CORALIE FARGEAT
2/5
“La Sustancia” es una oda al subrayado y el efectismo. Una peli rabiosa. Grotesca, redundante, repulsiva, reiterativa, esperpéntica, violenta, asquerosa… todo ello buscado, para desarrollar una manida crítica a la obsesión por imagen, el culto al cuerpo y la superficialidad (como en “La Muerte os Sienta tan Bien”), por culpa del patriarcado. Tiene una buena premisa y momentos logrados. Sus referentes también son obvios, aunque buenos. Dorian Gray, Cronenberg y la Nueva Carne, su imitador Aronofsky, las crueldades del cuento infantil clásico (Bella Durmiente, Cenicienta, Blancanieves…), Lynch…
Sí, tiene muchos defectos, pero algunas ideas buenas y los notables referentes, que son lo más interesante de la película (si bien “La Sustancia” queda lejísimos de todos y cada uno de ellos), pero, ¿y para qué? Todo para una moraleja no ya manida, sino manidísima, sobre la superficialidad, la dictadura de la imagen y, por supuesto, del heteropatriarcado.
Todo este efectismo visual es, simplemente, para hacer esa crítica, así como para resaltar el papel de la mujer, víctima de todo ello. La oda a la imagen. Concepto e idea vistos miles de veces.
La futilidad de la fama, lo efímero y absurdo de la misma, el irremediable fatum, que nos lleva a la autodestrucción y la lucha con uno mismo, aunque esté en nuestra mano evitarlo… Y es que poco diferencia a Elisabeth del programa que la despide, ya que los dos buscarán una sustituta para ella misma…




La trama no tiene ningún sentido y todas las lagunas, pero no parece algo que importe mucho a Fargeat, pidiendo al espectador que acepte su propuesta y planteamiento, que suspenda su credulidad y se entregue al repetitivo frenesí visual y conceptual con el que pretende lanzar el manido mensaje. Al que entre en eso le irá bien, pero el que pida otra cosa lo pasará peor… Y es que cosas como que nadie se dé cuenta del monstruito que llega a presentar el programa de Año Nuevo requiere poner mucho de su parte, claro. Esto para empezar, porque todo es delirante incluso desde sus propias reglas.
“La Sustancia” posee un tierno patetismo que sale de vez en cuando para dejar los mejores momentos de la película. La vulnerabilidad emocional de Elisabeth cuando se ve relegada por su versión joven, en esa subtrama con el compañero de colegio al que recurre en ese momento cuando en otro ni lo hubiera considerado, con ese punto de mezquindad y desesperación cuando creemos que todo nos da la espalda y ponemos los ojos en quien nos valoró o pareció que nos valoraba, es buen ejemplo, sublimado en la escena del espejo y el maquillaje para la cita… O ese otro con esa criatura monstruosa, Elisasue, acicalándose ante un espejo, que es la mejor escena de la película como comentaré.
De referencia en referencia.
–Cronenberg y su Nueva Carne. Y Aronosky de fondo como imitador de éste y de Lynch. Ese parto del yo joven, Sue; esos ojos doblados, esas manipulaciones del cuerpo, esas pesadillas con huesos de pollo, esa llegada a la monstruosidad, que también se liga con Lynch…
Lo mismo ocurre con “el pollo”. Lo onírico, los sueños o pesadillas, es un tema muy vinculado a Lynch, pero esa manipulación orgánica del cuerpo también es puro Cronenberg, como digo. Así, que la pesadilla de Sue, con cierto humor negro, donde se saca un pedazo de pollo por el ombligo, se vincula a Elisabeth a través de una pesadilla, ya que Elisabeth se atiborra de pollo.
–Los momentos que recuerdan a David Lynch son los más destacados de la película, cabe decir. Los pasillos oscuros en los que se adentra Elisabeth, ya sea en su depresión o en su incertidumbre; el juego con los efectos de sonido, en este caso haciendo su función para dar grima; ese plano con el teléfono rojo y una sombra que rasga el rostro (y la boca) cuando Elisabeth cede a la tentación de “la sustancia”, clavados a unos de “Carretera Perdida” (1997); esos planos de una carretera (de nuevo remitiendo a Carretera Perdida)…
Ante espejos tenemos los dos mejores momentos de la película. La paulatina entrada en pánico e inseguridad de Elisabeth ante su quedada con su ex compañero de colegio, acudiendo a retocarse obsesivamente, y el momento de tierna monstruosidad, puramente lynchniano, antes de acudir a la gala de Año Nuevo. Imposible no recordar “El Hombre Elefante” (1980) o “Cabeza Borradora” (1977). Entrañable patetismo. Y encima con la banda sonora de “Vértigo” (Alfred Hitchcock, 1958).






–Dorian Gray, con esa mujer que se mantiene oculta mientras la otra sale al mundo, o cuando la fealdad impide a Elisabeth salir teniendo que ceder tiempo a Sue… O en ese plano donde vemos a una triste Elisabeth, tras ser despedida, ante la impresionante foto de tiempos mejores que tiene en su apartamento. O cuando Sue oculta a Elisabeth tras una falsa pared del baño…
“Tú eres una”.
El cuadro para el ego de Elisabeth será retirado por Sue y reintegrado a su lugar por Elisabeth en la parte final. En ese momento, Elisabeth supongo que pensaría: “No estaba tan mal”. Un cuadro de Dorian Gray que terminará recobrando vida.

–El cuento clásico y su crueldad. Habrá momentos que son puramente “Blancanieves”, con Elisabeth convertida en bruja, hablando sola en el baño, ante un espejo. Espejo, espejito…
Una “Cenicienta” truculenta, que debe llegar a casa mientras va perdiendo su belleza, sus dientes, uñas y orejas… No antes de medianoche, pero sí antes del programa de Año Nuevo.
Sí, tenemos a “Bellas Durmientes” una vez activan a esas otras versiones…






–“La Muerte os Siente tan Bien” (Robert Zemeckis, 1992) en muchos de los conceptos de la historia que propone Fargeat. “El Resplandor” (Stanley Kubrick, 1980) nos viene a la cabeza en ese baño blanco y rojo donde Elisabeth se entera de que va a ser despedida. Y hay más Kubrick, por ejemplo con “2001: Una Odisea del Espacio” (1968), con esas transiciones psicodélicas ante la aparición de una nueva versión de Elisabeth, ya sea Sue o Elisasue… o con el “Así Habló Zaratustra” de Richard Strauss que el director usó en la película y que aquí también aparece.
–El final a lo “Carrie” (Brian De Palma, 1977), por supuesto. “El Crepúsculo de los Dioses” (Billy Wilder, 1950) en ciertos conceptos podría venir a la cabeza también. La estrella que se apaga.



–Jekyll y Hyde de Stevenson. También muy citado, con esa transformación y esa personalidad compartida, aunque aquí no hay cambio de personalidad en realidad, indefinidas, sino de físico.
–Bueno, también es necesario citar como referencia a la labor de gimnasta exitosa televisiva de Jane Fonda… o nuestra Eva Nasarre.
–Hay un puntito Frankenstein con esas cicatrices y algunas cosas al final. “¡Disparen al monstruo!”. Hay una referencia irónica a “King Kong” como la película por la que Elisabeth habría ganado un Oscar.
–La truculencia de los cuadros de Francis Bacon.
La imagen lo es todo. Son innumerables los retratos, siempre agrandados (en el pasillo del estudio, en la carretera, en el piso de Elisabeth…), los espejos, los elementos, en definitiva, ligados a la imagen.




En “La Sustancia” se escenifica el conflicto entre juventud y madurez, un conflicto interno, con poca sutileza, lo que no tiene por qué ser un defecto. Lo último que pretende la película es ser sutil. Por tanto, ese conflicto se sustanciará de la forma más extrema y física, por supuesto. Una salvaje y violentísima pelea. Exagerada y sangrienta, como corresponde al tono de la película… Por cierto, Sue parece un T-1000.
“¿Quieres parar?”. “Sólo un día más”.
La relación entre Elisabeth y Sue irá evolucionando según su contexto y edad, claro. Sue pasará de los gestos cuidadosos, incluso cariñosos, en su primer recambio, a cierto desprecio hacia su yo maduro. Si ya es difícil convivir con uno mismo, con dos “yoes” en la misma casa se hace casi imposible. Cambios en la decoración y en la organización, dejación, envidias, insatisfacción… La juventud irá colonizando cada vez más la vida de la madurez hasta relegarla a la nada sometiéndola, a pesar de las consecuencias para ella, como en la fábula de la rana y el escorpión.
“Respeta el equilibrio y no habrá más inconvenientes”.

La madura verá cómo se acelera el paso del tiempo, sufrirá la irresponsabilidad y las ansias de vivir de la juventud, acentuando el deterioro físico. La joven será una irresponsable pensando que nada tendrá consecuencias para ella… Acabarán atrapadas en sí mismas, la madura incluso recluida en su casa por sus propios complejos, dando paso a la paranoia en la que se irá convirtiendo la película, especialmente en el último tercio.
“Sólo volverás a ser tú misma”.
Fargeat utiliza los recambios y demás parafernalia narrativamente para situarnos en el tiempo.
Habrá un salto en la narración de tres meses, hasta el especial de Año Nuevo. Allí, Elisabeth ha quedado consumida por la ambición de Sue, que ha exprimido a la matriz hasta la última gota. Cada vez más envejecida y con el físico más deteriorado, reducida a una monstruosidad insostenible porque lo transferido ya es irrecuperable. Eso sí, Demi Moore tiene una monstruosidad y deterioro muy ágil, ahí donde la veis…
En la parte final, dejarán de ser una, conviviendo por cierto espacio de tiempo, cuando la madura no pueda ejecutar a la joven…




Los subrayados son continuos. En el retrato de los personajes, como el de Quaid; en la idea de desecho que siente Elisabeth una vez es despedida, con ese “fuiste” del mensaje que recibe en las flores; con esos megaretratos que no paran de salir subrayando la idea de ego y oda a la imagen (ese duelo de miradas de las dos gigantescas fotos en el apartamento de Elisabeth, en egos ya equiparados)… Los culos, las escenas de la cámara resaltando el cuerpo de Sue… Oda al subrayado.
Cuando Elisabeth entra en la cafetería, asustada por su mano avejentada, sabemos de inmediato que el hombre mayor allí sentado es el origen del médico de los ojos azules, pero como Fargeat no está segura de que su público se entere nos da otro signo, y otro y otro… Los ojos, el comentario, la marca del brazo, la marca otra vez para vincularlo en un inserto en flashback con la escena pasada… ¿Qué no lo has pillado aún? Pues hacemos el que señor tire su cartera y salga oportunamente una tarjeta como la que usó Elisabeth para abrir el casillero y recoger su “sustancia”… Y, por cierto, ¡qué coincidencia encontrarse allí con ese usuario! ¡Nada forzado! Al menos le intentan dar una explicación. La siguió…









Esperad, que no he acabado de subrayar, el señor tiene aún algo más que decir: “¿Ella empezó ya? ¿Te está comiendo?”.
Esperad, que aún no me fío. Voy a enseñar de nuevo la marca del brazo, los ojos del señor y un nuevo flashback en inserto para el joven médico y, además, que se vea la cicatriz de su columna en el escorzo para recoger la cartera. Yo creo que así quizá los más avispados pillen la idea…
Las escenas de gimnasia, con planos repetidos hasta la saciedad, así como las propias escenas, para recrear el estupendo cuerpo de Margaret Qualley (Sue). Para que los directivos del estudio se deleiten, para que veamos lo que ve el público, para dar envidia a Elisabeth… las mismas escenas una y otra vez…
Los efectos de sonido buscando dar asquete simulando manejos orgánicos, mostrando secreciones, vómitos, sangre, suturas, carnes que se abren y todo lo escatológico que se ocurra. Muy orgánico. Y repetitivo. ¿Lo repito?








Los ojos se desdoblarán, como lo hicieron los huevos en la exposición, cuando Elisabeth dé a luz a Sue. Es repetitivo hasta el momento en el que conocemos el nombre de Sue… Sue, Sue, Sue…
El pollo o pavo. El despiezado que ha devorado Elisabeth y con el que Sue tendrá una pesadilla… El pollo que, en montaje paralelo, vuelve para que Elisabeth lo cocine, destripándolo como si fuera el cuerpo de Sue que, en ese momento, la está ridiculizando en vivo. Por cierto, se insertarán planos de Sue haciendo gimnasia sensualmente, que hacía un ratico que no salían…
La violencia, por ejemplo, con esa pelea entre Sue y Elisabeth, vuelve a estar muy subrayada, estirada y con mucho rojo.
El tercio final, con la historia sumida en la paranoia, es una consecuencia lógica de lo que se ha ido explicado, pero, de nuevo, alargado, estirado y repetitivo hasta la náusea, enfatizando la idea desde el exceso sin mesura alguna, cosa que a no pocos ha satisfecho. Y a otros ha repugnado…



Lee aquí la Última Parte del análisis.
2/5





