REMEMORY (2017)

REMEMORY (2017)

MARK PALANSKY

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son muchas y notables las películas que han tratado el tema de la memoria desde múltiples puntos de vista y géneros, así como la amnesia, por lo que a priori esta cinta tiene su interés desde la trama, aunque nos suena a otras ya vistas. Una vez concluida la experiencia del visionado de “Rememory” la decepción es, básicamente, la única conclusión.

No es que sea mala película, pero sus reflexiones, sus conceptos, sus recursos, sus giros… han sido vistos en otras películas mejores sin que esta “Rememory” logre salir a flote casi en ningún momento para entregar algo mínimamente original.

La película dirigida por Mark Palansky nos cuenta una historia de ciencia ficción en la que un prestigioso y brillante científico ha creado una máquina capaz de hacer revivir los recuerdos reales, sin manipulaciones, de quien la use, lo que permitiría múltiples avances y curas en medicina y ciencia. El problema es que el prototipo no está del todo depurado, genera ciertas dudas y parece tener ciertos contratiempos, y su creador, Gordon Gunn (Martin Donovan), aparece muerto justo después de presentar su invento al mundo. Sam Bloom (un magnífico Peter Dinklage), un hombre de pasado incierto y trágico, se propone investigar lo sucedido cubriendo las lagunas de memoria con la máquina de Gunn.

 

 

Poco te sorprenderá o impactará esta cinta si recuerdas, aunque sea vagamente, otras como “Memento” (Christopher Nolan, 2000), “¡Olvídate de mí!” (Michel Gondry, 2004), “Paycheck” (John Woo, 2003), “Trance” (Danny Boyle, 2013), “Desafío total” (Paul Verhoeven, 1990), “Dark city” (Alex Proyas, 1998), el primer Bourne (Doug Liman, 2002), “El número 23” (Joel Schumacher, 2007), “Recuerda” (Alfred Hitchcock, 1945) o “Niebla en el pasado” (Mervyn LeRoy, 1942) entre otras muchas.

Sí, es la memoria, como contenedora de nuestra esencia y personalidad, lo que da sentido al presente, siendo su contexto. Cada recuerdo, por insignificante que parezca, nos lleva al presente, a ese recuerdo que será determinante, a cómo actuaremos en él. Cada filtro o capa, producida por el tiempo, los complejos, el dolor o cualquier circunstancia pueden alterar nuestra concepción de aquel recuerdo, problema que solucionaría la máquina rompiendo todas esas capas para mostrar el momento puro y real. Una máquina que nos convertiría en público de nuestra propia película vital.

 

 

Hay interesantes reflexiones en algunos de los buenos diálogos que posee la película, donde el tema de los recuerdos, la intimidad de la memoria como nuestra esencia más pura, es la clave. El miedo a que sea pervertida y la necesidad de conservarla ajena al resto. La necesidad del olvido, voluntario o involuntario. De hecho, casi todas las conversaciones de la película versan sobre recuerdos, de una forma u otra, apelando a ellos, reflexionando sobre ellos o, simplemente, relatándolos (Sam con Carolyn en casa de ésta, Sam con Wendy en la galería de arte…). La muerte de Gordon, donde eliminar recuerdos es la muerte, y tesis del film, es interesante.

Soy lo que quedó”. “Creo que todos somos los restos de los sueños incumplidos”.

 

 

Plantear una narración inconexa para una película sobre la memoria, o la falta de ella, es una idea interesante y acertada si se hace con talento, como hemos visto en otras ocasiones, pero es una opción arriesgada, porque corres el riesgo de desconectar al espectador si cada una de las partes o momentos no es atractivo o engancha. Es lo que ocurre aquí. La película nunca logra ser lo suficientemente inquietante como para intrigar y atrapar al espectador, como para que quiera unir y rellenar cada parte, o participar del juego. “Rememory” es inconexa incluso cuando echas la vista atrás una vez está completa la historia, y la narrativa jamás fluye con naturalidad, insertándose escenas y comportamientos en los personajes arbitrariamente, sin que la resolución consuele. Además, todo ello da una sensación de cierta trampa y manipulación general, que trata de achicarse como buenamente puede según avanzamos.

La fase de planteamiento se ejecuta de esa manera elíptica, dejando espacios y momentos que se nos omiten, lo que disminuye el impacto dramático y mantiene el interés a duras penas en su ritmo pesado y lento. Elipsis verbales o visuales, agujeros narrativos, a modo amnésico, sin que se pierda pie en la narración, tan sólo en sus claves y detalles determinantes, para resolver o rellenar posteriormente. Desde ahí, y con la excusa de la trama con la máquina de memoria, la idea es ir cubriendo esas lagunas y agujeros a modo detectivesco, que es, básicamente, el papel que encarna Peter Dinklage. Veremos la escena de la muerte de Gordon desde distintos puntos de vista que sirven, a su vez, para cubrir las lagunas creadas al inicio. También se nos omite qué hace Wendy (Evelyne Brochu), la amante de Gordon, cuando se adentra en la casa de él con la máquina, para luego desvelarlo en un flashback. Así, más que un recurso narrativo, es estilístico, como por ejemplo en la escena donde se anuncia la muerte de Gordon a su mujer, sin que lo oigamos.

 

 

Para todo ello, no se escatima en recursos. El montaje, por ejemplo, fraccionado, como se escenifica en las secuencias iniciales, con el asesinato de Gordon, donde se nos omite todo el suceso y sólo se muestran apuntes fugaces que luego habrá que rellenar, con sospechosos apareciendo escalonadamente dejando todo en el aire.

La alargadísima escena de complicidad entre hermanos que termina con el accidente, clave en la película, nos deja con muchas incógnitas y lagunas, omitiéndonos información y haciéndonos creer que la importancia está en un elemento mostrado y no en otros que se nos esconden, lo que resulta algo tramposo, ya que el personaje también parece querernos dirigir hacia eso sin que sea cierto realmente…

 

 

Palansky encierra a sus personajes en decorados que los empequeñecen, y hace especialmente eficaces algunas escenas de exteriores en entorno simbólicos. Esos interiores son casi una acumulación de recuerdos donde quedan sepultados dichos personajes, recuerdos que los definen, llenos de fotos o elementos físicos que remiten al pasado.

 

 

Se juega mucho con cebos y elementos que se repiten en forma de eco, pero que en realidad no son especialmente reseñables, son un apoyo narrativo para una mejor comprensión, pero no con un sentido funcional especialmente desarrollado. Un ejemplo lo tenemos con el mechero que Dash (Matt Ellis) hace funcionar poco antes del accidente… También se usa con esos planos fugaces de los recuerdos (un cumpleaños, una niña que busca a su madre en un laberinto, alguien trabajando en una ferretería, amores de juventud, pérdida del padre, la guerra, las drogas…), que luego se irán colocando en sus dueños según nos acerquemos a ellos. Del mismo modo, también se usan flashbacks ocasionales y repentinos que nada tienen que ver con la máquina, aspecto que redunda especialmente en uno de los mayores defectos del film, su falta de fluidez narrativa, su apariencia inconexa. Ejemplo, varias de las escenas insertadas sin sentido de la mujer de Gordon, Carolyn (Julia Ormond). Una Carolyn que es consciente de la infidelidad de su marido.

 

 

Hay algunas curiosidades a las que podría buscarse alguna interesante interpretación, pero que no creo que fuera intención o quizá no se desarrolló. Por ejemplo, el reloj de arena de Gordon, al que se le da cierta importancia en la secuencia donde es asesinado, un elemento antiguo en un mundo hipertecnificado que no llega a más. Es interesante el trabajo de Sam con las maquetas, que tiene su eco en esos recuerdos que va construyendo, pequeños retazos de vida, imitada.

 

Peter Dinklage appears in Rememory by Mark Palansky, an official selection of the Premieres program at the 2017 Sundance Film Festival. © 2016 Sundance Institute | photo by Greg Middleton.

 

Es algo confusa por contradictoria. Muchos elementos intrigantes, como cebos, algo forzados, como las apariciones y presentaciones de ciertos personajes. Movimientos de cámara que van insinuando algo del protagonista, como esos travellings sobre las llaves en casa de Carolyn para mostrar que las ha robado (y a las que nunca más se hará referencia). Otros muy rebuscados, como que la amante robe la máquina y la lleve a la casa de Gordon y su mujer tras dejarlo muerto olvidando todo allí por salir por piernas… Que nadie de seguridad vea nada durante el suceso clave del film… Elementos supuestamente significativos, como ver a Lawton (Henry Ian Cusick) ante un espejo insinuando su falsedad u ocultación, cuando luego no es así en absoluto, ya que es exactamente lo que parece desde la primera escena. Como mínimo esteticista…

 

 

No terminamos de entender muy bien la motivación de la obsesión de Sam. Parece algo relacionado con la máquina y el suceso con su hermano, como si buscara una redención con su uso, pero vira hacia una investigación detectivesca sobre el asesinato de Gordon… Al fin todo ello cobra algo de sentido, cuando entendemos que se nos mentía u ocultaban cosas, alcanzando la redención por dos caminos.

Esta confusión torna en manipulación o trampa con el giro final. Se nos hace creer que el trauma u obsesión de Sam es por la muerte de su hermano, por unas palabras que no escuchó en su agonía. Así lo vemos cada vez que usa la máquina, viendo las escenas con su hermano sin poder avanzar debido al impacto que le producen. Incluso en las visiones posteriores a cada uso es su hermano el que aparece… pero al final resulta que ese traume viene provocado por las víctimas del otro coche con el que chocaron la fatídica noche (sigo sin ver claro cómo conducía el pequeño Sam). Descubre en su último uso de la máquina que era la familia de Gordon. Aquí comienzan los problemas, porque lo primero que pensamos es que debería recordarlo al ver a Gordon, pero se nos dice que él lo busca para disculparse, por tanto recordarlo lo recuerda perfectamente, por lo que no entendemos o acabamos de comprender la naturaleza real de su mal. En ese flashback lo que de verdad impacta y rompe a Sam es ver que había una niña en el coche de Gordon, su fallecida hija, que tanto le hizo sufrir, pero luego las visiones jamás se refieren a ese suceso, que además ya debía recordar, no era un recuerdo bloqueado… Todo queda confuso y mal narrado. En cualquier caso, queda claro que Sam ha ido, morosamente, rompiendo capas sobre ese secreto y ese recuerdo para exorcizar su culpa y alcanzar una redención que se cumple por una doble vía, alcanzando la paz y descubriendo lo ocurrido con la muerte de Gordon.

 

 

El uso del punto de vista pretende ser una de las claves de estilo de la propuesta, donde el plano subjetivo en los recuerdos es crucial. Con todo, algunos momentos fallan en este sentido. Un juego con el punto de vista que tiene un punto metacinematográfico. En la parte final se pasa a un plano más objetivo en los recuerdos al introducir a personajes en ellos, viendo in situ lo que sucedió en su pasado, una solución o recurso que podría considerarse cuestionable.

El ritmo es lento, demasiado pesado con esos baches narrativos. Quizá, con un mejor fluir, donde no se insertasen determinadas escenas, como he comentado antes, sin mucho sentido, buscándolas su lugar, ni dar tanta trascendencia a algunas fases que no la tienen, demorando la historia, podría haber resultado más eficaz. Demasiado lánguida y relajada. Los tonos son fríos, azulados. Una película sobria.

 

 

Un ejemplo de esta descompensación y falta de medida, lo tenemos en la larguísima escena de la velada de Sam con Carolyn, cuando él relata su encuentro con el marido en un hotel, donde se insertan fugaces planos de ese día, donde no sabemos hasta qué punto fue real o es inventado, rodada con muchos cambios de ángulo sin una aparente coherencia.

Que importantes son los detalles”.

No es que sea un mal guión, tampoco bueno, pero hay determinados recursos poco elaborados en los momentos clave o para momentos de thriller, que no convencen (que Wendy deje la máquina en casa de su amante, que Sam la termine robando y la forma en que todo se produce…).

 

 

La parte de la trama con Lawton y la empresa Cortex es puro artificio, todo ese rollo con el negocio que se pretende con la máquina sólo tiene la intención de definir un sospecho y sus posibles motivaciones, pero realmente poco o nada tienen que ver con la trama. Ni siquiera el supuesto problema de la máquina (con las visiones o el suicidio de una paciente), que en realidad implica que funciona a la perfección y se debería tener más control y tratamiento con los pacientes, sirve para nada, más allá de intentar despistar al espectador.

Lo mismo ocurre con la aparición de determinados personajes, como ese Neil Frankel (Chad Krowchuk), que llega a forzar un encuentro con el protagonista para dar una información que ya sabíamos (o como mínimo dábamos por sentado), cuando se supone que es él el que quería ser informado de algo… Es sobre el tema del suicidio de Allyson, una chica que usaba la máquina bajo la supervisión de Gordon, y que tendrá redundancia cuando Sam hable con su hermana… Es una secuencia que parece aglutinar todos los defectos anteriores, confusión, obviedad, arbitrariedad y artificiosidad.

 

 

Esa morosidad ocasional se debe también a ciertas reiteraciones en la trama, como en los usos de la máquina, que muchas veces aportan poco, especialmente cuando la usa el protagonista. También con las visiones, sobre todo porque apenas tienen valor en el conjunto. El momento en el que Sam decide usar la máquina para ver el recuerdo entero de lo sucedido la noche del accidente, es una escena que tiene muchos de los defectos comentados, un salto abrupto, que rompe con el fluir lógico narrativo, para llevarnos a ese momento, enfatizado, porque sí… El giro o sorpresa es aceptable, intuyéndose momentos antes, pero algo tramposo o manipulador. Además, en una cinta tan inconexa no termina de impactar, tan fría que no se siente… También son redundantes las reflexiones finales a cargo de Gordon, que ya habíamos realizado, incluso se habían planteado al inicio. Un ritmo lento que pretende atmósfera y que tendrá el apoyo de temas de “The National”.

 

 

Una frialdad dramática que a veces deja perplejo, como cuando Carolyn tiene en su mano los recuerdos de su marido (¿es un suicidio?), que desvelarían lo ocurrido con su muerte y se queda tan tranquila, es más, le da la máquina a Sam, que tiene en su poder en ese mismo instante, para que se la lleve a su casa, juguetee con ella, acabe su trabajo y la use para su redención… Surrealista…

Son momentos dramáticos aceptables el giro final o el duelo entre las dos mujeres en la vida de Gordon. Los diálogos dejan algunos momentos reseñables, no están mal.

Bien escogido está el simbólico lugar de las escenas finales, una marisma, una orilla, lugar desierto para finales e inicios. El agua como el olvido, como la redención y el renacimiento.

 

 

Película de ritmo lento y look aseado que no logra trascender su convencionalismo de thriller de investigación. Afectada y algo lánguida con una impostada trascendencia que no tiene. Sus elementos supuestamente originales quedan sepultados en el tópico estructural y en su desarrollo, un conjunto de mentiras, amenazas veladas, confianzas recobradas…

 

 

sambo

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