WINCHESTER: LA CASA QUE CREARON LOS ESPÍRITUS (2018)

WINCHESTER: LA CASA QUE CREARON LOS ESPÍRITUS (2018)

MICHAEL SPIERIG, PETER SPIERIG

 

 

 

2/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como deberíais saber, soy fan de las películas de terror de fantasmas y casa encantada. Dentro del estilo son de las que me resultan más sugerentes y apetecibles, adalides de las grandes virtudes de un género muy condicionado por las fórmulas y las reglas estrictas, servidumbres de unos mecanismos muy definidos para lograr los propósitos emocionales pretendidos. El susto, el miedo, el terror. Nada fácil. Todo lo que no sea casquería, en suma.

Aquí tenemos otra propuesta dentro de este género, en este caso con base en hechos reales, pero de resultado mediocre, lamentablemente.

Han cogido unos hechos reales y varias ideas de “El sexto sentido” (M. Night Shyamalan, 1998) y han tirado para delante… El personaje intermediario que consuela o contacta con los muertos para ayudarles a avanzar; el disparo que sufre el protagonista (que muere durante unos segundos, por lo que es una especie de fantasma de otro tipo con capacidad para verlos) por parte de su mujer, a la que no creyó en relación a las voces que oye; un muerto que se nos hace pasar por vivo (el mayordomo)…

 

 

 

Nos cuenta la historia de Sarah Winchester, heredera del creador de los famosos rifles Winchester, y la construcción de una extraña casa en California con más de 160 habitaciones, algunas cerradas con 13 clavos para los espíritus díscolos, con pasadizos que no van a ningún lado, escaleras que no llegan a ninguna parte y en constante transformación y construcción, 24 horas al día, siete días a la semana, con su embrujamiento incesante… todo producto del sentimiento de culpa para conducir a espíritus desconsolados al más allá. Estamos en 1906.

 

 

 

 

Como suele ocurrir en este tipo de cintas, la ambientación suele ser uno de los grandes alicientes, básico para generar las atmósferas adecuadas. Por desgracia, tras ver un plano exterior que me hizo salivar de placer, la narración se encierra entre paredes para no salir más, por lo que sólo queda disfrutar de las interioridades de las casas en cuestión, especialmente la regentada por Helen Mirren, que ocupa el grueso de la película.

Planos oxigenados y amplios en esos largos pasillos, pura atmósfera gótica, nocturna, de iluminación lúgubre, tenebrosa… Una aceptable dirección que recurre a muchos posicionamientos de cámara distintos en algunos momentos, lo que en secuencias de suspense da buen resultado en ocasiones, ya que en ningún momento nos perdemos nada a pesar de esto.

 

 

 

La tesis en conflicto es básica y planteada de inicio. El miedo, los escépticos contra los creyentes.

La visión escéptica corresponde, claro está, a un científico, un doctor y psicólogo que filosofa con prostitutas entre colocón y colocón sobre el miedo como ilusión y el control mental sobre el mismo, la mente tramposa. Un médico corrompido y de año sabático, deprimido por una pérdida, seducido por el dinero hacia un diagnóstico conducido.

Se pretende cierta ambigüedad utilizando las adicciones del médico y el caos mental de la dueña como causas de las manifestaciones. Adicciones que provocarían visiones, el laudano. Un caos mental manifestado en una casa imposible. De hecho, es eso, precisamente, lo que debe dilucidar el doctor, la salud mental de la dueña, para así incapacitarla y ceder sus derechos a otra empresa.

 

 

El problema de esto es que resulta previsible, porque todos sabemos que cuando le quiten “la medicación”, el doctor seguirá viendo sucesos…

De nuevo tenemos la idea del fantasma como símbolo del apego al pasado en forma de complejo, sentimiento de culpa o algo similar. En este sentido, el personaje encarnado por Mirren es un vehículo, un transmisor debido a ese sentimiento de culpa que tiene por las muertes provocadas a lo largo de la historia por los rifles de su familia. Ella misma vaga como una enlutada aparición espectral por los nocturnos pasillos.

Helen Mirren, como siempre, está poderosa. Un personaje sagaz y firme, que ansía comunicarse, poder expresar lo que le ocurre. Finalmente el doctor será un confidente. Una salvadora de almas a lo Jennifer Love Hewitt en “Entre fantasmas”… sólo que ella por mala conciencia.

 

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Y la idea de pérdida, que parece condicionar a todos los personajes, incluido el protagonista, el doctor Eric Price (Jason Clarke), que ha perdido a su mujer de forma trágica; o la mujer y su siniestro hijo, que perdieron al marido y padre.

Un pasado con el que hay que hacer las paces y redimirse. Todo en el doctor es pasado: la bala que conserva, las cicatrices de su cuerpo por el disparo de su mujer (estuvo muerto varios segundos), su apego al láudano para evadirse… Esa culpa y ese pasado se recrearán ante el doctor Price para que veamos lo sucedido con esa mujer que él creía loca (elemento que también se rescata de “El sexto sentido”). Una catarsis que le hará perder el miedo a los muertos, hasta llegar a aliarse a ellos (esto también nos suena a Shyamalan).

 

 

Jason Clarke está acertado en su interpretación, con ese aire despistado, alejado del estiramiento general en este tipo de películas, sobre todo de época. Una interpretación real, moderna, entre colocones, recibiendo sustos e intentando evitar que le pillen en renuncios… un punto infantil agradable que va de más a menos según va tomando conciencia y renunciando al láudano. Él también es un intermediario entre dos mundos. Dos mundos entre los que se debate, como vemos en ese plano ante el espejo tomando láudano donde se acusa a sí mismo de ser un fraude, indefinido en su personalidad por su dolor.

 

 

 

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El tema del terror no puede ser más flojo y decepcionante. Los sustos se producen en la forma y el momento que todo espectador supone… si además es experimentado en el género seguramente será capaz de acertar el segundo exacto de cada impacto, siempre con esos golpes a traición de banda sonora. Sombras fugaces, apariciones repentinas, dedos siniestros, campanas a medianoche, patines rodantes, un niño un poco poseído… Muy tópico. ¿Qué sería de una película de casa encantada sin una mecedora que se mueve sola?

La canción “pre-muerte” del fantasma malo, que también canta el niño poseído, debería generar inquietud, pero la verdad es que no… Y lo de la intrépida madre descendiendo a un sótano, al que hay que tener muchas ganas de bajar, para recuperar a su hijo, y luego quedarse quieta como un pasmarote en ese lugar siniestro y lúgubre con un hijo poseído que dice cosas raras y tiene los ojos blanco, esperando que otros fantasmitas se le acerquen a cámara lenta… pues tiene tela.

 

 

La gran sorpresa pretendida es al final, con ese misterioso mayordomo que resulta ser un pérfido y vengativo fantasmica poseedor. Con todo, el siniestro niño peligroso da más miedete, poseído o sin poseer… Un fantasma que es otro reducto del pasado sin consolar ni resolver.

En definitiva, un vulgar y convencional producto de terror con fantasma y casa encantada que espero no dé para más… lo digo por el último plano del film…

 

 

sambo

There are 2 comments on this post
  1. septiembre 12, 2018, 12:48 pm

    Una pena que sea tan mala esta película. Tenía muy buenas expectativas, pero creo que se ha convertido en una más del montón. Últimamente este género (mi favorito, por cierto), ha estado decepcionando a los fanáticos de éste. Sinceramente no recuerdo cuál ha sido la última película de terror que me gustó tanto como El Exorcista.

    Espero con ansias el análisis de La Monja. La vi recién, y también me dejó ese sinsabor. Saludos.

    • sambo
      septiembre 12, 2018, 1:03 pm

      Pues espero traerla pronto. Ayer publiqué el análisis de la segunda de Annabelle, precisamente. Flojita. Tengo esperanzas en Hereditary.

      Un saludo, Alexander.

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