PAUL THOMAS ANDERSON

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su reflexión sociopolítica es de muy poco calado, por lo que queda valorarla como divertimento… Bueno, no funciona mal, me resultó entretenida, divertida a veces, como si unos primos de los Coen o del Scorsese de “El Lobo de Wall Street” (2013) se hubieran metido en temas sociopolíticos. Vista así puede despertarte la sonrisa y hacerte pasar el rato, siempre que la cabeza no te lleve a reflexión ni hondura de ningún tipo. No está mal como objetivo, pero Anderson era más ambicioso y ese es el problema… Así como lo es para catalogarla con esos elogios grandilocuentes.

Y es que lo mejor de la película es la factura técnica, las escenas de acción y cómo las rueda Anderson (vería la persecución en coche del final varias veces sin problemas), así como el tono de humorístico suspense que tiene buena parte del film.

Esa persecución es excepcional. Deja unos planos generales fantásticos, con los coches apareciendo o no al fondo de los desniveles de la calzada. Dos coches, un tercero que se suma, planos de perfiles y la sucesión de los perseguidores, el asesinato supuesto a Lockjaw, el gran truco de Willa mostrando su instinto asesino, el afortunado reencuentro con Bob, que no da una…

 

 

La persecución urbana en coche y a la carrera también está muy bien rodada y bien montada, con un acertadísimo uso de los picados (helicópteros). Anderson logra un gran caos en la ciudad cuando los militares llegan buscando a Bob y Willa.

Suspenses en las citadas persecuciones, en la que sufre Bob, en la que sufre Willa, en la huida de ésta de la muerte, en la persecución por las carreteras solitarias, sobre si habrá paternidad o no… suspenses muy variados y salpicados de humor.

El suspense, con mucho humor, funciona estupendamente en la película. Desde que Lockjaw pretende eliminar posibles pruebas que delaten que no es lo suficientemente puro, iniciando una persecución sin tregua para encontrar a su posible hija, el tono de la película se define de otra manera, vertebrado en ese suspense y el humor. La hilarante huida a tiempo de Bob y sus pequeñas aventuras junto al sensei Sergio St. Carlos dejan los mejores momentos.

 

 

 

La escena entre Benicio del Toro y Leonardo DiCaprio, con el segundo buscando un cargador y luego huyendo, es delirante e hilarante mientras lo mezclamos con el drama migratorio. Una fantástica escena de humor, ritmo frenético, divagaciones humorísticas y suspense. Los diálogos, las situaciones, la comedia física (DiCaprio cayendo de la azotea)… Ese toque que Scorsese logró en “El Lobo de Wall Street” (2013) o “Jo, Qué Noche” (1985), o los Coen en muchas de sus obras más humorísticas: “El Gran Lebowski” (1998), “Arizona Baby” (1987)…

 

 

Los entornos domésticos suelen estar fotografiados con unos tonos acogedores, cálidos, ocres. En la primera escena que tienen Sergio (Benicio del Toro) y Bob (Leonardo DiCaprio), Anderson los convertirá en sombras, siluetas, abstracciones.

El montaje funciona muy bien en las escenas de acción, pero también deja rasgos de estilo, como ese encadenado, muy marcado, desde la boda celebrada en esa reunión del “Club de Amantes de la Navidad”, a la que acude Lockjaw, a la cafetería donde nos presentan a ese locutor revolucionario, Howard Somerville (Paul Grimstad).

 

 

También tenemos ese tipo de encadenado desde la reaparición ensangrentada de Lockjaw a su reunión en la sala de juntas donde le nombrarán, falsamente, “amante de la Navidad”.

Un encadenado une a Perfidia (Teyana Taylor) con Bob en la primera escena de la película, cabe recordar. Lo mismo con Willa de bebé a Willa ya crecidita haciendo artes marciales definiendo la elipsis. Anderson usa los encadenados como nexos de avance en la película cuando parece estancada.

Un montaje paralelo muestra la incineración de Lockjaw con la conversación padre-hija donde Bob se sincera y le da la carta de su madre a Willa. Una carta de perdón y redención. Un quizá, un futuro, un camino a seguir o un referente.

Anderson utiliza mucho los planos frontales, con mucho fondo, uno de los rasgos de estilo de la película. Son habituales también los túneles, pasillos o remedos, generalmente vinculados a los militares o esas sociedades secretas, poderosas y nazis, como retrato de sus tentáculos ocultos dentro de la sociedad.

En la escena donde conocemos el “Club de Amantes de la Navidad” y ese examen que hacen a Lockjaw, para admitirlo o no, Anderson usa planos escindidos sobre los rostros, primeros planos de cada personaje una vez se inicia el “interrogatorio”.

 

 

Son una maravilla los planos generales para las escenas de acción en la película. Y el uso del sonido, incluso en off, como cuando Perfidia mata por primera vez, en el atraco al banco.

Por supuesto, tendremos los clásicos planos de seguimiento de Anderson, traseros, frontales… En los entornos, sobre todo mientras transitan los personajes, Anderson recurre al plano secuencia, resuelve las escenas sin corte en muchas ocasiones con largos travellings y panorámicas.

Son muchos los recursos utilizados por el director. Unos puramente estéticos, para definir el estilo de la película, otros con sentido conceptual. Esas panorámicas de ida y vuelta, a veces horizontales, otras verticales, como las que vemos al inicio de la película, por ejemplo.

En el escondite con las monjas revolucionarias, la cámara sólo mostrará la celda adjudicada a Willa (Chase Infiniti) cuando ella se mueva, no antes. Recursos particulares básicamente esteticistas.

“La hija de una chivata…”. “Yo me cansé de esta mierda hace mucho”.

 

 

Lockjaw localizará el lugar donde están estas monjas que esconden a Willa y usará una iglesia para determinar si es su hija, un lugar obviamente simbólico donde se sinceran. La frontalidad será la norma en esta escena.

“Cállate, mestiza de mierda”.

Y los diálogos digresivos que también nos recuerdan a Tarantino, o el Scorsese de “El Lobo de Wall Street”, que llegan a su mejor momento con DiCaprio intentando que le den un punto de encuentro sin saber la contraseña por teléfono.

Ese final denota cierta nostalgia, o pretende insinuarla, hacia esos movimientos revolucionarios de los 60 y 70. Es obvio el efecto contagio o hereditario que se produce en Willa. Da clases de judo, es capaz de salir airosa de situaciones comprometidas a vida o muerte, la veremos en un plano similar al de su madre con una metralleta… y finalmente la veremos dedicada a actos similares a los de su madre, pero que en la mirada esperanzada de Anderson parece indicar que mejoradas en las nuevas generaciones. Ese cariño nostálgico a aquellos movimientos violentos de los 60 y 70 que parece insinuar el director.

–Ten cuidado.

–Paso.

 

 

Es divertido el guiño de que la radio en la que Willa se informa para acudir a sus cosas al final de la película, tenga la pegatina de su monitor de artes marciales, Sergio St. Carlos.

Las interpretaciones son irregulares. En general cumplen, las hay destacadas, pero también las hay que resultan ridículas. El trabajo de Sean Penn ha sido muy elogiado, pero la tosquedad de ese personaje cliché, ese histrionismo paródico y burdo, sitúa su trabajo en una esfera muy llamativa pero bastante irrisoria.

El personaje de Benicio del Toro es fantástico. Anderson convierte la película en una buddy movie, lo que le viene muy bien al conjunto, si bien es nueva prueba de su indefinición. Logra un contraste perfecto con ese “Nota” con toque neurótico y nervioso que interpreta DiCaprio (todo son precauciones, incluida la prohibición de uso del móvil a su hija para evitar que la localicen, aunque con el tiempo se relaja…), donde Del Toro es todo zen y calma. Es la mejor parte de la película, la que comparten Benicio del Toro y Leonardo DiCpario.

“Yo ya no me cabreo por nada”. “Respira, calma. Olas del mar, olas del mar”.

“Es una violación de mi seguridad. Es un detonante emocional”.

“Nunca pensé que ese hijo de puta vendría a por nosotros. Me he relajado. No he estado atento”.

 

 

Sergio (Benicio del Toro), protector de inmigrantes, a los que esconde en sus negocios amigos, con toda su sabiduría zen y en las artes marciales, con su tranquilidad y equilibrio, se lo monta de lujo tanto para poner a resguardo a Bob como para rescatarlo de la comisaría… Además es un personaje ligado a Superman, con ese poster que vemos en su gimnasio, y a “Survivor”, a los que tiene como tono de llamada con su “Eye of the Tiger”.

“¿Sabes qué es la libertad? No tener miedo. Como el amigo Tom Cruise”.

Alana Haim, protagonista de “Licorice Pizza” (2021) y otros proyectos dirigidos por Paul Thomas Anderson, tiene un pequeño papel en la primera parte de la película, antes de morir, encarnando a Mae West. Bonito nombre.

Gran DiCaprio como “El Nota” de 2025, con esa neurosis que tan bien sabe encarnar el actor.

“La Batalla de Argel” (Gillo Pontecorvo, 1966) es la película que vemos en casa de Bob y Willa. “American Girl” de Tom Petty aparece en la banda sonora también, así como Los Panchos con “Perfidia”. Hay que recordar que Anderson es uno de los cineastas que mejor juega con las canciones en sus películas, tanto para relacionarlas con personajes como con situaciones. Así lo vemos con la música para el “Club de Amantes de la Navidad”, una plácida melodía casi navideña…

 

 

La película está dedicada a Adam.

“Una Batalla Tras Otra” me ha entretenido, que ya es un gran punto a favor, divertido en ocasiones, me ha gustado la dirección y algunas interpretaciones, lo que no es poco, pero no la he sentido nunca como una obra trascendente, de hondura, profunda, si me da por adentrarme un poco bajo su carcasa, más que nada porque hay poca cosa. Total, que nos queda una obra muy sobrevalorada por las tendencias críticas actuales, que no suelen ser referencia de nada.

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del Análisis.

 

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