UN LUGAR TRANQUILO (2018)

UN LUGAR TRANQUILO (2018)

JOHN KRASINSKI

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conocí a John Krasinski haciendo de brillante jugador de fútbol americano en “Ella es el partido” (2008) de George Clooney. Lo que no sabía es que también tenía su carrera como director y guionista, que ha llegado a su punto culminante (hasta el momento) con esta excelente cinta de terror y suspense que ha recibido el merecido aplauso de crítica y público.

Es cierto que sus dos anteriores trabajos tras la cámara no están a la altura de este. Ni su arriesgadísima ambición de adaptar la imposible “Entrevistas breves con hombres repulsivos” de David Foster Wallace, que estrenó en 2009, ni “Los Hollar”, su comedia de 2016, son especialmente destacadas.

Por ello sorprende aún más el resultado de esta cinta de género, que mezcla fantasía y terror con la aparición de unas extrañas y salvajes Criaturas que responden al sonido y matan a todo aquel con el que se encuentran. Además participa en el guión y comparte protagonismo con la que es su mujer, la actriz Emily Blunt.

 

 

El juego que logra Krasinski con esta sencilla premisa es magnífico, logrando momentos de suspense de gran nivel y destacando en ciertos aspectos técnicos que resaltaré durante el análisis. Una idea contracorriente, arriesgada y brillante: hacer una película en este ruidoso mundo, donde el cine es cada vez más chillón y lleno de efectos especiales, que, sin renunciar a ello, apueste por una narrativa casi en silencio.

Una familia se ve obligada a vivir en completo silencio y sin emitir ruidos para evitar el ataque de unas Criaturas que han aparecido y que se guían por el sonido para atacar a toda persona. Viviendo en un lugar tranquilo y apartado intentan sobrevivir y cumplir con su rutina lo más felizmente posible.

 

 

Nos introducimos de lleno en ese mundo apocalíptico, sin explicaciones, observando las consecuencias ya. Un mundo que ya ha caído. Concretamente en el día 89 de la crisis.

La descripción de ese mundo apocalíptico, sin palabras, intrigante, solitario, en declive, abandonado y en el que algo pasa con el sonido, es sencillamente magistral. Logra definir todo esto con unos pocos planos… Calles desiertas, suciedad, carteles de desaparecidos, supermercados abandonados, pies descalzos, unas noticias en periódicos…

Es el sonido”.

 

 

Y a la vez se nos presenta a la familia protagonista, únicos personajes que veremos. Padres amorosos y tres hijos. La mayor es responsable y sorda, el mediano necesitado de medicamentos, el pequeño travieso y juguetón que parece obsesionado con los cohetes…

 

 

Marcado el tono y la situación, Krasinski no se queda ahí. Nos deja claro que cualquier cosa puede suceder. Hará de la bondad y las buenas intenciones una tragedia cruel, jugando magistralmente con el sonido y el fuera de campo. Ese inquietante inicio hace tan efectivo el momento de la muerte del pequeño Beau (Cade Woodward). Y no se esconde, anuncia la fatalidad con ese juguete ruidoso cuando el pequeño coge las pilas para colocarlas en la navecita que su hermana, de buena fe, le mete en la mochila. Una hermana que en su sordera no se percata de lo que sucede… Dramáticamente es excepcional cuando se unen todos esos elementos, ya que tomaremos el punto de vista de ella, Regan (Millicent Simmonds), su sordera.

 

 

 

Tras una elipsis de más de un año, día 472 tras la crisis, retomaremos la narración. Krasinski plantea una película casi muda, o para ser más correctos, sin habla, ya que el juego con el sonido es una de sus grandes claves y virtudes. Consigue con sencillos elementos situar y dar pequeñas claves: carteles, periódicos… Funcionan como elementos narrativos que evitan además exposiciones verbales.

Su propuesta obliga a una planificación puramente visual, lo que se agradece, ya que lo realiza con gran acierto. Bichos ciegos que atacan por el sonido, por las vibraciones. Y es que otro de los aciertos del film es no mostrar apenas a las Criaturas, que tienen apariciones fugaces, escindidas, pero cada vez más constantes y más claras conforme se desarrolla la narración, hasta mostrarse como una amenaza absoluta y tangible. Algo informe y raudo apoderándose de Beau, patas o partes de sus extraños cuerpos por los bosques, los mapaches cazados…

 

 

Utiliza el montaje paralelo y el montaje convergente para generar o sugerir un suspense presente o por llegar. Para ello Krasinski ha ido sembrando la narración con elementos que no paran de sumarse hasta confluir para estallar: el embarazo, la herida en el pie, rompiendo aguas, las contracciones, el posterior parto, la llegada de la Criatura a la casa… Va acelerando los acontecimientos y la situación con una fluidez y precisión digna de encomio, alcanzando ese sublime suspense.

 

 

 

 

Con el uso del montaje paralelo, a veces a tres bandas, se sugieren ideas y reflexiones, por ejemplo el duelo de la familia, con el sentir de cada uno recordando la pérdida del pequeño Beau. También se fragmenta la narración en la parte final, siguiendo las andanzas de cada hijo por su parte, del marido y de la mujer, con posteriores reuniones.

 

 

 

 

Las pisadas tienen gran importancia, Krasinski se centra mucho en ellas, sobre todo encadenando peripecias: las pisadas ensangrentadas de Evelyn tras hincarse el clavo con las de padre e hijo en la hierba camino a casa, por ejemplo…

 

 

 

 

 

El uso de cebos tiene el mismo objetivo, crear suspense. El ejemplo perfecto es el clavo (que, por cierto, podían quitar en algún momento tras el accidente, ya que por allí bajan todos muy distraídos y el E. T. no se lo clava) en la escalera que terminará pisando Evelyn (Emily Blunt). El director salpica con acierto los momentos más introspectivos con ocasionales apuntes de acción para mantener la tensión (el intento de bajar al sótano de Regan, el suicidio del anciano en el bosque ante la desesperación de ver a su mujer muerta, las contundentes, fugaces y salvajes apariciones de las Criaturas…).

 

 

Una dirección notable, también desde lo visual, donde los aciertos en la gestación de terror o suspense no están limitados al montaje, sino también al encuadre. El manejo de los segundos planos, con desenfocados, en muchas ocasiones dedicados a las Criaturas que aparecen (y que con acierto se mantienen casi en secreto, difuminadas, escindidas, viéndose fugazmente o fragmentadas, con momentos que parecen homenajear a Nosferatu (F. W. Murnau, 1922), como esa subida por la escalera y los arañazos en las paredes), es magnífico, no hay más que ver la excepcional escena del parto, con esa acumulación de elementos: el silencio casi imposible, la amenaza latente de la Criatura, el temporizador como distracción, la segunda Criatura… O esos planos espía, semiocultos, con elementos del decorado interponiéndose entre lo enfocado y la cámara, muy utilizados, y que crean una gran atmósfera.

 

 

 

Es una gran escena, aunque desperdician muchos fuegos artificiales con esas Criaturas de oído tan fino. Supongo que no recibirán muchas visitas de ese tipo, pero nunca está de más ahorrar o tener preparado un buen sistema de distracción, más cómodo.

 

 

Igualmente sobresaliente es la escena en el sótano. Un sótano acondicionado en previsión de los llantos del futuro bebé, aspecto que me tenía inquieto desde que vi a Evelyn embarazada. La inundación, la cuna descubierta, el bebé afortunadamente tranquilo y la Criatura expectante y abotagada con el sonido del agua cayendo… Tremenda secuencia.

 

 

 

O la del granero, que siempre que veo uno me recuerda a “Único testigo” (1985), la joya de Peter Weir.

Es decir, Krasinski logra sacar partido de múltiples maneras para lograr el terror y el suspense… Todo es muy notable, por eso me sobran esos impactos de banda sonora repentinos, especialmente en una película que juega con los sonidos y, sobre todo, los silencios. La coherencia máxima hubiera llegado prescindiendo por completo de banda sonora. A parte de que esos burdos recursos para dar el sustito a traición nunca me han gustado.

 

 

El retrato familiar es magnífico. De nuevo desde lo visual, Krasinski logra dibujar y desarrollar personajes, relaciones y conflictos. Los anhelos de esas cosas que no se pueden (el niño haciendo que conduce la camioneta); las frustraciones (Regan con su sordera y los audífonos que no funcionan); el miedo al futuro con ese niño que vendrá (y al que se prepara una habitación insonorizada y del que oímos sus latidos en el vientre de su madre)… Se liga la muerte con la vida, del recuerdo del crío fallecido al pronto nacimiento de un nuevo hijo.

 

 

 

Regan está en una edad complicada, la adolescencia o preadolescencia, donde se es más consciente de todo, llegan las inseguridades y los complejos. Es inteligente, curiosa e inquieta, valerosa, pero es víctima de un agudo sentimiento de culpa por la muerte de su hermano. Su hermano, Marcus (Noah Jupe), es más débil y temeroso, por lo que será adiestrado por su padre, que quizá esté siendo inconscientemente injusto con Regan, a la que relega. Padre e hija se reflejarán en un espejo, un plano simbólico que sugiere la incomunicación que hay entre ambos, protegidos detrás de una máscara de culpa.

Unos padres protectores, comprensivos, amorosos, que nunca tienen un gesto crispado, ni cuando tienen que reprender. Mención aparte merece el tenaz padre, que crea audífonos compulsivamente para su hija. En todos ellos subyace de manera sutil un sentimiento de culpa por lo ocurrido con el pequeño Beau.

 

 

 

La naturalidad de la narración, exponiendo todas esas emociones y elementos mientras se muestra la rutina de esa familia en esa crítica situación, llena de detalles interesantes que escenifican la necesaria adaptación a una vida donde no se deben emitir sonidos (“platos” hechos de verdura, bendiciones en silencio, auriculares… accidentes), es soberbia. Eso sí, me resulta arriesgado que tengan cuadros colgados de las paredes… un riesgo innecesario.

 

 

 

 

Uno de los aspectos más destacados del film es, precisamente, su juego con el sonido. El estruendo e impacto de cada ruido, la tensión que genera cada posibilidad de un sonido más alto de lo normal, da a la película su razón de ser. Y claro, cada ruido resulta estruendoso en una película tan silenciosa (esos mencionados latidos del bebé en el vientre de la madre). El particular sonido de las Criaturas (también el parpadeo de las luces avanza su venida), también es usado con sentido dramático, como es lógico… otro elemento añadido al terror y suspense que se genera.

 

 

En este sentido es fantástico el uso que se le da al agua, adquiriendo tintes simbólicos. La cascada que da seguridad para que padre e hijo puedan comunicarse, con un eco posterior en tremebundo suspense con la madre protegiéndose ante una de las Criaturas con el agua que cae en el sótano… La bañera en la que se esconde y da a luz Evelyn, recinto para el agua que está seco… También el fuego tiene un protagonismo especial.

 

 

 

Krasinski además trabaja con la subjetividad. Ya mencioné el recurso de utilizar la sordera de Regan como elemento dramático, optando por su punto de vista subjetivo, pero también lo realiza en otros momentos, por ejemplo cuando no escuchamos la música de Evelyn (Emily Blunt) hasta que le pasa el auricular a Lee (John Krasinski), en lo que es un bello momento íntimo, con ese baile silencioso para el mundo (al ritmo de “Harvest Moon” de Neil Young).

 

 

Todos estos recursos, narrativos y dramáticos, van creando el tono, el ambiente y las situaciones para crear momentos de un suspense tremendo, muy conseguido y depurado.

Pero si todo esto es meritorio, la película se eleva aún más logrando una profunda emoción en su drama interno y familiar. Es tremendo y bello el momento de la muerte del padre, con su silenciosa declaración de amor, pero es aún más intenso y emotivo ese en el que Regan baja por fin a ese sótano donde su padre trabajaba, después de perderle, y observa los audífonos en su mesa de trabajo, representantes del amor que sentía por ella, ese que no creía, en un desconsolado llanto. Ahora redimidos. Unos audífonos que, como digo, simbolizan el amor paterno, y se descubrirán clave y salvadores para la familia contra las Criaturas.

 

 

El final elíptico es un acierto… que daría para secuelas.

La película recuerda en algunos momentos y en cierto sentido a “Soy leyenda” (2007), en la versión de Francis Lawrence, protagonizada por Will Smith, pero con la soledad mitigada por la familia. También en el uso de la tecnología para solucionar problemas e intentar comunicarse con un mundo incierto (telégrafos, cámaras de vigilancia…).

Del mismo modo hay ciertos elementos que tienen algo de homenaje a otros clásicos. “Parque Jurásico” (Steven Spielberg, 1993) parece revivido en la escena de la furgoneta al lado del granero, como “La invasión de los ultracuerpos” (Philip Kaufman, 1978) nos viene a la mente en forma de guiño con esos sacrificios personales que vemos en la película (el padre de los críos y un anciano) con esos exagerados gritos que recuerdan a los que realizaban los aliens como denuncia.

 

 

Parece que a John Krasinski le ha venido muy bien su relación con Michael Bay, con el que trabajó en “13 horas: Los soldados secretos de Bengasi” (2016), ya que aquí hace las veces de productor. Desde luego ha sido un acierto, una película corta, con una premisa que tampoco cabía alargar más, pero a la que se saca un excelente partido como obra pura de género que da mucho más de lo que se esperaba. Muy recomendada.

 

 

 

sambo

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