BRADY CORBET
4/5
Judíos y la putrefacción.
El aspecto estilístico que más me llamó la atención de “The Brutalist” fue el uso del color verde, los verdosos. Iba siguiendo su rastro en busca del concepto, de la idea, más allá del estético, ya que su presencia es constante, pero no terminaba de hilar algo que diera coherencia al todo, hasta que el personaje de Felicity Jones, Erzsébet, dice una frase.
“Este lugar está podrido”. “Todo este país está podrido”. “Ven a casa conmigo”.
En su reflexión sobre Estados Unidos, Corbet presenta la ambivalencia de su capitalismo campante. No sólo se refiere a los Estados Unidos, ya que lo veremos en otros contextos y lugares, pero sí a lo que supuran esos contextos y lugares.
Si bien todos los colores simbolizan cosas, casi siempre se hace hincapié en la simbología positiva, pero también la tienen negativa. Eso era lo que me desconcertaba.
Si en el aspecto positivo, el verde simboliza cosas como la esperanza, la ambición bien entendida, el equilibrio o la tranquilidad, en el aspecto negativo representa la envidia, lo venenoso y putrefacto, los celos o la avaricia… Se pueden coger muchos de estos conceptos para encajarlos sin problemas en la idea ambivalente del capitalismo que quiere criticar Corbet.



No sólo es el hecho de “lo verde” lo importante, el tono de verde y la extensión de color en los planos también es importante en su variable significación en esos entornos putrefactos que extienden su tela de araña hasta límites insospechados. Es como una enfermedad que va haciendo metástasis. Los protagonistas llegarán a un punto de no retorno, adictos, enfermos, con sobredosis… Eso sí, como digo, no siempre negativos.
La presentación de Zsófia (Raffey Cassidy), es el primer personaje que aparece en la película, con un vestuario verde y un entorno blanquecino que también tiene ese tinte verdoso. Plano frontal, encadenado con uno más lejano, con voces over de soldados invisibles que explican una conversación privada… Ella y su tía, Erzsébet, serán ayudadas por soldados rusos tras la liberación de los campos de concentración.
A la llegada del barco de Tóth, en la sala donde les reciben, el verde será el color predominante.
La fachada que linda con el prostíbulo estará iluminada con verdes. El autobús que lo lleva, tendrá verdes… y viajaremos por una frondosa y verde naturaleza junto a los títulos de crédito. Un viaje que se matiza con nieve y árboles secos hasta la noche…


Verde será la furgoneta que lo lleve a la mansión de los Van Buren, como la naturaleza que rodea el lugar.
Tóth vestirá en tonos verdosos mientras recibe la ira de Van Buren en la presentación de éste último.
El lugar donde duerme en Filadelfia, en la obra, con el carbón, también será de tonos verdosos. Allí lo veremos relacionado con las drogas. En esa obra lo encontrará Van Buren.
En tonos verdosos irá a veces Maggie (Stacey Martin), la hija de Harrison. Ella es un ser de luz, siempre con palabras amables para Tóth, Erzsébet y cualquiera que esté cerca. Suya será la referencia a “El Grito” de Munch. Habrá otra a “El Jardín de las Delicias” por parte de Harrison. Incluso cuando Erzsébet acuse a su padre de violador, ella se mostrará amable y empática, contrastando con Harry, que recurre a la violencia.
En verde, Harrison presentará su ambicioso proyecto en honor a su madre, que pedirá a Tóth que lo ejecute. El proyecto, en función de la visión de los ejecutivos, comenzará a gestarse en un despacho, reunidos con Tóth, que lo hará finalmente suyo, con motivos verdes.
Rodeado de verdes naturales, tras un paseo en bicicleta, la voz over de Tóth nos lee la carta que escribe a su mujer.










Vestido de verde presentará la maqueta de su proyecto a Harrison y cía. De hecho, habrá otros vestidos con toques verdes, color que salpica la estancia, además. Los tonos verdosos tiñen las paredes de la casa en la que vive para los Van Buren.
Los verdes volverán a ser predominantes justo después del intermedio. Cuando llegamos a la estación para recibir a Erzsébet, que ha ocultado su enfermedad a su marido. Osteoporosis.
Un impermeable verde oscuro será la prenda que estará usando Tóth cuando tiene la disputa con el otro arquitecto contratado para vigilar el proyecto.
Durante el proyecto habrá muchos verdes, incluso cuando ofrece Tóth su sueldo para cubrir gastos o Harry Lee hace ciertas amenazas e insinuaciones. O en la laguna, en esos momentos de distensión entre los reunidos. Mucha naturaleza.
Con el matrimonio recompuesto, ella mirando los diseños de él, en un entorno verdoso en el estudio. Los atriles del estudio donde dibuja Tóth una vez se suspendió el proyecto de Harrison y a donde acuden a buscarlo, también son de tono verdoso. Los baños, especialmente cuando Tóth recurre a la droga, suelen tener tonos verdosos.




Y verdes vemos en ese plano frontal con travelling de acercamiento muy lento en la humilde casa en la que viven Tóth y Erzsébet, mientras hablan con su sobrina (casada y embarazada) sobre la vuelta a Jerusalén de los jóvenes (eso sí, con el punto cálido de una cazuela roja).
Esa planificación cambiará cuando en la conversación entre las dos parejas salga Harrison Van Buren a relucir. Entonces habrá un plano frontal para los dos jóvenes y un contraplano frontal para la pareja protagonista.
En Italia, en Carrara, buscando mármol, también tendremos verdes de la naturaleza rodeando la blanca cantera. Hay una música siniestra, como la del accidente de tren en esos planos fijos sucesivos (en Italia, las dos veces, y durante la carta de Erzsébet a Zsófia tendremos una planificación similar). Hasta allí se extiende el proyecto de Harrison. En el bar donde esperan al amigo anarquista de Tóth, abundarán los rojos, en cambio. Relajación y despreocupación italiana.
Hay un extraño plano en la cantera, cuando Harrison posa su mejilla en una gran roca de mármol. Hay un cambio extraño, incluso en la superficie del mármol en la que se apoya, como si lo pervirtiera. Un detalle curioso…











Verde, amarillento, ponzoñoso en la fiesta en Italia, llena de túneles, estatuas y seducciones… y ese halcón homosexual expectante. Lo mismo que en ese túnel donde comete su violación… Un acto que también puede entenderse de dominación al judío…
Tras el paso por Italia, tendremos una elipsis y un tiempo acelerado que nos lleva a una mesa y un boli verdes con Erzsébet escribiendo su carta a Zsófia dándole la enhorabuena por su hija y contando los cambios de Tóth, su tío.
Si os fijáis, los entornos en ocasiones aparecen salpicados de algún tono cálido, rojos. Casi nunca son predominantes, aparecen como un matiz, en muchas ocasiones en leve contraste al verde. Son un atibo de salud, de felicidad, de autenticidad en el mundo de Tóth. Pero no siempre en absoluto. También en el rojo hay ambivalencia.
En el prostíbulo, Tóth tendrá uno de sus momentos de felicidad, y recibirá cruda sinceridad de la prostituta que lo atiende, algo que agradece. Fuera, la fachada tendrá colores verdosos, pero el interior será cálido.



En la sala que hace de expositor en la tienda de muebles de Attila, vemos candelabros rojos que matizan el hilo verde seguido hasta ahora. Lo mismo ocurrirá al llegar a la mansión Van Buren, cuando las cortinas rojas de la biblioteca que reformarán den un tono distinto al cromatismo visto hasta ese momento.
De rojo irá Audrey (Emma Laird), la mujer de Attila, en la fiesta privada de celebración por el contrato con los Van Buren. Attila insistirá en que baile con ella, pero a ella Tóth le estorba allí… por lo que sea. Maquinará para echarlo manipulando a su marido. Esa fiesta será en tonos ocres, cálidos, anaranjados, crepusculares. Audrey da miedete en su realista y maquiavélica frialdad. El rojo se ve en estos ejemplos como una amenaza.
Esta escena de la fiesta tiene un montaje de tiempos alterados. Esto es cuando se altera la línea temporal de una secuencia insertando planos que acontecerán tiempo después (futuro), aquí dentro de la misma escena, o anteriores (pasado). Es decir, vemos la fiesta y, al rato, vemos a Tóth bailando con Audrey, pero eso aún no ha sucedido en la secuencia lineal, por lo que poco después veremos cómo Attila impulsa a Tóth a bailar con ella, cosa que, claro, hará. Lo que no tengo claro es la intención de este recurso en esa escena.





Las dos mujeres de Tóth irán de rojo. Vemos a Erzsébet y a Zsófia, siempre silenciosa, en la comida de bienvenida en colores rojizos. Luego a Zsófia la veremos alternando verdes y rojos.
El restaurante donde Van Buren se disculpa con Tóth para contratarlo, tendré paredes verdes, pero la mesa es roja. Una gran noticia para Tóth. Allí Van Buren le muestra que su trabajo con la biblioteca ha sido valorado y reconocido. Y encima cobrará por ello… Aquí tenemos un plano raro, cuando se despiden, un reflejo en el espejo, como una inversión. Es el cambio definitivo en la vida de Tóth. Podemos juntar una trilogía de inversiones. Esta, la de la Estatua de la Libertad del inicio y la de la cruz al final…
Verdes aparecerán en su deriva de desbarre para gastar el dinero recién conseguido entre Jazz, sexo, drogas, porno… Eso sí, ya afeitado. Y rojos, especialmente cuando está con una mujer o escucha Jazz.
En la presentación en sociedad de la familia Van Buren a László Tóth, en Navidad, el verde y el rojo tendrán presencia. Ese gran árbol de Navidad, verde, con bolas verdes, pero también rojas, como esa mujer que se cruza con un llamativo vestido rojo. Será el día donde afianzará lazos con Harrison Lee Van Buren y se le ofrecerá el proyecto del complejo en honor a la madre de éste.








Una mezcla significativa la tenemos en la escena donde Zsófia está en la ribera de un riachuelo cuando se acerca Harry Lee (Joe Alwyn), que se insinúa. Ella lleva un bañador verde. Poco después, se reunirá con su madre, con Harry al fondo, pero en ese momento lleva una protectora ropa rojiza. Roja es la silla de ruedas de Erzsébet.
Todo esto los llevará al deseo de volver a su hogar. Fijaos como, tras padecer problemas de salud y adicción, una vez toman la decisión de abandonar Estados Unidos, Erzsébet se aparece mejorada, logra andar y llegar a la casa de los Van Buren por su propio pie para denunciar cara a cara a Harrison. Una escena resuelta en un largo plano secuencia de casi seis minutos.
“Perder a la madre biológica es perder los cimientos sobre los que nos sostenemos”. Tóth mantendrá una gran relación de amistad y tutela con un trabajador afroamericano y su hijo.
Tóth encontrará su comunidad judía, pero nunca parece sentirse a gusto allí, en el lugar que lo acoge. Tras la violación, convertido en un hombre distinto, incluso dejará de ir a la sinagoga. Ira, frustración, violencia, impotencia, falta de respeto…

Y es que el hecho judío también se pone encima de la mesa. Como mencioné, se vinculan ciertos momentos al surgimiento del estado de Israel. Su carácter judío será puesto a debate, manteniéndose la ambigüedad sobre si el sometimiento que recibe es por ese hecho o por xenofobia general. Sólo respetado mientras es rentable. Y es que hay otros judíos allí que no tienen problemas, si bien unos se camuflan… En cualquier caso, la película ha sido entendida por algunos como propaganda sionista… Ya sabéis como están las cosas…
“The Brutalist” termina con cierto sentido circular. El último plano es una cruz invertida, que en la cristiandad haría referencia a la muerte del apóstol Pedro, símbolo de humildad, pero que fuera de ahí puede tener sentido satánico etc. Es la misma idea que al inicio, cuando vimos la Estatua de la Libertad invertida a la llegada de László Tóth.
La cruz y la iluminación serán la clave para la aprobación del proyecto junto a Van Buren. Y es que una cruz invertida, reflejada, mostraría el símbolo perfecto.
Un hombre de talento sometido a los vaivenes y caprichos de su productor o mecenas. Lo mismo que Erzsébet, que tendrá que conformarse con un trabajo frívolo, pero que da dinero, lejos de sus facultades.
Y es que es obvio el metalingüismo respecto a este tema, como subtexto, que nos lleva a la idea (lo hemos visto en otras muchas pelis) de la relación de productores y artistas, en este caso directores de cine.
Dedicada a la memoria de Scott Walker.




Una película de colosales dimensiones, algo que oiréis y leeréis mucho, de gran ambición en todos los sentidos, pero que queda a medio camino sin terminar de entusiasmar nunca, aunque se aprecian sus momentos de buen cine y detalles de calidad. Por supuesto, hay que destacar todo apartado técnico y el trabajo del reparto, con un Guy Pearce magnífico y un Adrien Brody extraordinario. No es una película sobresaliente, pero hay que apreciar que se apueste por proyectos así, más que correctos, incluso notables. También es una pena que se constriña el alcance que podían tener obras bien tiradas por miras ideológicas… de esas mismas obras. Auto boicot, en muchos casos, que impide trascender, por ser muy dependiente de su tiempo.
Lee aquí la 1ª Parte del análisis.
4/5




