YO, ROBOT (2004) -Parte 1/2-

YO, ROBOT (2004) -Parte 1/2-

ALEX PROYAS

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Decepcionante y a la vez aceptable película de ciencia ficción que se sirve de los magníficos relatos de Isaac Asimov para construir un armazón coherente sobre el que entregarse al puro espectáculo pirotécnico.

El otrora interesante Alex Proyas, ahora en sus horas más bajas con el estreno de “Dioses de Egipto” (2016) tras pasar varios años escondido, nos deja su última película apreciable. Un director que llegó a la fama con “El cuervo” (1994), una interesante y exitosa película, también sobrevalorada, que vive marcada por la leyenda y tragedia de Brandon Lee, y que cuenta una historia de venganza de tintes fantásticos de sensacional estética e imaginería visual, muy influyente. En 1998 rodó la que posiblemente sea su obra más notable, “Dark City”, que indaga en esa fascinante estética tenebrosa, oscura y gótica, con una historia que mezcla ciencia ficción y cine negro, marcando el cénit de su filmografía. Antes que «Matrix» (Hermanas Wachowski, 1999).

Tras estas dos películas y “Días de garaje” (2002), llegó la que nos ocupa, con un marcado contraste estético, mucho más luminoso y aséptico, coherente con la historia a narrar y que vuelve a marcar uno de los puntos destacados del film. “Señales del futuro” (2004), con Nicolas Cage, y la mediocre y ya mencionada “Dioses de Egipto”, han sido las únicas obras desde entonces.

No debe entenderse “Yo, robot” como una adaptación al uso de la colección de relatos “Yo, robot”, sino que se construye una historia basándose en ideas inspiradas en esos relatos, formando una obra independiente y personal, fiel en líneas generales a las ideas del citado texto de Asimov. Sus licencias tienen más que ver con los añadidos típicos del cine espectáculo y comercial, carnaza para que muchos espectadores se acerquen a las taquillas a disfrutar de escenas de acción y efectos especiales, y la naturaleza de los personajes, dotados de rasgos algo distintos en alguno caso. Es decir, en la película se ven ideas y retazos de aquellos relatos, pero no pretende una adaptación de los mismos en un todo. Así, muchas de las paradojas e ideas expuestas en esos relatos aparecen en la película. Por otro lado, la presencia del carismático Will Smith cambia el tono grave y filosófico de la obra de Asimov, ya que los chascarrillos y exhibiciones físicas no encajan con la gravedad y las trascendentes concepciones filosóficas que se desarrollan en la colección de relatos. Licencias menores una vez las grandes ideas, episodios y reflexiones se mantienen en cierta medida, aligeradas y narradas con las claves del cine espectáculo hollywoodiense, pero presentes.

Y es que Will Smith, un gran actor que triunfó en la comedia pero luego ha demostrado su talento en multitud de papeles dramáticos, se mueve en estos roles de acción como pez en el agua, donde puede exhibir su aire más divertido y desenfadado en la onda de “Dos policías rebeldes” (Michael Bay, 1995), de la cual estrenó una tercera parte en 2020. Un Smith que da ese tono frívolo de comedia que difiere del referente y lo aleja del que tienen los relatos, algo molesto para los conocedores de los mismos y para la gravedad de los temas, pero en absoluto un defecto especialmente importante. Recursos que acentúan y destacan el carisma del actor, pero que se integran mal en el contexto del film. Smith sale hipermusculado y marcando, demostrando que el volumen que cogió para “Ali” (Michael Mann, 2001) sigue intacto. Siempre me ha caído bien Will Smith.

 

 

Will Smith además se ha prodigado bastante en el cine de ciencia ficción dejando grandes éxitos y algunos títulos destacables. “Independence day” (Roland Emmerich, 1996), la magnífica “Men in black” (Barry Sonnenfeld, 1997) y sus secuelas, la estupenda “Soy leyenda” (Francis Lawrence, 2007), “Hancock” (Peter Berg, 2008), que tiene cosas apreciables, o la discreta “After Earth” (M. Night Shyamalan, 2013).

Su presentación es bastante notable en el film. Un hombre que parece aferrarse al pasado, a lo vintage, mientras vive en un mundo hipertecnificado donde la convivencia entre humanos y robots es plenamente natural. Él odia ese contexto, no le gustan los robots (producto de un trauma pasado), prefiere un peculiar calzado vintage, unas Converse de 2004 (perfecto símbolo de ese apego al pasado), es decir, la fecha de la película como guiño metalingüístico, y busca cualquier motivo para intentar demostrar la inconveniencia de esas “cosas sin sentimientos”, despreciándolos explícitamente. Tiene relación con su abuela Yiyi, de la que disfruta de su pastel de boniato. Estamos en Chicago, en 2035.

 

 

 

Contrastamos la educación de los robots obreros con la mala educación del agente de homicidios Del Spooner (Will Smith), y de los humanos en general, que rezuman prepotencia.

Se plantea así claramente la postura y posterior evolución a transitar del personaje interpretado por Will Smith. Ve como una amenaza a los robots, busca cualquier excusa para cuestionar su presencia y convivencia entre los humanos, pero poco a poco, y aún teniendo razón en los riesgos que conllevan, aceptará su presencia comprendiéndola de una manera más global y redimiéndose de su trauma pasado.

 

 

 

La historia de las pesadillas de Spooner, viene de un hecho pasado, cuando un robot lo salvó a él eligiéndolo antes que a una niña con menos posibilidades, gesto lógico pero no humano. Es interesante que el tormento venga por este hecho que entronca con la naturaleza humana para mostrar una lejanía y escepticismo con respeto a los robots y no a un sentimentalismo más clásico del tipo “perdí a mi familia”… Él tiene un brazo y el pulmón robóticos.

Como curiosidad podemos ver a Shia Labeouf, que aparece en un intrascendente papel que no se sabe muy bien qué pinta en la narración y que parece un ejemplo más de enchufe poco disimulado.

 

 

Los personajes están desarrollados con solvencia. La fobia de Will a los robots, su comportamiento humano en sus virtudes y defectos, campechanía; la filia de la doctora Susan Calvin (Bridget Moynahan), que se esconde y protege en la seguridad y frialdad que le ofrecen los robots, por miedo, ocultando su propia humanidad y dificultades para relacionarse. El doctor Lanning (James Cromwell) parecía un padre para ella. James Cromwell es uno de esos actores que durante una época salía en todas las películas.

 

 

Asimov y otras referencias

Las tres reglas de la robótica:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por su inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

A estas se añadió otra ley. Ley 0. Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.

Isaac Asimov no ha sido muchas veces llevado al cine, hubo un intento con “El hombre del bicentenario” (Chris Columbus, 1999), no demasiado afortunada, y esta que nos ocupa, donde son reconocibles varios de sus relatos de la colección “Yo, robot”.

 

 

En el relato “Razón”, tenemos un superordenador que crea su propia religión/orden, donde se pueden ver paralelismos con esa V.I.K.I y su propósito. Del mismo modo, “El conflicto inevitable” remite muy de cerca a la problemática del final con la citada supermáquina llamada V.I.K.I, que generaliza las leyes de su programación para cumplir las tres reglas de la robótica a escala global, a la humanidad, no minimizada a un humano concreto. “Robbie”, un robot bondadoso y salvador, es otro relato con el que se pueden ver paralelismos en determinados comportamientos de los robots de la película. “Círculo vicioso” juega con las tres reglas y sus paradojas, aspecto que también se trata en la cinta. “Pequeño robot perdido” tiene evidentes similitudes con partes de la película: el robot distinto, la escena donde se oculta junto a muchos robots iguales, la modificación en la primera regla…

Además hay un toque “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), con ese investigador y esos robots o inteligencias artificiales que se hacen conscientes de sí mismas o dudan de su naturaleza.

Hansel y Gretel como elemento simbólico y referencia a seguir dentro de la trama. Menciones a Frankenstein como paralelismo, algo que también sale en los relatos de Asimov. Mención sugerida a Jesucristo antes de la aparición del robot rebelde, la excepción, Sonny… Son otras referencias que aparecen en la película con intención narrativa.

 

 

Desde el planteamiento de las tres leyes y el descubrimiento de un crimen posiblemente perpetrado por un robot, se empezarán a desarrollar las paradojas, posibles quebrantamientos de dichas leyes y paradojas en relación a ellas. Sonny, un estupendo personaje, es el robot excepcional que irá asumiendo esa excepcionalidad poco a poco, irá asumiendo que es único, algo que comienza en la escena donde se esconde en la nave con otros 1000 robots iguales.

¿Qué soy yo?” “Algún día tendrán secretos. Algún día tendrán sueños”. “Creo que sería mejor no morir”.

 

 

Y es ahí, en esa asunción de su identidad e individualidad, donde también se desarrolla un debate sobre la humanidad y dónde radica la misma. Un robot que desarrolla sentimientos e ideas humanas: Curiosidad, ira, pesadumbre, dudas, miedo. Conciencia de su excepcionalidad, de su individualidad. Sus ojos azules marcan esa excepcionalidad. Su nombre también. Así entendemos por qué no mató a Spooner teniéndolo a merced, por ejemplo. Un robot que no resulta especialmente simpático en inicio. Algo muy bien expuesto en este diálogo:

Spooner: Sólo eres una maquina, una imitación de la vida. ¿Puedes componer una sinfonía? ¿Puedes convertir un lienzo en una hermosa obra de arte?

Sonny: ¿Puede usted?

“¿Por qué no me mató?

Se parecen a mí, pero no son como yo”.

 

 

En el clímax, cuando Sonny dé prioridad a la chica por encima de los nanorobots que acabarían con V.I.K.I, la mega máquina que pretende una reordenación social, se redime a los robots a los ojos de Spooner, repitiendo el momento que tanto atormentó al agente, pero cambiando la decisión. Supongo.

Son interesantes y están expuestos de forma coherente los aspectos legales. Coherentes y con sentido. Lo vemos en la escena donde Lawrence Robertson (Bruce Greenwood) los utiliza para recuperar a Sonny.

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

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