JOACHIM TRIER
4/5
El ‘valor sentimental’ es algo tan único, particular, exclusivo, como puede serlo una persona. Algo que no se dejaría o abandonaría por todo el oro del mundo en algunos casos, o sólo tras una buena oferta, o, simplemente, se le tiene un apego especial respecto a otra cosa igual o mejor por los recuerdos o sentimientos que proyectamos sobre ella… es decir, el valor sentimental y cómo se manifiesta es algo tan particular como cada individuo. Y a menudo se proyecta en objetos que no tienen valor para nadie, ni siquiera utilidad real para nosotros.
Sobre eso habla esta película noruega, una de las más destacadas, si no la más, de todas las nominadas a mejor película. Nuestras proyecciones sentimentales que nos aferran a la vida, a la familia, a nuestra esencia, pero también a nuestros traumas o dolores.
La voz over que presenta la película nos invita a tomar el punto de vista de una casa (a través de una redacción escolar de Nora), en lo que es una afortunada idea, y a través de esa idea tendremos una lúcida metáfora de los resortes familiares que aman y duelen a sus miembros y que hacen evolucionar o bloquear sus relaciones.
Algunos quizá no conozcáis a Joachim Trier o lo conozcáis poco, pero ya tiene una filmografía interesante con títulos que han logrado un gran prestigio, como “La Peor Persona del Mundo” (2021), que ya estuvo nominada al Oscar.
En “Reprise” (2006) ya exploraba la depresión, el suicidio y el arte. En “Oslo, 31 de Agosto” (2011) incide en las crisis personales, los fantasmas del pasado, la adicción, la melancolía, la depresión y, por supuesto, el suicidio. Con “El Amor es más Fuerte que las Bombas” (2015) nos adentramos en los conflictos familiares, la incomunicación, la depresión y la crisis emocional, el suicidio, el pasado, la memoria y el arte como columnas vertebrales y donde también tenemos una casa familiar. En “Thelma” (2017) se adentró en el género fantástico, pero sin renunciar a las obsesiones citadas, los colapsos psicológicos, represión y depresión, la familia y sus secretos pasados y vinculantes, el viaje hacia la madurez y la independencia emocional, el suicidio. Su mayor éxito, “La Peor Persona del Mundo” (2021), cierra su ‘Trilogía de Oslo’ (“Reprise”, “Oslo, 31 de Agosto”) para volver a adentrarse en la crisis existencial, la búsqueda de la propia identidad, el viaje de madurez e independencia, los vínculos con el arte, la presencia de la muerte, la depresión, la aceptación de la imperfección…
Todos estos universos que pueden parecer oscuros, son exorcizados en la mayor parte de las ocasiones, donde la esperanza y la redención suelen aparecer.
Ahí se desgranan buena parte de las obsesiones de Trier y de esta película: Depresión, salud mental, suicidio, duelo, crisis de identidad, el arte y la creatividad como expiación, la memoria y la dependencia del pasado, viaje hacia la madurez e independencia, la familia, la soledad…
La fragmentación narrativa, con flashbacks, saltos al pasado o evasiones, son habituales en su cine, así como el uso de la voz over.
En esta “Valor Sentimental” aparecen la mayor parte de los temas mencionados, si no todos, como un compendio maduro y lúcido de su obra.

Dirección y temas
Son, por tanto, coherentes con la filmografía y obsesiones de Trier los viajes al pasado para conocer a los anteriores inquilinos de la familia (son noruegos) en esa casa, esos que vinculan el presente, como casi siempre en su cine.
“Su tatarabuelo murió en la habitación donde nació su abuela. Que ahora era el dormitorio de sus padres”.
Este tema, el de la memoria, el del pasado vinculador, entronca la película con Alain Resnais, una de las grandes influencias de Trier. Una memoria que se escenifica a través de Agnes, que es historiadora en la universidad y se interesará por lo sucedido con su abuela, que se suicidó en esa casa.
Una voz over nos hablará de las distintas vidas de esa casa, con los antepasados directos de la familia. Las consultas que Nora (Renate Reinsve) escuchaba desde su habitación a través de la estufa a su madre psicóloga. Una sala de consultas que antes fue biblioteca, donde Karin, la abuela, se reunía con sus amigas cuando era niña. En 1943, la melómana Karin (Vilde Soyland) se unía a la resistencia y era detenida por la milicia, pasando dos años de padecimiento en un campo de concentración que calló siempre.

La infancia de Gustav, que nació en 1951. Edith, hermana de Karin y tía de Gustav, heredó la casa. Lesbiana, liberal en los 60, le dio un buen ambiente veraniego a Gustav en su adolescencia. Gustav (Stellan Skarsgard) hereda la casa a la muerte de su tía, donde se instala en 1986. Se casó tres semanas antes del nacimiento de Nora, ya que a los 6 meses Sissel, su mujer, ya estaba embarazada. Diciembre de 1987. Gustav marchará a Suecia tras el divorcio…
La muerte es un tema que se insinúa constantemente, tanto en la obra de Trier, como hemos visto, como en la película. La panorámica inicial ya nos enseña un cementerio cercano a la casa. Dentro de la casa lo primero que viviremos será un funeral, con un cromatismo de blancos y negros y mucho luto.
La madre de Gustav, abuela de Agnes y Nora, se suicidó en esa casa. Nora también intentó suicidarse, aspecto muy sutil en la película hasta la parte final. Incluso Gustav parece comprender aquel abismo del baño donde se suicidó su madre al mirarlo de lejos una vez Rachel ha renunciado al proyecto.
“Nada es más bello que las sombras”.





El arte es otro de los temas esenciales de la película, muy socorrido en el cine de Trier. Una actriz y un director y guionista. Un proyecto conjunto rechazado, una retrospectiva que abre nuevas expectativas…
“Un verdadero artista es libre. Y debe seguir siéndolo”.








Veremos una escena de una de las películas de Gustav, un plano secuencia brillante con la huida de dos niños, donde sólo uno logrará subir al tren… Una estrella que asiste a la retrospectiva, Rachel, quedará muy conmovida por esa película, iniciando una colaboración artística…
“No se escribe el Ulises cuando estás ocupado con el fútbol de los críos o el seguro del coche”.
Gustav reflexionará sobre la esclavitud y la insatisfacción de la actriz, su nula capacidad de decisión, su necesidad de reconocimiento… El proyecto de Gustav, su nueva película, utilizará muchos elementos personales. Lo confundirán con un retrato de lo sucedido a su madre, con su suicidio y demás, pero al final entenderán que habla de su hija Nora. Vida y arte.
“No es mi madre la del guión”.
Espectacular es la escena del emocional ensayo de Rachel. Aunque no termine de convencer a Gustav porque no es Nora (incluso la obligará a teñirse para parecerse más a Nora).






Peter (Lars Väringer) es el director de fotografía de Gustav, ese por el que luchará. Es otro hombre alejado de su familia. De alguna forma, el tema del arte se vincula con el de la familia, temas habituales de Trier. ¿El arte te distancia de la vida? ¿De la familia?
–Es gracias a Lasse Hallström, no a ti.
–Sin ‘El Río del Tiempo’, él nunca te habría contratado.
Agnes trabajó de niña con su padre. La vemos en la secuencia de la retrospectiva. Gustav querrá al hijo de Agnes, su nieto, en la película.
“Tendrías que haber seguido”. “No hay nada peor que los niños actores, gesticulando delante de la cámara, creyendo que están en un musical”.



La escena del clímax, con el rodaje, se rodará exactamente como Gustav explicó, con el plano secuencia, los movimientos de cámara, de actores, de puesta en escena… El arte aquí es redentor. El arte y la vida fundiéndose y redimiendo.
En muchas ocasiones observaréis que los personajes aparecen enmarcados con los elementos del decorado, puertas, por ejemplo. Esto nos trae a la cabeza la influencia de Ozu. Vemos también el uso ocasional de cenitales, por ejemplo en momentos íntimos de complicidad (Erik-Nora).
Encuadres muy acertados, como ese trasero de Gustav entre las dos hermanas el día del noveno cumpleaños de Erik.
El estilo de Trier es muy sobrio, ascético. La sobriedad primará. Plano-contraplano estricto en la conversación donde Gustav ofrece su guión a Nora, sólo interrumpido por un general frontal casi al inicio de la conversación cuando la camarera sirve el café.






Trier mueve poco la cámara, más allá de los planos secuencia que destaco o destacaré. Las panorámicas o travellings están al servicio de la puesta en escena o el movimiento de los personajes, pero casi todo consiste en encuadre y una cámara con una ligera inestabilidad, sobre todo en escenas íntimas, que son la mayoría de una forma u otra.
El rojo aparece en diversas ocasiones. Rojos serán los sillones del tren en el que escapa la niña de la película de Gustav. Y los del bar donde el director le ofrece su guión a la actriz… Las tablas rojas que decoran la casa…
El tema de los colores parece difuso. Si bien predominan los colores claros que parecen simbolizar paz, calma y redención, hay unos que en ocasiones no parecen vincularse con ideas concretas, pero otros quizá… Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) está vinculada en varias ocasiones al azul (Nora sólo vestirá de azul en el llanto de un ensayo teatral y al final en la convalecencia del padre coqueteando con enfermeras, con ella ya en paz). Agnes es la armonía, el equilibrio incluso, pero Karin, su abuela, se suicidará yendo de azul. Por tanto, es difícil hacer algún tipo de relación simbólica al respecto.



La cuestión está en los mencionados tonos cálidos, anaranjados o rojos. Nora, que suele llevar tonos neutros, vestirá esos colores cálidos en varias ocasiones. Rosada es la sudadera con la que al principio parece ensayar la obra de Chéjov (‘La Gaviota’). Anaranjada es su camiseta en soledad, cuando su amante, con el que parece no querer comprometerse, se va. También anaranjada es la camiseta que lleva en ese día campestre con sus compañeros de reparto, cuando tras conocer del más que posible divorcio de su amante es rechazada por éste.





Rojos, como dije, son las tablas de la casa, el fondo de los sillones en el bar… pero también las butacas donde Nora tiene su entrevista con Rachel. Rachel (Elle Fanning) es para ella una amenaza, en realidad. Quizá por ello, el rojo, tiene que ver con los traumas y elementos de su vida que la atormentan, tanto su incapacidad para formar una familia como su conflicto con su padre. En cualquier caso, es una idea algo vaga.
Hay un signo de puntuación muy marcado y muy habitual en la película. Son los fundidos a negro. Son constantes durante todo el metraje y marcan puntos y a parte en la narración. Hay arranques musicales repentinos tras alguno de los numerosos fundidos a negro. Parecen tener más una intención atmosférica o anticlimática para romper tonos.






Ingmar Bergman es una de las grandes influencias de Trier. Los resortes de la familia, los rincones oscuros de sus relaciones, la muerte, las crisis de madurez… tantos temas que obsesionan a Trier aparecían ya magistralmente en el cine del inolvidable director sueco. Además, hay recursos muy de su cine, como esos primeros planos, algunos expresionistas (que también pueden recordar al ‘Black or White’ de Michael Jackson) donde los rostros de padre e hijas se van fundiendo unos con otros y que recuerdan, de alguna manera, a películas como “Persona” (1966).
Michelangelo Antonioni también es otra de las grandes influencias de Trier. Dreyer es fácil que venga a la cabeza, aunque a través del filtro de Bergman y Antonioni.





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4/5





