VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS (2017)

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS (2017)

LUC BESSON

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Confieso que quedé fascinado y prendado con las imágenes del tráiler. Me deslumbró su estética, preveía una space opera impresionante, cuanto menos desde lo visual, y, conociendo a Besson, quizá con escenas de acción a las que se les sacara buen partido.

Ciertamente la película posee un agudo sentido de la maravilla, es espléndida en lo visual y hay un uso del plano general sensacional, lo que denota la calidad de la dirección del director francés. Además todo esto se acentúa con la planificación de planos secuencia o planos largos, prescindiendo en lo posible del corte. Ese planeta en el que se inicia la narración, el planeta Mül, con esas reminiscencias marinas (conchas, perlas), ese colorido impresionante y la suavidad de las formas, sencillamente deslumbra.

 

 

Es el universo de “Los Perlas”, donde asistiremos a la trágica muerte de la princesa que es protagonista de esta set piece introductoria. También entendemos que hay una clase gobernante. Un pueblo casi extinguido en ese ataque del que se salvarán unos pocos. Una escena resuelta sin apenas palabras.

Son un auténtico deleite esas panorámicas y planos sostenidos retratando ese mundo vital y feliz, tranquilo y sereno, que repentinamente es atacado. Todo muy Besson, con lo orgánico como elemento reconocible. Desde luego en 3D debe ser espectacular.

El caso es que más allá de lo visual la película resulta decepcionante en términos generales. Fuera de lo formal es una película bastante vacua, intrascendente y carente de vigor y emoción, sin mucho que echarse a la boca. Un entretenimiento aseadete, pasable, y poco más.

 

 

Ese espectacular diseño de producción, esa soberbia estética y magnífico uso del plano secuencia, verdadero o simulado, lo volvemos a disfrutar en escenas de acción como la persecución de Valerian a “los perlados”, una vez estos han realizado el ataque “indetectable” con sus armas guays para secuestrar al Comandante Arun Filitt (Clive Owen, que encarna al villano de la función, un malo malísimo que marca el maniqueísmo de la aventura), atravesando todas las zonas que nos explicaron anteriormente, rompiendo paredes y estancias, por tierra y agua… Fascinante desde lo visual, pero no logra frenesí, emoción. Resulta fría, como casi toda la película.

 

 

Por cierto, ¿por qué no sigue saliendo agua cuando rompe el cristal de la zona acuática hasta otra que no lo es? Supongo que tendrá explicación científica por la avanzada tecnología del lugar…

También es estupenda la escena de la persecución de naves, muy bien rodada, aunque falta tensión, brío.

La persecución que acontece en el agua es sosilla, aunque volverá a recordar a “Star Wars”. La pelea en la alargada sala del emperador en la también alargada escena, presenta problemas de coherencia interna, cuando vemos a Valerian deshacerse de un buen número de Boulan Bathors. ¿Por qué no escaparon antes así cuando había menos y en zona más segura? ¿Por qué tanto lío añadiendo personajes y digresiones?

 

 

 

El clímax tiene un tiroteo molón y tal, pero los malos son poco amenazantes y vuelve a carecer de verdadera tensión, incluso teniéndolo todo a merced. Lo del recurso de la cuenta atrás resulta algo absurdo.

De rica mitología, grandilocuente, como gusta a Besson, evidentemente dependiente de la historia gráfica de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières en la que se basa (es imposible no reconocer la epopeya espacial de Lucas y “Star Wars”, pero estas historietas comenzaron a publicarse en 1967). Una introducción con el paso del tiempo y los avances en la carrera y exploración galáctica (1975, 2020, 2031, 2150), el paulatino contacto con distintas especies extraterrestres al ritmo de David Bowie… Tenemos aquí un cameo de Rutger Hauer, un clásico.

 

 

Una mitología que comienza con la creación de la Estación Espacial Intergaláctica Alfa, diseñada para dar cabida a una amalgama de culturas, a todas las especies que lo deseen, todas las culturas del universo para compartir sus conocimientos. Dividida en varias partes. La Sur, sumergida. La Norte, gas. Este, tecnología e información. Oeste, humanos…  Debido a la magnitud que fue alcanzando debió alejarse de la Tierra por suponer una amenaza con su masa gravitatoria para la misma. Fue lanzada, entonces, a través de la Corriente de Magallanes, a emitir un mensaje de paz por la galaxia para que todos los que gustaran se unieran… Hasta reunirnos con ella 400 años después.

 

 

El Planeta Mül, ya citado. El planeta Kyrian, en apariencia desértico, rocoso, de tintes africanos, asiáticos… Además tenemos infinidad de criaturas, bichos, monstruos y detalles tecnológicos, cachivaches y un montón de armas.

 

 

“Los Perlas”, los seres del planeta que vimos al inicio, clave de la trama. Un pueblo pacífico y que vive en armonía con los elementos, poseedores de esas perlas de gran energía y de “convertidores-multiplicadores”, codiciados por otros pueblos. Serán víctimas de estos intereses. Un mundo extinguido con unos pocos supervivientes que terminaron en Alfa, ocultos, culturizándose y aprendiendo de todo ese universo que allí se congregaba, considerados un tumor en la estructura, cuando simplemente diseñaban su nave y planeaban la forma de replicar su mundo de nuevo con una perla y el convertidor, Melo.

 

 

 

The Doghan Daguis in Luc Besson’s VALERIAN AND THE CITY OF A THOUSAND PLANETS.
Credit: Courtesy of EuropaCorp
Copyright: © 2016 VALERIAN SAS Ð TF1 FILMS PRODUCTION.

Doghan-Daguis, ese trío de seres con trompa que siempre tienen la información adecuada o llevan a quién la puede proporcionar, siempre por un módico precio (las vagas insinuaciones del supuesto asesinato del experto en el planeta Mül, el mercenario que lleva a Laureline a por la medusa…)… Medusas que revelan paraderos porque sí, allí donde no llega la tecnología; mariposas luminiscentes como cebo de pescadores con malas intenciones, los Boulan Bathor, esos seres gordos que están obsesionados con la comida…

 

 

 

Pocos conceptos interesantes tenemos desarrollados. El más destacado es el de apariencia e irrealidad. Nada parece tangible y siempre parece tener un doble, un avatar o una realidad paralela. Así se nos presenta a los protagonistas, en una playa falsa… Valerian recibe sueños y luego recuerdos enviados por alguien de ese planeta Mül que vimos… En el planeta Kyrian nos moveremos por otra dimensión, una especie de realidad virtual oculta, por mercados y calles, magníficamente mostrados con planos flotantes. En Kyrian tendremos escenas de acción y evasión, muy en plan thriller, planteadas, en ese lugar “camuflado”, como si se tratara de un juego de consola, pero interactivo. Simpático momento huyendo de ese gigantesco monstruo, el Megaptor, con el autobús volador. La “Zona Muerta” también es una falsedad.

 

 

Valerian y Bubble (Rihanna) se disfrazarán de “boulan bathor” para rescatar a Laureline. La propia Bubble define esta idea, capaz de asumir cualquier forma y personalidad. Es un personaje sin identidad. Lo cierto es que es un personaje de pura digresión, apenas aporta nada y puede resultar algo ridículo, especialmente al intentar hacerlo algo emotivo. Del mismo modo que aparece, morirá. De repente.

 

 

 

 

El aspecto “dramático” se vertebra con la relación entre los dos protagonistas, Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne). Nos los presentan en entornos artificiales, en una relación conflictiva y en largos planos. Sus personalidades son dibujadas con superficialidad en poco tiempo. Él es un don Juan, improvisador, poco dado al compromiso, evidentemente. Ella es una chica seria y autosuficiente que prefiere el compromiso y la disciplina. Se insinúa que han tenido algo, pero no. Los dos actores cumplen.

 

 

Esta batalla, en plan guerra de sexos, no logra que conozcamos lo más mínimo a ninguno de los dos protagonistas más allá de los rasgos comentados. Sólo él parece que debe evolucionar hasta aceptar el compromiso y demostrárselo a ella. Y no será porque no se les dedique tiempo. Son muchas escenas para sus coqueteos, digresiones y divagaciones, pero en nada desarrollan más allá de lo dicho.

Valerian se manejará al final con un conflicto moral, entre cumplir las normas de soldado o apostar por el amor y lo que es justo más allá de esas normas. Su evolución es la previsible, como en las películas clásicas, con beso apasionado y final feliz.

 

 

De hecho, Besson parece preocuparse más por enseñar esa rica mitología y amplio universo que tiene la película, por esas digresiones y divagaciones, esas bromas de la parejita o fuera de ella, que por la historia en sí… Añade digresiones e incluye personajes que lastran la coherencia de las escenas en muchas ocasiones, más preocupado, parece, por mostrar criaturas que por el sentido general. Nunca se saca el partido esperado a la intriga. Ahí tenemos al personaje de Rihanna, con toda una escena entera para que la veamos bailar y cantar en el “Paradise Alley”, un lugar de calles psicodélicas y coloristas, con mucho neón, eclécticas, muy en plan “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), trabajando en un tugurio para Ethan Hawke, que tiene un pequeño papel. Allí veremos a un remedo de Jessica Rabbit. Rihanna tendrá una set piece entera para demostrar que es una culta bailarina (cita a Shakespeare, Rimbaud o Verlaine)…

 

 

Pasan demasiadas cosas de manera repentina o arbitraria, aunque inmersas en la propia mitología que vamos descubriendo de la historia (esa guía que menciona Valerian, la Princesa Perla que se comunica con él, que parece estar en su interior y que explicarán posteriormente…). Algunas funcionan, otras resultan muy forzadas o mal integradas en el conjunto.

Entretenidilla, notable en lo visual, vacua, falta de nervio e impacto. Saciado uno de este tipo de películas, queda empequeñecida esta gran apuesta de Besson, que la dedica a su padre.

 

sambo

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