WARCRAFT: EL ORIGEN (2016)

WARCRAFT: EL ORIGEN (2016)

DUNCAN JONES

 

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces es complicado encarar la adaptación de un videojuego. Hay muchos fans, y aunque ahora tengan en muchos casos un gran contenido narrativo, no implica que sea bueno… Es decir, como ocurre con cualquier adaptación, siempre es polémico, porque será difícil satisfacer a los acérrimos, y más cuando hay que dotar en muchos casos de especial contenido. Rara vez funcionan bien.

Warcraft” es un universo expansivo tremendo, inabarcable en una sola película. Debo reconocer mis reticencias iniciales antes la propuesta, que pensaba sería otra orgía más de efectos especiales y pirotecnia para sacar réditos en taquilla con los fans del juego y amantes del fantástico en la onda de “El señor de los anillos”, del que es claramente tributario.

Sí, pensaba que vería una burda imitación, como hay tantas, de “El señor de los anillos”, pero aunque es evidentemente tributaria del universo de Tolkien, lo cierto es que resulta un universo y una película satisfactoria. Sí, es muy “Señor de los anillos” (por tener tenemos hasta un súper águila, un hipogrifo, sobre el que monta el héroe, y tenemos espadas guays, como la de Lothar), pero muy bien elaborada y desarrollada, con gran gusto y mimo por sus personajes y la historia que cuenta. También podemos encontrar relaciones con ese otro éxito de nuestros tiempos, “Juego de Tronos”, con esas tramas políticas entre clanes y tribus, sus traiciones y ambiciones de poder, sus batallas en un mundo fantástico…

Mi desconocimiento del videojuego es básicamente total, pero por lo que he podido documentarme, la historia del film tiene poco que ver con las de los videojuegos más exitosos de la saga. Entroncaría con ciertos aspectos del primero lanzado al mercado en 1994.

 

 

 

Se va desarrollando con pausa y pulso toda la mitología, presentando a un buen número de personajes con los que iremos familiarizándonos. Clanes de orcos, mestizos presos, magia, un portal que se alimenta de vida, de presos de otras especies… Orcos, humanos, enanos, elfos, magos… Una sustancia verde llamada Fel, el orco Durotan/Antonidas, jefe del clan Lobo Gélido (Toby Kebbell) y su esposa embarazada teniendo un bebé que resucitará el villano. Durotan, un Orco digno y algo rebelde respecto a las órdenes; juicios orcos, su rechazo de la debilidad, sus normas; enanos en su forja y pistoleros y un comandante humano llamado Lothar (Travis Fimmel) en un lugar llamado Ironforge, que tiene un hijo llamado Callan (Burkely Duffield); otro lugar llamado Stormwind donde encontramos a un “conjurador” forense que es aprendiz de Guardián, Khadgar (Ben Schnetzer); otro lugar más, “Villa Dorada”, donde habita el rey y la reina, que a su vez es la hermana de Lothar; el Guardián Medivh (Ben Foster), que vive en una alta torre, en Karazhan, dedicado a hacer un Golem, huraño y de look crístico, y que será convocado por el rey con su anillo azul… un Gandalf-Saruman de la vida con un ayudante llamado Moroes (Callum Keith Rennie); Garona (Paula Patton), una mestiza que será el personaje más interesante del film… Sombras misteriosas; Ventormenta, una ciudad-estado del reino humano de Azeroth; Elwynn Forest, un bosque donde tendremos una escena de acción con una pelea entre humanos y orcos… Azeroth, el mundo creado, una tierra de paz perturbada por la venida de los orcos.

 

 

Con una más que aceptable dirección de Duncan Jones, el hijo de David Bowie, que irrumpió con fuerza en el mundo cinéfilo gracias a la interesante “Moon” (2009), título de ciencia ficción y su mejor película hasta el momento, “Warcraft” posee una sobriedad y pulso narrativo encomiable.

Una dirección sobria y segura que se aprecia ya desde las presentaciones iniciales y ese aire medieval que lo sobrevuela todo, pero que no se limita a la calmada fase de planteamiento, sino que también la apreciamos en la primera secuencia de acción (la pelea en Elwynn Forest), donde el plano secuencia parece la columna vertebral del estilo. Planos largos. Asombra esa sobriedad que se mantiene durante la primera ahora de metraje con pasmosa seguridad. La acción se disparará, con talento en general y bien modulada, durante los últimos tres cuartos de hora.

 

 

Además se despliega una rica y grandiosa puesta en escena para retratar esa rica y grandiosa mitología llena de lugares distintos, razas distintas, poblados, palacios, vestuarios, escenarios…

 

 

 

Incluso no hay miedo en mezclar escenas de diálogos, con mucho efecto especial, bien es cierto, con escenas íntimas, también calmas. Ejemplos los tenemos con Durotan en familia o esa escena entre Lothar, Garona y Khadgar a la luz de una hoguera, por poner algún ejemplo de los muchos que hay. Escenas donde se recuerda el pasado para dar más peso a estos personajes, como volvemos a ver en esa secuencia a solas entre Garona y Medivh hablando sobre su desarraigo, sus distinciones, lo que les hace distintos…

 

 

Hay referencias bíblicas con el hijo de Durotan, una vez muere Draka (Anna Galvin), lanzando a su hijo, para protegerlo, al azar de un río. Es difícil no ver paralelismos entre ese bebé orco y Moisés. Un hijo que será el continente del legado de su padre, el legado orco, simbolizado en el colmillo que portará. Un bebé que será recogido por un amigo de Durotan. Referencias bíblicas que se suman al look crístico de Medivh mencionado anteriormente, o las muertes de Durotan y el rey para concienciar y unir a los pueblos, que irían paralelas a la figura de Cristo.

 

 

También hay grandes planos, espectaculares, más allá de ese uso del plano secuencia y las escenas con pocos cortes, como este magnífico plano aéreo para que veamos a los distintos pueblos en guerra; ese travelling circular sobre el Guardián hacia un picado para que veamos el entorno… Un travelling circular sobre un personaje que se usa en más de una ocasión.

 

 

La nueva batalla entre orcos y humanos mediada la película deja una escena potente desde lo emocional, como es la muerte del hijo de Lothar. Una escena que me recordó en su resolución a la de “Black rain” (Ridley Scott, 1989) con la muerte de Andy García ante la impotencia de Michael Douglas. La barrera creada por Medivh impide al padre proteger a su hijo, que queda a merced de los orcos…

La pelea entre orcos en el reto es potente y está bien rodada, aunque su resolución resulta demasiado sencilla y anticlimática.

 

 

El desarrollo de los personajes se beneficia también de ese ritmo pausado y esa dirección muy medida y nada apresurada. Así se logra humanizarlos, donde todos tienen defectos y virtudes, debilidades y fortalezas. De entre todos destacaría el de Garona, medio orco medio humana, presa al inicio, liberada después, con un acentuado parecido con Gamora (Zoe Saldaña) de “Guardianes de la galaxia”, incluso en el nombre. Es un personaje sin filtros, que parece incapaz de callar nada o mentir, desarraigada, que no pertenece a ningún sitio… Es el personaje más interesante. Aliada de los humanos, terminará matando al rey de estos, a petición de él, para ganar tiempo y obtener el respeto orco, lo que le dará capacidad de maniobra. Desarraigada de inicio, terminará siendo aceptada tanto por humanos como por orcos, su gran anhelo, con la debilidad que ello puede causar, ya que deberá definir sus fidelidades…

 

 

En relación a esto la película huye del maniqueísmo, del simple “buenos y malos”, indagando con cierto interés en los grises de los personajes y las mismas razas, donde en los humanos hay malos y traidores y en los orcos buenos y dignos. Se planteará, precisamente, una rebelión orca para buscar unirse a los humanos, capitaneada por Durotan. Habrá coqueteos mestizos (GaronaLothar, pareja que se irá uniendo a través del dolor)… Lothar creerá una traición de Garona cuando vea su puñal en el rey, complicando su relación. Un Lothar que es tan valeroso como engreído y desconfiado.

No serías pareja eficaz”.

 

 

Es interesante también el personaje del Guardián, su ambigüedad. Un personaje con una lucha interna, que mezclará gestos generosos con otros traidores. Finalmente vencerá el mal en él, por lo que se dispondrá a manipular a diestro y siniestro una vez quede consumido por el Fel. Matará a su fiel ayudante incluso. Las advertencias contra él de Lothar tienen poco sustento, ciertamente.

Como interesante es el uso de las muertes. No sólo tienen un impacto emocional, sino también narrativo, ya que modificarán y tendrán incidencia directa en la historia, en los clanes. Desde la muerte de Durotan, que al fin y al cabo concienciará a muchos, a la del hijo de Lothar o la del rey, que reunirá a los pueblos entorno al protagonista (Lothar).

 

 

La trama del Fel tiene algo de esa contaminación moral que creaban los poderes del anillo en la obra de Tolkien. El villano de la función, brujo orco, Gul’dan (Daniel Wu), es el dominador del Fel, un dominio que él cree poseer en solitario, pero es una habilidad que el Guardián humano también tiene.

Sé temido o serás consumido”.

Es muy interesante la escena del duelo entre Lothar y el nuevo líder de la horda. Sabiduría respecto a la figura del héroe. Unos orcos que respetarán a ese guerrero que se batirá en duelo y vencerá vengando a su hijo.

Las citadas y justamente reconocidas virtudes mencionadas, no esconden los defectos, que también los tiene.

 

 

Hay algunos comportamientos y decisiones que se antojan algo repentinos a pesar de los esfuerzos por elaborar personajes, relaciones e historia (Medivh, la extrema confianza que todos tienen repentinamente con Garona…).

Durotan pretende un sacrificio aleccionador, confiando en la honestidad orca, pero estos ceden al miedo… Resulta quizá algo absurdo como plan este de Durotan, habida cuenta del poder del villano Gul’ dan

 

 

La resolución con la trama del portal resulta escapista y poco satisfactoria. Tampoco se comprenden muy bien los tiempos ni determinados aspectos del plan. La batalla final, aunque tiene algunos buenos planos generales, es poco vistosa y emocionante. Decepciona un tanto.

Los diálogos son poco sutiles, demasiado evidentemente forzados para dar explicaciones al espectador en muchas ocasiones, por ejemplo para describir parentescos…

Tenemos a Glenn Close en un pequeño papel como oráculo. “De la luz viene la oscuridad y de la oscuridad… la luz”.

Duncan Jones entrega un buen trabajo, una estupenda presentación de ese mundo, potente y contundente, con momentos imprevistos y relaciones truncadas o pausadas, con muertes de personajes importantes durante todo el metraje para sorpresa del espectador.

Merece suerte la iniciativa, podría dar para una entretenida y aceptable saga fantástica. Superior a la media de este tipo de producciones, aunque seguramente quedará condenada por el prejuicio. Lo cierto es que se lo han tomado en serio y el resultado es satisfactorio.

 

 

sambo

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