OMAR SHARIF: ÉPICO Y ROMÁNTICO

OMAR SHARIF: ÉPICO Y ROMÁNTICO

CINE

 

 

 

 

 

No era un gran actor, pero se convirtió en un indiscutible icono romántico persiguiendo a Lara por Moscú; no fue un gran intérprete, pero hizo suyo el rostro de la épica junto a Lawrence de Arabia; no fue un genio de la escena, pero el exotismo de su rostro le hizo eterno en la antigua Roma junto a Anthony Mann, en el imperio mogol, en la Varsovia nazi junto a Anatole Litvak o, simplemente, como romántico seductor y jugador en los Estados Unidos junto a Barbra Streisand y William Wyler

Tras pasar un tiempo ocupado en la próspera empresa familiar, Michel Demitri Chalhoub cambió su destino al dedicarse a la interpretación. De familia cristiana y acomodada, fue un brillante estudiante licenciado en matemáticas y física, pero la interpretación era su vocación. Estaba claro que un hombre tan cerebral debía tener algo más si nos arrebató a todos con su romanticismo, que debía tener una vocación artística oculta. Así que el director Youssef Chahine, referente del cine egipcio, le hizo debutar en 1954 en una película. No fue la única colaboración con el director. Simultaneó títulos egipcios con otros franceses hasta que llegó el momento de la gloria cuando David Lean se fijó en su particular físico mientras buscaba actores árabes para su épica “Lawrence de Arabia” (1962).

David Lean llevó a Sharif a la fama imperecedera, a convertir su figura en un recuerdo eterno en todo cinéfilo. Desde que nos enamoró a todos, desde que sufrimos con su aliento romántico y destino trágico en Moscú, desde que nos embriagamos con su espíritu épico e imponente presencia en el desierto, Sharif se convirtió en icono del Séptimo Arte, irremediable icono que ningún amante del cine pude obviar ni olvidar.

Lo mismo pasó con tantos grandes directores que ensalzaron su leyenda, pero es justo decir que Sharif jamás voló a más altura que junto a David Lean.

 

 

 

Zinnemann en su “Y llegó el día de la venganza” (1964), Anthony Mann en “La caída del imperio romano” (1964), Terence Young en “La flores del diablo” (1966), “Mayerling” (1968) y “Lazos de sangre” (1979), Anatole Litvak en “La noche de los generales” (1966), Sidney Lumet en “Un cita” (1969), J. Lee Thompson en “El oro de Mackenna” (1969), John Frankenheimer en “Orgullo de estirpe”, Blake Edwards en “La semilla del tamarindo” (1974)… fueron algunos de los grandes directores que se rindieron a Sharif.

Además fue Nick Arnstein para William Wyler en la mítica “Funny Girl” (1968), una de sus películas más conocidas y reconocidas y otro de sus papeles legendarios; Genghis Khan para Henry Levin en 1965 o el Che Guevara en “Che!” para Richard Fleischer en 1969…

Hasta el español Juan Antonio Bardem le dirigió en “La isla misteriosa y el Capitán Nemo”, un prescindible título de nuestra filmografía, en 1973.

Ya en los 70 su figura comenzó a languidecer, pasando a roles secundarios que se extenderían en los 80, donde siempre le recordaremos en un tronchante personaje junto a un vendedor ciego en “Top secret” (Jim Abrahams, David Zucker, Jerry Zucker, 1984).

Aunque se planteara la retirada, Omar Sharif recuperó sensaciones y nos dejó algunas de sus mejores interpretaciones en los últimos tiempos. Y no fue en superproducciones como “Océanos de fuego” (Joe Johnston, 2004), “El guerrero número 13” (John McTiernan, 1999) o “10.000” (Roland Emmerich, 2008), fue con películas como la pequeña joya “El señor Ibrahim y las flores del Corán” (François Dupeyron, 2003), por la que ganó el premio César a mejor actor.

Su especial rostro y su belleza exótica le hicieron un reclamo habitual en cintas de aventuras y épica, pero siempre con un halo romántico, dos de sus roles más solicitados y exitosos.

 

 

 

Casi siempre buscamos paralelismos entre la vida y el arte, especialmente con los mitos del cine, y más aún cuando nos han dejado. Sharif tenía una incontenible afición al juego, cayó en la ludopatía tras el divorcio de su mujer, hasta límites extremos que le llevaban a retrasar o renunciar a rodajes o a gastarse un millón de dólares en una noche, pero esto tuvo su espejo en el cine, en ese jugador que interpretó en “Funny girl”.

La soledad es un mal enemigo y Sharif la culpó de sus debilidades. Quizá jugaba porque añoraba la compañía de Lara, quizá bebía para olvidar el recuerdo de aquella reunión que nunca pudo ser… quizá… Siempre es más bonito el lado romántico del arte. Siempre nos consuela mejor.

Aunque nunca fue reconocido como un gran intérprete, sí consiguió algunos importantes premios, como sus tres Globos de Oro, uno por “Doctor Zhivago” y dos por “Lawrence de Arabia”, así como una nominación al Oscar por su papel como Sherif Ali.

 

 

 

 

El papel de Sherif Ali fue el que le levó a la gloria, junto a Peter O’Toole, con el que compartió más de un título, curiosamente. Desde “Lawrence de Arabia” pasando por “La noche de los generales” o “El ladrón del arcoíris” (Alejandro Jodorowsky, 1990) hasta llegar a “Una noche con el rey” (Michael O. Sajbel, 2006).

Omar Sharif, a los 83 años, se nos ha ido, y con él una época gloriosa, un cine épico, gigante, abisal, insondable, infinito, como la arena del desierto, desgarrado, más grande que la vida, complejo, poliédrico, denso y emocional, el cine que deja poso, el cine clásico de la épica, el romanticismo y el plano general aglutinador, el cine atemporal que sondea dunas y rompe barreras de memoria. El 10 de julio de 2015 fue otro día negro para los amantes del cine, pero da inicio a un nuevo camino por la leyenda.

Nosotros, desde luego, no le olvidaremos.

 

sambo

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