LITERATURA

“Si lees un párrafo de una novela de Ken Follett no podrás dejar de leerla hasta el final”. Así se vendían los libros del estupendo autor británico. Y no faltaba razón, ya que los magníficos thrillers e historias de intriga y suspense que facturaba Follett le llevaron al éxito de manera inmediata.
No era suficiente para la ambición del autor, que en un giro arriesgado y sorprendente, que él mismo explica en relación a las dudas que despertó su propuesta a los editores, se lanzó a explorar la novela histórica, en la que no renunció a su estilo adictivo e intrigante, clave definitiva de su reconocimiento y celebridad.
Si bien es cierto que a menudo sus intrigas tenían un buen contexto histórico, con un gusto predominante por los periodos bélicos, la publicación de “Los Pilares de la Tierra” supone un punto y aparte en su carrera. A esa idea y concepción, que ha seguido regando con fruición posteriormente, corresponde esta novela que aquí os traigo, de rimbombante título.
Ese cambio producido es el que observamos en esta “Un Lugar Llamado Libertad”, novela histórica que relata los avatares de la industria carbonera en la Escocia del siglo XVIII, las condiciones casi esclavistas y las ansias de libertad de aquellas gentes, a las que da voz el protagonista, Mack McAsh.
“Ser minero del carbón en la Escocia del siglo XVIII significaba servidumbres y sufrimiento. Por eso Mack McAsh se enfrentó a su amo, lo que le obligó a huir. Para el joven comenzó una odisea que le llevó a Londres y luego a las colonias de América del Norte, convertidas más que nunca en esperanza de libertad”.
Como no podía ser de otra forma, la recreación y ambientación histórica es aceptable, así como la descripción de los padecimientos, modos y vida en aquella época y en aquellas condiciones, la vida en las minas, su inclemente crueldad, una fisicidad con la dureza del trabajo minero que Follett transmite con acierto y con gran intensidad.
Es fácil identificarse con el protagonista, del mismo modo que es fácil avanzar por las páginas del libro, que posee un ritmo notable, como suele acostumbrar el autor. Esto y las pasiones exacerbadas que se van dando cita durante la trama, de distinta índole, dan a la narración gran vigor.
El clasismo, la fuerza de voluntad, el amor y la pasión, la búsqueda de eso que nos impulsa a seguir y a vivir, la tenacidad y la lucha, la supervivencia contra los rudos avatares del azar y de la maldad…
Follett realiza aquí un canto a la libertad, una idea que refulge mucho más que su crítica social dentro del contexto histórico elegido. Es lo que de verdad permanece. Y lo hace con una epopeya, un odisea particular en una historia bastante clásica de superación personal y lucha contra la injusticia.
Es por ello que el libro, con las virtudes mencionadas, resulta previsible casi en su completo desarrollo, un cómodo y agradable entretenimiento de emociones muy medidas y estudiadas que nunca logran el desgarro ni parecer puramente genuinas.
Es decir, Follett no logra remontar el convencionalismo de la historia, si bien le saca todo el partido gracias a un gran puso narrativo y elementos tan manidos y predecibles como efectivos. Tanto la estructura como el desarrollo, con ese cúmulo de desgracias que se amontonan en un pobre hombre, el lector las conoce bien. O el espectador cinematográfico, que encontrará referentes sin dificultad. “Un Horizonte muy Lejano” (Ron Howard, 1992), por ejemplo, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman, sería una aproximación.
Ligera, sin grandes alardes ni profundidades, es un aceptable entretenimiento de uno de los más afamados autores de la actualidad. Una obra en los inicios de su experiencia dentro de la novela histórica, género con el que dio el pelotazo varios años antes con su obra principal, “Los Pilares de la Tierra”, de la que esta sería una liviana heredera.






