… aunque no deberían tenerse… Los comportamientos absurdos, la inmadurez, las contradicciones, las venganzas, los efímeros enfados… Los amigos, los grupitos, las cenas de comida rápida, la independencia hedonista, el vagar, las confidencias, la incomprensión familiar…

Ambos sentirá celos del otro en distintos momentos, de la misma manera que se comportarán como descerebrados cuando les pase, absurdamente, como los inmaduros que son, sin darse cuenta de lo que en realidad siente el otro y cediendo a impulsos donde manda la hormona exclusivamente. Celos y hormonas. Así lo hará Alana cuando estando con Sean Penn vea aparecer a Gary. Lengua sacada y a disfrutar de las caras del enamorado…

 

 

Así lo padecerá Alana cuando en la inauguración de la tienda de camas de aguada, Gary se interese por otra muchacha al creer que con Alana las opciones son pocas… porque es lo que ella dice y demuestra…

Las reacciones “maduras” de estos chavales son pura radiografía adolescente. Cuando Alana, que iba decidida a entregarse de una vez a Gary, contenta por los piropos recibidos al bikini que llevaba y cómo le quedaba, ve que en realidad él tiene otros intereses ese día de exótica y sensual inauguración, se volverá loca y reaccionará con visceral despecho, drogada y enrollándose, brevemente, con el primero que pilla, en una descerebrada venganza mientras se sume en la decepción y el drama. Es hilarante el momento de la llegada a su casa de madrugada en bikini para el desconcierto perplejo de su familia.

 

 

Según avance la película, los reproches serán más adultos y tendrán más mala leche. Se echarán en cara, a modo de eco, cosas que se mencionaron al principio, por ejemplo que Alana seguiría haciendo fotos en institutos si no fuera por Gary o la frivolidad del emprendedor muchacho…

El coche es un objeto de evolución. Gary no puede conducir por edad, pero cuando Alana se meta en política lo veremos hacerlo. El coche los une y vincula, incluso estando enfadados. Gary decidirá conducir solo tras su enfado con Alana. Alana conduce una furgoneta marcha atrás durante varios kilómetros. Es la mítica de la conducción y el coche, siempre unida a la independencia.

La falta de combustible será parte de la trama al final del film, lo que se usará para varios enredos y destrozar el negocio de camas de agua.

Me fascina cómo vincula Anderson a los protagonistas, no sólo desde el estilo y los encuadres, como explicaré posteriormente, sino con otros recursos más sutiles, como las simetrías. Simetrías en el uso de conceptos, de objetos o de ideas que se repiten y usan con Gary y Alana.

SIMETRÍAS. Observad el inicio. Gary en un baño, ante un espejo y siendo testigo de una broma que hace saltar el agua del váter por todos lados… Es su presentación. ¿Y cómo presenta a Alana? Con aspersores al fondo, el agua, y con un espejo en la mano para que el que quiera pueda acicalarse antes de la foto… como vimos hacer a Gary.

Estos espejos me hicieron sospechar que ambos mentían en sus historias. Que ella no tenía 25 y que él no era actor. Resulta que eran sinceros… El agua y el espejo vinculándolos.

 

 

El elemento clave en la simetría lo marcan las carreras. Ya he dicho lo que pienso sobre el hecho de que Gary se pase media película corriendo, pero en esas carreras, pura adolescencia alocada, hay un sentido muy claro y, sí, simétrico.

Si observáis, tras el primer conflicto y separación, la parejita se separará en la “Feria Adolescente” porque Gary es detenido. En esa escena Alana correrá con desenfreno buscándolo para ayudarlo y que se sienta acompañado, apelándole a salir de la comisaría al final de la carrera, donde ambos se fundirán en un abrazo que veremos reflejado en un cristal. Sólo ella acudirá a la comisaría para sacar de su desconcierto a su amigo.

 

 

Como en un espejo, tras la segunda separación y reencuentro, Alana caerá como fruta madura de la moto de Sean Penn. Otro suceso medio surrealista. En esta ocasión será Gary el que correrá hacia ella para protegerla y abrigarla, devolviendo la jugada y subrayando la idea.

Mientras todos flipan con la locura motera de “Jack Holden” (Sean Penn), Gary corre a preocuparse de su amiga a Alana… que también se preocupa de la guitarra de Danielle (Danielle Haim). En ambas ocasiones se marcharán juntos y felices del lugar.

 

 

Por último, tras la última separación, llegará el definitivo reencuentro. Ya no vagabundean en solitario, sino que parecen haber definido lo que quieren, al menos ese verano, tras ir dando palos de ciego. Mientras Gary se desespera en el estreno del nuevo negocio, Alana se decepciona con el idealizado político interpretado por Benny Safdie.

Gary se pondrá a correr, una vez más. Ambos correrán buscándose. Pero Gary más, que es el que entrena. Y en esa carrera Anderson montará las otras carreras donde ambos se buscaban o huían juntos, confirmando esa progresión dramática interna perfectamente coherente y simbólica aquí explicada.

 

 

Su nuevo abrazo llegará ante el cine donde ponen la película de James Bond, “Vive y Deja Morir”, dándose un trompazo que marca esa relación en apariencia conflictiva y algo imposible.

 

 

La sensibilidad y lucidez con los que retrata los matices de la adolescencia. Esos gestos, miradas, maquinaciones, absurdos, caos, desorientación, es extraordinaria. Así, con esos mimbres, tenemos otra simetría. La siniestra llamada de Gary a Alana una vez ha visto que se la liado con Lance, el otro actor compañero de Gary con el que ella se ha ilusionado, retratando a la perfección el sentir y el ejecutar de la adolescencia perturbada. Acto seguido, Alana devolverá la llamada, en simétrica correspondencia.

 

 

Gary plantea una vida lúdica desde su situación privilegiada y, especialmente, su mentalidad de adolescente. Cree que será actor siempre y tendrá dinero a raudales. Y quizá sea así. Es decidido.

Alana no lo tiene tan claro, ya han surgido sus dudas y Gary sirve de acicate para plantearse cosas, cambios. Ella andaba resignada en lo que creía una vida prefijada.

En sentido americano

Teniendo en cuenta la sensación de irrealidad que pretende Anderson, la elección del viaje al pasado, la fotografía idealizada, la estructura narrativa saltarina y en aparente dispersión… cabe preguntarse si los personajes son sólo eso o si representan además ideas, metáforas, más elevadas o abstractas. Un Los Ángeles también idealizado donde el verano podría ser eterno y donde parece imposible perderse.

Y en ello tenemos a Gary y Alana como una personificación bicéfala de los Estados Unidos y su esencia. El negocio, el espectáculo y su público, la conciencia y la resignación de la población y sus anhelos y filosofías… Sus diferencias (esa edad), contradicciones y definitivo anhelo y espíritu.

En un momento dado una se preocupará por eliminar impuestos, salvar parajes naturales y ayudar a sus vecinos (o eso dice), mientras que el otro quiere disfrutar y ganar dinero de la manera más divertida posible…

 

 

Gary representa dos de los pilares básicos de los jóvenes e inmaduros Estados Unidos. Espectáculo y negocio. Es un actor joven que vive por y para emprender. Actor y empresario. Emprendimiento y ganas de sexo, lógicamente, como piden las hormonas a su edad, 15 años (eso sí, también cuida a su hermano). Actor, dicharachero, carismático y emprendedor. Podrá negocios de camas de agua por quedar fascinado por su sensualidad, y de pinballs, aprovechando la legalización de dichas máquinas.

Para ello tendrá la ayuda de Alana, que le aconsejará cambiar el nombre del negocio de camas de agua y, gracias a sus coqueteos políticos, cuando lo llama para trabajar con ella en unos anuncios para el concejal con el que colabora, facilitará la información de la futura legalización de los pinball.

 

 

 

Promocionará, hará anuncios en la radio, llamará a los clientes, preparará discursos y tácticas empresariales y de marketing, se moverá por todos lados, repartirá panfletos publicitarios… Por supuesto, cuando Alana se meta en política, contará con Gary, que hará videos promocionales (espectáculo). Luego recogerá información para… Sí. El negocio de pinball.

Él es puramente inmaduro y no parece pretender más allá de eso en lo que se involucra o se le ocurre. Es, básicamente, feliz yendo de un lado a otro, inmadura e inconscientemente. Y ambicioso. Y contar con Alana un incentivo a su emprendimiento.

Es un faro.

Alana tiene 25 años y parece resignada, desorientada en su vida hasta la llegada de Gary, por quien queda fascinada. Ella es la América a pie de calle. Le acompleja lo que siente y le gusta. Cree que es ridículo juntarse con quinceañeros, pero no puede evitarlo. Siente otros intereses, pero vuelve irremisiblemente a Gary de una forma u otra. Es, o más bien pretende ser, íntegra e idealista. Y trepa.

Es alguien que necesita un faro.

No lo sé”.

Ella es más madura, o pretende serlo, por eso busca otros intereses tras cada enfado porque son los que se corresponderían a su edad… Pero es que, en el fondo, no quiere abandonar lo que siente con la inmadurez de Gary. Allí está a gusto.

Tú hablas de máquinas de pinball, yo soy política”.

 

 

Y es que Alana se resiste a lo que verdaderamente quiere y desea. Incluso a lo que se le da bien. Esa llamada caliente es puro negocio y espectáculo que logra vender una cama…

Pretende una relación de conveniencia con Lance, sueña con ser estrella junto a Penn o ser alguien importante y seria junto a Joel Wachs (Bennie Safdie)… pero entenderá que con lo que es feliz es con esa esencia americana que personifica Gary, la del negocio y el espectáculo.

Es consciente de las implicaciones económicas y políticas de la crisis del petróleo para el negocio que lleva con Gary, por ejemplo. Se meterá en política buscando un sentido, un compromiso social…

 

 

Observad en la trama del concejal que busca ser alcalde, tras hablar con ese tipo extraño que observa la sede, cómo Alana queda tras el cristal y sus letras (para alcalde), que la anulan por completo, como impersonalizada por todo aquello…

 

 

Ese “te quiero, Gary” final, daría conclusión a toda esta idea metafórica, donde la América más auténtica no es la política, la depravada o viciada… sino la ingenua, emprendedora, ambiciosa y que adora el espectáculo. Alana sólo podía quedar con el quinceañero Gary.

 

 

 

Sutilezas

La sonrisa de Alana tras dejar a Gary en la primera escena es uno de esos pequeños detalles encantadores (la propia sonrisa de Alana lo es) que tiene la película. Observad que la mostrará cuando él ya no la ve, al darse la vuelta, rectificándola en un sutil gesto de asco al soportar el manotazo en el culo del baboso fotógrafo.

 

 

 

La mirada de Alana, entre tierna y entregada, cuando Gary le dice que nunca la olvidará… Es como una rotura a esa barrera de resignación. Un atisbo de esperanza. ¿Y si…?

Esa otra mirada de Alana a Gary, en el coche, cuando se entera de que va pidiendo masturbaciones a las camareras del restaurante japonés de Jerry (John Michael Higgins).

 

 

Ese momento, tras huir de Sean Penn, donde ambos descansan en una cama de agua, refugio al que regresa Alana, donde el deseo de Gary se hace casi incontenible, dejando su mano a milímetros del pecho de ella y mirando el hueco que dejan sus pantalones… marcando una clara diferencia y la esencia de la relación. De amor sincero, pero, sobre todo, de respeto.

 

 

Me encanta ese momento bajo la mesa, donde Alana y Gary contactan, piel con piel, al juntar sus rodillas mientras planifican su negocio de camas de agua. Necesitan tocarse, pero algo, en un absurdo sentido del convencionalismo, mezclado con timidez, lo impide.

Por dos veces se menciona la ruidosa y agitada respiración de Gary. Ese incontrolable deseo adolescente. Un detalle tan sutil como lúcido.

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

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sambo

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