ÚNICO DESTINO

ÚNICO DESTINO

RELATO

 

 

 

Al fin, tras muchos meses de preparación, pude emprender mi ansiado viaje por este deseado mundo, recorrido superficial y puramente dionisiaco, entregarme al ocio y al placer, premio a mi apolíneo esfuerzo de todo este tiempo.

Meses empapándome de ese mundo interior, confuso, complejo y contradictorio, que me diera las llaves con las que abrir y disfrutar del camino. Esforzadas lecciones y lecturas con las que saborear cada zona y lugar visitado.

Me quejé muchas veces de ese estudio que parecía alargarse sin remisión, pero debo reconocer que ahora, a cada lugar explorado le saco todo el partido, lo colonizo, lo invado en un anhelo irrefrenable.

Sólo así pude apreciar en toda su magnitud las hendiduras en la piel de roca de las construcciones de Petra, tatuadas para la posteridad en aquellos surcos que acariciaba ensimismado. Pude valorar la belleza y cultura clásica, de construcciones dóricas, jónicas y corintias, que como piernas firmes se erguían en los edificios griegos. Perderme en lo que fue infinito imperio, embriagado de lugares de ocio y pasado glorioso en Roma…

Surcar canales húmedos en bellos recovecos como creados al calor de mi paso en Venecia, en Ámsterdam… Esparcir mi cuerpo por la tez morena de la arena y bañarme en las aguas cristalinas, como ojos en pleno éxtasis, de las playas caribeñas.

Serpentear suavemente por las Grandes Llanuras americanas, desde México a Canadá, montar a lomos de un dromedario por el infinito desierto africano, ondulante a veces, terso otras, parando en un ocasional y perdido oasis, como un ombligo en un pulido vientre. Escalar las más altas cimas, mimando y cuidando cada paso, cada curva y cada ángulo, luchando contra cualquier atisbo gélido, hasta culminar en la zona más sensible y erógena del Everest en la que poder saciar el placer del objetivo cumplido.

Surcar la espalda de lisos mares y océanos, flotando a lo largo y ancho de ellos, deslizándome por sus lisas formas hasta que tornen en sensuales y abultadas olas, curvas que poder amasar en un mojado frenesí.

Llenarme de aire puro con la frondosa vegetación de la selva amazónica, enredarme en sus ramas y exuberantes brotes, como si fuera un ensortijado cabello moreno del que poder tirar, hacer y deshacer… Brincar junto a canguros en las mullidas extensiones australianas, camas verdes sin aparente límite.

Y culminar la expedición, sumergiéndome en las profundidades de la Fosa de las Marianas, explorando cada rincón de aquel húmedo y recóndito lugar en con delirio adolescente.

Hacer todos estos viajes y otros muchos una y otra vez, sin orden predefinido, sin descanso, sin cansancio, en mi único destino, que yace exhausta en mi cama, a mi lado.

sambo

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