THE MANDALORIAN (1ª Temporada)

THE MANDALORIAN (1ª Temporada)

SERIES

 

 

 

 

 

No, me temo que no comparto el entusiasmo generalizado de muchos fans sobre esta serie. No significa que no me guste, ojo, que me entretiene gracias a un modesto planteamiento que la hace muy ligera y asimilable, pero que dista de provocar entusiasmo o querer relacionarla con la genialidad. No es una mala consideración la que tengo de la serie, que me parece correcta y amena, sólo es una refutación a los que aprecian maestría o genialidad en ella.

Lucas creó un universo infinito, desarrollando sólo algunas partes, porque hacerlo con todo daría para… un montón de secuelas, series y spin offs… El paso a Disney lo está explotando sin misericordia alguna. Esta serie es la que ha salido mejor parada para un buen número de fans. Un universo a explotar en el que Disney se ha puesto, concienzudamente, manos a la obra con la intención de sacar partido, desarrollar, exprimir y explicar todo lo sugerido o mostrado en el universo Lucas (y ha incluido extensiones que ya no son de él) centrándose en secundarios que pasan a ser protagonistas. El Mandaloriano es uno de ellos… y ni siquiera.

Y es que la serie ha sido todo un triunfo para Disney, no ya por el resultado del producto, sino por ciertos elementos concretos, entre los que destaca, sin ningún género de duda, Mini Yoda. Un personaje encantador y entrañable que ha derretido corazoncitos sensibles y que entronca perfectamente con esa ternura estética tan característica de la productora.

 

 

De “The Mandalorian” se elogia, básicamente, que entronca con las raíces genuinas de Star Wars, que para muchos se han perdido con las secuelas de la saga, algo que sólo es relativamente cierto. A eso se reduce el elogio, ya que los guiones son repetitivos y muy sencillos, esquemáticos, y la trama central que debe vertebrar la serie no tiene foco ni definición alguna… al menos por ahora.

El entramado político creado por Lucas en la trilogía precuela, para desolación de muchos, que explica el contexto, como también lo hacía en la segunda de otra forma, está lamentable y desconcertantemente obviado en la nueva trilogía. No entendieron lo que hizo Lucas, y ni mucho menos su visión completa de la saga, a otro nivel que el de los espectadores, claro está, viendo sus comentarios en muchos casos. Una precuela que no tenía nada que ver con la original, que pretendía otras cosas, no continuar un éxito dando más de lo mismo, sino expandiendo el universo que se quería desarrollar desde un principio, con fases distintas. Que criticaran aquellas películas (que tienen defectos, por supuesto, pero es otro tema) y elogien The Mandalorian, no hace más que confirmarlo. Se conforman con lo superficial y estético, ese mundo reconocible, desértico, en el que se filtra lo moderno.

Sí, tenemos ese toque de Western o cine de samuráis, un mercenario que bien podría ser Toshiro Mifune en “Yojimbo” (Akira Kurosawa, 1961), Cint Eastwood en “Por un Puñado de Dólares” (Sergio Leone, 1964) o Alan Ladd en “Raíces Profundas” (George Stevens, 1953)… Un tipo que resuelve encargos y/o protege seres indefensos… como “El Equipo A”. Son capítulos autoconclusivos en esencia, es decir, que su trama principal comienza y termina en el mismo capítulo, lo que la hace, en cierta medida, algo repetitiva.

 

 

Influencia del Western en esas soledades arenosas o paisajísticas del héroe, su ritmo pausado, sus silencios (a veces se asemeja a una cinta silente en su ausencia de diálogos), que a los nostálgicos les hizo rememorar los inicios de la saga, en parajes desérticos con el transitar de los robots y la juventud de Skywalker

Y es que, en definitiva, hay mucho de ese planteamiento de “El Equipo A” aquí. Capítulos cortos donde se plantea una misión cada vez, que se resuelve sin más. Unas veces buscando recompensa, otras ayudando, generalmente en solitario, pero con un equipo ocasional que colabora y lo ayuda.

Ocho capítulos de media hora o cuarenta minutos, más o menos, cada uno. Cuatro horas para una primera temporada de guiones casi esquemáticos, sumamente sencillos, donde la idea suele ser similar en todos ellos. Alguna escena de acción inicial, no siempre, una misión y un clímax de acción. No hay riesgo, no lo esperen, ni encontrar el carisma de las cintas originales ni personajes a su altura, ni siquiera el protagonista, básicamente soso, pero con un estupendo look. Capítulos que se ven con facilidad y agrado…

Sé que muchos fans que lean esto pueden ver el artículo como excesivamente crítico o que me cebo con los defectos, pero no lo es en absoluto. Todo esto que explico, que es básicamente objetivo, no son defectos. “The Mandalorian” no es una serie ambiciosa, es una seria humilde y sencilla que pertenece a un universo gigantesco y, este sí, tremendamente ambicioso. Por tanto, estamos ante una buena serie, correcta, que cumple con creces y que se aleja voluntariamente de la brillantez, originalidad, genialidad o maestría. Lo que la honra.

Está mimada y tiene detalles sutiles que agradecerán los más observadores, por ejemplo esos encadenados con cortinilla clásicos de las originales. Hay numerosas referencias a las cintas clásicas, con homenajes muy sabrosos, como ese tributo, precisamente, con los merodeadores.

Centrándonos en la puesta en escena y aspectos globales, tanto en general como navegando capítulo a capítulo, podemos mencionar ciertos defectos y virtudes. Hay relleno, peripecias de distracción y divertimento para contrastar con el ritmo pausado, aunque no sean determinantes en lo narrativo. Se agradecen ciertas bromas sobre tópicos o recursos de la saga, ya sea riéndose de los uniformes clásicos o de la puntería de los francotiradores imperiales.

Las resoluciones de las escenas de acción a veces son torpes, se añoran en ocasiones mejores coreografías, pero otras veces el resultado es muy satisfactorio.

 

 

Un aspecto interesante es que no estamos ante un superhéroe, no tiene poderes especiales, simplemente es muy bueno en lo suyo. No es en absoluto un tipo infalible, aunque sí competente. Pierde peleas, algunas pruebas parecen superarle, se beneficia de las ayudas…

Su narrativa, ese mencionado toque Western, sobre todo en el spaghetti, con esa pausa, resulta muy satisfactoria, donde es reseñable la escasez de diálogos en algunos capítulos, el inicio del segundo, por ejemplo, con esos paseos muy de Western en su estética aislada y desierta, salpicados con escenas de acción y los toques tiernos del Mini Yoda sin enfatizar. Por su parte, la resolución del primer capítulo, desde la táctica al menos, donde todo parece protegido menos la puerta que guarda el preciado “botín”, es bastante discretita…

En cuanto al segundo capítulo es, en esencia, puro “relleno”. Una típica peripecia para el héroe que empieza y termina en sí misma sin aportar nada a lo general. Entretenida, eso sí, con sus problemas para salir del planeta. Un capitulo que solamente parece destinado a enseñar las habilidades del Mini Yoda, que ya conocemos, por otra parte. Poco más aporta salvo mostrar criaturas y un correcto entretenimiento con sus escenas de acción y referencias al mito con los “merodeadores”.

Un capítulo de puro “relleno” que, en el ritmo y estructuras de serie, adquiere el sentido de dar inicio o dejar implícito o señalado un vínculo que será creciente entre el mandaloriano y el Mini Yoda. Es decir, los capítulos de relleno para hacer evolucionar ciertos aspectos son algo habitual en las series, que tienen más tiempo para desarrollar personajes o tramas que en una película. Eso sí, tenemos un placentero derroche de exteriores, ciertamente gozosos.

 

 

El tercer capítulo es uno de los más destacados, ya que se indaga en la mitología mandaloriana, se lanzan fugaces elementos del pasado del protagonista y se confirma el anunciado vínculo entre “el niño” y «Mando», convertido en protector, en un planteamiento de puro Western con el rescate a Baby Yoda y la evasión contra todos esos sicarios que buscan premio…

Siguiendo la senda Western tenemos un capítulo muy “Los Siete Magníficos” (John Sturges, 1960) o “El Equipo A”, para los más triviales, sólo que no son siete, pero hacen de protectores de un poblado saqueado. “Refugio”, el cuarto. Un capitulo que va demasiado deprisa, con ese adiestramiento e instrucción, porque sí, en 30 segundos y esa insinuación sentimental en 15 segundos… Es lo que tiene que sean, básicamente, capítulos autoconclusivos. Dirigido por Bryce Dallas Howard… Flojete.

De relleno y transición es el quinto capítulo. Una peripecia más o menos entretenida, un par de nuevos personajes que no se sabe si tendrán recorrido… nada más.

El sexto capítulo, que no deja de ser otra peripecia autoconclusiva más, me pareció de los más entretenidos. Tiene una acertada atmósfera de tensión y, a pesar de su cierta previsibilidad (por ejemplo sabemos enseguida que “Mando” terminará enfrentándose al resto de mercenarios), logra mantener el interés con diversos recursos interesantes, como subvertir la carga del suspense, ocultando al héroe en vez de a los villanos, ocultando el resultado de los enfrentamientos con buen sentido elíptico, así como beneficiándose de un guión algo más elaborado que recurre a cierto ingenio y la sensación de traición o trampa que lo sobrevuela todo. La concepción claustrofóbica, y de buena estética, ayuda a todo lo mencionado.

Se recopilan personajes para el penúltimo capítulo. Nos acordamos un poco de “Pitch Black” (David Twohy, 2000) con esa aparición de bichos voladores para que Baby Yoda presuma de poderes y se convierta en tentación. Un planteamiento, al final del capítulo, que remite al comienzo del clímax de “Grupo Salvaje” (Sam Peckinpah, 1969) o “Dos Hombre y un destino” (George Roy Hill, 1969), otros dos Westerns.

Debo reconocer que me dio pena la muerte de uno de los personajes recurrentes…

La conclusión, continuación del capítulo anterior, es irregular. Un último capítulo de la temporada con una de las escenas más brillantes de toda la serie, a contracorriente de todo Star Wars. Secuencia inicial digresiva, autoconsciente e irónica, donde dos soldados maltratan a Baby Yoda, lo golpean y demuestran su torpeza y falta de puntería, algo socorrido en la saga y que en la serie ha dado para algún chascarrillo muy acertado. Humor.

Conocemos nombres de nuestros protagonistas… Cara Dune (Gina Carano). Din Djarin (Pedro Pascal). Greef Karga (Carl Weathers)… Y referencias mitológicas: “La Noche de las Mil Lagunas”… Y un nuevo villano, Moff Gideon (Giancarlo Esposito). Se indaga también en el mundo mandaloriano. Un credo. Un flashback responderá incógnitas que se fueron sugiriendo. El pasado del protagonista. Rescatado y salvado por mandalorianos, que lo cobijaron y enseñaron. La evasión por el río de lava, como si fuera el Tártaro, también remite a la mitología, aunque de otro tipo.

Cuando los villanos los tienen a merced, ¿a qué viene ese plazo? Nos dejaron así en el capítulo anterior y, de repente, se desmarcan con un “hasta el anochecer”. Cuando lo escuché no daba crédito. Juro que exclamé un “¡Venga ya!” que me salió del alma…

Absurdos tácticos. Si debe proteger “al niño”, no es lógico que lo arriesgue contra todo un comando de enemigos. Lo normal es ocultarlo y enfrentarse a ellos si lo desea. O huir… Lo de la salida y nueva ocultación, haciendo rectificar al villano, que “adelanta” el ataque que había pospuesto hasta “el anochecer”, es otro absurdo. Todo esto sólo tiene un motivo. Que el grupo se reúna… Eso sí, ¿por qué no intentar escapar por donde descubrieron una salida, seguir intentándolo? Al menos tenemos un guiño a “El Retorno del Jedi” (Richard Marquand, 1983) con ese casco quitado para que veamos, por fin, a Pedro Pascal.

Más. El robot protector de Baby Yoda se lo entrega a la chica tras amenazar a todo el mundo y montar pollos robóticos sobre su deber y único propósito de protección… para quedarse con el protagonista convaleciente… Delirante. No entiendo la lógica del robot en ningún momento. De hecho, Mando odia a los droides, pero cogerá un tremendo cariño a este en tiempo récord, por eso de que su programación es distinta, algo que le cuesta comprender al pobre… Reconoce en él a alguien con un código moral estricto similar al suyo. Infantil a más no poder. Por supuesto, habrá sacrifico, ya que el robot se pasa su programación, con unos argumentos filosóficos extraños, por el foro de su carrocería…

La “herrera” mandaloriana que todo lo sabe. Informaciones de todo tipo. Es como la wikipedia en versión Star Wars (hasta el nombre del protagonista, que él dice no haber oído desde que era niño, pero que en este capítulo se hartará de escucharlo y de decirlo). Habla de los Jedi como si se extinguieran hace eones, como si nada hubieran tenido que ver con la caída del Imperio… Al menos le da una misión concreta, bastante indefinida, para que Mando se entretenga en posteriores temporadas… El “niño” es un huérfano a su cuidado. Pasa a ser su “padre”. Más guiños… Lo completan dotándolo del Fénix Ascendente, más mitología para la serie…

Y todo se resuelve. Hala. Ya no hay imperiales en el planeta… y todos guay allí. Es un lugar tan apacible y atractivo que su vida peligró desde que llegaron, así que, en consecuencia, deciden quedarse allí…

 

 

Su aliento místico y la grandilocuencia de determinados elementos que pretenden dar trascendencia al conjunto, como ese colgante que lleva Baby Yoda al final, son pegotes mal tratados que no logran su cometido.

Hay dos opciones según avancen los capítulos con las siguientes temporadas: que crezca la complejidad y la serie mejore… O que en la reiteración o los cambios comiencen las críticas consabidas, como las que ha tenido todo lo que ha venido tras la trilogía original, una vez asuman la simpleza de la propuesta.

Este es el camino”.

 

sambo

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