CINE

 

 

 

 

 

Veinteañero y sin bigote, tras dejar su prometedora carrera en el fútbol americano por una inoportuna lesión de rodilla, comenzó a foguearse como tipo duro en series televisivas del oeste, y alguna peliculilla, el joven Reynolds, que parecía destinado a reeditar viejos roles, ese canalla simpático que patentaran gente como Errol Flynn o Clark Gable, y no cito a Cary Grant porque el vínculo del mostacho aquí es esencial. El héroe travieso, aquí de pelo en pecho, que gustaba mostrar como signo desbordante de testosterona.

Él era la masculinidad autoconsciente que gozaba como un enano presumiendo de ella. Y tanto que presumía, que en 1972 salió desnudo en Cosmopolitan… con esa sonrisilla, siempre esa sonrisilla que decía: a que molo ¿eh?

Ahí ya aparecía con su bigotón, que no fue siempre un compañero inseparable, pero que en los 70 irrumpió con fuerza para ser su inmortal seña de identidad varonil, dura y recia. Él era un hombre, EL hombre, y trataba a las mujeres con rudeza y cierta condescendencia, como correspondía a un duro setentero… Tiempos que pasaron y que a día de hoy serían casi inconcebibles.

Desde luego no era tan guapo y atractivo como otro ilustre mostacho de mi infancia, Tom Selleck (73 años), 9 años menor que él, en un duelo ochentero de bigotes. El mostacho de Reynolds era la versión gamberra del mostacho de Selleck, que era el mostacho formal oficial, siempre decente y honesto. Desde luego él nunca perdió su pose de creérselo en todo momento, de creerse el más guapo, ese sex symbol y esa estrella que fue en los 70 y 80, incluso cuando desde los 90 todo aquel lustre languideció entre botox, operaciones estéticas y proyectos cutres. Se lo creía, o lo parecía, pero como si fuera algo que había que dar por sentado hasta el punto de poder reírse de ello. El ponía esa sonrisilla con la que solía rendir al prójimo que parecía decir “pensad, pensad lo que queráis. Yo soy guay”. Y lo era.

 

 

No en balde era un percutidor nato. Con ese físico, ese éxito y, sobre todo, ese mostacho, se entregó a la carrera promiscua como si no hubiera mañana… hasta que llegó Sally Field, el gran amor de su vida, el que rascó el lado romántico del machote mujeriego, con la que rompió tras cuatro años de relación y a la que recordó toda su vida, reconociendo no hace mucho que fue un estúpido por perderla. Ni siquiera fue uno de los dos matrimonios que tuvo (con Judy Carne y con Loni Anderson, con esta última adoptó a Quinton Anderson Reynolds). Tampoco hacía falta… Bien es cierto que tras perderla siguió su promiscuo transitar, que para eso el machote nace y se hace.

 

 

Reynolds siempre parecía estar de vuelta de todo, cansado de todo con pose de duro o tan pasado que todo le resultaba hilarante. Quizá por ello rechazó ser Bond, Han Solo, “Jungla de Cristal”, “Pretty Woman”, “Alguien voló sobre el nido del cuco” o “La Fuerza del cariño” en sus roles protagónicos… Las dos últimas fueron para Jack Nicholson, que además ganó dos Oscars con ellas. Porque Reynolds, más que un brillante actor, era alguien con carisma, solvente dentro de sus límites y con una gran capacidad cómica. Por eso disfrutaba en las cintas de acción y en la comedia.

Trabajó con un montón de grandes directores: Fuller, Boorman, Woody Allen, Aldrich, Bogdanovich, Mel Brooks, Alan J. Pakula, Don Siegel, Stanley Donen, Blake Edwards, Robert Altman…  repitiendo con muchos de ellos… Apareció en los 60 con Byron Haskin (“Armored Command” de 1961), Sergio Corbucci (“Joe, el implacable” en 1966) o Samuel Fuller (“Shark! Arma de dos filos” en 1969), en bélicos y western en los que fue entrenándose, y ya al final de esa década empezó a despuntar esa personal mezcla de duro socarrón, gamberrete y sobrado con “Sam Whiskey” (Arnold Laven, 1969), donde ya se aprecia ese rasgo canallita que lo terminaría definiendo.

Los 70 fueron los de su alzamiento a la fama. Buenos títulos con grandes directores, y algunos con la palabra “caradura” (en versión española) que definían su estilo magníficamente: “Un caradura simpático” (John G. Avildesen, 1975) o “Los Caraduras” (Hal Needham, 1977), cinta que fue un tremendo éxito y lo consolidó en el estrellato, que se mantendría en la década de los 80. Era lo máximo, el actor más taquillero y mejor pagado (de 1978 a 1983), referente masculino…

 

 

Con John Boorman rodó la que es quizá la obra cumbre de su filmografía, “Defensa” (1972), y con Robert Aldrich definió ese duro canallita que tanto le gustaba en “El Rompehuesos” (1974)… No podemos olvidar otro de sus clásicos en la comedia de acción, con su aliado Needham: “Los locos del Cannonball” (Hal Needham, 1981).

Los 90 fueron la década del declive, con roles cambiantes y donde el veterano actor parecía perder el sitio que había logrado, viéndose obligado a reinventarse o readaptarse, lo que hizo con acierto irregular y en tono paródico en muchas ocasiones. Esa concepción paródica que fue adquiriendo sobre sí mismo, que en realidad siempre tuvo, queda de manifestó en “Striptease” (Andrew Bergman, 1996), junto a Demi Moore, un desastre completo que sólo él pareció entender… tomándosela a pitorreo.

Paul Thomas Anderson lo rescató para el cine de prestigio, siguiendo la senda de su admirado Altman, y le dio un magnífico papel en “Boogie Nights” (1997), donde volvió a demostrar solvencia y capacidad para reírse de sí mismo y de quién fue. Consiguió el Globo de Oro y una nominación al Oscar, así como muchos otros premios por su trabajo. También ganó un Emmy por su serie “La familia Newton” (1990).

Tarantino, otro rescatador de viejos talentos, le había fichado para su nueva película, “Once upon a Time in Hollywood”, que está preparando.

Falleció el 6 de septiembre, en Júpiter, Florida, tras arrastrar problemas de corazón desde hace tiempo. Se nos va dejándonos a la espera de su trabajo para Tarantino haciendo de George Spahn, que no sabemos si terminó, pero sea como fuera, de lo que no tengo duda, es de que Burton Leon Milo Reynolds está ahí arriba, con su magnífico mostacho y su sonrisa canallita, mirándonos y pensando que no es necesario tanto lamento, que él sigue siendo guay.

 

NEW YORK, NY – APRIL 22: Actor Burt Reynolds attends the «Dog Years» Premiere during 2017 Tribeca Film Festival at Cinepolis Chelsea on April 22, 2017 in New York City. (Photo by Noam Galai/Getty Images for Tribeca Film Festival)

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