PURASANGRE (2017)

PURASANGRE (2017)

CORY FINLEY

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interesante y pequeña película independiente con dos jóvenes actrices de gran talento que van haciéndose un nombre entre las estrellas, y además a través del género de terror especialmente: Anya Taylor-Joy (El secreto de Marrowbone, Múltiple, Morgan, pronto en Glass) y Olivia Cooke (Los misteriosos asesinatos de Limehouse, Ouija, El Estigma del Mal… además de Ready Player One).

Aquí se unen al debutante Corey Finley para facturar un thriller corto, sencillo, pero con aspectos interesantes tanto en lo conceptual como en la dirección.

El planteamiento del film me remitió a ciertos clásicos, aunque también a referentes en otras épocas, donde los jovenzuelos díscolos, aburridos o pudientes, dedican su ocio a diseñar o perpetrar asesinatos por distintos motivos. Aquí hay, por supuesto, influencias nietzscheanas, pero también de Maquiavelo o J. G Ballard.

En joyas como “La Soga” (Alfred Hitchcock, 1948) o “Impulso Criminal” (Richard Fleischer, 1959), los protagonistas ansían el asesinato como bella arte, por el placer de asesinar, por el estímulo intelectual que supone cometerlo y que no les descubran… una asumida superioridad intelectual o del tipo que sea, que les justifica para cometer un asesinato. Víctimas justas porque son despreciables, bien por su carácter o por su posición social, que consideran parasitaria o desechable.

Algo así tenemos aquí, pero en un sentido más personal y egoísta. Amanda (Olivia Cooke) y Lily (Anya Taylor-Joy) planean un crimen contra el padrastro de la segunda porque no les cae bien, porque consideran que sin él el mundo estará mejor. Simplemente. Algo que le viene de perlas a Lily en concreto.

Así nos adentramos en los mencionados terrenos nietzscheanos, a los que sumamos a Maquiavelo con ese fin que justificaría esos medios… pero la clave de todo está en el contexto de estos dos personajes y los que los rodean. Ahí se expone la idea esencial del film.

 

 

Una sociedad que vive en la asepsia emocional, un diagnóstico contundente de la sociedad del estado del bienestar, que ha terminado por matar los sentimientos. Todas las relaciones que vemos en la película son extrañas, enrarecidas, cuando no fingidas o ficticias, sin apenas valor. Una sociedad que parece robotizada, haber perdido la capacidad de empatía, humanidad, sumergida en los móviles e internet, como manifiesta Amanda en la parte final del film. Es la muerte de los sentimientos de Ballard.

Vemos familias pudientes, adineradas, lujo, así parece ser con la madre de Amanda, dispuesta a pagar bastante para que Lily dé clases a su hija; por supuesto así es con Lily, donde su padrastro tiene mucho dinero, que incluso deja en sobres… ambas tenían caballos… (el detalle de los cortadores de césped es bueno). Una burbuja donde las dos se han criado, donde han asumido unas preocupaciones exclusivas, donde predomina la imitación y la mentira… Las dos, por tanto, quedarán vinculadas a la apariencia, que se escenifica en espejos.

Ante un espejo Amanda exhibirá su sonrisa falsa, escenificación de su habilidad para fingir emociones. Lily, por su parte, se maquillará ante otro, escenificando su falsedad de chica que oculta y miente.

 

 

Por ello es interesante también el retrato de la madre, a la que tardamos en ver y que se nos presenta tumbada en una cama de bronceado, en una nueva loa a la apariencia (posteriormente madre e hija estarán en un spa, donde parecen purificarse ante la posible muerte del padrastro, disfrutando del lujo y de los acicalamientos). Su relación con Mark es fría, casi atemorizada, dependiente. La veremos discutir, de la misma forma que veremos a Mark casi siempre en soledad, practicando sus deportes o de vuelta de los mismos…

 

 

 

Un mundo falso, como se escenifica en Amanda, capaz de fingir emociones, el llanto, que procurará enseñar a Lily. La técnica.

 

 

El contraste llega con Tim (Anton Yelchin, que hace un excelente trabajo y al que está dedicada la película tras perder la vida en un accidente en 2016, con 27 años), un delincuente de tres al cuarto con ínfulas al que ellas se ven capaces de despreciar y utilizar, asumiendo su superioridad, que quedará impactado y fascinado por el lujo de la casa de Lily mientras se escucha música clásica, que se interrumpirá abruptamente con el diálogo (otro reseñable rasgo estilístico). Chantajearán, despreciarán, amenazarán e incluso recurrirán a la violencia con él. Él es lo prohibido, lo underground, lo cutre, lo prescindible y manipulable.

 

 

Ese epílogo, donde Amanda relata dos sueños que ha tenido, es clarificador, aunque en realidad todo había quedado expuesto antes. Una humanidad que ya no se relaciona, obsesionada con lo digital, que deja echarse a perder su mundo hasta desaparecer para que los caballos dominen la tierra, donde el valor y el precio desaparecen. Y el otro donde la propia Amanda termina convertida en caballo, que son su obsesión.

En relación a todo esto es interesante el proceder de las dos protagonistas. Amanda es una antisocial que no siente emociones, ni buenas ni malas, personificación completa de lo relatado, la asepsia social y emocional. Es capaz de fingir esas emociones, pero no de sentirlas. Derrumbará enseguida la fachada de Lily con su explicitud y sinceridad.

 

 

Lily, en cambio, sí siente emociones, pero no tiene problema en caer en la pura psicopatía y la falta de empatía para su beneficio, que es siempre. Es decir, tiene completamente atrofiada su capacidad de sentir, su humanidad. Siente, pero es la que cometerá el asesinato, la que lo desea de verdad. Es más bien mentirosa y manipuladora, hipócrita, que se ve desnuda ante la explícita sinceridad de Amanda. Catalogará como nazis los argumentos de Amanda sobre el asesinato de su padrastro, para luego asumirlos. Lily está lindante con la psicopatía, sino de lleno en ella.

Como Amanda, es una fingidora: un plagio es el motivo por el que la echaron de la escuela…

 

 

Es por ello interesante la reflexión acerca de los sentimientos, que son un elemento que nos humaniza, que nos hace mejores, pero que también nos moviliza para el mal. La “maldad” de Amanda es puramente cerebral, lógica, inhumana incluso, pero sin prisma emocional o egoísta, simplemente valora una situación y la ejecuta, como queda expuesto en su relato del sacrificio de su caballo.

La capacidad de sentir de una comete el asesinato, la otra, en su asepsia lógica, se deja llevar.

¿Dónde queda el simbolismo del caballo? Es el primer plano de la película, Amanda ante un Pura Sangre, con un gesto cariñoso, antes de sacrificarlo. Y es el epílogo mencionado, donde se vuelven a referenciar. Amanda está obsesionada con ellos, decoran su habitación, los sueña, los pinta, los recuerda. Un Pura Sangre, alguien excepcional, que debe ver a los demás como súbditos, pequeñas piezas a colocar en un tablero para conseguir sus propósitos… los que dominarán el mundo. Sólo hay dejar que los demás se eliminen entre sí.

 

 

Desenfocados y elipsis.

Es por ello que Finley siempre plantea las relaciones o conversaciones de manera que algo separa o enfrenta a los intervinientes, cuando no explícitamente por el contexto sí con la puesta en escena. Son relaciones conflictivas, incómodas, enrarecidas, incluso ese abrazo al inicio entre Lily y Amanda resulta extraño e incómodo.

Observen, por ejemplo, la escena donde Amanda relata cómo sacrificó al caballo. Ambas en plano, Lily sentada, Amanda de pie jugando a un ajedrez gigante, haciendo su relato. Sólo se cortará en la parte final del mismo, con un contraplano y un primer plano de Lily en el momento culminante.

 

 

O cuando están solas viendo películas antiguas. Cada una parapetada en un extremo del sofá, sin apenas contacto, separadas. Pasarán del estudio al puro ocio, viendo películas y haciendo otras actividades. Incluso al final, tras el asesinato, con Lily cogiendo el brazo de Amanda… que está dormida.

Ven “Con las horas contadas” (Rudolph Maté, 1950), joya que podéis descubrir en esta misma web, y “La pequeña princesa» (Walter Lang, 1939), dos títulos que podrían interpretarse simbólicamente si tenemos en cuenta lo que le sucederá al padrastro, Mark (Paul Sparks), y el comportamiento de Lily.

 

 

Pero el rasgo de estilo que más define y marca esto son los desenfocados. Observen cuando Lily vuelve a sacar la conversación del asesinato tras pasar por la piscina. Primero se mantendrá desenfocada a Amanda, pero hacerla visible una vez intervenga, dejando difuminada a Lily. En el contraplano casi se deja fuera de encuadre a Amanda, difuminada, para que veamos justificarse a Lily.

 

 

 

 

En la siguiente escena los desenfocados son en tres capas. En primer plano un folio, con Lily desenfocada para, posteriormente, enfocarla. Luego, con la aparición de Mark, el padrastro, tras ella, alejado, volverá a quedar desenfocada para que lo veamos a él con claridad…

 

 

Cuando vemos a Lily viendo una película violenta (disparos, metralla, bombas que oímos en off sobre su rostro en primer plano y sin pestañear tras sabotear la bicicleta de su padrastro), terminará desenfocada para que veamos a su madre y su padrastro al fondo apareciendo en plano ante el estruendo, que antes estaban desenfocados a su vez…

 

 

 

Hay muchos. Amanda drogada durmiendo desenfocada; Mark jugando al tenis desenfocado (lo material)…

 

 

Más  interesante aún resultan esas escenas que parecen usarse exclusivamente para manifestar un sentimiento simbólicamente, antecediendo a un hecho concreto o sucediendo a este: esa escena de Lily viendo una película violenta tras sabotear la bicicleta del padrastro; Lily aguantando la respiración en la piscina hasta casi ahogarse antes de hablar del asesinato…

 

 

 

Eso sí, el aspecto más notable del estilo de Finley lo tenemos con su uso de la elipsis. Finley usa lo elíptico para momentos determinantes o que supondrán un cambio drástico. Un primer ejemplo lo tenemos en la escena donde Lily pide por ordenador que le pasen las fotos del caballo sacrificado por Amanda. Que nunca veremos. Ésta se levantará y dejará la habitación sola, la escena desierta, generando un sutil suspense a la espera de la contestación de ese alguien invisible al otro lado del ordenador, enfatizado con un leve travelling de acercamiento a la computadora.

Y también para la violencia. Vimos a Lily sabotear la bicicleta de Mark, pero no veremos el accidente, tan solo las consecuencias cuando lo veamos vendado y magullado al día siguiente. No hace falta explicar lo ocurrido, queda perfectamente claro.

 

 

El clímax llega en el clímax, precisamente. El momento del asesinato será también elíptico, elipsis visual, donde nos quedaremos con la drogada Amanda mientras Lily se levanta, coge algo de la cocina y sube al piso de arriba a cometer el asesinato que no veremos, tan solo escucharemos vagamente… Un leve travelling hacia la chica dormida es todo lo que veremos hasta el ensangrentado regreso de la asesina.

 

 

 

 

Otro marcado rasgo de estilo son los planos secuencia, algunos reseñados en su estilo elíptico, pero en otras ocasiones describiendo entornos, siguiendo a los personajes: Amanda en el inicio del film descubriendo la mansión donde vive Lily, con elementos de caza y armas (una katana), sin corte hasta el encuentro. Travelling siguiendo a Lily en su descenso hasta encontrarse con su madre en la cama bronceadora… En ambos casos cogidas desde la espalda.

 

 

Otro travelling en la fiesta, siguiendo a un cualquiera, también desde su espalda, hasta encontrarnos con Lily y luego con Tim, el maleante con ínfulas que utilizarán las amigas.

 

 

Usa muchos planos largos, sin corte, a veces en picado o en encuadres sencillos…

Hay detalles simpáticos, como ese falso suspense cuando se prevé el asesinato, en el que Tim simplemente acudirá al lugar para recuperar su pistola.

Notable es el juego que se le saca a la banda sonora, con mucha percusión, creando una aceptable atmósfera y tensión, insinuando la locura que sobrevuela a las protagonista, esa especie de perturbación que ambas poseen. Obra de Erik Friedlander.

 

 

Muerte.

Todo lo que desarrolla la relación y evolución de las protagonistas tiene que ver con la muerte. La muerte lo sobrevuela todo, sienten como una extraña atracción hacia ella. Ambas acaban zambulléndose en una extraña espiral autodestructiva de vidas sin sentido, hasta llegar a una resolución tan drástica como lógica. La asepsia y apatía de Amanda la impulsa a ayudar a Lily en su propósito, que queda liberada de sus angustias, que son de por si absurdas e injustificadas (no hay nada en ese padrastro que invite a lo que ella hace, es más, en muchos puntos tiene razón).

 

 

Son continuos y recurrentes los comentarios sobre el suceso de Amanda con su caballo. A ella le gustan los caballos, por lo que el sacrificio pretendía ser un acto de buena voluntad para que no sufriera, pero todo se torció cuando los medicamentos fallaron y hubo que recurrir a la violencia.

Lily coqueteará con la muerte aguantando la respiración en la piscina hasta casi perder el sentido, salvada en última instancia por una vigilante Amanda.

Cualquier gesto o conversación donde no se le dé la razón, será interpretado por Lily como afrenta que justifica la muerte, en este caso de Mark, que llega a hacerle un retrato perfecto de su psicología y proceder, sobre su egoísmo y falta de empatía, ratificado por Amanda.

 

 

A Amanda no se le ocurre otra reflexión mientras ve películas clásicas que: “Es curioso pensar que todos estos actores están muertos”.

Con Amanda desenfocada, Lily recordará el funeral de su padre y el llanto, preguntándose si era fingido por parte de su amiga.

A pesar de todos estos interesantes elementos, la película resulta simple, sencilla, con una trama escasa en su corto metraje. Falta algún giro (si bien el final es bueno), algún elemento extra que la haga más interesante, satisfactoria, plena. Sabe a poco y termina resultando previsible y poco efectiva, centrada en el retrato de las dos protagonistas.

 

 

Además sobran algunos elementos (ese plano de mala conciencia en el que Lily ve a su padrastro pintándole las uñas); conversaciones absurdas con algún elemento artificioso (esa conversación primera entre Lily y Tim donde ella tiene la ventana del coche abierta sin razón alguna. ¿La había dejado bajada? Si tiene miedo y prisa, ¿por qué no se va o la sube? Todo parece forzado para que se escuche bien dicha conversación, que por otro lado resulta algo absurda… pero recuerden que es cine indie).

Buena película, de ritmo lento, parsimonioso, pero de corto metraje, bien interpretada y dirigida.

 

 

 

sambo

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