RELATO

 

 

 

 

 

Un trabajo aburrido lleno de compañeros soporíferos, una ex novia que no puede ni verme y unos amigos con lo que hacer siempre lo mismo. Una vida de mierda en la que estaba cómodo y en la que seguía por inercia.

No sé hasta qué punto uno es consciente de lo mediocre que es. Yo, desde luego, no lo era mientras deambulaba por mi vida con la vaga esperanza de que algo extraordinario sucedería, aunque en el fondo sabía que jamás llegaría. Es esa expectativa anestésica, donde nunca sabes muy bien si estás medio despierto o medio dormido, la que te ancla a la mediocridad, soportando los pequeños encontronazos y saboreando las leves alegrías siempre que no te perturben demasiado. Recibes la mediocridad y la rutina con los brazos abiertos, como a una amante que en su día fue deseada y ahora simplemente cuentas con ella. Por eso, cuando a veces pasa algo bueno de verdad ni lo distinguimos, o nos da vértigo. Y cuando es malo nos desestabiliza por completo. Quizá no nacimos para la mediocridad, pero sí para la rutina, aunque la rutina de algunos sea aventurera. Lo que no vi venir, entre otras cosas porque nunca veo venir nada, es que mi mediocridad, la mía, se extendería por el mundo.

Por lo que se ve, la cosa había comenzado bastante tiempo antes de que me enterase. Era normal que no lo supiera de inmediato, ya que hubiera sido mucha coincidencia y, al principio, la cosa fue lenta. Luego se aceleró.

En todas las partes del mundo comenzaron a aparecer personas con mi rostro. Si bien sentí cierto orgullo y el ego me subió a las nubes, en mi interior no entendía por qué la naturaleza había elegido mi rostro para replicarlo ya que, aunque no soy feo, tampoco puede decirse que sea guapo ni esté especialmente bueno. Al menos eso fue lo que me dijo mi ex antes de abandonarme.

Se reportaron los primeros casos desde Japón, en un programa magazine. El asunto fue tomado como una mera curiosidad, hasta que cada vez más personas iban apareciendo. Las redes sociales hicieron el resto. Aparecía gente con mi cara por todo el mundo.

Mi ex me llamó después de mucho tiempo para reprocharme tener que ver mi careto por todas partes. Desde luego, desde su punto de vista, aquello tenía que ser un tanto terrorífico.

El escándalo saltó cuando le pasó a Tom Cruise, o alguien con mi cara que decía serlo. Imaginad a Tom Cruise sosteniendo que era Tom Cruise con mi careto, pidiendo que se lo dejaran demostrar… La industria del cine fue la primera en caer. ¿Quién iba a querer verme a mí hablando conmigo sobre otro tipo que era igual que yo? Intentaron reflotarlo apostando por las propuestas femeninas, pero ya era tarde, el caos era total. Cuando a las mujeres comenzó a pasarles lo mismo ya no hubo vuelta atrás. Verme con tetas fue perturbador…

Al caer las personas célebres o en puestos de importancia todo se desmadró. Cantantes orgullosos de su voz, que al cambiar su fisonomía sonaban completamente distintos. Estrellas, modelos, presidentes que pasaban a ser un tipo anónimo y sin relevancia, sin posibilidad de demostrar su identidad. Los famosos fueron las primeras víctimas cuando comenzó la violencia.

Gente anónima con pocos escrúpulos aprovechó la situación para irrumpir en la casa de los famosos e intentar sustituirles cuando la anarquía estaba en sus inicios. Los atacaban y mataban en sus casas para decir que ellos eran esta o aquella celebridad. No importaba quién eras, sino el cargo o la situación que podías tener. Sólo podía impedirte ser presidente otro con menos escrúpulos que tú. Por fortuna, esto no duró demasiado porque todo eso dejó de importar. Los gobiernos cayeron, las industrias, los ordenamientos sociales, la ley cayeron. Las relaciones eran casi imposibles porque no podías sostenerlas ni confiar en nadie, ya que sólo podías reconocerlos por las ropas… Las familias, padres que veían a sus hijos como desconocidos, bebés destinados a ser clavados a mí, parejas que dejaron de atraerse… Todo cayó.

Algunos pensaréis que la identidad al menos podría demostrarse con huellas dactilares y ADN, pero las huellas desaparecían con la transformación. Lo de hacer pruebas de ADN para cada uno se convirtió en quimera.

Y con todo esto no lo vi venir. Ni cuando me entrevistaron porque alguien les había filtrado que yo era el original. Llevé fotos de todas las edades… Imaginad la chorrada en la época del Photoshop y las inteligencias artificiales… Pero lo cierto es que el original era yo… y muchos quisieron serlo.

Sentí miedo, sobre todo de la gente que me conocía, de los más cercanos. Ni siquiera sabría quién era el que iba a hacerme daño. Lo intentaron dos veces, hasta que tuve que marcharme dejando aquella vida de mierda, que ahora echaba de menos, atrás.

En realidad, no me pasó nada distinto a lo de la gran mayoría. A la gente se le había robado su identidad, pero a mí también, diluida y solapada entre la inmensidad de la gente. La personalidad de cada uno pasó a un segundo plano.

No sé lo que durará la gente si no recupera su identidad, pero anteayer, buscando comida, se cruzaron conmigo varias personas que se me quedaron mirando fijamente, sorprendidos, señalándome. Cuando vi que se acercaban con intenciones no muy claras, salí corriendo de allí. Escondido en uno de los muchos coches abandonados que había en las calles, vi algo que no encajaba, que era distinto. No recordaba la última vez que me había mirado a un espejo. Como comprenderéis, no era algo que me apeteciera demasiado, pero en aquel retrovisor había otra cara, normal, anodina, pero distinta, distinta a todas.

Era yo. Y me gustó.

 

 

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