THE GOOD DOCTOR, por Lenika

THE GOOD DOCTOR, por Lenika

TELEVISIÓN

 

 

The Good Doctor ha sido la serie revelación de Estados Unidos esta temporada. Con un piloto que batió records de audiencia consiguió temporada completa de 18 episodios y su posterior renovación para una segunda temporada.

Está basada en una serie coreana del mismo nombre. La trama gira en torno al día a día del Doctor Shaun Murphy (Freddie Highmore), un joven médico muy inteligente que tiene el síndrome de Savant, lo que le dota de unas habilidades asombrosas para comprender, ver y analizar lo que la mayoría no puede. Un genio. Un genio que además tiene autismo.  Esto le convierte en una persona con escasas capacidades de interacción social, lo que es un hándicap que debe superar con los pacientes y causa de recelo para sus compañeros.

El Doctor Shaun Murphy consigue robarte el corazón casi desde el primer minuto. La caracterización interna del personaje está pensada para ello. Su esencia va directa a tocar fibras sensibles.

Por un lado, vemos flashbacks de cuando era niño. Se nos presenta a un chico brillante maltratado por su padre y prácticamente ignorado por su madre debido a los abusos familiares. Los demás niños lo apartan o humillan. Su único vínculo afectivo es con su hermano, la única persona que le cuida y le quiere. Y con el transcurrir de los acontecimientos a Shaun le toca descubrir, siendo muy niño, que las cosas siempre pueden ir a peor…

Directo al corazón, ¿verdad? Es imposible no sentir ternura o protección hacia él, lo que sin darte cuenta coloca al resto –salvo alguna excepción– al otro lado de la trinchera. El espectador siente una empatía inmediata por él y sufre, por tanto, con las injusticias de los que le rodean, que no parecen comprender lo que para nosotros es evidente, creando una intensidad dramática muy efectiva.

En cualquier caso, The Good Doctor va más allá de la compasión o la ternura si consigues superar la fachada. Es una aguda reflexión sobre el ser humano.

A priori todos nos mostramos ante el mundo como la mejor versión que se espera de nosotros. Sin racismos, sin homofobias, sin machismos, sin intolerancias, sin prejuicios, mientras cantamos a la igualdad y al respeto. Y lo que suele suceder cuando nos enfrentamos de verdad a cosas que no comprendemos, en situaciones reales en nuestro día a día, es que ni somos tan buenos ni tan perfectos.

Eso es lo que trata de mostrar la serie. Por un lado tenemos a personajes cultos, inteligentes, personajes que a priori conocen el autismo y tienen o han tenido pacientes como él, pero cuando tienen que lidiar de verdad con un autista  se rompen todas sus fachadas y el miedo a lo desconocido aflora a borbotones. Por otro está el Doctor Shaun Murphy, el genio cargado de inocencia al que en este punto ya todos queremos y apoyamos, porque esa inocencia hace las veces de espejo, como ocurría en el caso de “Forrest Gump” (Robert Zemeckis, 1994), en el que la sociedad recibe un reflejo que dista de ser perfecto.

No piensen que la serie es maniquea. Shaun también muestra o tiene actitudes contradictorias con pacientes que tienen circunstancias que no entiende. Un paciente transexual por ejemplo. No, Shaun tampoco es perfecto, Shaun también tiene que eliminar prejuicios…

Es posible que entre los defectos de la serie esté esa sensación de que el único objetivo es tocar la fibra sensible del espectador, utilizando unos recursos que  pueden parecer previsibles o tramposos, aunque efectivos. Al menos de entrada.

Para la segunda temporada tienen como objetivo afianzar lo conseguido, y no lo tienen nada fácil. Si no dotan a la serie de giros de guión o de una evolución paulatina del personaje puede que el espectador se aburra del Doctor Shaun, al que esta temporada ha adorado. Un personaje tan fuerte puede caer en la tentación del estancamiento.

Personalmente he de reconocer que yo he caído en el juego y soy una imprescindible más del equipo defensor del Doctor Murphy. Además, cómo digo, si vamos más allá del personaje, capítulo a capítulo, la serie plantea una serie de dilemas morales en los diferentes casos médicos que interactúan con Shaun y sus compañeros en los que más de uno desearíamos no estar y que resultan estimulantes. Un aceptable equilibrio entre la reflexión y el sentimentalismo.

Es una serie que funciona, que no engaña en su objetivo, con una trama que merece la pena, a pesar de las previsibilidades.

Mención aparte merece la increíble actuación del actor que da vida al Doctor Murphy, Freddie Highmore. Es tan brillante que deja al resto del elenco en un segundo plano. Los que le conozcáis de otros trabajos como Bates Motel”, por ejemplo, esto no os sorprenderá.

Espero que os animéis con The Good Doctor y que me contéis qué os parece. Comentar, debatir y destripar las series es la segunda mejor cosa que le puede ocurrir a un seriéfilo.

Por el momento, en Estados Unidos ha arrasado. La ABC, la cadena en la que se emite, ya la tiene como uno de sus productos predilectos. En España se ha emitido a través de AXN con poco tiempo de retraso respecto a la emisión original. Actualmente podéis seguirla en Telecinco todos los lunes por la noche.

Espero que la disfrutéis.

sambo

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