PARÁSITOS (2019) -Última Parte-

PARÁSITOS (2019) -Última Parte-

BONG JOON-HO

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alturas. Clases.

Bong Joon-ho ironiza sobre la estratificación social, las distintas clases, sus luchas… Es el obvio fundamento del film, que muestra desde lo conceptual y lo visual. En el film es una distinción tácita entre clases, asumida, silenciosa, que los de abajo notan, los de arriba juzgan… y los jóvenes tienden a ignorar… Clases que son como el agua y el aceite…

Los ricos poseen una sutil prepotencia, una asumida superioridad sobre los más desfavorecidos o sobre aquellos que creen no pertenecen a su clase o tienen su dinero. Sus problemas están ajenos a la realidad, son livianos, lúdicos (el cumpleaños del chico, la posición de unas sillas o unas mesas…). Esa afable y amable familia rica está ajena a todo el conflicto que acontece en su propia casa, en su sótano oculto… en la sociedad.

 

 

Son condescendientes y asumen que el resto debe estar para servirles, previo pago… Ponen sutiles pruebas a sus trabajadores (ese café en el coche), consideran que con el pago deben asumir cualquier labor (el padre protagonista vestido de indio)… No tendrán problemas en mostrar regalos y lujos, pero sin intención humillante. Tres familias, dos bandos y muchas diferencias.

Hay un gusto por lo americano en esa adinerada familia, donde el niño pequeño está aficionado a los indios, ellos citan a Basquiat y tienen una colección cinéfila apreciable…

 

 

Min (Seo-joon Park), el amigo universitario de Kim Ki-woo (Wook-sik Choi), tiene más que asimilada esa superioridad de clase, si bien le ocurre lo mismo al otro… Le ofrecerá un trabajo donde cada comentario rezuma prepotencia y esa asumida superioridad: Enseñar inglés a una chica de clase alta que le gusta, lo elige a él porque lo prefiere a cualquier otro compañero universitario. Kim Ki-woo podría interpretarlo como halago, esa preferencia, pero es todo lo contrario, ya que deja patente la insignificancia que es para Min.

Si eres tú, puedo irme tranquilo”.

Un Min que hará un regalo a su amigo, una piedra, una roca, que, según dice, trae riqueza a las familias. Esa roca será usada al final de la película para la violencia y la muerte. La riqueza como vehículo de muerte…

 

 

A la mujer de la casa se la presenta dormida en una silla de su jardín. Ese agradable sopor perezoso… Sin preocupaciones ni grandes obligaciones…

También el padre de la familia adinerada tendrá comentarios despreciativos, clasistas, prepotentes, pero sin saña, como si su superioridad y los distintos estatus fueran algo asumido. Reflexionará sobre el comportamiento de su nuevo chófer, alabando su competencia, pero mostrando inquietud sobre lo que él define como “pasar la línea”. Sobre pasar los límites de la confianza, aspecto hasta cierto punto comprensible. Mal hablado en ciertos momentos, distraído al volante en otros…

 

 

Y el olor. Los padres y “Jessica” huelen igual. Un olor que él parece relacionar con la diferenciación de clase. Una línea que separaría a las distintas clases…

Aunque siempre parece estar a punto de cruzar la línea, él nunca lo hace. Eso es bueno. Le daré crédito. Pero ese olor cruza la línea…”.

A veces lo hueles en el metro. La gente que viaja en metro tiene un olor especial”.

 

 

Los “parásitos” sienten una grandilocuente admiración por los adinerados, ansiando parecerse a ellos, si bien tienen también asimilado que nunca lo serán, incluso teniendo dinero.

Los estudiantes universitarios tienen un gran vigor”.

Son egoístas, falsos, no tienen escrúpulos, usan un falso servilismo para medrar y parasitar. Todos ellos tienen sueños, anhelos, rememoraciones de éxitos pasados, como esos trofeos atléticos de la madre. Kim Ki-woo quiere ir a la universidad e idealiza esa vida. La madre es muy práctica. La hija es la más egoísta. El padre es optimista, se nos aparece de inicio como hundido, tumbado, sentado en el suelo… Son auténticos buscavidas que saben lo que hacen, saben comportarse, fingir lo que no son y dar lo que el otro quiere.

Comida sería mejor”.

 

 

No están, en absoluto, exentos de mérito en su falta de escrúpulos. Cuando las cosas comiencen a salir bien, se regocijarán en su éxito y reflexionarán sobre su situación, creciendo sus anhelos y necesidades. Lo que antes era conformismo, ahora es deseo de salir de aquella casa… y posteriormente será el deseo de vivir en la de sus “anfitriones”.

Sienten el complejo de clase, como una asumida inferioridad. Kim Ki-woo lo verbalizará, mintiendo a Da-Hye ante un cristal, su doblez, exponiendo sus inquietudes dentro de ese entorno, su encaje.

 

 

En este juego de clases iremos viendo ciertos cambios de roles, donde esos parásitos se comportan con seguridad y firmeza, aprovechándose de la bondad, ingenuidad, ignorancia o inseguridad de sus anfitriones… Tomando, en cierta medida, el mando. Si han visto “El sirviente” (Joseph Losey, 1963), su planteamiento tiene conceptos similares.

La escena del clímax parasitario, punto de inflexión en el film, cuando esa familia se queda sola en la casa una vez los dueños han ido de camping, tiene mucho de Buñuel. Hay algo de “Viridiana” (1961), de “El Ángel Exterminador” (1962)…

 

 

Una invasión de la privacidad que va cediendo poco a poco a la brutalidad, quitando esa máscara civilizada que habían portado hasta ese momento, con la madre lanzando el martillo, el hijo husmeando en los diarios de la chica a la que da clase, comiendo y manchando como cerdos…

No hay odio, rencor o rabia, incluso se aprecia admiración, simplemente el fin justifica los medios.

“Ingenua”, “amable”, “me gusta ella”, “es una buena chica”, “es bonita”… son frases que se dedican a la familia parasitada.

La gente rica es ingenua. Sin resentimientos. No tienen arrugas”.

 

 

El dinero es la solución”. Esa frase la dicen con plena convicción, como objetivo a conseguir. No hay rencor, sólo quieren ser como ellos, convertirse en ellos, tener lo que ellos tienen… y si el medio es fagocitándolos… para ellos es tan lícito como adquirirlo en la lotería…

El mismo hijo lo verbaliza, esa aspiración de ser como Min, el amigo que le facilitó el trabajo. De hecho, no tardará en suplantarlo en cierta medida, besando a la chica que le gustaba a su amigo: En un solo plano, con habilidad en el eco de una escena anterior donde él le tomaba el pulso a ella y ahora ella se lo toma a él, haciendo evidente la excitación…

 

 

 

 

Sólo con la borrachera se intuirán ciertos escrúpulos, inquietudes morales, confiando en que sus “cadáveres”, esos a quienes robaron sus empleos, hayan encontrado otros…

Sólo concéntrate en nosotros”.

Dos familias parásitas agradecidas a sus ignorantes benefactores, que lucharán entre sí por su posición y sus beneficios… Un macabro juego de poder desde la necesidad, donde los sometidos acabarán sometiendo y viceversa, con una falta de comprensión y piedad, que llegan a ser suplicadas, pero que brillan por su ausencia…

Por supuesto, se indaga en conceptos y temas que se exprimen en este duelo y este juego, que sólo tiene cabida desde la falta de escrúpulos. Son los humildes parásitos los que no mostrarán escrúpulo ni sentimiento algunos en la búsqueda de sus objetivos, dando por sentado que sus “anfitriones” no tienen de qué quejarse. Incluso usarán sus emociones y afectos. De hecho, sólo a la familia adinerada se les aprecia.

 

 

El uso del prejuicio y la apariencia como mecanismos de manipulación. Se piensa mal (el chófer ha tenido sexo en el coche de la familia) porque a la vez se piensa bien (¿quién iba a pensar que se trataba de una pérfida trama?). Eso sí, las otras suposiciones sobre las que elucubra el matrimonio son más delirantes aún…

La hipocresía, la mentira, el engaño, la frialdad o ausencia de emociones y sentimientos, ausencia de escrúpulos o respeto…

Dentro del evidente componente social, de clase, que tiene el film, el asesinato del padre parásito al señor Park, el rico dueño de la casa, es el clímax. La explosión visceral y animal de una violencia latente y soterrada, de ese todo asimilado pero padecido. Las manifestaciones al olor, que lo denigran, le harán sumergirse en esa violencia producto de la impotencia, de verse arrastrado a lo más bajo. Es casi vergüenza.

 

 

El final hipotético, ficticio, es un eco del inicio: Sueña, pero estás en el mismo lugar en el que comenzaste… y peor.

Y es que hay algo circular, como de bucle, en esta reflexión social. Con ese matrimonio, antiguos parásitos, que se valían de la familia adinerada y se comunicaban con las luces en la noche en código morse, como planearán hacer los nuevos parásitos, una vez el padre ha quedado atrapado allí, repitiendo el periplo de los anteriores…

 

 

  • Alturas

El obvio componente social del film, se escenifica con el uso de las alturas. Los adinerados vienen en lo más alto, mientras que a los desfavorecidos los encontramos en lo más bajo… Una altura que no es, precisamente, sutil. Para alcanzar a los poderosos, es necesario subir muy alto, a un lugar inalcanzable, montones de escaleras en esa estratificación social que se quiere remarcar.

Las alturas son clave en la puesta en escena de Bong Joon-ho. La casa de la familia protagonista estará por debajo del suelo, remarcando ya su clase y el contraste que vendrá.

Sólo tendrás que subir las escaleras”.

Subir o bajar escaleras separa a las clases.

 

 

Allí en lo alto, una casa acristalada, amplia, fría, una burbuja aislada del entorno, de posibles parásitos. En el piso de arriba, con los cuartos infantiles, el tono cambia, siendo más personal. Una casa en la que la vitalidad y el desorden lo pondrá el niño pequeño, fan de los indios americanos (así veremos a los adultos disfrazados en su honor al final del film) y el arte.

 

 

Min y Kim Ki-woo charlarán en una calle inclinada, que muestra, como símbolo, su diferencia social.

 

 

Para llegar a la casa de esa familia rica, Kim Ki-woo tendrá que subir múltiples y eternas escaleras y cuestas. Incluso dentro de la casa subirá escaleras hasta llegar a su alumna… Esto lo contrastará el director con el vagar de su padre por su propia casa subterránea.

Y esos descensos. Bajo la lluvia, con ese plano que se queda con la alcantarilla absorbiendo agua, en rampas y escaleras que se descienden hasta ese subsuelo que remarca la diferencia de clase en el retorno al hogar “parásito”. Lo que antes fue ascenso… Y esos vínculos visuales que nos llevan de una casa a otra, la inundada de la familia parásita y el sótano con más parásitos en lucha… A los váteres, en una obvia metáfora, uno expulsando mierda, el otro recibiendo vómitos. De nuevo lo escatológico, lo esperpéntico.

 

 

La depuración de lo putrefacto. Una lluvia simbólica, catártica, que lleva a pensamientos anárquicos… “Es mejor no hacer planes”.

Una lluvia que afecta a unos y a otros de forma distinta. Placer visual para los ricos, ahogamiento y pérdida para los pobres…

 

 

Hay escenas que integran todos los recursos de estilo y metafóricos, desde las alturas al manejo de los elementos del decorado, mostrados con movimientos de cámara. Un ejemplo lo tenemos en la secuencia donde los dueños de la casa tienen sexo furtivo en su sofá, con la familia parásita oculta bajo la mesa. Un morbo muy oriental.

 

 

 

 

 

Un travelling en picado los vincula, con los dueños visibles y los otros ocultos bajo la mesa. El siguiente plano es un travelling vertical, de arriba a abajo, que nos muestra a los dormidos dueños en el plano superior y a la despierta familia parásita despierta en el inferior…

Un travelling que desciende también inicia y finaliza la película en la subterránea casa de la familia protagonista…

 

 

 

 

Por supuesto, en un piso aún más bajo, encontraremos a ese anterior parásito que ha quedado en la casa, marido del ama de llaves despedida. Oculto en un refugio del que la familia dueña de la casa no sabe nada. Él fue la causa del “trauma” del niño, que lo vio en una de sus excursiones al frigorífico… Un lugar al que acceder desde una oscura puerta y escaleras por las que descender.

La lucha entre parásitos será violenta, y tendrá ese sótano como decorado protagonista de la misma, obviamente…

 

 

El manejo del decorado, del espacio de la escena, es fantástico. Esas separaciones, a través de muros, paredes, incluso mesas, son fantásticas para afianzar esa idea de separación de clases, así como para lograr suspenses, cómicos o no. Ejemplo es el intento de evasión de la familia parásita de la casa para no ser descubierta, un suspense cómico muy logrado.

 

 

También se usa el decorado para lo oculto. Ya he explicado ejemplos, esa mesa que oculta a la familia, ese sótano no descubierto… pero la hija de la familia dueña de la casa descenderá las escaleras para cotillear y se ocultará tras un muro, como hará “Jessica” para hacer lo propio poco después…

 

 

Un uso ejemplar del espacio escénico, casi teatral, pero puramente cinematográfico, ya que sabemos dónde está todo el mundo en todo momento y la casa está maravillosamente descrita. Destacando esa amplia sala de estar, testigo de lluvias y amaneceres luminosos, de sueños frustrados y recuerdos placenteros… por parte de tres familias.

 

 

También son interesantes otros encuadres, como esos donde en los planos-contraplanos, uno de los intervinientes tapa parte del rostro del otro. Por ejemplo entre “profesor” y alumna, Da-Hye, con él hablando de vigor y tirando de labia para manipularlos a todos, o la conversación entre Kim Ki-jung/Jessica (So-dom Park) y la mujer de la casa, Park Yeon-kyo (Yeo-jeong Jo), manipulándola a conciencia, usando a su hijo, su debilidad, para lograr su objetivo, el trabajo y una tarifa mayor. Sin escrúpulos.

De inicio se usan mucho las angulaciones, aunque es algo que aparecerá durante todo el metraje. En la casa de los protagonistas, esa en el subsuelo, tenemos muchos picados y contrapicados, unos minimizando y otros acompañando en la altura cuando se arrodillan o sientan…

Se juega con los paralelismos entre los insectos y el comportamiento animalizado de los protagonistas. Lo vemos al inicio y en ciertos comentarios, pero también en gestos, como esa subida por las escaleras de Kim Ki-woo ante la llegada de los dueños, a gatas, que vuelve a ser un guiño a los insectos o animales… O en su cena disfrutando de la casa para ellos, comentando en que se escabullirían como “cucarachas” si apareciera el Sr. Park

 

 

Hay un irónico uso de la música en la película, muy interesante.

Un estupenda película que ojalá cree adeptos al cine oriental, que tanto en la actualidad como en las etapas clásicas tiene infinidad de joyas y obras maestras a reivindicar y que deberían conocer todos los cinéfilos.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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