WILLIAM BURROUGHS: Yonqui

WILLIAM BURROUGHS: Yonqui

LITERATURA

 

 

 

 

 

William S. Burroughs on 3/25/81 in Chicago, Il. (Photo by Paul Natkin/WireImage)

Siempre he considerado esta novela de William Burroughs una de las mejores novelas de zombies de la historia, cuando ni se intuía tal moda. Su retrato del vagabundear y deambular de los adictos, ajenos a todo, ávidos de su chute, reviviendo solamente ante la expectativa o la necesidad de su dosis, devorando cada cita con su camello, cayendo en el sopor del placer y el colocón, resulta escalofriante.

Yonqui” es mucho más que un tratado sobre la droga. Va mucho más allá de la experiencia drogradicta, es una novela sobre la droga como forma de vida cotidiana.

Por supuesto, es un magnífico compendio de las consecuencias y los efectos del chute, de cómo afecta cada droga, las distintas peculiaridades de cada una, cómo se consumen, los síntomas que se aprecian, las necesidades que provoca y los placeres que produce… Pero es mucho más, es el gusto cotidiano de la droga, cómo se vincula y esclaviza la vida voluntariamente a ella, adaptándose sin problemas y con normalidad a dicha elección… Una reflexión sobre la adicción, la dependencia y un modo de vida alternativo y vampírico sin coartadas ni lecciones morales.

Una obra casi academicista del “chute”, sus tipos, su forma de consumición, sus efectos, en un tono lúgubre, sombrío, gris, taciturno, depresivo… pero que aún así se manifiesta como un auténtico referente, por ejemplo en obras tan exitosas como “Trainspotting” de Irvine Welsh, aunque esa apueste por un tono cómico, frívolo y alegre.

La atmósfera, enfermiza, podría denominarse como “narrativa embotada”, donde a la frialdad casi documental de la vida y procedimientos drogadictos, se le añade una especie de neblina descriptiva, depresiva, semi onírica, en la prosa, como un entumecimiento vital que crea una fusión fascinante de fondo y forma. Una idea como de pesadilla, como de ensoñación perturbada, sexo extraño, exceso vital…

Un retratista obsesivo de los infiernos humanos, de la experiencia extrema, de los placeres máximos, de los lados oscuros y las alturas sublimes, de los extremos…

William Burroughs es uno de los mayores referentes de la cultura Pop. Un auténtico transgresor en todos los sentidos, incluido el lenguaje. Una de sus aspiraciones era pervertir y jugar con las convenciones del lenguaje, algo que hizo con notable éxito en varias ocasiones.

Es, junto a Jack Kerouac y Allen Ginsberg, del que parece ser fue su amante, una de las principales figuras de la Generación Beat, autores imprescindibles en los 60 que dieron frescura y renovaron el panorama narrativo y literario de la época. Cada uno en su estilo, dejaron estupendas obras, aunque algunas han quedado algo obsoletas.

 

 

Su técnica del Cut-up (o de recortes) es el paradigma de esta aspiración. Una técnica aleatoria donde se escribe un texto y luego se cortan partes reordenándolo para formar inconscientes y arbitrarias figuras retóricas que adquieren una gran poder de sugerencia. Por supuesto, luego hay que darle coherencia. Brion Gysin le enseñó esta técnica a Burroughs, que fue perfeccionándola con el tiempo.

Yonqui”, que es su primera obra, publicada en 1953, aunque tuvo antes distintas publicaciones, y aunque quedaría fuera del estilo que el autor desarrollaría posteriormente, siendo esta una novela básicamente convencional, resulta notable en su espíritu transgresor y perturbador, apreciándose ya un poderío visual notable en su prosa, las bases en las que fundamentaría su obra posterior. El pesimismo existencial. La vida y las experiencias llevadas al límite para fundir y fusionar sus extremos, el paraíso y el infierno. Lo mismo hacía con su obra. Una estupenda novela de iniciación. Una de las novelas más prohibidas y polémicas del siglo pasado.

Una obra absolutamente trasgresora y excesiva para la época que casi lleva a la histeria a su editor, Carl Solomon, el único que se dignó a escuchar a Ginsberg cuando iba presentando el manuscrito de su amigo por todos lados… La desesperación nos hace valientes, y el de Solomon seguramente es un buen ejemplo.

Yonqui” tiene mucho, o casi todo, de autobiográfica. Un autor que ha sido influencia indispensable en otros autores, así como músicos, cineastas y todo tipo de artistas. Un referente indispensable que empezaba a dejar constancia de su talento en esta magnífica obra. Una de las mejores de su bibliografía.

 

sambo

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