TOP GUN: MAVERICK (2022) -Parte 1/5-

TOP GUN: MAVERICK (2022) -Parte 1/5-

JOSEPH KOSINSKI

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El fin es inevitable, Maverick, van directos a la extinción.

Puede que así sea, pero hoy no.

Top Gun: Maverick” es una de esas películas por las que se hizo el cine. Tras verla, y mientras la ves, te hace sentir bien, feliz, te reconcilia con la vida y te hace amarla, querer vivirla más, porque, aunque la cosa vaya mal, hay películas como esta, que te hacen vibrar, te hacen reír, llorar, flipar, tensar, te conmueven hasta el regocijo… Poder pasar por toda la gama de emociones genuinas y regocijarte con lo que ves, que es exactamente lo que deseas, lo que desearías y lo que te gustaría desear.

Y es que “Top Gun: Maverick” va mucho más allá de ser una secuela, una de las mejores de la historia, por cierto, más allá de la original, a la que supera por mucho, del blockbuster y de una historia espectacular de aviones, que también. “Top Gun: Maverick” guarda una hondura a muchos niveles que es el mensaje último pretendido por Tom Cruise y su cruzada para salvar y reivindicar el cine en pantalla grande, ese Séptimo Arte en el que muchos creemos y creeremos. Y una historia de redención y reivindicación que usa sus resortes metafóricos y expresivos dentro del género de acción de manera ejemplar.

Sí, porque “Top Gun: Maverick” es mucho más de lo que parece, y los aviones y su uso narrativo van mucho más allá de lo obvio. Y a lo obvio se le saca todo el partido, además.

Hay una reivindicación del pasado, del legado, de los que enseñan, de los que marcan el camino, de la integración entre la experiencia y las nuevas tendencias, de la amistad y la familia, del cine como arte y espectáculo… Han procurado mantener la estructura, rimar con escenas míticas de la original, pero a la vez todo es distinto y todo tiene otro tono, más maduro, más profundo, más adulto.

Tenemos la formación, la lucha de egos, el romanticismo, la amistad y las pérdidas traumáticas… No se quita nada de la original, pero se añade mucho.

Mejora en todo a “Top Gun” (1986). En la acción, la construcción de la trama y los personajes, las emociones que provoca en calidad, variedad y cantidad… Esta mejora respecto a la original la explicaré al final del análisis, si bien, incluso los que no sepáis en exceso de estructuras de guión o de cine en general, y más allá de que esta sea mejor en lo técnico y también en las emociones que provoca (en parte por estar mejor elaborada), podréis descubrir y entender qué hace a una mejor que a la otra por una cuestión estructural clave. La misión.

Además, “Top Gun: Maverick” es la gran reivindicación del blockbuster clásico que se ha hecho. Algunos diréis que los hay mejores, pero eso es cuestión de gustos, cuestión muy sana. Pocos, en cualquier caso, están a este nivel en las últimas décadas, aunque eso es lo de menos. La diferencia es que aquí se le reivindica de forma consciente, metalingüística, se le homenajea con orgullo contra el cambio de paradigma. Reivindicación del cine espectáculo de siempre recogiendo un clímax legendario de “La Guerra de las Galaxias”.

Emociones sencillas (o no) y genuinas que han llegado al público y los ha impulsado a las salas de cine hasta convertirla, vía boca-oreja, en una de las cintas más taquilleras de la historia. Y encima hay una reflexión honda y directa que la hace auténtica, emotiva y eficaz.

Top Gun: Maverick” da lo que se busca una vez te has metido en su historia, aunque no sepas exactamente cómo sucederá ni qué es, pero cuando aparece, como el encaje lógico de una pieza, lo reconoces con el mayor placer, provocando entusiasmo y paz en una amalgama increíble de sensaciones. Y al borde de la butaca.

Una película de las de toda la vida, clásica. Una película de las de siempre, hecha como nunca. Porque en “Top Gun: Maverick” tenemos eso de lo que tanto carece el cine actual. Capacidad de sorpresa, de impacto, poder ver lo nunca visto antes. No, nunca se han visto así los vuelos ni se ha rodado de esta forma.

Y, con todo, será una pena que la mayoría se quede solamente con que esta película es un blockbuster espectacular, un gran y genuino espectáculo, porque es mucho más, muchísimo más, como voy a explicar en este extenso análisis. Es una obra cinematográfica total, redonda, plena, en lo técnico, pero también en lo conceptual, en su narrativa, en lo filosófico, lo sugerente, lo metafórico y lo reflexivo. Con un guión de apariencia sencilla lleno de recovecos.

Ya sabéis, la escuela de combate aéreo, Top Gun, creada en 1969. Y a la que las mujeres llegaron en 1993, con la general de brigada Jeannie Leavitt, la primera mujer piloto de caza del Ejército del Aire. De ahí el cambio en el texto inicial con el añadido de la palabra “mujeres”.

Encima tenemos un guión fantástico, justamente nominado al Oscar en la categoría de adaptación. No deja de sorprender lo atrevida que es la ignorancia de los pocos que lo han criticado. Está todo realmente cuidado dentro de sus normas internas, de las metáforas buscadas y en su conversación con la primera. Un trabajo realmente complicado sobre una historia muy sencilla.

Una propuesta tan bien creada, tan sugerente y sugestiva, que ha llevado a interpretaciones que encajan bien, aunque sean algo vagas y genéricas, en esa abstracción que también contiene el film. Como esa que incide en que Maverick moriría al principio de la película, con el Darkstar, para luego pasar a un limbo redentor (no encajan bien los parámetros del punto de vista y demás, pero al propio director le hizo gracia, precisamente, porque es consciente de su apuesta por la abstracción y el subtexto).

Aunque suelo hacer muy poco caso y no suelo leer muchas opiniones ajenas hasta formarme la mía, siempre llega algún comentario que me despierta ciertas sonrisas, porque me hace gracia ver a gente que cree que sabe de cine, pocos en realidad, decir semejantes cosas, por ejemplo, cuestionar este guión que, como veremos, no está nada trabajado…

Iniciamos la narración el martes 22 de octubre de 2019 (era el año en el que se iba a estrenar). En el desierto de Mojave, California.

Lo clásico, el pasado, lo moderno, el legado. Y el respeto

El futuro está a la vuelta y usted no está en él”.

Y es que esta es la parte más importante del análisis. Lo que de verdad significa la película.

Top Gun: Maverick” es una reivindicación del valor de lo clásico, del legado, de los referentes. Una rebelión ante ciertas tendencias actuales, esa Generación Z que cree que todo ha caído del cielo, que todo se ha inventado ahora, que todo eso que disfrutan y de lo que se benefician es invención, creación e innovación suya, que creen que cualquier cosa hecha hoy es mejor que todo lo anterior… y que está completamente desconectado. Un duelo entre lo clásico y lo moderno donde lo “moderno” desprecia a todo lo anterior, como si fuera un lastre o no hubiera existido, como si todo hubiera llegado sin el camino anterior…

Y su mensaje no es belicoso, ya que aboga y apuesta por lo lógico. Por el aprendizaje, la integración, la comprensión… para seguir adelante. Ve lo positivo y lo negativo de cada generación, de cada fase. Reivindicar el pasado y su necesidad, pero también salir de la nostalgia castradora e inmovilizadora.

En el pasado está la experiencia y todo lo que se ha ido creando hasta llegar a este momento, lo que permite avanzar desde ahí para seguir evolucionando. Cosas que se hicieron con la misma ilusión e impulso, recogiendo lo que les dejaron otros, que las harán ahora. Como vimos en la primera entrega, esencial para entender esta conversación con su secuela. Pero también está el peligro de regodearse en él, de no superarlo o de intentar cortar las alas a los nuevos que vienen.

En la juventud, en lo nuevo, está la energía, la ambición, las nuevas miradas, frescas, pero que corren el peligro de creer que saben más del que ya pasó por todo eso, de no escuchar ni entender que desde donde parten es gracias a las mismas virtudes o mejores de los que estuvieron antes. El peligro de la inexperiencia o la mirada viciada y negativa hacia atrás (Rooster).

Dos veteranos, curiosamente, ridiculizarán a Maverick: el almirante Cain (Ed Harris) y el almirante Beau Simpson (Jon Hamm).

“… justo cuando venía para impedirle volar de una vez por todas”.

O vuela para Top Gun o no volverá a volar para la marina”.

 

 

Así tenemos también la rebeldía, que no tiene edad, contra el orden, establecido o por establecer, apegada a menudo a lo viejo y a los viejos vicios. Y el duelo entre lo humano y lo digital, donde se quiere sustituir a los pilotos por drones. Como los actores por sus avatares digitales, por ejemplo… Pero esto último lo dejamos para otro punto.

El almirante Cain querrá drones, Maverick demostrará la pericia humana. El almirante Simpson hará referencia también al carácter obsoleto de Maverick haciendo una relación entre los F-14 (maravilloso cebo en la presentación de la misión) que hay en la base enemiga y el propio Maverick (que los pilotaba en la cinta original)…

No somos los únicos que nos aferramos a las viejas reliquias”. “No era un cumplido”.

¿Quiere Mach 10? Tendrá Mach 10”.

En todas las ocasiones en las que sus superiores se burlan del pasado, como en los casos expuestos, Maverick demostrará que se equivocan.

 

 

Respecto a lo humano y lo tecnológico, tenemos otro diálogo que parece poco trascendente, pero que sigue subrayando la consciencia de las tesis que se desarrollan en la película. Es entre Amelia (otro detallito de guión lo de llamar Amelia a la hija de Penny en honor a Amelia Earhart, una de las primeras, la decimosexta en recibir la licencia, y de las más famosas aviadoras) y Penny. Hablarán de llevar el barco a vela, a lo que la niña, que no puede ayudarla, argumenta que vaya a motor… pero no puede porque está roto y van, precisamente, a arreglarlo. Así que la pericia humana se tendrá que ocupar del asunto, como comprobaremos.

La evolución de Maverick es magistral. Se le presentará en un santuario al pasado, en el que permanece anclado. Solo. Sin familia. Con un altar a ese pasado lleno de fotos de su amigo Goose, de momentos de la primera película, de Meg Ryan y Anthony Edwards…  y el hijo de éste. De las fotos hablaremos.

El tiempo va a ser su mayor enemigo”.

 

 

Su camiseta blanca, sus vaqueros, sus gafas de aviador, su mítica cazadora, la Kawasaki en contrapicado y un avión vintage sin funcionamiento que está reparando… Todo ese lugar está dedicado al pasado. Un lugar simbólico al que volveremos al final. Son ideas de guión sencillamente magistrales. Comenzar la película y terminarla en el epílogo en ese mismo lugar.

Es un hombre apegado a lo clásico, a sus tradiciones, sus pasiones, que parece no haber evolucionado, en cierta medida porque sabe cuál es su sitio. Sigue siendo capitán (muy condecorado). Apegado al pasado, que funciona como refugio, pero también como lastre. Por eso sus apelaciones a Goose son constantes.

Háblame, Goose”.

Amelia: ¿Capitán? ¿Aún?

Maverick: Un Capitán muy condecorado.

 

 

La lucha de Maverick en esa primera secuencia del Darkstar es para que todo siga igual. Defender el statu quo logrado, que sus hombres sigan teniendo a qué aferrarse, así como defender el aspecto humano de su profesión, que para él lo es todo. Eterna lucha entre humanidad y tecnología…

Sé lo que les ocurrirá a los demás si no lo hago”.

La película es plenamente consciente de lo que busca y de lo que habla. Fijaos, si no, cómo vamos de un avión retro, de la 2ª Guerra Mundial, propiedad de Tom Cruise, a uno híper moderno, que en la realidad no existe, entrando en la Ciencia Ficción. Y cómo luego los aviones usados son cada vez más antiguos hasta volver al inicio. Es el viaje al pasado.

Rooster, como Maverick, permanece anclado también en el pasado, en el rencor. No es gratuito que su look sea calcado al de su padre (bigotito incluido), que recurra a la canción que él cantaba en sus momentos de esparcimiento, que se dedique a lo mismo…

No hay tiempo para pensar en el pasado”.

Maverick: El pasado es pasado… para los dos.

Rooster: Eso le gustaría, ¿verdad?

Algunos han querido ver cierta debilidad en la escena del “Great Ball of Fire” por forzada, cuando es todo lo contrario, define perfectamente al personaje y lo que le ocurre, además de ser plenamente coherente que Rooster tenga esas cosas grabadas de su infancia y a través de los recuerdos inculcados por su madre y el propio Maverick.

 

 

 

 

Rooster también necesita pasar página en sus rencores y traumas pasados. Se negará a seguir las instrucciones de Maverick, pero en realidad le escucha.

La historia de Rooster y Maverick es la de un hijo que busca un padre y la de un padre que entiende que necesita una familia.

Fijaos, en este sentido, una idea de puesta en escena maravillosa, y que casi se me pasa en su sutileza (de hecho, la estoy incluyendo repasando el análisis antes de publicarlo al leer todo y ver ciertas fotos), y que es en esta mirada al pasado para aprender de él, tanto para corregir como para evolucionar, los personajes no paran de hacerlo, físicamente. En muchísimos momentos, los personajes lanzan su mirada hacia atrás. La magia del cine. Y del análisis cinematográfico. Os dejo algunas foticos.

 

 

 

Penny: La relación con Penny Benjamin refuerza la tesis del pasado, por supuesto. No es un romance nuevo, no hay un coqueteo incipiente, novedoso, no se acaban de conocer, ya tienen una historia, un bagaje, que se deja insinuado y que, además, tendrán que reparar en cierta medida. Hace 3 años que no se ven… Una relación que vuelve y se va, con altibajos, que perece por el miedo al compromiso de Maverick. Es, además, un recuerdo, ya que se la menciona dos veces en la primera película, lo que se aprovecha magistralmente aquí… Cosas de los “malos” guiones adaptados.

Su primera conversación será rememorando cosas pasadas… y exponiendo el conocimiento que ella tiene de él.

Maverick: A otro almirante.

Penny: Exacto.

El reproche de Amelia a Maverick, pidiéndole que no vuelva a romper el corazón de su madre, explicita brillantemente toda la idea general, donde Maverick debe ir recomponiendo sus destrozos.

 

 

De nuevo es el pasado que lastra, pero también el que salva. Maverick tendrá que arreglar cosas con Penny, pero gracias a ella y lo que vivieron logrará recomponer las cosas en relación a su historia y en lo profesional.

Profesor: El pasado, además, es lo que permite enseñar. Maverick probó como profesor, pero la cosa no salió bien. Esto también corresponde a una idea de la original, que se menciona al final de la película, cuando Maverick manifiesta su deseo de ser instructor. Duró dos meses.

No queremos que pilote, sino que enseñe”.

Con el debido respeto, señor, no soy profesor”. “No es lo mío”. “¿Cómo enseño eso?”.

Como he comentado, Rooster se niega a seguir los pasos de Maverick, le dice explícitamente que no cometerá el error de confiar en él o creerle, pero finalmente descubriremos que ha ido tomando nota de todo lo que le decía, repitiendo sus frases exactamente.

¡Me dijiste que no pensara!”. “No es el avión, es el piloto”. “Vamos, Mav. No pienses. Hazlo”.

Rooster: Si yo no estuviera aquí irías a por ellos.

Maverick: Pero estás aquí.

 

 

 

Finalmente, Maverick enseñará quién es, será Maverick tanto en el aire como en tierra, en la vida y en el avión, en las clases y fuera de ellas. Corregirá sus errores, aprenderá de ellos, el profesor-alumno, como también se demuestra cuando deja fuera de la misión a Hangman, su anterior yo, para elegir a Rooster.

Enseñará con el ejemplo, como cuando realiza el simulacro de la misión que ninguno de sus alumnos logró para encabezarlos, para hacer de padre y protector, una vez más. No se le dará mal, incluso utilizará cierta manipulación psicológica. Pero también enseñará desde la experiencia, repitiendo patrones que él vivió, como la escena playera con el fútbol, que, de nuevo, siendo un eco de la anterior, adquiere nuevos significados, ya que más allá de un esparcimiento aquí tiene un motivo efectivo: formar un equipo.

 

 

 

 

Maverick: Tienen que creer que esta misión se puede realizar.

Ciclón: Y usted les ha enseñado que es irrealizable.

Además, observad lo que dice a los alumnos nada más llegar: “Pero lo que él no sabe [el enemigo] son sus límites. Yo pretendo encontrarlos, ponerlos a prueba y rebasarlos”. Si os dais cuenta, es exactamente lo que hace con el Darkstar al inicio del film… Sí, también es un poco “Club de los Poetas Muertos”, como comentaré ahora.

Aviones: Aunque el tema de los aviones, su sentido metafórico y significado, tiene su propio punto, observad cómo se maneja el pasado en las escenas de las clases prácticas y teóricas, y luego en la misión. Y su correspondencia con el posterior punto de los aviones. Conforme redimimos el pasado nos acercamos a los aviones más viejos, yendo a la raíz del asunto.

Las menciones al pasado siempre serán conflictivas, distantes o furiosas en el adiestramiento. Los reproches de Rooster a Maverick, en vuelo y en tierra, las menciones de Hangman, tanto en el aire como, después de ver la foto de Maverick y Goose (de nuevo el pasado), en una clase teórica que termina en pelea…

En cambio, las referencias al pasado desaparecen al inicio de la misión, para regresar cambiadas… Estas excepciones, menciones al pasado, ya no son reproches ni tienen intención hiriente. Todo lo contrario. Si bien Rooster le dijo a Maverick que no cometería el error de su padre de confiar en él, demostrará que sí lo hacía, y mucho, cuando le expliqué por qué volvió para salvarle la vida. Así se demuestra la necesidad del pasado, ese que enseña.

¡Me dijiste que no pensara!”.

 

 

Luego habrá otras menciones, a los MiG derribados por Maverick con un F-14, al trabajo de Goose en el puesto que ahora ocupa Rooster y el agradecimiento de Maverick por salvarle la vida, donde Rooster vuelve a mencionar a su padre, en un sentido opuesto al anterior.

Ya no hay rencor, sino perdón, redención y entendimiento.

Un desastre de guión, ¿verdad? No se ha tenido nada en cuenta…

No sólo hay guiños continuos a la anterior película para sostener la tesis, sino al pasado en general. Por ejemplo, en la secuencia del bar, “The Hard Deck”: Hangman irá a la máquina de discos y pulsará el 86, que es el año de estreno de la primera película, eligiendo un tema clásico, antiguo, “Slow Ride” de Foghat, de 1975, que él mismo subraya comentando lo mucho que le gusta. Jugarán a Bola 9, lo que jugaba Tom Cruise en “El Color del Dinero” (Martin Scorsese), también del 86. La canción que suena cuando nos presentan a Penny es de David Bowie, “Let’s Dance”, con el que ella hizo “Dentro del Laberinto” (Jim Henson)… Sí, en el 86.

 

 

Ha pasado tiempo, ¿eh, Mav?”.

¡Madre mía! Esto es súper viejo”.

Este homenaje a lo que nos precede, tiene momentos tan inspirados como emotivos. Observad cómo lo viejo vuelve a la vida para ser decisivo. Maverick, el F-14… Maverick, al que se quiere largar de la Marina por considerarlo obsoleto, comandará una misión con éxito que habría sido imposible sin la labor humana. Cuando todo está perdido y no hay vía de escape, será un viejo F-14 el que dará una solución… Porque lo viejo está en cada poro de lo nuevo. No sería sin él. Y porque lo nuevo es fugacidad. Pronto será viejo.

Así, ese viejo avión que repara Maverick al principio, retomará el vuelo al final.

Y a lo humano sobre lo tecnológico: “No es el avión, es el piloto”.

Rooster: No es el avión, señor, es el piloto.

Maverick: ¡Exacto!

Muchas de estas ideas sobre el pasado se sostienen sobre el pilar de la pérdida. Lo duro que es perder el pasado, ese que formó tu presente, como para no valorarlo. Ni Maverick ni Rooster superan lo que perdieron, un padre, un amigo, una carrera. Se agarran a todo para no perder más cosas. Es el miedo de Maverick. Perder a Rooster. Y del miedo a perder pasamos a la necesidad de recuperar. La relación entre Rooster y Maverick, pero también la de Maverick y Penny. Ese ir juntos hacia delante. Pasado y presente, veteranos y noveles.

Las fotos. Las fotos aparecen todo el rato en la película, con una significación especial, siempre vinculada al pasado, al recuerdo, a la nostalgia, pero también a la felicidad que se quiere resguardar.

Fotos forman una especie de altar en el hangar donde trabaja Maverick, donde parece tener su hogar. Fotos que rememoran el pasado, lo feliz del pasado. Y una época muy concreta, la que ligaba a Maverick con Goose y su familia. Viper, Iceman, sus padres… También vemos alguna de Rooster, de niño, con sus avances, de adolescente…

A su llegada a Top Gun (San Diego, California, Fightertown) lo primero que veremos serán más fotos. Las que lo unen a Iceman, así como una gran foto del Iceman Comandante. Es un plano genial, porque Maverick queda entre dos fotos de Iceman, una del pasado y otra del presente, definiendo toda la tesis del film. La misma foto de Maverick y Iceman que mira nuestro protagonista al llegar a Top Gun la veremos también en el despacho de Iceman, que también honra el recuerdo.

 

 

Luego, la foto de Rooster en una pantalla perturbará a Maverick, ya que removerá todos sus problemas y traumas pasados.

La foto de Iceman, la que vimos a la llegada de Maverick a Top Gun, presidirá su funeral.

 

 

A través de una foto, Hangman encontrará las claves de la relación entre Maverick y Rooster. Foto que también tiene Maverick en su hangar. Es interesante esta parte del aprendizaje, porque deja un par de detalles que nos remiten a “El Club de los Poetas Muertos” (Peter Weir, 1989), en esta escena de la foto, con los alumnos mirando (el trío, Iceman, Goose y Maverick perfectamente encuadrado), y también cuando Maverick tira su manual a la basura…

 

 

Al final, de regreso al hangar de Maverick, volveremos a ver las antiguas fotos, pero con añadidos. Esa foto de Rooster y Maverick que certifica el impulso y la superación. Contando la historia no sólo con los aviones, también con las fotos y los lugares que las acogen.

Y es que, al regresar al santuario del recuerdo de Maverick de nuevo, todo ha cambiado. Ya no está sólo, la familia ha llegado para sacar a Maverick del pasado donde permanecía anclado. Lo nuevo fusionándose con lo clásico, integrándose, colaborando para avanzar. Arreglando ese viejo avión juntos. Rooster y Penny cambiando la soledad de Maverick y transformando ese lugar simbólico, que ya no es sólo del pasado, también lo es del presente y el futuro.

El viaje al pasado tiene su clímax con el flashback que nos lleva a las imágenes de la primera película, razón de ser de toda la tesis, donde no habría secuela sin la original, sin lo que la fundamenta y condiciona. Un recuerdo perturbador.

 

 

 

 

 

 

 

 

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sambo

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