LITERATURA

 

 

 

 

 

Si en el primer capítulo mencionamos “El Castillo de Otranto”, y a su autor, Horace Walpole, como el inicio de lo que llamamos Terror Gótico, ya hacia finales del siglo XVIII debemos mencionar a Anne Radcliffe (1764-1823), escritora británica. Desgraciadamente, su obra no es muy extensa, pero de entre todas ellas destacaríamos “Los Misterios de Udolfo”.

Avanzando en nuestro repaso, corría el año de 1796 cuando veía la luz una de las obras cumbres del género. Estoy hablando de “El Monje”, del insigne y nunca suficientemente ponderado Matthew Gregory Lewis, nacido en Londres. Lo de insigne y nunca suficientemente ponderado hay que colocarlo en cursiva, pues aunque “El Monje” y él mismo están colocados en la cima del terror, lo cierto es que destila mucha de la leyenda negra sobre la Inquisición española, nada raro viniendo de un inglés, pero eso es harina de otro costal. Lo cierto es que su obra merece ser destacada. La obra se desarrolla en Madrid, y el protagonista es Ambrosio, un monje que caerá en los más bajos instintos. La brujería y el Diablo tienen importancia vital en la obra, que en su tiempo fue calificada como obscena.

Navegaba el género entre obras menores cuando surge, también de Londres, Mary Wollstonecraft Shelley. Si, la autora de “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Poco hay que añadir, pues todos conocemos la obra. La verdad es que su autora no es que escribiera mucho más, pero desde luego su Prometeo ha pasado a la antología del Terror. La obra fue editada el 1 de enero de 1818.

 

 

También Sir Walter Scott hizo sus inmersiones en el género. Destacaríamos “El Festín de Redgauntlet”. Sobre aquella época, alrededor del 1820-1825, nos encontramos con “La leyenda de Sleepy Hollow”, de Washington Irving, texto contenido en su colección de ensayos y relatos cortos “The Sketch Book of Geoffrey Crayon”. Irving sería el primer autor norteamericano en aparecer entre los autores aterradores.

Y es aquí donde debemos detenernos en la figura de E. T. A. Hoffman, un importante punto de inflexión en el llamado terror gótico.

Ernesto Teodoro Amadeo era prusiano. Su primera obra, “Los Elixires del Diablo”, causó un profundo impacto. Similar en la temática a «El Monje«, aquí el personaje se llama Medardo, añade una genial vertiente psicológica. Es importante, y crucial para comprender la obra de Hoffman, saber que su madre era una mujer enferma y neurótica, perteneciente a una iglesia luterana.

Quieren los entendidos dar por enterrado el género del terror gótico con la aparición de Hoffman. Es difícil marcar una frontera que realmente señale que se ha dejado de escribir en ese estilo. Para mí continuará y continuará… pero eso queda para el siguiente capítulo.

Ahora acabaremos con un breve texto perteneciente, como no, a “El Monje”…

“Los ojos del fraile siguieron espantados la trayectoria de la daga. Matilde se había rasgado el hábito y su pecho quedaba medio al aire. Apoyó la punta del arma sobre el seno izquierdo. Y ¡oh, qué seno! La Luna, iluminándolo de lleno, permitió al monje observar su deslumbrante blancura. Sus ojos se demoraron ávidos en la hermosa redondez…”.

 

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