TRAS EL VELO DEL SUEÑO: De Drácula, Bécquer y Lovecraft… Por Santi Guerrero

TRAS EL VELO DEL SUEÑO: De Drácula, Bécquer y Lovecraft… Por Santi Guerrero

LITERATURA

 

 

 

En el segundo capítulo veíamos como los más sesudos expertos en “novela gótica” la dan por enterrada con la aparición de Hoffman. No comparto esta visión. Y más adelante la expondré.

Son tantos los autores que, evidentemente, muchos se quedarán en el tintero. Necesitaríamos una verdadera Enciclopedia para mencionarlos a todos. Mas hay un nombre que no debemos dejar a un lado, y me refiero a Charles Maturin (Lovecraft lo veneraba). Autor irlandés, fallecido en 1824, predicador protestante. Una vez más nos encontramos con un religioso escribiendo relatos de terror. Indudablemente, era una buena forma de transmitir el concepto de “Maligno”. Y al mismo tiempo, la redención a través de Dios.

De sus obras destaca, con fuerza, Melmoth el errabundo. Dicen que la obra cumbre de lo gótico. Es buena, muy buena, pero colocarla en esa cima… no sé yo. Melmoth es Fausto, la venta de nuestra alma al Diablo a cambio de la eternidad… o casi. Una obra realmente impactante. Y con un planteamiento novedoso: para recuperar su alma deberá encontrar a alguien que se haga cargo de su pacto diabólico. Es decir, el Diablo sólo lo dejará escapar si a cambio le entrega otra alma. Para mi gusto, la novela se hace excesivamente larga. Sí, lo reconozco. Es una manía personal. Me pasa hasta con el amigo King, Stephen King. ¿Para qué 800 páginas si puedes dejarlo en 500…? Las verdaderas joyas, para mi modesto entender, se encuentran en las novelas cortas. Pasa como con las distancias… según para qué, mejor lo más cortas posibles.

Otros nombres que creo merecen estar en una Antología de Terror: Nathaniel Hawthorne, nacido en Salem. De él dicen que era descendiente del juez del proceso a las brujas de Salem. Su obra más emblemática sería La hija de Rapaccini. Sheridan Le Fanu, y su Carmilla, uno de los mejores relatos sobre vampiros. Fitz-James O’Brien, Marryat, Merimée… Y alguno se estará preguntando, ¿y en España? Pues en España, nada menos que Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), y su colección de Leyendas. Y entre estas, dos: El Monte de las Ánimas y El Miserere.

 

 Gustavo Adolfo Bécquer

 

“-Ese monte que hoy llaman de las ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río…”. “Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche”.

Puedo leerla otras cien veces, y cien veces se me erizará la piel. Y lo mismo me sucede con El Miserere

Mal envueltos en los jirones de sus hábitos, caladas las capuchas, bajo los pliegues de las cuales contrastaban con sus descarnadas mandíbulas y los blancos dientes las oscuras cavidades de los ojos de sus calaveras, vio los esqueletos de los monjes, que fueron arrojados desde el pretil de la iglesia a aquel precipicio, salir del fondo de las aguas, y agarrándose con los largos dedos de sus manos de hueso a las grietas de las peñas, trepar por ellas hasta tocar el borde, diciendo con voz baja y sepulcral, pero con una desgarradora expresión de dolor, el primer versículo del salmo de David:

¡Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam!

También podríamos hablar de Maese Pérez el Organista, La Cruz del Diablo

Para mí, aquí sí se alcanza la cima de la literatura gótica. Y comienza algo nuevo.

El Terror Gótico adoptó el concepto de terror sobrenatural, fuerzas misteriosas, el diablo. Pero la evolución del género no podía quedarse ahí, y vaya que no lo hizo. El futuro estaba en las estrellas, en misteriosos seres llegados del espacio, y que se convirtieron en dioses para los antiquísimos habitantes de nuestro planeta. Sí, nada menos y nada más que la obra de Howard Philips Lovecraft. Nadie como él supo plasmar ese terror del espacio, de seres innombrables, malignos porque ellos mismos encarnaban y eran el Mal. No fue el único, claro. Pero eso será para un próximo capítulo… o dos, porque en Lovecraft y en sus Mitos hay mucho que contar.

Antes, hablemos de una obra descomunal. Bram Stoker y su Drácula.

Con permiso, voy a autocitarme…

  • Si recordáis, santa Irene se celebra el 4 de mayo. Debe ser una simple “casualidad” que el 4 de mayo de 1891 “muera” Sherlock Holmes. Recordad, Conan Doyle miembro de la Aurora Dorada. Y si pensamos en Bram Stoker, miembro también de esa Orden, la noche del 3 al 4 de mayo de un año sin determinar, a finales del siglo diecinueve, el invitado del conde Drácula llega a su castillo. Unas extrañas luces brillan a partir de medianoche. El conde le indica que señalan la presencia de tesoros… (extracto de mi novela Stella, el Centro).

La Aurora Dorada, la celebérrima Golden Dawn, fue una Orden Hermética de una gran influencia a finales del siglo XIX. Entre sus miembros, vamos a destacar a autores como Arthur Machen, Arthur Edward Waite, William Butler Yeats, galardonado con el Nobel de Literatura en 1923, Algernon Blackwood y Bram Stoker (1847-1912), autor de «Drácula«.

Se introduce “conocimiento” en la novela de terror. Un paso más allá de la influencia sobrenatural que introdujo el terror gótico. Y Drácula destila conocimiento. No es lugar aquí para entrar a valorar ese “conocimiento”, pero es evidente que esos autores utilizaron sus obras para comunicarlo. Sinceramente, me chirría cuando leo o escucho que el Drácula de Stoker es una novela de amor. ¡Por favor! Será el Drácula que ustedes quieren ver. Siento que a lo mejor alguien se lleve un disgusto pero, de verdad, un vampiro no puede amar. Y Stoker bien que lo sabía. Sólo un breve inciso para señalar que el mito del vampiro es antiquísimo, los Pitagóricos lo conocían. Y recordaré, para acabar, que el Drácula de Stoker, el de Transilvania, era de origen etrusco…

El mejor Drácula…

 Christopher Lee (1922-2015)

 

Lee aquí la 1ª entrega.

Lee aquí la 2ª entrega.

sambo

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